Mi sistema poco útil en naruto(Versión español) - Capítulo 428
- Inicio
- Todas las novelas
- Mi sistema poco útil en naruto(Versión español)
- Capítulo 428 - 428 Capítulo 425 Evento importante
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
428: Capítulo 425: Evento importante 428: Capítulo 425: Evento importante Sin más asuntos relevantes que mencionar, el tiempo fue pasando día a día, semana tras semana.
Durante todo este periodo, Yuu hizo lo posible por adaptarse a su nueva vida en este mundo y avanzar con cada uno de sus objetivos, sin excepción.
————————— Yuu estaba desayunando mientras repasaba mentalmente sus pendientes.
(Pov.
Yuu) Ha pasado un tiempo desde que me puse en contacto con los padres de Tsunade… Sí, tal como escuchaste.
En mi línea temporal, desde la última vez que fueron ellos quienes aparecieron, ya han pasado casi dos meses.
En ese intervalo estuve planeando cómo acercarme a la familia de Tsunade, y no se me ocurrió mejor idea que hacer la clásica del héroe salvando a la princesa… o bueno, en este caso, a la futura madre de una princesa.
Actualmente, la madre de Tsunade está embarazada, así que solo tuve que generar una ‘situación desafortunada’ mientras ella caminaba por la calle, para aparecer justo en el último segundo y salvarla.
Ella, por supuesto, me agradeció por el gesto y, como muestra de gratitud, me invitó a su casa a comer.
(Eso no estaba en el plan original, pero me vino como anillo al dedo).
Para mi suerte —o desgracia—, Tsunade no se encontraba en ese momento, así que no presenció nada.
Pero eso, por supuesto, va a cambiar con mi siguiente visita.
Hoy repetiré la clásica.
Y si no me equivoco, el trío de los Sannin tiene día libre, así que para la hora del almuerzo Tsunade debería estar en su casa.
Así que… debería ir a reunirme con ella.
Todo esto lo hago con un propósito: acercarme más a Tsunade y prepararme para el próximo evento importante, el nacimiento de su hermano menor.
En la obra, y también en esta realidad, Tsunade adora profundamente a ese pequeño.
Si logro quedar ligado a ese momento… estoy seguro de que podré influir en Tsunade de una forma realmente profunda.
———————— Al día siguiente.
———————— (Pov.
Tsunade) De todas las personas que podrían estar tocando la puerta, tenía que ser él.
Ese chico raro.
El que sonríe como si supiera algo que los demás no.
El que aparece en momentos demasiado convenientes para ser coincidencia.
Mi madre abre la puerta antes de que yo pueda detenerla.
—¡Oh!
Yuu.
Qué bueno verte otra vez —dice ella, toda cálida, como si estuviera recibiendo a un pariente cercano.
Yo frunzo el ceño.
Otra vez él.
¿En serio?, ¿y por qué rayos mi madre lo saluda como si lo conociera?
—Madre, ¿cómo es que conoces a este tipo?
Me cruzo de brazos mientras lo observo entrar.
Tiene esa cara de “pasaba por aquí casualmente”, pero sé que algo no anda bien.
Ayer mi madre volvió contando que casi sufre otro accidente en la calle y que justo él estaba ahí para ayudarla.
También aclaró que era una lástima que no estuviera ayer, diciendo que aparentemente el chico la conocía y quería saludarla.
En ese momento me entero de que efectivamente el chico que había salvado a mi madre la vez pasada fue el mismo Yuu y aparentemente lo había hecho de nuevo.
—————————— Nos encontramos en la comida; cada uno come de su plato, bueno, todos menos yo porque puedo escuchar cómo mi madre cuenta su experiencia de ayer.
‘¿La salvo de nuevo?’ Demasiado conveniente.
Pero claro, mi madre está encantada e incluso mi padre está bastante feliz teniéndolo de anfitrión.
Yuu se sienta como si fuera parte de la familia.
No es irrespetuoso… pero tiene una naturalidad irritante.
Es como si supiera exactamente cómo caerle bien a mi madre y a mi padre.
Mi madre acaricia su vientre —cada vez más grande por el bebé— y comenta: —Este niño nunca llega en paz.
Lo miro con los ojos entrecerrados.
—Qué coincidencia —dejo caer, sin ocultar mi tono—.
Él solo sonríe.
Esa maldita sonrisa.
—Parece que tengo buen timing —responde.
Buen timing, mis botas.
Esto huele raro.
Demasiado raro.
Me siento frente a él sin quitarle los ojos de encima.
No sé qué trama, pero definitivamente algo.
Mi madre sigue hablando, completamente ajena a lo evidente.
—Si no fuera por él, habría terminado en el suelo —dice mientras sirve té, riéndose como si no fuera gran cosa.
Mi padre asiente tranquilamente, incluso le agradece con una inclinación de cabeza.
—Te debemos más de una, muchacho.
A este paso, tendrás que quedarte a comer con nosotros cada vez que pases por aquí —dice en tono de broma, pero con esa calidez sincera que lo caracteriza.
Yuu solo sonríe.
Esa sonrisa tan tranquila.
Tan confiada.
Tan… incómodamente natural.
Yo aprieto los palillos entre los dedos mientras lo observo desde mi lugar.
¿Cómo demonios se las arregla para aparecer exactamente cuando pasa algo?
¿Y por qué mi madre y mi padre lo ven como si fuera algún tipo de ángel guardián?
No tiene ningún sentido.
—¿Entonces…?
—pregunto, con la voz más afilada de lo que pretendía—.
¿Qué estabas haciendo tan cerca de aquí otra vez?
Mi madre me da un leve codazo bajo la mesa para que tenga modales, pero no me arrepiento.
Él parpadea una sola vez.
—Pasaba por la zona —responde con ese tono educado que me irrita más.
Pasaba por la zona.
Claro.
¿Y yo soy el Tercer Hokage?
No digo nada, pero estoy segura de que mis ojos lo amenazan más que cualquier jutsu.
Mi madre, ignorante de toda tensión, toma la mano de Yuu como si fuera un pariente cercano.
—Gracias, de verdad —dice con una sonrisa cansada—.
Este embarazo está siendo más agitado que el anterior.
Me alegra que la aldea aún tenga chicos tan atentos.
Yuu baja la mirada un segundo, como si fuera humilde.
¿Qué le pasa?
¿Qué tipo de actuación es esta?
Mi madre, entusiasmada, continúa: —Ah, por cierto, Tsunade.
Él me dijo ayer que te conocía de antes.
Qué curioso, ¿no?
Me congelo.
Yuu también se queda quieto, pero solo por una fracción de segundo.
Lo suficiente para que yo lo note.
—Sí… nos conocemos —responde él, calmado.
Demasiado calmado.
¿Nos conocemos?
¿Desde cuándo?
Me pregunto con retórica.
Quiero golpear la mesa y exigir respuestas, pero mi madre me mira con una sonrisa tan cálida que solo puedo apretar los dientes.
—Bueno, Yuu —dice mi padre, rompiendo la tensión—.
¿Qué opinas del té?
Tsunade lo preparó esta mañana.
Lo observo tomar un sorbo.
Su reacción es impecable.
Demasiado impecable.
—Está muy bueno —responde—, tiene un aroma suave.
Es distinto al té que preparó su madre hace dos semanas.
Dos.
Semanas.
Cabrón.
Ha estado viniendo antes de lo que me ha dicho.
Mi madre ríe, encantada.
Yo, en cambio, siento que una vena se me marca en la frente.
Nos quedamos en silencio unos segundos, hasta que mi padre rompe el ambiente.
—Oye, Tsuna… ¿Podrías acercarte un momento?
Lo hago.
Él inclina un poco la cabeza hacia mí, para que solo lo escuche yo.
—Sé cortés con el chico —susurra—.
Ha hecho mucho por tu madre, y además… no todos los días alguien se gana el respeto de los dos con tanta naturalidad.
Naturalidad.
Esa palabra.
Me pica como una espina bajo la piel.
Regreso a mi asiento y miro a Yuu.
Él se da cuenta.
Por supuesto que se da cuenta.
Porque sus ojos hacen ese pequeño gesto que ya reconozco: Ese brillo de “sé que me estás analizando”.
Y no pienso perder este juego.
—Entonces —digo finalmente, apoyando el codo en la mesa y recargando mi mentón en la palma—.
Cuéntame algo.
Él levanta ligeramente la mirada.
—¿Sí?
—Eso de salvar a mi madre dos veces… —Mis ojos se estrechan—.
¿Qué eres exactamente?
¿Un ninja?
¿Un civil?
¿Un loco con suerte?
¿O solo alguien que aparece donde no debe?
Mi madre protesta: —¡Tsunade!.
Pero él… Él sonríe.
—Digamos —responde sin perder la calma— que solo soy alguien que está en el lugar correcto… en el momento correcto, nada más, así que elijo la opción un loco con suerte.
Un loco con suerte.
Claro.
Cómo no.
Cierro los ojos un segundo, porque si no lo hago, me saldría alguna grosería delante de mi madre.
Cuando los abro, él sigue ahí, mirándome con esa expresión tranquila que parece decir “ya veremos quién avanza la siguiente jugada”.
Mi madre ríe como si le hubieran hecho el mejor chiste del día.
—Ay, Yuu, tienes un humor muy particular —dice contenta mientras sigue comiendo.
Humor.
Ajá.
Yo lo llamaría “saber exactamente qué decir para caer bien”, pero bueno.
Yo recargo el mentón en mi mano, sin apartar la mirada de él.
—¿Loco con suerte, huh?
—repito con tono bajo—.
Suerte demasiadas veces seguidas… Se siente más como coincidencias practicadas.
Él arquea una ceja, mínimo, casi imperceptible.
—¿Coincidencias practicadas?
—pregunta, con ese tono curioso que parece real, pero sé que no lo es.
Es demasiado limpio.
Ningún chico de su edad habla así.
—Sí —respondo—.
Ya sabes.
Como si las coincidencias te buscaran… o tú las buscaras a ellas.
Mi madre suspira con algo de frustración.
—Tsunade, por favor… Pero él levanta una mano suavemente, como si le dijera a ella que está bien.
—No pasa nada —dice con esa voz calmada que me irrita aún más—.
No me molesta que Tsunade sea directa.
Es… refrescante.
¿Refrescante?
¿REFRESCANTE?
Agarro los palillos con más fuerza.
Si los apretara un poco más, se partirían.
Él continúa comiendo con una calma que parece ensayada.
Yo lo observo.
Su postura es demasiado correcta, demasiado preparada.
Como si hubiera memorizado cómo comportarse para caer bien justo en esta clase de situaciones familiares.
Pero lo peor es que… A mis padres les encanta.
Mi padre incluso sonríe mientras comenta: —Este chico terminará siendo una excelente persona con esa compostura.
Yuu responde con una reverencia mínima.
—Haré mi mejor esfuerzo.
Lo dice como si no fuera nada, pero puedo ver algo escondido en su mirada.
Algo que no encaja con su edad.
Algo demasiado… maduro.
Demasiado consciente.
Entonces mi madre, feliz de rellenar silencios, vuelve a hablar: —Ah, por cierto, Yuu, ¿te quedarás hasta el té de la tarde?
Hay pastel de frambuesa, recién hecho.
Antes de que pueda intervenir, él sonríe.
—No quisiera incomodar.
—¡No incomodas en lo absoluto!
—responde mi madre de inmediato—.
Al contrario, eres un encanto de invitado.
Yo dejo de respirar un segundo.
¿Encanto?
¿ENCANTO?
Ya basta.
—Madre.
—Mi voz sale más seria de lo que esperaba—.
¿Podemos hablar un momento?
Afuera.
Mi madre parpadea, confundida.
Pero antes de levantarse, escucho la voz de Yuu, tranquila: —Puedo salir un momento si quieren privacidad —dice, ya poniéndose de pie.
No.
No no no NO.
Esa actitud “correcta” me altera aún más.
—Nadie te está pidiendo que salgas —lo detengo, frunciendo el ceño—.
Solo quiero hablar con mi madre, no contigo.
Él se detiene.
Me mira.
Pero esta vez… veo algo distinto.
Una chispa rápida en los ojos.
Algo entre sorpresa y… ¿diversión?
Sin embargo, vuelve a bajar la mirada con educación.
—Entiendo.
Mi madre me toma del brazo y me arrastra suavemente hacia el pequeño balcón que da al jardín.
Cierra la puerta corrediza detrás de nosotros.
—Tsunade… cariño… ¿qué pasa contigo hoy?
—dice ella, masajeándose las sienes—.
Estás actuando como si el pobre chico fuera un criminal.
“Pobre chico.” Madre… si supieras.
Respiro profundo.
—Madre… —trato de controlar el tono—.
Ese tipo… no es normal.
Ella arquea una ceja, confundida.
—¿Por salvarme?
¿Por ser educado?
¿Por agradecer la comida?
Cariño, si eso es ser anormal, espero que haya más “no normales” en el mundo.
—No lo entiendes —respondo, apretando la mandíbula—.
Él aparece demasiado seguido, justo en los momentos exactos.
No es coincidencia.
—¿Y si simplemente estaba pasando?
—replica ella, cruzándose de brazos.
—Dos veces, madre.
Dos veces en situaciones peligrosas.
¿Te parece lógico?
Ella parpadea, pero mantiene su postura.
—Tsunade, el embarazo me tiene torpe.
Caer, tropezar, eso pasa.
Y si una buena persona está cerca, mejor para mí.
No puedes tratar a la gente como sospechosos solo porque no encajan con tu idea del azar.
Yo respiro por la nariz.
Mi madre, suave como siempre, me toma las manos.
—Es solo un chico amable, Tsunade.
Te prometo que no hay nada raro.
Nada raro.
Claro.
¿Y el brillo en su mirada?
¿El aire de “sé más de lo que muestro”?
¿La forma en que se mueve con seguridad calculada?
Pero mi madre no entenderá.
Suspira, sonríe un poco y acaricia mi mejilla.
—Dale una oportunidad.
No muerdas a alguien que solo quiere ayudar.
Muerdo el interior de mi mejilla.
La puerta se abre detrás de nosotras.
Yuu aparece, pero no invade el espacio.
Se queda afuera, en el umbral, con la mirada baja.
—Lamento si causé algún problema —dice—.
No era mi intención.
Mi madre sonríe, ya calmada.
—No te preocupes, Yuu.
Ya sabes cómo es mi Tsunade, siempre alerta.
Es parte de su encanto.
Él levanta la mirada.
Nos cruzamos los ojos.
Su mirada sigue siendo tranquila, pero ahora… ahora puedo notar una pizca de desafío.
Como si me dijera, sin decirlo: “¿Y bien?
¿Qué vas a hacer ahora, Tsunade?” Aprieto los dientes.
—Está bien —digo finalmente, mirando hacia un lado—.
Quédate al té.
No me importa.
Mi madre sonríe feliz.
Yuu inclina la cabeza.
—Gracias.
Pero yo lo veo.
Lo veo perfectamente.
Esa sonrisa leve.
No arrogante.
No obvia.
Solo… Sutil.
Como la sonrisa de alguien que acaba de ganar una ronda en un juego silencioso.
“Un loco con suerte”, dijo.
No.
Aquí hay algo más.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com