Mi sistema poco útil en naruto(Versión español) - Capítulo 429
- Inicio
- Todas las novelas
- Mi sistema poco útil en naruto(Versión español)
- Capítulo 429 - 429 Capítulo 426 Evento importante 2
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
429: Capítulo 426: Evento importante (2).
429: Capítulo 426: Evento importante (2).
(Pov Tsunade).
El té de la tarde se sirvió sin más interrupciones, pero el ambiente en la casa estaba… cargado.
No tenso.
No hostil.
Simplemente… pesado.
Como si mis pensamientos estuvieran flotando en el aire semejante al aroma del pastel de frambuesa.
Mi madre se había sentado entre Yuu y yo, tal vez sin querer, tal vez para impedir que nos matáramos verbalmente otra vez.
Mi padre, mientras tanto, disfrutaba del pastel en silencio, muy concentrado en no meterse en nada.
Yuu, por supuesto, seguía comportándose como si todo fuera perfectamente normal.
Esa tranquilidad… me irrita.
—¿Te gustó el pastel, Yuu?
—preguntó mi madre mientras tomaba su taza.
—Sí —respondió él con esa calma ensayada—.
El sabor es suave, no tan dulce como el de la otra vez.
‘Koff.’ Yo me atraganto con mi té.
—¿Qué…?
—Mi voz se quiebra un poco.
Mi madre ríe.
—Ay, Tsunade, ¿no te acuerdas?
Hace dos semanas preparé uno parecido.
Hace dos semanas.
DOS.
SEMANAS.
Eso confirma que este chico ha venido más de lo que deja ver.
Me cruzo de brazos.
—Debiste tener mucho tiempo libre para venir tan seguido, ¿no?
Él me mira apenas un segundo.
—Digamos que… coincidió.
Coincidió.
Otra vez esa palabra.
Antes de poder responderle de manera irritante, mi madre se toca el vientre, con un gesto que no había visto antes.
Una ligera contracción en su expresión, un dolor pequeño, silencioso.
Me levanto al instante.
—¿Madre?
¿Qué pasa?
—Nada, nada… —responde con la voz suave—.
Es normal a estas alturas.
El bebé se mueve mucho.
Eso es todo.
Pero no.
No es “solo eso”.
La forma en que mi padre la mira… El breve silencio incómodo… Esto ya pasó antes.
No es grave.
Pero tampoco es algo que se ignore.
Yuu también se da cuenta.
Pero no dice nada.
Solo observa.
Yo me acerco a mi madre.
—Deberías descansar un poco.
Ella me sonríe, tratando de quitarle importancia.
—Estoy bien, cariño.
Es solo que el bebé está inquieto hoy.
Mi padre se levanta.
—Voy a traer la toalla.
Cuando él se aleja, Yuu se pone de pie también.
—¿Puedo ayudar en algo?
Y yo… no sé qué diablos hacer con esa pregunta.
Porque suena sincera.
Porque parece genuinamente preocupado.
Porque… Maldita sea… Está en su naturaleza moverse cuando algo ocurre.
Mi madre le sonríe con ternura.
—Eres un amor, Yuu, pero estoy bien.
Solo necesito sentarme aquí un momento.
Él asiente… pero se queda cerca.
No demasiado.
Solo lo suficiente para reaccionar rápido si algo pasara.
Eso me molesta.
¿Por qué?
¿Por qué parece demasiado perfecto?
¿Por qué actúa como si supiera que el peligro está cerca?.
¿O porque, en el fondo, una parte de mí no puede evitar notar que sí… está atento?.
Me siento a su lado, observando su porte.
—¿Siempre haces eso?
—preguntó de pronto.
Él gira la cabeza.
—¿Hacer qué?
—Ponerte en modo “ángel guardián” cuando alguien se porta un poco raro.
Sus ojos parpadean una vez.
—No lo sé.
Supongo que… es natural.
Natural.
Ja.
Mi madre interrumpe el momento.
—Tsunade, cariño… ¿Podrías acompañarme al cuarto un momento?
Creo que quiero recostarme.
—Claro.
La ayudo a levantarse lentamente.
Ella pasa un brazo por mi hombro.
No está débil, pero… no está del todo estable tampoco.
Yuu da un paso hacia adelante, como si fuera a ofrecernos apoyo… pero se detiene antes de hacerlo.
Lo noto.
Él quería ayudar.
Pero se contuvo.
Extraño.
¿Ahora sabe cuándo no intervenir?
Muy conveniente.
Mientras acompaño a mi madre a su habitación, puedo sentir que algo está cambiando.
Lentamente.
Como un hilo tensándose.
No es algo malo aún.
Pero algo importante.
Un punto de quiebre que se acerca.
La recuesto en la cama.
Ella suspira aliviada.
—Estoy bien, de verdad… —dice—.
Pero estos últimos días el bebé está muy inquieto.
Me quedo en silencio.
Porque sé lo que eso significa.
Porque he escuchado a las parteras de la aldea.
Mi madre está cerca del final del embarazo.
A muy pocos días.
Tal vez… a muy pocas horas.
—¿Quieres que llame a la partera?
—pregunto.
Ella niega con la cabeza.
—Aún no es el momento.
Solo estoy cansada.
Cansada… sí.
Pero no solo eso.
Salgo de la habitación y cierro la puerta suavemente.
Yuu está esperando afuera, sentado derecho en una silla del pasillo.
Mi padre está a su lado.
Ambos se levantan cuando me ven.
—¿Está bien?
—pregunta mi padre.
Asiento.
—Sí… sólo cansada.
Yuu no dice nada.
Pero su mirada es más seria ahora.
Como si ya supiera.
Como si estuviera… adelantado al evento.
Me acerco a él lentamente.
—¿Qué?
¿También vas a decir que “coincidió”?
—le murmuro, cruzándome de brazos.
Él suelta una exhalación leve.
Casi… humana.
—Solo… quiero asegurarme de que esté bien.
Eso es todo.
Lo miro fijo.
No encuentro mentira en su voz.
No ahora.
Pero tampoco encuentro simplicidad.
Y entonces ocurre: Mi padre coloca una mano en nuestro hombro, a ambos.
—Creo que deberían quedarse cerca —dice con una voz más grave de lo normal—.
No sabemos si será hoy… pero no falta mucho.
(A ese punto clave que Yuu quería alcanzar) Desde la puerta de la habitación, se escucha un pequeño gemido de mi madre.
Leve, pero suficiente para que todos reaccionemos.
Mi padre entra enseguida.
Yo detrás.
Yuu se queda afuera… pero su postura cambia.
Listo.
Una sombra de preocupación real cruza su rostro.
Y por primera vez… No me molesta.
No sé qué va a pasar exactamente.
Pero algo es claro: El nacimiento es inminente.
Y Yuu está exactamente donde quería estar.
—————————————— (POV de Yuu) El sonido detrás de la puerta me lo confirma.
No falta mucho.
No necesito ver a la madre de Tsunade para saberlo; su ritmo de respiración, la forma en que su chakra se agita, la tensión en el ambiente… Todo indica que estamos en la antesala del evento.
El nacimiento.
Mi objetivo.
La oportunidad que había estado construyendo cuidadosamente durante estas semanas.
Me quedo en el pasillo, quieto, sentado en esa silla vieja que cruje cada vez que muevo un pie.
Me obligo a no levantarme, a no acercarme más.
No puedo parecer demasiado ansioso.
No frente a Tsunade.
No tan pronto.
Ella me mira desde la puerta entreabierta con esos ojos de médico futuro.
Tsunade es un poco paranoica conmigo, muy diferente a la original, qué extraño.
Por suerte, ella solo es perspicaz, no tiene conocimiento real de este tipo de cosas.
El brillo en sus ojos me lo dijo hace rato: Sabe que algo no cuadra conmigo.
Y no está equivocada.
Mientras escucho la voz del padre hablando con calma desde dentro, cierro los ojos un instante.
En mi tiempo, este niño… el hermano de Tsunade… nunca tuvo la oportunidad de crecer.
La muerte de Nawaki fue el detonante del dolor que moldeó a la Tsunade adulta: su miedo a la sangre, su rechazo a la aldea, su obsesión por proteger lo que no podía salvar.
De repente, unos pensamientos extraños e impulsivos invaden mi mente junto a la sensación del impulso berserker.
‘Maldita sea, esta cosa se le ocurre aparecer en un momento así’.
Su influencia es mínima, pero los pensamientos que surgen con ellos no tanto.
¿Puedo… cambiar eso?
¿Debo cambiarlo?
No sé si alterar un destino tan marcado sea buena idea… O si incluso tenga derecho a hacerlo.
Mi corazón se acelera por el pensamiento; me es difícil estar con mi cara de póker.
Quiero estar allí, desde el inicio.
Quiero que Tsunade me vea como alguien relacionado directamente con su familia.
Alguien confiable.
Alguien que estuvo en el momento más importante.
Alguien imposible de borrar.
Escucho pasos.
La puerta se abre lentamente y aparece Tsunade.
Sus ojos están más serios, pero no hostiles.
Está cansada, preocupada, concentrada… y aun así me mira con la misma sospecha cautelosa de siempre.
—Parece que va a empezar pronto —dice, cruzándose de brazos.
—Sí —respondo sin moverme—.
Puedo sentirlo.
Ella entorna los ojos.
—¿Puedes “sentirlo”?
—repite—.
¿Desde cuándo puedes percibir algo así?
Efectivamente, esta chica está paranoica.
Maldita sea.
Hablo demasiado natural a veces.
Me encojo de hombros.
—Digamos que… soy sensible a ciertos cambios.
No es una mentira.
Pero tampoco es la respuesta que ella quiere oír.
Tsunade se recarga en la pared frente a mí.
—¿Por qué estás tan tranquilo?
Normalmente, alguien estaría nervioso ante algo así.
Sonrío un poco.
—Tal vez me acostumbro rápido a las situaciones tensas.
—O tal vez —replica ella, mirándome fijamente— ya sabías que esto pasaría.
No lo dice en voz alta, pero la sospecha está ahí.
—¿No es obvio?
Su estómago estaba grande, obvio que el parto estaba cerca; creo que estás siendo un poco paranoica.
Antes de que pueda responderle, escuchamos un sonido más claro desde dentro.
No es un grito ni un llanto, pero sí algo que indica que las cosas están avanzando más rápido de lo previsto.
Tsunade exhala.
—Necesitamos a la partera —dice.
—Ya está avisada —interviene el padre desde la habitación—.
Dijo que viene en unos minutos.
Bien.
Eso me da exactamente el tiempo necesario.
Me levanto despacio.
—¿Puedo ayudar en algo?
—pregunto.
Ella me mira de arriba abajo.
—No eres médico.
—Pero soy útil.
Tsunade aprieta los labios, porque sabe que no está mintiendo.
—Solo… quédate cerca —dice al final—.
Por si pasa algo.
Y ahí está.
El permiso que necesitaba.
Me ubico al lado de la puerta, ni muy lejos ni muy cerca.
Lo suficiente para actuar si surge una complicación.
Lo suficiente para que Tsunade me vea presente.
Lo suficiente para entrar en la memoria emocional del día sin ser invasivo.
Tsunade me observa desde su posición.
Su mirada es analítica, seria… y curiosamente, menos hostil que antes.
Quizá sea el estrés.
O quizá ya está empezando a aceptar que, por alguna razón, siempre estoy en los momentos críticos de su vida.
La casa entera se siente distinta ahora.
Más silenciosa, más expectante.
Como si todos respiráramos al mismo ritmo.
El momento se acerca.
Y cuando ese niño nazca… Cuando todo termine… Tsunade no podrá negar que estuve aquí.
Ni podrá ignorar que, desde ahora, nuestros caminos están cada vez más entrelazados.
Y no pienso desaprovecharlo.
—————————————— La casa huele a madera húmeda, té recién servido… y tensión.
Esa tensión silenciosa que sólo aparece cuando todos saben que algo está por ocurrir, pero nadie quiere decirlo en voz alta.
Desde mi sitio junto a la puerta puedo escuchar los movimientos dentro de la habitación: pasos medidos, respiraciones alteradas, murmullos cortos.
Tsunade entra y sale, llevando paños limpios, mantas, agua caliente… cada vez más rápido.
Ella es joven, pero ya se mueve como alguien acostumbrado a ver a otros sufrir y resistir.
Es sorprendente.
Y, de cierta forma, doloroso.
Porque sé que pronto, demasiado pronto, esa fortaleza va a romperse en otro tiempo.
En otro futuro.
En el mío.
Pero… quizás esta vez no.
Me quedo sentado, observando el hilo tenue de chakra que se agita desde la habitación.
El bebé.
Es extraño… no es poderoso, no es excepcional, pero su presencia es vibrante.
Un brillo cálido.
Un inicio limpio.
Un destino todavía sin escribir.
Siento un escalofrío.
—¿Yuu?
Abro los ojos.
Tsunade está frente a mí, respirando rápido por la prisa.
Sus manos están húmedas por el agua tibia.
Sus mejillas… más tensas que antes.
—Mi madre está bien —dice de inmediato, antes de que pueda preguntar—.
Solo… está empezando.
Empujes, dolor, respiración.
Sí, está empezando.
—¿La partera llegó?
—pregunto.
Tsunade hace un gesto negativo.
—Está en camino.
Papá mandó a uno de los vecinos a buscarla… pero no sabemos cuánto tardará.
Excelente.
No lo digo, claro.
Sería insensible.
Y sospechoso.
Me pongo de pie.
—¿Qué necesitas?
Ella frunce el ceño, probablemente esperando una oportunidad para que meta la pata.
Pero no le doy esa satisfacción.
—Agua —dice finalmente—.
Mucha.
Y… mantas.
Mi madre empieza a sentir frío.
Asiento sin cuestionar y salgo al pasillo.
El padre está buscando recipientes, moviéndose con torpeza por los nervios.
Tomo dos baldes, los lleno en silencio y vuelvo sin ruido, sin llamar la atención.
Cuando regreso, Tsunade me miró unos segundos… dudando si agradecer o no.
Al final, lo hace: —Bien.
Déjalos aquí.
Gracias.
Sus ojos se quedan un segundo más sobre mí.
Desconfianza.
Curiosidad.
Y… algo más.
Algo parecido al reconocimiento.
Regreso a mi posición junto a la puerta.
No dentro.
No demasiado lejos.
Justo en el punto donde puedo reaccionar si ocurre cualquier complicación… pero donde no parezca alguien que espera algo concreto.
Porque sí.
Lo espero.
El momento en el que ese bebé respire por primera vez.
El momento en el que la familia Senju me vea… no como un invitado, no como un niño misterioso, sino como alguien que estuvo aquí cuando importaba.
Escucho un gemido más fuerte.
Luego, la voz del padre: —Tsunade, mantén la calma.
Tú puedes.
Dame eso… sí, así.
Muy bien.
Lo siguiente es silencio.
El tipo de silencio que te dice que el ambiente cambió.
No un final.
Un punto medio.
Una transición.
Tsunade sale otra vez, más acelerada, respirando por la boca.
—Ya casi… —murmura—.
Falta poco.
Sus ojos, grandes, serios, vibrantes, se quedan clavados en mí.
—Quédate cerca —dice sin sarcasmo, sin molestar, sin gruñidos.
Por primera vez, sin reservas.
Yo asiento, sin mover un músculo más de lo necesario.
Los pasos dentro se aceleran.
La energía —esa combinación única entre chakra, vida y tensión— sube como un pulso caliente en el aire.
El momento está aquí.
No es el nacimiento aún… pero es el borde.
El instante justo antes de que el mundo cambie para la familia Senju.
Y yo estoy exactamente donde quería estar.
A un paso del evento que marcará los próximos meses… y quizá, si juego bien mis cartas, los próximos años.
Me ajusto en la silla, enderezo la espalda y cierro los ojos apenas, preparándome para entrar en acción si llega el momento.
A fin de cuentas… Un nacimiento puede definir muchas cosas.
Incluso más de lo que ellos imaginan.
Y yo no pienso perder ni un solo segundo de este día.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com