Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Mi sistema poco útil en naruto(Versión español) - Capítulo 430

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Mi sistema poco útil en naruto(Versión español)
  4. Capítulo 430 - 430 Capítulo 427 Evento importante 3
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

430: Capítulo 427: Evento importante (3).

430: Capítulo 427: Evento importante (3).

El nacimiento ocurrió sin grandes complicaciones.

No fue rápido, tampoco fácil, pero la madre de Tsunade es fuerte… increíblemente fuerte.

La partera llegó justo cuando el momento crítico ya había pasado, y solo tuvo que ayudar a estabilizar lo que ya estaba decidido.

Las palabras “todo salió bien” fueron un alivio general para toda la casa.

Y el llanto del bebé… Ese sonido llenó cada rincón del hogar como si hubiera estado esperándolo.

Un inicio perfecto.

Un inicio limpio.

Un inicio que, en mi línea de tiempo original, nunca llegó a tener un futuro real.

Pero aquí… Aquí sí.

La familia Senju me permitió entrar después de que todo pasó.

No a ver al bebé directamente —eso aún era demasiado íntimo—, pero sí a estar cerca.

Cerca de la puerta.

Cerca de la calidez.

Cerca de algo que nunca tuve.

O bueno, algo que tuve hace muchísimo tiempo, antes de venir a este mundo; mis recuerdos son muy difusos, por lo que solo recuerdo sentimientos.

Y cuando finalmente salimos al patio para darles privacidad a los padres, quedamos solo Tsunade y yo.

El aire es fresco.

El cielo está nublado.

Y Tsunade está más tranquila que antes… aunque también agotada.

Se sienta en el escalón de madera y suspira.

—No pensé que… —murmura— …que sería tan diferente verlo de cerca.

Me siento a su lado, dejando espacio.

Lo suficiente para no parecer invasivo… pero cerca.

—¿Qué parte?

—pregunto.

Ella dudó unos segundos antes de responder.

—No sé.

Yo… siempre vi el nacimiento como algo clínico.

Como un proceso.

Algo que se estudia.

Pero… verlo con mi madre… —Baja la mirada—.

…Lo hace distinto.

Su voz tiembla un poco, no de tristeza, sino de emoción contenida.

Yo la escucho en silencio.

Porque lo entiendo más de lo que ella imagina.

Después de un rato, me mira.

—Te quedaste todo el tiempo —dice de repente—.

No tenías por qué hacerlo, ¿sabes?

Ah.

Aquí está.

La oportunidad.

No una oportunidad calculada.

Algo más simple.

Tomo aire.

—Lo sé —respondo.

Tsunade espera.

Y yo, por primera vez desde que llegué a este mundo… Decido no ocultar ni suavizar lo que siento.

—Pero quería estar aquí.

Ella parpadea.

—¿Por qué?

—pregunta honestamente.

Y yo… dejo caer la máscara un poco.

Solo un poco.

—Porque nunca había visto algo así —digo con voz baja—.

Nunca había escuchado un llanto así… tan… —Busco la palabra correcta — tan lleno de vida.

Tsunade me observa sin hablar.

Es raro verla así: sin sarcasmo, sin sospecha, sin enojo.

—No tengo familia —admito, despacio, sin mirar el suelo—.

No, de verdad.

Crecí solo.

No sé lo que es… esperar a alguien… o recibirlo… o preocuparse por él desde antes de que nazca.

Mis manos se tensan un instante.

—Pero hoy, aunque fuese desde afuera… pude ver lo que se siente.

Y… —Me río apenas, con un hilo de vergüenza que me sorprende incluso a mí… No sé.

Me hizo feliz.

Tsunade se queda quieta.

No dice “lo siento”.

No dice “debe haber sido difícil”.

No me mira con lástima.

Solo… procesa.

Y eso, curiosamente, se siente mejor que cualquier consuelo barato.

—Entonces… —dice finalmente— …te alegra que haya nacido.

Asiento.

—Sí.

Mucho.

Ella vuelve la vista hacia la casa, hacia la ventana iluminada por la lámpara de aceite.

Su hermano recién nacido duerme allí dentro, rodeado de calor, de manos que lo protegen… de una familia que lo esperaba.

—Supongo que… —dice con un tono más suave— …quizá fue bueno que estuvieras aquí hoy.

Por instinto, quiero responder con una broma.

Algo ligero.

Algo que desvíe la vulnerabilidad.

Pero no lo hago.

Hoy no.

—Gracias —digo simplemente.

El silencio que sigue no es incómodo.

No pesa.

No duele.

Es un silencio cálido.

Tranquilo.

Familia.

Aunque no sea la mía.

Aunque nunca vaya a serlo del todo.

Pero… estar cerca de algo así… Por unos minutos… Tsunade se pone de pie y me tiende una mano.

—Ven.

Mi padre te quiere agradecer por ayudar con todo el caos.

La tomo sin pensarlo demasiado.

… Un eco lejano, difuso, blando.

De brazos que ya no puedo recordar.

De una voz que olvidé.

De un hogar que seguramente dejé atrás antes incluso de entender qué era un hogar.

… Tsunade me empuja con el hombro, con ese gesto brusco que solo usa cuando está intentando ocultar algo.

—No te emociones —murmura—.

Mi padre solo quiere agradecerte, no adoptarte.

Esa frase, en cualquier otro día, habría venido acompañada de un puñetazo ligero.

Hoy no.

Hoy está… distinta.

Aun así, su nariz se arruga un poco cuando me mira.

—Y tampoco creas que esto cambia algo —añade, recuperando su tono de siempre—.

En el entrenamiento seguimos dándote pelea.

Yo alzo la ceja.

—¿Pelea?

Tsunade, la última vez tu equipo terminó con Jiraiya medio enterrado, Orochimaru mareado y tú gritándome que no “aplastara el suelo tan fuerte”.

Ella se gira tan rápido que casi se tropieza.

—¡ESO FUE UNA ESTRATEGIA DEFENSIVA!

—reclama, roja de furia—.

¡Y Jiraiya se cayó solo!

¡Yo no tuve la culpa!

—Claro, “estrategia defensiva” —repito, divertido.

Ella chasquea la lengua.

—Hmp.

Solo espérate —amenaza, señalándome con el dedo—.

Cuando tengamos más tiempo de entrenamiento… te vamos a ganar.

Los tres.

Al mismo tiempo.

—Si no se matan entre ustedes primero, quizá —respondo.

Tsunade abre la boca para contraatacar, pero se detiene un segundo… y baja la mano.

—Yuu —dice, suave, inesperadamente sincera—.

No exageres solo porque hoy viste a mi familia.

Yo parpadeo.

—¿Exagerar?

Ella frunce el ceño, mirando hacia un lado, incómoda.

—Lo que dijiste allá afuera… —Sus ojos esquivan los míos—.

Sobre… no tener familia.

Sobre… eso.

—Hace un gesto vago con las manos—.

Solo digo que… no uses eso de excusa para pensar que te vamos a tratar diferente.

Ah.

Ah.

Eso sí es Tsunade.

No es que no le haya importado lo que dije.

Es que… no sabe cómo manejarlo.

Así que lo convierte en competencia.

En terquedad.

En algo que puede enfrentar sin sentirse vulnerable.

—Tranquila —respondo—.

No esperaba un trato especial.

Ella me empuja ligeramente otra vez.

—Bien.

Porque no lo vas a tener —dice, pero esta vez su voz no es fría.

Es firme.

Segura.

Y… cálida.

—Pero… —añade con voz baja, casi imperceptible— …me alegra que hayas estado aquí.

Yo sonrío sin querer.

—¿Eso significa que admites que me necesitas para mantener el equilibrio de tu equipo?

—¡NO!

—grita, tan fuerte que casi despierta al bebé del otro lado de la casa—.

¡Solo que no eres completamente inútil!

¡Eso es todo!

Se da media vuelta, cruzándose de brazos.

—Y ya deja de sonreír así —murmura—.

Me pones nerviosa.

—Solo estoy feliz —admito.

Ella me mira de reojo.

Y, por primera vez desde que nos conocemos… No aparta la mirada.

—Tonto —susurra.

Pero ya no suena a insulto.

Suena a algo más.

A algo que incluso ella no sabe cómo manejar.

“¿Qué rayos?, ¿de repente tan tímida?, jaja…” Pero no lo digo en voz alta.

No quiero romper ese instante extraño y cálido que no debería existir entre nosotros.

… Al final, después de un rato, tuve que despedirme de la familia Senju.

El padre de Tsunade me agradeció con seriedad —demasiada seriedad, considerando que solo me quedé “por si acaso”— y la madre, agotada pero radiante, me dedicó una sonrisa que no supe cómo responder sin sentir algo torcido en el pecho.

Fue… agradable.

Demasiado agradable.

Me despedí, salí de la casa, crucé el portón… y el aire de Konoha me golpeó con ese olor a madera, humo y vida diaria.

Vida.

Eso.

Eso era lo que acababa de ver.

Y era lo que no me pertenecía.

Caminé sin prisa, sin rumbo exacto, solo dejándome llevar por las calles.

Los puestos estaban cerrando, algunos niños corrían con kunais de madera, y un par de shinobis regresaban de guardia riéndose por sabe Dios qué cosa.

Pero dentro de mí… Todo estaba callado.

Demasiado callado.

Y de pronto, mientras avanzaba por una calle estrecha, ese pensamiento cruzó mi mente como un kunai frío y directo: “Tanto esfuerzo, alegría y esperanza… para que al final muera de manera tan miserable.” La imagen me golpeó más fuerte de lo esperado.

El bebé.

Ese llanto.

Esas manos que lo sostuvieron.

Esa felicidad que vi en los ojos de su familia.

Todo eso… Todo eso está destinado a romperse algún día.

Ese niño, que hoy apenas respira… Morirá joven.

Y Tsunade… Ella también cargará ese peso.

Yo ya lo sé.

Sé cómo termina.

Y aunque este mundo no es idéntico a la historia que conozco… El sufrimiento parece inevitable para los que aman demasiado.

Seguí caminando.

Quizá por eso mi pecho se sintió tan raro cuando pensé: “¿Qué pasará cuando llegue yo también a mi fin?” Porque no importan las líneas temporales, ni los mundos, ni las decisiones que tome.

La muerte me encontrará igual.

Y cuando llegue ese momento… ¿De qué habrá servido todo lo que hice?

¿De qué sirve acercarme a alguien, protegerlo, ayudarlo… si algún día todo desaparece junto conmigo?

La idea se clavó hondo.

De todos modos, algún día llegará mi fin también, ¿no?

Apreté los dientes.

Era un pensamiento lógico.

Objetivo.

Frío.

Pero… Algo dentro de mí se resistía.

Algo pequeño, molesto, que vibraba en mi pecho como un recordatorio que no pedí tener.

Porque hoy, por un instante, escuché algo que jamás había escuchado en este mundo: Un llanto que anunciaba un inicio.

Un inicio.

¿Será por eso que duele pensar en el final?

¿Será que… empiezo a querer algo que no debo?

Mis pasos se detuvieron sin darme cuenta.

Me apoyé contra una pared, cerré los ojos y respiré hondo.

Pero la sensación no se fue.

La pregunta siguió ahí.

Insistente.

Persistente.

Molesta.

“Si voy a morir algún día… ¿lo que hago ahora es inútil?” El viento nocturno soplaba suave.

Konoha seguía viva a mi alrededor.

Y sin embargo, yo… Por primera vez desde que llegué a este mundo… Me sentí realmente mortal.

Realmente vulnerable.

Realmente… humano.

Todo este tiempo había logrado mantener cierta desconexión.

Una distancia.

Un colchón invisible entre yo y el mundo, creado por algo que ninguno de los habitantes de este lugar podría comprender: El sistema.

Esa entidad fuera de toda lógica de este mundo, ese poder que me acompañó desde que desperté aquí.

Ese recordatorio constante de que no soy como ellos.

De que estoy por encima.

De que puedo ver más lejos.

De que, si quiero, puedo romper cualquier destino.

Al mirar desde tan alto… es difícil ver al resto a tu mismo nivel.

Durante tanto tiempo lo creí así.

Tanto, que casi me convenzo.

“Eventualmente podré superarlo todo.

Eventualmente nada me afectará.” De todos modos tengo el sistema, ¿no?

El sistema que me da margen.

El sistema que me da tiempo.

El sistema que me da herramientas.

Incluso ahora —incluso hoy— ha sido gracias a él que estoy aquí, respirando este aire, caminando por estas calles, alterando un destino que antes estaba escrito con sangre.

Pensé que eso era suficiente.

Pensé que con ese poder bastaba para mantenerse erguido, indiferente, distante… Por encima.

Pero entonces escuché aquel llanto.

Un llanto simple, humano, frágil.

Un sonido que no debería tener impacto en alguien “bendecido” por un sistema.

Y aun así… Se coló dentro de mí.

Atravesó ese muro que creí impenetrable.

Me obligó a mirar hacia abajo, hacia donde camina la gente común, con sus vidas cortas y vulnerables… pero llenas de algo que yo había olvidado que existía: Conexiones.

Apegos.

Pérdidas.

La pared contra la que me apoyaba se sentía fría, pero el interior de mi pecho… Estaba cálido.

Demasiado cálido para que fuera cómodo.

Apreté la mandíbula.

Porque algo en mí —algo terco, algo que no pertenecía al sistema, algo que no estaba en mis planes— se negó a aceptar la idea de que todo esto era inútil.

Como si una pequeña chispa se hubiera encendido.

Un inicio.

Una posibilidad.

Una pregunta nueva que me dio más miedo que la idea misma de morir: Si al final voy a desaparecer… ¿por qué me importa tanto lo que pase mientras tanto?

Mis dedos se cerraron en un puño.

Inútil.

Ese pensamiento.

Ese sentimiento.

Ese nudo en la garganta que no debería existir.

El sistema no puede protegerme de esto.

No puede aislarme.

No puede evitar que… sienta.

Por primera vez desde que llegué aquí, comprendí algo que siempre evité mirar de frente: El sistema puede salvar mi vida.

Puede cambiar mi destino.

Puede darme fuerza, poder, habilidades.

Pero no puede salvarme, de ser humano.

Y eso… Eso me asustó más que la muerte.

Porque si soy humano… Entonces también puedo perder.

También puedo romperme.

También puedo querer.

Y querer… duele.

Una exhalación tembló en mi garganta.

—…Tsk.

Debo estar demasiado filósofo hoy, jaja.

Me separé de la pared y seguí caminando, más despacio, con una molestia en el pecho que no era dolor… pero tampoco comodidad.

Ya no podía mentirme a mí mismo.

Hoy desperté a la realidad más cruel y más humana de todas: Puedo tener un sistema.

Pero no puedo escapar de mí.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo