Mi sistema poco útil en naruto(Versión español) - Capítulo 431
- Inicio
- Todas las novelas
- Mi sistema poco útil en naruto(Versión español)
- Capítulo 431 - 431 Capítulo 428 Semillas
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
431: Capítulo 428: Semillas.
431: Capítulo 428: Semillas.
Ya han pasado varias semanas desde ese evento.
El hermanito de Tsunade ha nacido y está creciendo bastante saludable.
El trato de Tsunade hacia mi persona ya no es como antes; si bien su actitud chillona sigue, comparado a antes, parece que ahora soy de la familia, cosa que dejó desconcertado a su grupo.
Jiraiya quería protestar, pero bueno, no puedes razonar con la mujer de tu equipo, ¿no?
Un puño de ella lo calló.
Ya han pasado varios entrenamientos y, bueno, los chicos efectivamente siguen sin poder vencerme.
Bueno, aunque no han entrado en su rápido crecimiento, Jiraiya ni siquiera ha conocido a los sapos del monte Myoboku.
Así que hasta que no encuentren sus destinos, no van a poder hacerme ponerme serio.
….
Cuando volví en si, mis pensamientos se desvanecieron de inmediato.
Porque allí estaban.
Los tres.
Tirados en el suelo.
Otra vez.
Jiraiya con la cara hundida en el polvo.
Tsunade respirando agitada.
Orochimaru frotándose el hombro con una mezcla de fastidio y humillación.
Los miré un segundo.
Suspiré.
—…De verdad —murmuré—.
¿Cuántas veces tengo que decirles que no vengan así?
Jiraiya alzó la cabeza con la lengua afuera, como un perro atropellado.
—¡Nos tomaste por sorpresa… otra vez!
¡Eso no es justo!
—No los tomé por sorpresa —respondí, acercándome sin prisa—.
Corrieron de frente como idiotas.
Otra vez.
Tsunade gruñó desde el suelo.
—¡No corrimos de frente!
Estábamos siguiendo un plan.
—Ah, ¿sí?
—arqueé una ceja—.
¿Qué plan?
¿Que Jiraiya coma tierra mientras tú intentas romperme la mandíbula?
Ella apretó los dientes.
Orochimaru, en cambio, se reincorporó con ese aire frío y calculador tan suyo… aunque lleno de polvo.
—Fue un ejercicio deficiente —sentenció, como si evaluara a un grupo de incompetentes que no fueran ellos mismos.
—Aja —asiento—.
Deficiente.
Muy deficiente.
Me detuve frente a ellos.
Y los tres me miraron.
—Oigan… —dije al fin—.
¿No han pensado en que tal vez necesitan roles?
Jiraiya parpadeó.
Tsunade ladeó la cabeza.
Orochimaru frunció el ceño.
—¿Roles?
—preguntó Jiraiya como si le hablara en otro idioma.
—Sí, roles.
Funciones.
Especializaciones —dije con paciencia falsa—.
No pueden pelear todos como idiotas que se lanzan por turnos a ver quién muere primero.
—¡Oye!
—Jiraiya protestó—.
¡Yo no me lanzo por turnos!
—Es verdad —dije con seriedad—.
Tú te lanzas primero.
Siempre.
Tsunade soltó una risa muy suave que disimuló enseguida.
Seguí.
—Miren, ustedes tienen potencial, pero están peleando como si fueran clones del mismo tipo.
Y no lo son.
Jiraiya… tú claramente no eres un frontliner.
—¿Un qué?
—preguntó él.
—Un idiota que se lanza al frente.
Tú no sirves para eso.
—¡¿Pero por qué?!
—gritó indignado.
—Porque eres blando, eres distraído, y tus puños pegan como almohadas mojadas.
Tsunade volvió a reír, esta vez sin ocultarlo.
Jiraiya lloró internamente.
Me giré hacia ella.
—Tsunade, tú sí tienes fuerza física… pero no usas tu mejor habilidad.
Ella frunció el ceño.
—¿Cuál se supone que es mi “mejor habilidad”?
—Tu control de tu cuerpo —respondí sin dudar—.
Es perfecto.
Preciso.
Eso no es normal en un niño.
He escuchado que los ninjas como tú que tienen un control así también controlan su chakra bastante bien.
Tal vez podrías centrarte un poco en ser una ninja de soporte; piénsalo, eres buena peleando y si pudieras aprender una habilidad de curación, ¿no sería doble ventaja?
Prácticamente nadie podría vencerte, algo menos bruto, en mi opinión.
—¿Menos bruto?
—preguntó ofendida.
—Sí —asentí—.
Algo más útil que solo intentar partirme la cara cada vez que me ves.
Ella abrió la boca para responder… pero se detuvo.
Su mirada cambió.
Confusión.
Interés.
Un poco de orgullo herido.
Esa semilla cayó exactamente donde quería, por suerte para mí; realmente no sé cuán predispuesta está Tsunade para aprender medicina.
Luego miré a Orochimaru.
—Y tú.
Él levantó una ceja, con esa serenidad venenosa.
—¿Qué hay conmigo, Yuu?
—Tú podrías ser el cerebro del equipo… pero te comportas como si fueras un genio atrapado en el cuerpo de un gato mojado.
Tsunade se aguantó la risa.
Jiraiya se carcajeó sin control.
Orochimaru, no.
Me miró con una frialdad afilada.
—No puedo mostrar mi verdadero potencial —dijo con voz plana— porque siempre es un combate físico.
Y tú te limitas a… —Sus ojos se afilaron— a golpearnos sin usar técnicas.
—Te reto —dije con calma—.
Una pelea libre.
Usa todo lo que quieras.
Ninjutsu, jutsus avanzados, serpientes, venenos… lo que sea.
Sin límites.
Tsunade abrió los ojos como platos.
—¡Yuu!
¿Estás loco?
Orochimaru— —Acepto —dijo él antes de que ella terminara.
Y como si alguien hubiera dado una señal, la atmósfera cambió de golpe.
Orochimaru se puso en pie lentamente, polvo cayendo de su ropa.
Sus pupilas se afinaron.
—No me hagas arrepentirme —susurró.
—No planeo hacerlo.
La pelea fue rápida.
Muy rápida.
Orochimaru liberó jutsus mezclados junto con sus técnicas de combate; al final no importó.
Yo he estado peleando al borde de la vida y la muerte en ambientes así; para mí es… Tan sencillo de esquivar porque fácilmente puedo ver hasta dónde tendrá su alcance o hasta dónde llegará.
Muy fácilmente logró esquivar todo antes de llegar donde Orochimaro y darle un buen golpe.
Mandándolo a unos metros.
El silencio que siguió fue pesado.
Jiraiya parpadeó varias veces.
Tsunade se llevó una mano a la frente.
Y Orochimaru… respiró hondo, derrotado, pero procesando.
—…Es imposible —murmuró.
—No —respondí—.
Solo estás peleando como alguien que no entiende sus propios límites.
Me di vuelta para marcharme.
Antes de dar dos pasos, dije sin mirarlos: —Si quieren mejorar, empiecen a pensar.
Roles, estrategias… y lo más importante: dejen de dar por hecho que soy un civil indefenso.
Di un último vistazo a sus caras confundidas.
—Porque no lo soy.
—Si siguen peleando como hoy… yo los voy a seguir aplastando siempre.
Pero si encuentran su rol… —Miré a Tsunade—.
Pueden llegar lejos.
Muy lejos.
Tsunade se cruzó de brazos.
Su mirada era seria.
Pensativa.
La semilla ya estaba ahí.
Orochimaru también había tragado el orgullo que le quedaba.
Y Jiraiya… bueno, Jiraiya seguía rascándose la cabeza.
—Entonces… —dijo él— ¿Yo qué rol tengo?
—¿Tú?
—lo miré—.
El de dejar de estorbar.
—¡¿QUÉEEE?!?!
Me reí suavemente.
Por primera vez en todo el día.
Me alejé del claro sin mirar atrás.
Pero sí escuché el silencio que dejé.
Ese tipo de silencio que solo aparece cuando algo cambia.
(POV TSUNADE).
Tsunade fue la primera en reaccionar.
Respiró hondo, aún con el ceño fruncido.
No estaba molesta.
No, realmente.
Lo que tenía era una mezcla peligrosa: Orgullo herido.
Interés.
Y… curiosidad.
“Control de chakra… “¿Curar?”, pensó, sin darse cuenta de que ya estaba imaginando cómo funciona eso en combate.
—…¿Tú crees… que es en serio?
—murmuró.
Jiraiya la miró como si hablara en otro idioma.
—¿Qué cosa?
—Lo que dijo —Tsunade apretó los puños—.
¿De qué puedo hacer algo más que solo golpear?
Jiraiya se encogió de hombros.
—Bueno… sí, golpeas muy bien.
Eso nadie lo duda.
—¡No estoy hablando de eso, cabeza hueca!
Se quedó en silencio.
Y por primera vez… Tsunade se vio a sí misma más allá del combate directo.
Más allá de romper cosas.
Y sintió algo raro en el pecho.
Interés genuino.
(POV OROCHIMARU) Orochimaru seguía sentado en el suelo, limpiándose la sangre del labio con el dorso de la mano.
Jiraiya se acercó.
—Oye… ¿Estás bien?
Orochimaru no respondió.
No porque estuviera herido físicamente.
Sino porque estaba analizando.
Desmenuzando la pelea en su cabeza.
Cada movimiento.
Cada espacio muerto.
Cada error.
—No… —susurró al fin—.
No es un civil.
No es alguien normal.
Ni siquiera es… un niño.
Jiraiya tragó saliva.
—¿Qué cosa es entonces?
Los ojos dorados de Orochimaru brillaron, fascinados y obsesivos.
—Una anomalía.
Un misterio.
Tsunade le dio un golpe en la nuca.
—¡No lo vas a acosar, enfermo!
—No dije que lo acosaría —respondió.
Luego miró hacia donde Yuu se había ido.
—Pero no puedo aceptarlo.
No puedo aceptar que alguien nos supere así… sin esfuerzo.
No… alguien que ni siquiera usa ninjutsu… Sus dedos se apretaron.
—Tengo que aprender más.
Mucho más.
No puedo… quedarme atrás.
(POV JIRAIYA) Jiraiya miró a ambos, luego al camino.
Y se rascó la cabeza.
—…¿Soy el único que piensa que Yuu da miedo?
Tsunade y Orochimaru lo miraron como si hubiera dicho que el agua mojaba.
—Sí —dijo Tsunade—.
Eres el único.
—Totalmente —añadió Orochimaru.
Jiraiya suspiró.
—Bueno, al menos soy consistente… Pero luego, sorprendentemente, también pensó.
“¿Dejar de estorbar…?” Esa frase le quedó dando vueltas.
Y por primera vez, sintió ganas de mejorar no por orgullo… Sino para poder seguirle el paso a un amigo.
Se quedaron ahí un momento.
Mirando el camino.
Mirando el polvo que Yuu había levantado.
Sabiendo que algo estaba cambiando entre ellos.
Y que Yuu, ese supuesto civil, era la chispa.
Mientras tanto… (POV YUU) Yo seguía caminando por Konoha.
Pero esta vez… Me sentía observado.
Miradas desde las ventanas.
Sombras que se movían entre los árboles.
Sensaciones que antes ignoraba… y que ahora eran demasiado claras.
No era paranoia.
Era Konoha.
O más precisamente… La vigilancia de Konoha.
Suspiré.
—…Genial.
Porque al final… No importa qué etiqueta use.
“Civil”.
“Ninja que pudo haber sido”.
“Anormal”.
Si sigo así… Pronto alguien va a hacer preguntas incómodas.
Y yo todavía no estoy listo para responderlas.
No a ellos.
No… Se acerca la hora de irme; los 6 meses ya van a llegar a su fin… Una sombra saltó entre los árboles a mi izquierda.
Otra se deslizó por los techos a la derecha.
El ANBU se estaba moviendo con más descaro.
Antes eran miradas a distancia.
Presencias ligeras.
Un “seguimiento” leve.
Ahora… era vigilancia.
Cercanía.
Alguien, en algún lugar de este pueblo, ya no creía que yo fuera un simple civil.
O un simple niño.
Mis pasos se detuvieron sin que lo decidiera.
Sentí una presencia moverse detrás de mí.
Luego, otra.
Luego, otra.
Sonreí sin humor.
—¿En serio…?
Todavía ni he cumplido los seis meses y ya están así de encima… No recibí respuesta.
Obviamente.
Pero sentí la tensión en el aire.
Como si Konoha entera aguardara algo.
Un error mío.
Una muestra de hostilidad.
Algo que justificara sacarme del tablero.
No se escondían.
No del todo.
Solo lo suficiente para decir: “Podemos alcanzarte si queremos.” Silencio.
Ni un susurro, ni un roce.
Solo el tipo de quietud que precede a una emboscada… o a una ejecución silenciosa.
Mi respiración se volvió más lenta, más medida.
Esta sensación.
No era ANBU.
ANBU observaba.
ANBU evaluaba.
ANBU esperaba órdenes.
(NA: Acá salvando cara a los ambus y dando un toque de misterio a Raíz; aprende, Kishimoto).
Esto… Esto era distinto.
El viejo Sarutobi no haría algo así.
No conmigo.
No de esta manera.
Mi ceja se alzó apenas.
—Así que… ¿Ustedes, eh?
Di un paso hacia adelante.
Uno solo.
La presión alrededor de mí subió como si hubiese tocado una alarma invisible.
—Raíz… El nombre cayó de mis labios como una sentencia.
Mi sonrisa se volvió más delgada, más peligrosa.
—¿Ese vejestorio por fin levantó su trasero?
Un susurro de movimiento respondió.
No palabras.
No amenazas.
Sombras desplazándose.
Como cuchillas acariciando el aire.
No atacaban.
Aún.
Lo cual era peor.
Porque Raíz no advertía.
No preguntaba.
No esperaba.
Sí estaban aquí… Era porque ya habían decidido algo sobre mí.
O al menos pensaban que lo habían decidido.
Llevé una mano a mi bolsillo.
Despacio.
Sin brusquedad.
Sentí cómo la tensión subía un grado más.
Como si cada sombra se preparara para saltarme encima.
—Tranquilos… —murmuré, sin voltear—.
No estoy sacando un arma.
Saqué una bolita de arroz.
Le di un mordisco.
Masticando, añadí: —Solo que si me van a joder… al menos no lo haré con hambre.
Una de las sombras pareció dudar.
Otra se acercó a un paso imperceptible.
Demasiado tarde.
Yo ya sabía dónde estaban.
Cuántos eran.
Qué tan coordinados.
Y lo más importante… Cuál de ellos tenía el pulso más estable.
Ese sería el líder.
Ese sería el más peligroso.
Ese sería el que iba a hablar.
Y como si el mundo siguiera mi guion… Una voz surgió, baja, neutral, perfectamente controlada: —Yuu.
Acompáñanos.
Mi mandíbula dejó de masticar.
Y, por primera vez en semanas, me reí de verdad.
—Ah… así que va en serio.
Me di vuelta lentamente.
—Bueno… supongo que mis seis meses acaban antes de lo previsto.
La frase me pesó más de lo que esperaba.
—Acompáñanos —repitió la voz.
Suspiré.
—No, gracias.
Silencio.
El tipo de silencio que anuncia violencia.
La sombra más cercana se movió un milímetro.
Eso bastó.
Mi pie se deslizó hacia adelante.
Mi cuerpo giró.
Mi codo impactó algo duro, seguido del crujido de una máscara.
El primer agente cayó sin siquiera poder exhalar.
El resto reaccionó al instante.
Demasiado tarde.
Demasiado lento.
Demasiado… predecibles.
Un segundo golpeé contra el suelo con el talón de mi bota en su clavícula.
Un tercero salió disparado hacia atrás cuando lo agarré del brazo y lo usé como peso muerto para lanzar a otro contra un árbol.
Tres segundos.
Tres caídos.
Cuatro sombras más aparecieron entre los tejados.
—Tarde —dije.
Salté hacia ellos.
No necesitaba ninjutsu.
Ni sellos.
Ni armas.
Solo precisión.
Ángulos.
Fuerza controlada.
—Estos eran los débiles; parece que el viejo aún me subestima bastante.
Caí entre los cuatro como un susurro.
Golpes secos.
Rodillas que colapsan.
Muñecas torcidas.
Respiraciones cortadas antes siquiera de convertirse en gritos.
Diez segundos después… Solo yo quedaba en pie.
Los agentes seguían vivos, pero no se moverían en un buen rato.
Exhalé hondo.
—Tsk… Si Danzo mandó una avanzadilla, los refuerzos vienen en camino.
Y yo no podía darme el lujo de esperar.
Ni de que me encontraran hablando con alguien.
Ni… de irme sin despedirme.
Corrí.
Salté por tejados, pasé entre callejones, evité patrullas ANBU que claramente no estaban al tanto de lo ocurrido.
Tsunade ya debería estar en casa a estas horas.
Tenía que hacerlo rápido.
Tenía que verla aunque fuera un momento.
—Casa Senju— Golpeé la puerta.
No muy fuerte.
No quería despertar a nadie.
Tsunade abrió casi de inmediato, como si hubiera estado pasando justo por ahí.
—¿Yuu?
—frunció el ceño—.
Ya es de noche.
¿Qué haces aquí?
No había tiempo que perder.
—Tengo que irme —dije directo.
Ella parpadeó.
—…¿Cómo que irte?
¿A dónde?
—Fuera de Konoha.
—¿Ya?
—frunció más el ceño.
—Sip.
—¿Pasó algo?
—preguntó más seria de lo normal.
—Nada grave —mentí—.
Solo… Necesito moverme.
No entendió por completo.
Pero entendió lo suficiente.
—O sea —dijo despacio—.
¿Problemas?
—Algo así, pero simplemente debo agilizar mi entrenamiento; este lugar no me permite mostrar mi potencia, debo volver a la naturaleza.
Tsunade dejó de preguntar mucho cuando Yuu dijo entrenamiento, infló las mejillas, molesta.
—Siempre es así contigo —murmuró—.
Cuando por fin te encuentro para pelear otra vez, te desapareces.
Solté una pequeña risa.
—Es mi estilo.
—Pues tu estilo apesta.
Se cruzó de brazos.
Era tan obvia cuando estaba irritada.
—¿Cuánto tiempo te vas?
—preguntó.
—No lo sé, tal vez vuelva mañana o dentro de un mes.
Ella bajó la mirada un momento.
No se puso melodramática.
Solo… pensó.
Y luego, en voz baja, dijo: —…Podrías habérmelo dicho antes.
—Lo sé —respondí—.
Lo siento.
Silencio.
Tsunade levantó la cabeza de golpe, como si hubiera tomado una decisión.
—¡Pero más te vale volver!
—apuntó un dedo hacia mi pecho—.
Todavía no te gano.
¡Y no voy a dejar que Orochimaru lo haga primero!
Reí suavemente.
—No te preocupes.
No lo hará.
Ella sonrió un poco.
Una sonrisa orgullosa.
Pequeña.
Pero real.
—Entonces… —dijo—.
Antes de que me arrepienta y te golpee para que te quedes… vete.
—Eso intento —respondí.
Retrocedí un paso.
Cuando ya estaba por saltar al tejado… —Yuu —llamó.
Me giré.
Tsunade se señaló el pecho con el pulgar, segura, firme, como siempre.
—La próxima vez… te mostraré lo que puedo hacer.
De repente me detuve.
‘Mm, siento que irme así es muy crudo, muy similar a cuando me fue en la época de Minato, aunque a diferencia de ahí, Tsunade está soltera en el futuro, así que tal vez podría aprovechar un poco; creo que así es más mi estilo’.
Me di la vuelta y me acerqué bastante a ella.
—Oye.
—¿Qué…?
Me detuve justo frente a ella.
Ella apenas levantó la cabeza para verme mejor.
—Solo una cosa más —dije.
—¿Eh?
Sin darle tiempo a reaccionar, llevé mi mano a su mejilla, suave, sin fuerza.
Sus ojos se abrieron grandes.
Y antes de que pudiera apartarse… Me incliné y le robé un beso.
Un toque rápido.
Corto.
Casi eléctrico.
Tsunade se quedó congelada.
Cuando me separé, ella retrocedió medio paso, completamente roja.
—¡¿QUÉ—?!
No sabía si quería gritar, golpearme o esconder la cara.
—Para que… no olvides que volveré —dije con una sonrisa tranquila, como si fuera lo más normal del mundo.
Ella abrió la boca para insultarme, pero solo salió un sonido ahogado.
—¡I-idiota!
¡¿Cómo te atreves?!
¡Yo— yo—!
Yo ya estaba saltando al tejado.
—Nos vemos, Tsunade.
—¡¡TUUUU!!
—escuché desde atrás, su voz quebrándose entre furia, vergüenza y algo que no quiso mostrar.
Seguí corriendo.
No había tiempo.
Raíz vendría pronto.
Pero esa voz… ese grito… esa mezcla de enojo y algo más…
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com