Leer Novelas
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completado
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Mi sistema poco útil en naruto(Versión español) - Capítulo 435

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Mi sistema poco útil en naruto(Versión español)
  4. Capítulo 435 - 435 Capítulo 432 Arena
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

435: Capítulo 432: Arena.

435: Capítulo 432: Arena.

‘Realmente es un lugar curioso’, piensa Yuu mientras recorre una calle lateral.

‘La gente acá en su mayoría está militarizada y se nota bastante por su vestimenta y forma de vida’.

Incluso los civiles tienen músculos tensos, manos callosas, posturas firmes.

No es una nación construida sobre la diplomacia, sino sobre la fuerza.

Y precisamente por eso… era un buen sitio para pasar desapercibido si uno sabía cómo hacerlo.

Durante días, Yuu se movió por los alrededores, buscó información, preguntó lo mínimo necesario, observó los flujos de personas.

Había mercados, talleres, casas escalonadas por la montaña… y varias arenas de combate.

Tres tipos, para ser exactos.

La grande, en el centro: para ninjas establecidos, misiones de entrenamiento organizado y pruebas de ascenso.

Otra, en un distrito más retirado, destinada a luchadores profesionales, mercenarios reclutados o shinobi que querían forjar reputación.

Y finalmente… La pequeña.

Escondida entre dos edificios de madera ennegrecida por el clima, con un techo reconstruido de forma torpe y un letrero colgando apenas por dos sogas gastadas.

Y ahí estaba él.

Frente a ese letrero.

Arena de combate.

Era la más básica.

La más barata.

La más… desordenada.

Pero también la más accesible para un “civil extranjero” que buscaba mezclarse sin levantar sospechas.

Yuu se detuvo frente a la entrada.

El sonido del interior era claro: Golpes contra sacos, risas ásperas, gritos de motivación y el ruido típico de un cuerpo estrellándose contra un piso acolchado barato.

No era un sitio de gloria.

Era un sitio de trabajo.

Un lugar donde cualquiera podía entrar… si tenía brazos, piernas y el deseo de ganar unas monedas o probarse.

El tipo perfecto de lugar para lo que Yuu necesitaba.

‘Si logro integrarme aquí sin llamar la atención errónea… Tal vez pueda moverme entre el resto de los distritos sin que nadie cuestione mi presencia.’ Además… Era ideal para observar.

En este tipo de arenas, la gente habla: sobre misiones baratas, sobre ninjas que pasan por el distrito, sobre rumores de patrullas, sobre genin prometedores o jōnin que se han visto cerca.

Yuu se detuvo frente al cartel.

Arena de Combate.

—Entrada gratuita para espectadores— —Participantes, registrarse adentro.

La gente entraba y salía con naturalidad.

Algunos vendados.

Otros riendo.

Otros sangrando por la nariz sin darle importancia.

Era un lugar… vivo.

Yuu respiró hondo y cruzó la entrada.

— — — El interior era más grande de lo que aparentaba.

Una estructura circular con un foso central donde dos hombres peleaban sin armas, rodeados por gradas improvisadas llenas de espectadores.

Había polvo en el aire, olor a sudor, gritos que resonaban en la madera.

Un hombre grande con una tabla de registro vio a Yuu apenas entrar.

—¿Espectador o participante?

—preguntó, sin rodeos.

Yuu lo miró un segundo.

La respuesta era sencilla.

—Participante.

El hombre lo analizó rápido.

De arriba abajo.

Y al notar que era extranjero y delgado para los estándares locales… sonrió.

—Perfecto —dijo, marcando algo en la tabla—.

A la gente le encanta ver a los nuevos.

Los que estaban cerca rieron entre sí.

Un grupo de jóvenes —seguramente recién graduados de alguna academia local o simples bravucones del pueblo— lo miraron con burla abierta.

—Míralo, ni siquiera parece del país —comentó uno, masticando algo.

—No durará mucho.—añadió otro—.

Así les pasa a todos los de afuera.

Yuu no reaccionó.

Se limitó a seguir al encargado, que lo llevó a un corredor lateral donde varios participantes esperaban su turno.

La luz era tenue, el aire caliente.

—Aquí te quedas hasta que te llamen —explicó el hombre, señalándole un banco de madera—.

Reglas básicas: nada de armas, nada de ninjutsu, nada de matarse.

Si tu oponente cae o se rinde, se acaba.

Y luego, bajando la voz: —Pero si te noquean… tampoco pasa nada.

La multitud lo disfruta.

Era una advertencia.

Y un recordatorio.

Yuu asintió.

Se quedó en silencio, observando.

Había hombres con vendas en las manos, otros calentando los músculos, otros nerviosos y otros confiados.

Todos parecían parte de un ciclo normal: presentarse, pelear, perder o ganar, volver otro día.

El ritmo de la arena no era apresurado.

Era constante.

Regular.

Casi ritual.

Cada pelea era anunciada con el golpe de un tambor.

Cada vencedor era recibido con aplausos sinceros o burlas despiadadas.

Nada de glamour.

Nada de honor formal.

Solo combate.

— — — Después de varios minutos, un asistente se acercó.

—Tú —dijo, señalando a Yuu—.

Prepárate.

Eres el cuarto en la fila.

Las miradas se clavaron en él.

Algunas curiosas.

Otras emocionadas por anticipar un espectáculo.

Otras simplemente crueles.

La arena tenía hambre de ver si el extranjero sobrevivía.

Yuu ajustó el vendaje básico que le habían dado para las manos.

No estaba nervioso.

Tampoco emocionado.

Este combate es prácticamente un chiste para él.

‘Quién lo diría, un día estoy entrenando futuras promesas y luego estoy en una arena que debería ser clandestina’.

La arena retumbó con un golpe de tambor.

La pelea actual terminó.

Gritos estallaron.

Una nueva ronda comenzaba.

El asistente lo miró.

—Pronto te toca.

Cuando digan “siguiente”, entras.

Yuu se puso de pie, avanzó al borde del pasillo y vio la luz de la arena iluminar la entrada.

Escuchó la voz del anunciador.

BOOOOM.

Sonó el tambor.

El combate previo terminó con un sonido húmedo y un cuerpo cayendo de espaldas.

Gritos.

Silbidos.

Se abrió el pasillo.

El anunciador levantó la voz con un tono teatral, exagerado, casi burlón.

—¡SEÑORES!

¡TENEMOS UN NUEVO PARTICIPANTE!

Las gradas vibraron.

La madera crujía con cada pisada del público apoyándose hacia adelante.

—¡UN EXTRANJERO!

¡NUNCA HA PELEADO AQUÍ!

¡NI UNA SOLA REFERENCIA!

¡NI UNA SOLA VICTORIA!

La multitud respondió como un solo animal.

Risas.

Gritos.

Apuestas apresuradas.

—¡QUE ENTRE!

¡VEAMOS SI PUEDE SOPORTAR AL MENOS SESENTA SEGUNDOS!

Yuu inhaló despacio.

Su pecho no se expandió abruptamente, ni sus músculos cambiaron.

No había iluminación especial.

No había aura violenta.

Solo un hombre caminando.

Pero… Con cada paso, las gradas parecieron inclinarse hacia él, como si la arena misma quisiera medirlo, evaluarlo.

Su pie tocó la arena, hundiéndose ligeramente en el polvo compactado por cientos de combates.

El olor a sangre seca y sudor era casi tangible.

El público esperaba que temblara.

Pero Yuu solo alzó ligeramente la cabeza para observar al rival.

Un hombre enorme.

Hombros de toro.

Venas gruesas en los brazos.

Un cuello que parecía el tronco de un árbol joven.

Cuando lo vio, escupió hacia un lado y sonrió con una expresión que en Baki siempre significa lo mismo: “Voy a romperte”.

Los músculos del gigante se tensaron, contrayéndose bajo la piel como si tuviera serpientes vivas en los brazos.

La espalda sonó cuando giró el torso, un chasquido seco.

El público gritó.

Yuu… sonrió por dentro.

Sin haki.

Sin técnicas especiales.

Solo cuerpo.

Puramente humano.

Puramente físico.

‘Veamos qué tan lejos llego así…’ La campana no sonó.

Fue el tambor.

Un golpe seco.

Un impulso que hizo vibrar el pecho de los espectadores.

Doro avanzó primero.

Sus pasos eran como martillazos contra la tierra, compactándola aún más.

Su torso parecía expandirse con cada inhalación; los músculos se dibujaban como si estuvieran hechos de cables trenzados.

—VEN AQUÍ, FLAQUITO.

—NO ME HAGAS PERDER EL TIEMPO.

La multitud rugió.

Yuu no adoptó ninguna postura especial.

Estaba… relajado.

Demasiado relajado.

Pero sus ojos… Observaban cada microtensión.

Cada contracción.

Cada sombra del movimiento.

Doro atacó primero.

Un puño directo a quemarropa.

El aire silbó.

Yuu podía haberlo esquivado.

Pero no lo hizo.

¡BAAM!

El golpe impactó su pómulo, y la cabeza de Yuu giró violentamente hacia un lado.

Un sonido sordo resonó en la arena.

Un murmullo de sorpresa se escapó de la multitud.

—¡UOOH!

—¿YA CAYÓ?

—¡JAJAJA!

No cayó.

Yuu simplemente se enderezó.

Su mandíbula crujió al acomodarse sola (bueno, no lo dislocó realmente).

‘Interesante… su fuerza básica es mayor a la de un jōnin promedio sin chakra; estos tipos no tuvieron piedad, realmente me querían destrozar.’ Doro entrecerró los ojos.

Ese golpe derribaría a un hombre normal.

Yuu lo había recibido… Como si solo quisiera confirmarlo.

—Tch… presumido.

Doro giró la cadera y lanzó un gancho de derecha, un golpe de demolición que venía cargado de la fuerza de todo su peso.

Yuu lo aceptó.

¡THUMP!

El impacto reverberó en su costado.

Las costillas protestaron.

El aire salió de sus pulmones en un exhalo involuntario.

El público gritó con euforia salvaje.

—¡SIGUE PEGÁNDOLE!

—¡RÓMPELO!

—¡EXTRANJERO CONTRA EL SUELO!

Y entonces… Yuu se movió.

No fue un contraataque explosivo.

No fue un golpe heroico.

Fue algo simple.

Humano.

Pero preciso.

Un jab.

¡PAM!

Directo al mentón de Doro.

Un impacto claro, limpio, como un chasquido seco en el vacío.

Los ojos del gigante se abrieron por un segundo.

Su cabeza retrocedió lo justo.

Ni más ni menos.

—¿Hm?

Otro jab.

¡PAM!

Otro.

¡PAM!

PAM!

Rápidos.

Eficientes.

Yuu avanzó medio paso, entrando justo en el rango perfecto.

Sus puños parecían pequeñas detonaciones de aire.

Doro intentó responder con un manotazo enorme, más parecido a la pala de una retroexcavadora que a un golpe.

Yuu lo recibió con su antebrazo —deliberadamente— para medir fuerza.

El impacto lo empujó un paso atrás.

‘Ok… ese sí duele.’ Pero antes de que Doro pudiera capitalizarlo, Yuu ejecutó algo simple: Un gancho izquierdo corto, directo a las costillas expuestas del gigante.

¡KRAK!

El sonido fue inconfundible.

No de hueso roto… Pero sí de cartílago cediendo.

Doro abrió los ojos como si hubiera recibido una estocada.

—¿Q-qué…?

Yuu no dio explicación.

Solo inhaló… Y lanzó otro golpe.

Un uppercut pequeño, casi minimalista… Pero perfectamente colocado bajo el esternón.

¡BOOF!

Doro perdió el aire.

Y su cuerpo, enorme, retrocedió tambaleante.

La multitud se congeló un instante.

Ese extranjero, que había recibido golpes sin defenderse… Ahora estaba CONTROLANDO LA PELEA con golpes simples.

Yuu se limpió un hilo de sangre de su labio.

‘Puedo seguir.

Todavía me falta medir su límite.’ Doro rugió con rabia animal, intentando cubrir su humillación con fuerza bruta.

Se lanzó con ambos brazos, como un oso atacando.

Yuu bajó la guardia a propósito.

—¿¡TE QUIERES MORIR!?

—gritó Doro.

¡BOOOOM!

El golpe impactó de lleno en el pecho de Yuu, empujándolo hacia atrás hasta que su pie arañó la tierra para mantener el equilibrio.

La multitud gritó.

Pero antes de que el polvo se asentara… Yuu dio un paso adelante.

Los ojos del gigante se abrieron cuando Yuu levantó la mirada.

Algo en esa expresión —tranquila, despierta, analítica— hizo que Doro sintiera un escalofrío que ninguno de los espectadores podía ver.

Y entonces… Yuu atacó de verdad por primera vez.

Un golpe directo al plexo solar.

¡PFFFT!

El aire abandonó el cuerpo de Doro con violencia.

Los músculos de su abdomen vibraron como cables tensos.

Luego un golpe al hígado.

¡THWACK!

El gigante casi vomitó del shock.

Yuu giró ligeramente el pie, alineando hombro y cadera.

‘Con este debería bastar.’ Un último golpe.

Corto.

Directo.

Preciso.

¡PAM!

Directo al mentón.

La cabeza de Doro se disparó hacia atrás como si lo hubiera empujado un pistón hidráulico.

Sus piernas se aflojaron.

El cuerpo cayó lentamente, pesadamente… ¡BOOOOOM!

El suelo tembló cuando tocó la arena.

Silencio.

Silencio absoluto.

Hasta que… —…¿Q-qué demonios?

—Ese tipo… —¿Quién es?

—No usó nada… —Golpes normales.

—Pero… ¡pero miren a Doro!

El anunciador tardó varios segundos en reaccionar.

—G-ganador… Miró a Yuu.

Tragó saliva.

—¡GANADOR… EL EXTRANJERO!

La arena estalló en gritos, apuestas reabiertas, insultos, ovaciones, incredulidad absoluta.

Yuu solo se sacudió un poco el polvo.

‘Creo que ya tengo mi entrada.’ Giró y salió caminando con la misma calma con la que entró.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Acerca de
  • Inicio
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo