Mi sistema poco útil en naruto(Versión español) - Capítulo 436
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- Capítulo 436 - 436 Capítulo 433 Olor a sangre y dinero
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436: Capítulo 433: Olor a sangre y dinero.
436: Capítulo 433: Olor a sangre y dinero.
El corredor detrás de la arena era un pasillo estrecho, húmedo, iluminado apenas por lámparas de aceite.
El eco de la multitud todavía vibraba en las paredes, como si la arena misma respirara a través de ellas.
Yuu avanzaba con las manos relajadas, sin prisa.
A su costado, dos participantes que habían visto la pelea se apartaron instintivamente.
No por miedo.
Por respeto inconsciente.
Ese tipo de respeto que surge cuando alguien derrota lo imposible con un gesto casual.
Uno de ellos murmuró: —Ese… sus golpes eran… demasiado limpios.
El otro tragó saliva.
—¿Viste cómo recibió los golpes?
Yuu escuchó todo, pero no reaccionó, solo sonrió ligeramente.
‘Jaja, no pasó ni un día y ya me siento famoso’.
Cuando salió del corredor, un hombre lo estaba esperando.
Camisón largo, barba corta y un sombrero ancho que ocultaba la mitad de su rostro.
Ojos afilados, calculadores.
Era delgado, pero había algo en su postura… Su espalda estaba recta.
Sus pies firmes.
Su centro de gravedad estable.
No era un luchador de la arena, pero tampoco un civil normal.
Era alguien acostumbrado a evaluar peligro.
—Peleaste bien, muchacho —dijo sin presentación—.
Muy bien, considerando que no eres de por aquí.
Yuu lo miró.
Neutral, sin mucho interés; no hay mucho que podría sentirse tentado de personas que él consideraba igualmente civiles.
—Fue solo un combate.
El hombre sonrió.
—Para ti sí.
Para los que apuestan… fue un terremoto.
Sacó una bolsa de monedas y la sacudió.
Se escuchó el golpe seco del metal.
—Los novatos que derriban a veteranos siempre hacen ganar dinero.
Eso atrae ojos.
Y en este lugar, eso puede ser bueno… o no.
Yuu levantó una ceja.
‘Qué rayos, ¿por qué de repente siento un déjà vu?, este tipo de ambiente…’ El hombre lo evaluó, y luego habló con voz más baja: —Si vas a seguir peleando en este distrito… necesitarás protección.
‘?’ ‘¿Protección yo?’ Casi se lebescapa la risa, pero se contuvo con su mejor cara de póker.
Un movimiento lateral, casi imperceptible, sacudió el aire.
Alguien apareció detrás del hombre: Un tipo corpulento con cicatrices en los brazos.
‘Interesante.
No son matones.
Son organizadores.’ —No busco problemas —dije.
—Nadie los busca —respondió él—.
Pero aquí, los problemas llegan solos.
Y lo que ocurra después depende de si tienes respaldo.
Levanté una ceja.
¿No era esto algo legal?
¿Por qué suena como si fueran torneos clandestinos?
Esto de ofrecer “protección” es vocabulario del bajo mundo.
De pronto, su sonrisa se volvió delgada, casi sin dientes.
—Te ofrecemos el nuestro.
Negué con la cabeza, apenas un gesto.
—No estoy interesado.
El aire se tensó.
El gigante dio un paso adelante, pero el hombre levantó una mano, impidiéndolo.
—No te preocupes —dijo con calma profesional—.
No vamos a forzar nada.
Guardó la bolsa de monedas en su ropa.
—De hecho… quería ver si eras tan tonto como para aceptar.
Demasiados extranjeros caen en trampas así.
Se dio la vuelta con la naturalidad de quien ya sabe el resultado de todo.
—Nos veremos, muchacho.
Si peleas como hoy… todos querrán algo de ti.
——————– Desaparecieron en la oscuridad del pasillo.
Me quedé mirando al vacío, sin saber si reír o preocuparme.
¿Esto es un villano de turno?
¿Desde cuándo el camino del protagonista chocó contra mí?
Respiré hondo y ajusté la mochila.
Las costillas dolían.
El pecho estaba tenso.
La mandíbula adormecida.
Golpes reales.
Golpes… honestos.
‘Puedo sentir mi cuerpo… jaja.
Si voy a actuar como un civil, debería hacerlo al completo.
Usar el Mokuton sería hacer trampa.’ Era una sensación extrañamente adictiva.
Afuera, el distrito nocturno era una marea de humo, voces y apuestas.
Stands improvisados vendían comida grasosa y alcohol barato.
El olor a sudor, sangre y dinero húmedo llenaba el aire.
Un par de borrachos me señalaron desde una mesa desequilibrada.
—¡Ese es!
¡El que tumbó a Doro!
—¡Eh, extranjero!
¡Ven, bebamos!
Seguí caminando.
No tenía intención de desperdiciar mi vida con gente que apostaría hasta su propia sombra.
Pero alguien sí me detuvo.
Una mano firme —pero no agresiva— se cerró sobre mi hombro.
—Oye.
Giré la cabeza.
Ya la había sentido con mi haki.
Era una mujer joven, tal vez veinte años.
Ropa simple.
Cabello recogido.
Mirada afilada.
Un vendaje viejo en la muñeca.
No luchadora.
No comerciante.
Pero tampoco casual.
Observadora.
Demasiado.
—Tú —dijo sin rodeos—.
¿Qué buscas peleando aquí?
—Dinero.
Ella arqueó una ceja.
—Todos quieren dinero.
Pero tú no peleaste como alguien que lo necesita.
Peleaste como alguien que quiere… otra cosa.
Otra vez el déjà vu.
No respondí.
Ella entrecerró los ojos, analizando mi postura, mis pasos, el ritmo de mi respiración.
—No eres un civil.
—Pero tampoco eres de aquí.
—Ni usaste chakra.
—Ni técnicas.
Silencio.
—Eres… raro.
¿Raro yo?
¿Dónde escuché esto?
Ah, sí: novela genérica de “protagonista misterioso con cara bonita”.
Excelente.
Falta que me dé una espada legendaria de la nada.
Incomodado, pensé en irme.
Pero ella dio un paso adelante, cortándome el paso con naturalidad ninja.
—En dos días hay un evento grande —dijo—.
Para entrar, hay que demostrar algo primero.
Con lo que hiciste hoy, ya calificaste.
Sacó un pequeño sello de madera con un símbolo grabado.
Crudo.
Sin detalles.
Con borde áspero, tallado a mano.
—Esto te permite participar.
Extendí la mano, rígido, tratando de ignorar la sensación de que mi aura de protagonista princeso estaba en modo máximo.
—¿Por qué dármelo?
Esto parece valioso.
Ni siquiera me conoces.
(Y no me inventes que viste algo especial porque respiré bonito, por favor).
Por primera vez, su expresión no fue fría ni calculadora.
Lo cual honestamente me dio escalofríos.
Y vergüenza ajena.
—Porque quiero ver hasta dónde llegas.
Dio media vuelta.
—Mi nombre es Rinzu.
Si sobrevives al evento… quizá tengamos más que hablar.
Se perdió entre las sombras del distrito.
Miré el sello.
Un pase para un evento más grande.
Más información.
Más peligros.
‘Esto va más rápido de lo que pensé…’ Suspiré.
El sello raspaba la yema de mis dedos.
Tosco.
Casi primitivo.
“Aquí solo entra quien sangra.” Qué frase tan… apropiada.
¿Y además es civil?
¿Por qué suena como si este evento fuera el verdadero submundo?
Seguí caminando.
La gente murmuraba a mi alrededor: —Ese es el nuevo.
—Dicen que tumbó a Doro sin pestañear.
—Dicen que viene de otra aldea.
“Dicen.
Dicen.
Dicen.” Respiré profundo.
‘Prefiero cuando los ninjas me miran como amenaza.
Aquí me miran como entretenimiento… Lo cual… supongo… es mejor.’ Un viejo con pipa me señaló.
—Oye, chico.
—¿Hm?
—No te encariñes con ese pase.
La gente como tú dura poco.
—…Gracias por el ánimo.
—Bah, no es por malo.
—Escupió—.
Aquí nadie tiene permitido ganar demasiado rápido.
Eso llamó mi atención.
—¿Qué… significa?
—Si ganas, te animan.
Si ganas demasiado, te odian.
Si ganas sin esfuerzo… te desaparecen.
Perfecto.
Más mecánicas sociales de videojuego.
El viejo rió sin dientes.
—Si vas al evento, no des todo de golpe.
A la gente le gusta la sangre, no los milagros.
Me alejé cuando empezó a divagar sobre sus “glorias pasadas”.
El distrito se volvió más oscuro: más callejones, menos faroles, más humedad pegajosa.
Tres hombres me vieron pasar.
—¿Ese no es el extranjero que venció a Doro?
—Sí.
—Dicen que trae dinero del premio.
—¿Lo robamos?
—¿Viste cómo peleó?
—…Pasamos.
Bueno.
Agradezco la prudencia.
Cuando llegué a una calle más abierta, una linterna de papel temblaba con el viento.
Volví a sacar el sello.
‘Luchadores élite.
Rumores.
Civiles extremistas.
Ninjas infiltrados.
Apuestas clandestinas.’ Exactamente el tipo de caos donde puedo moverme sin destacar tanto.
El mejor lugar dentro del País del Rayo para desaparecer entre la multitud.
Guardé el sello.
El dolor de las costillas repitió su presencia.
‘Sí, sí… recibí esos golpes de verdad.’ Sonreí.
‘Se siente… honesto.’ Miré atrás una última vez.
La arena, el ruido, los vendedores grasosos, los organizadores con sonrisas criminales… Todo formaba un submundo completo.
Algo brilló arriba.
Rinzu.
En un techo.
Mirándome.
Una sombra recortada contra la luna.
No dijo nada.
No hizo ninguna seña.
Solo… observaba.
‘Así que era una ninja después de todo, jaja.’ Parpadeé.
Desapareció.
“Ay no… la escena misteriosa.
Estamos en pleno arco de protagonista sin buscarlo…” Suspiré.
Y seguí caminando hasta perderme entre las luces del distrito.
El olor a sangre y dinero quedó atrás… Pero seguiría conmigo un buen tiempo.
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