Mi sistema poco útil en naruto(Versión español) - Capítulo 437
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- Capítulo 437 - 437 Capítulo 434 Las reglas del gran evento
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437: Capítulo 434: Las reglas del gran evento.
437: Capítulo 434: Las reglas del gran evento.
Rumores.
Luchadores élite del distrito.
Apuestas cada vez más grandes.
Y uno que otro ninja infiltrado… que fingía ser un simple espectador con más alcohol del normal en la mano.
Ese era el ambiente durante los dos días previos al Gran Evento.
Había zonas del distrito donde la atmósfera se volvía tan densa que parecía que podías morderla.
Las calles se estrechaban, la gente caminaba más rápido, los puestos vendían comida más grasosa y los luchadores entrenaban a la vista de todos como animales marcando territorio.
Y por supuesto… todos hablaban del mismo tema: “Las reglas.” Un evento sin reglas no atrae masas.
Uno con demasiadas reglas tampoco.
Pero este… Este tenía las reglas exactas para que ambos bandos —apuestas y violencia— estuvieran satisfechos.
Mientras caminaba entre la multitud, escuchaba fragmentos: —Dicen que este año sí permiten agarrar objetos del suelo.
—No, eso fue el año pasado, hijo.
Este se vale de romper juntas, pero no desmembrar.
—¿Y el “golpe de apagón” está prohibido?
—¿Cuál?
—El de hundir dos dedos bajo la clavícula.
—Ah, ese… está “no recomendado”.
—JAJAJAJAJAJA.
“Qué asco”, penso Yuu mientras esquivaba un puesto lleno de carne dudosa.
La gente hablaba de romper huesos como si fuera cambiar llantas.
Y aun así… había emoción en el aire.
Una emoción que no había sentido en mucho tiempo.
Yuu se detuvo frente a un pequeño cartel improvisado.
Letrero de madera, letras torcidas, claramente tallado por la misma persona que hizo mi pase.
REGLAS DEL GRAN EVENTO No matar.No usar armas externas.No rendirse sin pelear.No abandonar el recinto una vez comenzado.Los organizadores pueden cambiar reglas sin previo aviso.Si ambos peleadores están conscientes, continúa.Si ambos están inconscientes, el que caiga último gana.Si ambos mueren… se devuelve el dinero.
Miro detenidamente la última regla.
Yuu solo puede mirar un poco confundido.
¿Cómo que “si ambos mueren se devuelve el dinero”?
¿QUIÉN pensó que era buena idea?
Un tipo a mi lado me dio un codazo.
—Duro, ¿eh?
—¿Estas reglas son normales aquí?
—¿Normales?
—rió con voz rasposa—.
¡Estas son las más suaves de los últimos años!
Tragué saliva.
“Tal vez debí… no.
No puedo rajarme ahora.
No sería yo.” Rinzu apareció junto a mí, como si hubiera brotado del suelo.
—Viniste.
—No parecía haber opción —respondí.
Ella no sonrió, pero la mirada dijo “bien”.
Señaló el cartel.
—¿Las entiendes?
—Sí… Creo.
—Falta la más importante.
La que no ponen por escrito.
Espero que no sea algo como “prohibido verse bonito mientras peleas”, porque ese buff no me lo puedo quitar.(N.E :Cough, idiota, cough.) —¿Cuál es?
Rinzu entrecerró los ojos.
—No debes destacar demasiado rápido.
Aquí… la multitud necesita sentir que puede ganar contigo.
Si luces invencible… te conviertes en objetivo.
Y nadie sobrevive a eso.
Justo lo que el viejo me dijo.
—Interpretación interesante —dije—.
Suena más a política que a deporte.
—Aquí no hay deportes… Solo jerarquías.
Una brisa helada cruzó entre los dos.
Los rumores se extendían como fuego: Nombres de luchadores, apuestas millonarias, historias exageradas sobre victorias imposibles.
Un tipo de dos metros que golpeaba un poste para “calentar”.
Otro hacía lagartijas con un barril en la espalda.
Un tercero estaba recibiendo puñetazos en el abdomen para entrenar la resistencia.
Y luego estaban… los ninjas infiltrados.
Los reconocí aunque fingieran torpeza o ebriedad.
El del poncho manchado tenía una postura demasiado equilibrada.
El borracho del taburete nunca perdía de vista las salidas.
Y la mujer que vendía jugo estaba ocultando sellos de papel bajo el mostrador.
“Tsk.
Genial.
Todos quieren algo de este evento.” —¿Y tú?
—pregunté—.
¿Cuál es tu papel aquí?
—Yo observo.
—¿Para quién?
No respondió.
Eso era respuesta suficiente.
El sonido de un gong improvisado retumbó entre las paredes.
La multitud reaccionó como un solo animal: Apretándose, empujando, gritando.
—Están anunciando a los clasificados —dijo Rinzu.
Sostuve mi pase.
La madera áspera crujió entre mis dedos.
—¿Seguro que tengo que entrar?
—No.
Pero si no entras… no sabrás por qué te están observando.
Perfecto.
Otra frase de manga shonen.
De pronto, varias figuras caminaron al centro de la plaza.
Cinco hombres.
Uno de ellos era el organizador de las “protecciones”.
Su mirada se posó en mí por un segundo.
Luego levantó la voz: —¡Bienvenidos a la selección previa del Gran Evento!
Hoy… anunciamos a los candidatos.
El murmullo explotó.
Rinzu habló sin mirarme: —Prepárate.
Aquí es donde sabrás quién será tu rival…Y quizás también quién intentará matarte sin romper las reglas Sonreí.
No por emoción.
No por confianza.
Sino porque… Si no lo hacía… creo que me pondría a cuestionar mis decisiones de vida otra vez.
La multitud gritó: —¡QUE EMPIECE!
—¡NÓMBRENLOS!
—¡SANGREEE!
El gong resonó como si el mundo se partiera en dos.
El organizador abrió un pergamino.
—El primer clasificado es… Silencio total.
El aire pesaba.
Mi corazón… también.
Rinzu giró la cabeza hacia mí, esperando.
Y yo pensé: ‘Ojalá no digan mi nombre tan pronto…’ El organizador desenrolló el pergamino con una lentitud insultante.
Sabía exactamente lo que hacía.
Toda la multitud estaba sosteniendo la respiración.
—El primer clasificado es… El silencio se volvió tan pesado que parecía que podía quebrarse como vidrio.
El hombre, con una sonrisa apenas contenida, terminó: —¡Genzō “Huesos Duros” Rangai!
EL GRITO FUE ENSORDECEDOR.
Un coloso dio un paso al frente entre la multitud.
Dos metros diez.
Cuello tan grueso como el muslo de un adulto.
Una postura inclinada hacia adelante como un toro a punto de embestir.
Cada paso hacía temblar el piso de tierra.
La gente rugió: —¡¡GENZÓOO!!
—¡EL MONSTRUO DE PIEDRA!
—¡EL QUE NO SIENTE DOLOR!
Genzō levantó un brazo y la gente enloqueció aún más.
Tenía cicatrices por todos lados… pero lo más inquietante era su expresión: Vacía.
No respiraba por la boca, no apretaba los dientes, no gruñía.
Solo estaba ahí.
Como una máquina biológica.
Rinzu murmuró sin quitarle los ojos: —Ese hombre… recibió una estocada entera en el abdomen hace dos años.
No se detuvo.
Siguió peleando.
Dicen que su umbral de dolor no existe.
Perfecto.
Justo lo que necesitaba: comenzar mi arco “Yuu vs monstruos inhumanos parte 1”.
Yuu sonrio entre dientes ante este pensamiento.
El organizador continuó: —El segundo clasificado es… ¡“La Viuda del Anillo”, Saki Morohama!
El público chifló, rió, y algunos se apartaron.
Una mujer bajita, delgada, entró en escena.
Sus ojos eran como agujas, brillando con una mezcla peligrosa de diversión y desprecio.
Llevaba vendas en ambos brazos… pero su forma de moverse era demasiado fluida.
Como si su cuerpo estuviera hecho de tensión controlada.
La gente gritó: —¡¡QUE HAGA SU LLAVE MORTAL!!
—¡NO, ESA NO, LA OTRA!
¡LA DE LA ESPALDA!
—¡QUE QUIEBRE ALGUIEN HOY MISMO!
Rinzu añadió: —Ella no puede matar por reglas… pero hace todo lo posible por dejar inválidos a sus oponentes.
Dice que es “arte”.
“Arte mis…” Tuve que contenerme para no decirlo en voz alta.
Tercer nombre.
—¡El siguiente clasificado es… ¡Toro Sabaku!
Un hombre enorme salió cargando un tronco en el hombro.
No… no era un tronco normal.
Era un poste.
Un pilar arrancado de algún soporte del distrito.
Sus pasos eran tan estables que parecía que todo su peso estaba fijado al suelo.
Como si tuviera raíces.
El público gritó: —¡¡TOROOOO!!
—¡EL QUE HIZO VOLAR A SEIS TIPOS DE UNA SOLA EMBESTIDA!
—¡MUESTRA LOS CUERNOS, ANIMAL!
–¡PENSÉ QUE SE HABÍA RETIRADO!
¡ESTÁ DE NUEVO!
El tipo sonrió y reveló que llevaba protectores metálicos en la frente.
Con forma de cuernos.
Sí.
Literalmente se había puesto cuernos de hierro para embestir gente.
Yo me toqué la frente.
“Si ese tipo me da un cabezazo, voy a dejar un cráter.” El organizador siguió nombrando… En total eran 12 clasificados.
Bestias humanas.
Locos con técnicas prohibidas de lucha civil.
Tipas flexibles con articulaciones imposibles.
Hombres con musculaturas que no parecían de la misma especie.
Pero lo peor… Lo último que dijo.
El organizador bajó la voz.
Sonrió con malicia.
—Y el último clasificado especial de esta edición… Un novato.
Un extranjero.
Un chico que nos hizo ganar mucho dinero hace dos noches.
Mis tripas se apretaron.
El público se tensó, expectante.
Rinzu volteó hacia mí muy, muy despacio.
Yo pensé: “Que no digan mi nombre.
Que no digan mi nombre.
Que no—” El organizador levantó el pergamino y gritó: —¡YUU, EL EXTRANJERO SILENCIOSO!
Toda la multitud explotó en risas, gritos, burlas y emoción.
—¡¡EL CHICO QUE RECIBIÓ LOS GOLPES COMO SI NADA!!
—¡EL QUE PEGA LIMPIO!
—¡EL QUE NO TIENE EXPRESIÓN!
—¡EL QUE NO SUDÓ!
¿Ex… qué?
¿Silencioso?
Ese último lo tomó por sorpresa.
Yo solo quería desaparecer.
La gente comenzó a corear: —¡YU!
—¡YU!
—¡YU!
—¡YU!
‘Maldita sea tanta bulla’ Con cada grito, mi alma abandonaba un poco más mi cuerpo.
Rinzu soltó algo que podía ser una risa.
—Y ahí lo tienes.
Perfil bajo, ¿eh?
—Yo… ¡Ni hice nada!
Solo peleé normal.
—Aquí —respondió ella—, eso es demasiado.
Los clasificados me miraron uno por uno.
Genzō, sin expresión.
La Viuda, sonriendo como si ya supiera dónde romperme.
Toro Sabaku, golpeando sus “cuernos” metálicos.
Cada uno de ellos parecía juzgarme como carne fresca.
Rinzu se ajustó la coleta.
—Bienvenido al Gran Evento, Yuu.
Aquí… empieza tu verdadero problema.
Y por un instante… pudo sentirlo.
La atmósfera del distrito entero colapsaba sobre él.
Como cincuenta asesinos mirándome desde distintos ángulos.
No, peor.
Como si todo el mundo esperará que diera un paso adelante… …para poder aplastarlo.
Los clasificados fueron llevados a un edificio lateral del distrito, una especie de almacén adaptado para reuniones “formales”.
Lo cual era una forma elegante de decir: Un cuarto grande, oscuro, con olor a sudor viejo y madera podrida.
Las antorchas parpadeaban.
El sonido de la multitud afuera era un murmullo denso, constante.
Una gran mesa circular esperaba en el centro.
Doce asientos.
Yuu es el último en llegar.
Rinzu se quedó de pie junto a la pared, como observadora oficial.
El organizador entró, cerrando la puerta con un crujido siniestro.
—Bienvenidos, peleadores.
—Este año el Gran Evento promete más sangre que nunca.
La multitud está hambrienta.
Los apostadores también.
Golpeó la mesa con un bastón, marcando el ritmo.
—Así que escuchen las reglas reales.
Un silencio cargado cayó sobre todos.
Incluso los monstruos musculares se enderezaron un poco.
1.
Las Reglas del Combate —No hay armas —comenzó el organizador—, pero… No prohibimos objetos improvisados y/o parte de la arena.
La Viuda sonrió.
Toro Sabaku levantó una ceja.
Genzō… siguió siendo una estatua.
—No hay ninjutsu.
No hay chakra visible.
Y ahí varias miradas se desviaron hacia Yuu.
Especialmente Rinzu, pero ella no dijo nada.
—Las peleas terminan por: • rendición, • inconsciencia, • incapacidad total, • o intervención del árbitro si creen que vas a morir.
Toro Sabaku bufó.
—¿Desde cuándo nos protegen?
—Desde que la aldea empezó a vigilar más estos eventos —dijo el organizador—.
No queremos a ANBU rompiéndonos el negocio.
Yuu anotó mentalmente eso.
Interesante… hay ojos ninja aquí.
2.
Las reglas sociales (las que te matan si no sabes jugar) El organizador dio una vuelta completa a la mesa, deteniéndose detrás de los participantes uno por uno.
—Aquí todos quieren dinero, gloria, o poner a otro en el suelo para sentirse vivos.
Se inclinó detrás de Yuu sin tocarlo, pero el aire cambió de densidad.
—Pero hay algo más importante: El equilibrio.
Genzō levantó la vista por primera vez.
—Si ganas demasiado rápido… —Si no te ven sangrar… —Si no das espectáculo… El hombre se enderezó y habló más fuerte: —Serás objetivo de todos los demás.
Los peleadores.
Los apostadores.
Los organizadores.
Todos.
Y luego lo dijo sin rodeos: —Porque nadie quiere a un dios caminando entre mortales.
Es malo para los negocios.
La mesa entera se tensó.
Hasta la viuda dejó de sonreír.
Yuu sintió las miradas clavándose en su nuca como agujas.
3.
El orden de peleas El organizador dejó caer un saco de tela sobre la mesa.
—Aquí están los números.
Cada uno saca uno.
Eso define el orden en el que pelean.
Uno por uno, fueron sacando.
La Viuda: 4.
Toro Sabaku: 2.
Genzō: 8.
Un luchador con la cara vendada, 6.
Una mujer que caminaba raro, 11 (seguro hacía algo con las articulaciones).
Un par de gemelos que peleaban juntos, 7 y 9.
Y cuando llegó el turno de Yuu… Metió la mano.
Sintió un montón de piezas rugosas.
Sacó un número.
Lo puso sobre la mesa.
12.
El último.
El organizador sonrió como si eso fuera magnífico… o peligroso.
—Ohh… excelente.
El extranjero será el combate final del día.
Los demás levantaron la vista.
Eso lo cambiaba todo: —El último combate es el más visto.
—El más apostado.
—El más violento.
—El que “debe cerrar bien”.
Yuu tragó saliva.
…esto huele a guion de protagonista sin querer queriendo.
4.
“Aviso Especial” Cuando el organizador terminó, Rinzu dio un paso adelante.
Todos se callaron.
Incluso los más rudos.
Ella habló con calma: —Este año hay ojos ninja en el público.
Y ojos ANBU también.
Un murmullo leve recorrió la mesa.
—No intervienen —continuó—, pero están observando actividades ilegales, movimientos sospechosos… y, sobre todo, extranjeros que aparezcan sin registro.
Y ahí su mirada se posó en Yuu.
Por.
Demasiado.
Tiempo.
El ambiente se heló.
—Así que… cuiden lo que hagan ahí dentro.
Alguien podría interesarse demasiado por ustedes.
Rinzu no estaba advirtiendo.
Estaba probando.
Probando reacciones.
Probando nervios.
Yuu mantuvo la mirada neutra.
—Entendido —respondió simplemente.
Rinzu entrecerró los ojos.
“¿Entendido?
¿Así de fácil?”, decía su expresión.
Pero no dijo nada más.
La Reacción de los Luchadores Cuando la reunión terminó, los peleadores comenzaron a levantarse.
La Viuda se aproximó a Yuu, dejando caer una sombra encima de él.
—Número doce, ¿eh?
Perfecto.
Me gusta que los nuevos cierren el espectáculo.
Así puedo ver primero cómo te quiebran otros… o cómo te quiebras tú solo.
Pasó un dedo por su venda, como insinuando dónde pensaba romperlo.
Toro Sabaku simplemente lo vio de arriba abajo.
—Si te toca conmigo… Te voy a clavar mis cuernos hasta que llores.
Bajó la cabeza y lo embistió ligeramente, como un toro marcando territorio.
Genzō… Solo se quedó ahí, mirándolo.
Sin expresión.
Sin emoción.
Sin juicio.
Era peor que si lo insultara.
Rinzu, desde la puerta, murmuró: —¿Ves lo que digo?
Perfil bajo no existe aquí.
Hiciste una sola pelea… y ya te quieren devorar.
Yuu suspiró.
—Genial.
Justo lo que quería evitar.
Ella sonrió de lado.
—¿Vas a retirarte?
—No.
—Sabía que no.
Su sonrisa se ensanchó.
—Va a ser divertido verte intentando fingir ser débil.
Es como pedirle a un tigre que ronronee como un gatito.
Yuu pensó: “Es literalmente lo que planeaba hacer… pero gracias por la presión gratis.” Yuu ignoró el hecho de que la mujer era consciente de lo fuerte que era la realidad.
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