Mi sistema poco útil en naruto(Versión español) - Capítulo 439
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- Capítulo 439 - 439 Capítulo 436 El inicio del caos 2
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439: Capítulo 436: El inicio del caos (2).
439: Capítulo 436: El inicio del caos (2).
(Son varios bloques, por lo que son varios combates).
Combate 2: El Zurdo de Vidrio Un luchador flaco, de movimientos quebrados y extraños, como si cada articulación fuera independiente.
Su estilo es engañoso: Golpes cortos, secos, que entran entre la guardia “civil” de Yuu.
Yuu recibe varios.
A propósito.
Cada impacto contra su costado activa un recordatorio: Está peleando “sin chakra”, sin herramientas ninja, sin ventaja.
Le duele.
Y algo dentro de él sonríe.
Yuu lo termina con un solo golpe ascendente en la sien.
Se escucha un chasquido seco.
El Zurdo se derrumba como una marioneta cortada.
El público nota que no celebras.
Combate 3: La Bestia del Norte Un hombre de casi dos metros, músculos tensos como cables, que pelea con la fuerza bruta de un animal herido.
No piensa.
No analiza.
Solo embiste.
Yuu recibe un cabezazo directo en la nariz.
¡CRACK!
El dolor le nubla un segundo la vista.
La sangre baja caliente por su boca.
Yuu ríe.
No a carcajadas: una risa pequeña, íntima.
Casi preocupante.
Le contraataca con tres golpes: uno al estómago.uno a la mandíbula.uno en el esternón El último lo deja inconsciente.
Su respiración se vuelve más intensa… Pero no por cansancio.
Por emoción.
Combate 4: Las Hermanas Rivas – Pelea doble Dos luchadoras gemelas.
Rápidas, precisas, acostumbradas a pelear juntas.
Una va por arriba, la otra por abajo.
Yuu se deja cortar el labio por un tajo accidental de una hombrera metálica.
La sangre cae.
El sabor metálico lo despierta más que cualquier grito de la multitud.
“Cálmate, Yuu… no estás aquí para eso”.
Pero su cuerpo quiere moverse.
Quiere reaccionar.
Quiere pelear de verdad.
Termina ajustando un movimiento limpio: Esquiva el salto de la primera.GiraLe aplica una llave al cuello.Usa su propio cuerpo como escudo.Pateas a la segunda directo en la boca del estómago.
No las lastimo de más.
Pero se nota que pudo.
El público se vuelve loco.
El estado mental de Yuu empieza a fracturarse (un poco).
Mientras Yuu camina fuera de la arena, lo nota: Su respiración es demasiado estable para alguien sangrando.Su cuerpo vibra con una energía incómoda, una mezcla de adrenalina y satisfacción.Empieza a esperar el siguiente golpe, el siguiente impacto, el próximo rival que lo haga sentir algo.
Es la primera vez, en mucho tiempo… …que se le está despertando ese lado que cerró adrede.
Un lado que disfruta recibir golpes para medir al otro.
Un lado que quiere estirar el combate.
Jugar.
Explorar.
Y Yuu se da cuenta— Se está enganchando.
Ahora entiendo un poco por qué a la loca de mi compañera le encanta retarme a muerte; actuar duro se vuelve un poco adictivo.
———— El ruido del público cambia.
No es entusiasmo.
No es morbo.
Es tensión.
Un susurro recorre las gradas improvisadas como una corriente eléctrica: —Es Gōra… —El Triturador… —Al fin sale ese animal.
Yuu entra en la arena limpiándose la sangre seca del labio.
El suelo está manchado de huellas, golpes, escupitajos y sudor de los combates anteriores.
El olor a hierro ya no lo molesta.
‘Ok… ahora empieza la parte complicada.’ Al otro extremo, la puerta de madera revienta hacia afuera como si la hubieran empujado con una embestida.
Sale un hombre enorme.
Gōra.
No es simplemente musculoso.
Es denso.
Compacto.
Una mole construida para romper cosas.
Tiene cicatrices largas, una en diagonal desde el cuello al abdomen.
Camina descalzo y cada paso suena como si una piedra fuera arrojada al suelo.
Levanta la mano, mostrando tres dedos.
—Tres victorias seguidas —gruñe—.
Eso es lo que duraste intacto, extranjero.
Yuu lo observa sin cambiar su expresión.
—¿Y qué significa eso?
El hombre sonríe.
Una sonrisa rota, sin alegría.
—Que tu cuerpo va a aguantar tres golpes.
El público estalla en risas, gritos, apuestas.
La voz del anunciador vibra por los parlantes viejos: —¡¡COMBATIENTES LISTOS!!
—¡¡ESTA ES LA RONDA DONDE SOLO QUEDAN LOS LOCOS QUE NO QUIEREN MORIR!!
La campana suena.
CLANG El combate comienza.
Gōra no corre.
No salta.
No se luce.
Solo camina hacia adelante como un tanque.
Sus pasos levantan polvo.
Yuu da un par de pasos laterales, estudiando la distancia, analizando la postura del enemigo.
‘Su respiración es estable.
No es un bruto cualquiera.
Tiene técnica… la oculta bajo fuerza bruta.’ Gōra levanta el brazo.
Yuu se prepara para esquivar.
Pero el golpe no viene.
No, Gōra lo usa como amago.
El verdadero ataque es un empujón con el hombro, a corta distancia, con una fuerza que parece inhumana.
Yuu lo recibe de lleno en las costillas.
¡BOOM!
Lo lanza tres metros hacia atrás, arrastrando los pies en la tierra.
La multitud aúlla: —¡¡UNO!!
—¡Le quedan dos!
Yuu respira hondo.
Las costillas protestan.
La piel arde.
Y aún así… …sonríe.
No por diversión.
Por reconocimiento.
Ese golpe fue bueno.
Gōra truena su cuello.
—Aguantaste el primero.
Bien.
Vuelve a avanzar.
Rápido, esta vez.
Un paso largo.
Un giro de cadera.
Un golpe descendente como un martillo.
Yuu lo bloquea con ambos antebrazos.
CRACK El impacto le adormecen los brazos.
Las piernas le vibran.
La tierra se hunde bajo sus talones.
—¡DOS!
—grita alguien.
Yuu exhala lentamente.
‘No puedo seguir actuando solo para recibir golpes… este tipo puede romperme .’ Pero la adrenalina le afila la mirada.
Cada fibra de su cuerpo está alerta.
Su postura cambia: más baja, más tensa, más… real.
Gōra sonríe satisfecho: —Eso es.
—Muéstrame cómo peleas de verdad.
El público nota el cambio.
No saben qué ven, pero lo sienten.
Una presión en el aire.
Yuu da un paso hacia adelante.
Luego, otro.
Gōra lo recibe con un puño directo al abdomen.
El tercero.
El “golpe final”.
El golpe que supuestamente debía acabar con Yuu.
Yuu baja ligeramente el torso.
Mete el brazo.
Desvía el ángulo.
Y entra dentro del guardia de Gōra.
El público cae en silencio.
Yuu mira hacia arriba, hacia el rostro gigantesco del hombre.
—Tres golpes tuyos.
Se prepara.
—Ahora vienen los míos.
¡BAM!
Un gancho al hígado.
Gōra abre mucho los ojos, sorprendido.
¡BAM!
Un puño recto a la mandíbula, preciso, perfecto.
¡BAM!
Un codazo al plexo solar.
Gōra queda sin aire durante un segundo eterno.
La multitud reaccionó tarde.
—¿Eh?
—¿Lo… lo detuvo?
—¿Intercambió con Gōra?
—¡Ese tipo no es normal!
Gōra intenta recomponer la guardia, pero su cuerpo no responde igual.
El tercer impacto lo dejó temblando.
Yuu respira.
Su mirada ya no es fría ni calmada.
Está afilada.
Determinada.
Ligeramente peligrosa.
Gōra lo ve.
Por primera vez, duda.
—¿Quién diablos eres…?
Yuu no responde.
Solo alza los puños.
Preparado para seguir.
El aire pesa.
Gōra respira como un toro herido, la saliva escapando por la comisura de su boca.
Sus ojos, que antes eran fríos y confiados, ahora arden con una mezcla de rabia y miedo.
Yuu, en cambio… Está demasiado quieto.
Demasiado centrado.
No sonríe.
No aprieta los dientes.
No exhibe orgullo.
Su calma es lo que aterra.
‘No puedo seguir conteniendo tanto mi reacción… este tipo realmente puede romperme.
Tengo que pelear en serio… al menos, seriamente como civil.’ Gōra escupe sangre al suelo.
—…Tú… —murmura, bajando la cabeza—.
—Tú no eres normal.
Yuu baja su guardia solo un centímetro.
—Nunca dije que lo fuera.
La multitud grita como animales.
Golpean las barandas.
Lo sienten: ambos van a ir al límite.
El gigante aprieta los puños.
Sus nudillos revientan con un chasquido seco.
Las venas de sus brazos se inflan.
—Si te mato… —gruñe—.
—Que sea la arena la que me perdone.
Yuu abre un poco los ojos.
‘…¿Este idiota va a ir con todo?
¿En un torneo civil?
¿Qué demonios le pasa?’ Pero no retrocede.
Gōra pisa el suelo— Y la arena entera vibra.
¡BOOM!
—¡VA A EMBESTIR!
—grita alguien.
—¡SE VA A MATAR O MATARLO!
La mole humana se lanza hacia adelante, no como un luchador… sino como un animal salvaje.
No hay técnica.
No hay control.
Solo pura fuerza bruta en forma de ariete.
Yuu traza una línea mental en su cabeza.
‘Si esquivo hacia la izquierda… me aplasta.
Si esquivo hacia la derecha… me arrastra.
Si salto atrás… me persigue.’ La única opción: Entrar directo.
Gōra lo ve acercarse.
—¿¡VIENES A MORIR!?
—ruge.
Yuu se mete bajo el brazo gigante— Siente el aire cortado por el golpe que pasó a centímetros— Y descarga un rodillazo ascendente directo al centro del abdomen.
¡BAM!
La respiración del bruto se rompe como un vidrio.
Antes de que reaccione— ¡BAM!
Codazo al estómago.
¡BAM!
Gancho al costado, justo en la costilla vieja, la que ya estaba rota desde antes de pelear.
—¡¡AGH—!!
Gōra se tambalea.
Yuu se adelanta.
Una entrada perfecta.
Su cuerpo quiere hacer una técnica ninja.
El movimiento que viene es tan natural para él como respirar.
Sus músculos empiezan a formar el sello de madera— una contracción involuntaria, un impulso reflejo.
‘NO.’ Frena el chakra en seco.
Un pitido recorre su oído.
Estrés.
Contención.
Eso le abre la guardia.
Un instante.
Gōra lo aprovecha.
La mano gigantesca se cierra sobre su rostro y— ¡ZAS!
Lo estrella contra el suelo.
El polvo estalla.
Las tablas crujen.
La multitud lo siente en el pecho.
—¡LO AGARRÓ!
—¡SE ACABÓ—!
—¡NO, ESPERA… SE LEVANTA!
Yuu se incorpora con la sangre bajándole por la ceja.
El público se queda helado.
Y él piensa: ‘Agh… me estoy emocionando demasiado.
¿Desde cuándo me dejo aplastar así?
Jajajaja…’ Gōra jadea.
—¿Qué… eres?
—pregunta casi suplicando.
Yuu escupe sangre al suelo.
—Alguien que está muy irritado.
Se adelanta.
—Porque no me dejan pelear como QUIERO.
Gōra retrocede un paso.
El público traga saliva.
El ambiente cambia.
De pronto, Yuu no parece un extranjero.
Ni un civil.
Ni un peleador más.
Parece un monstruo escondido bajo la piel humana.
Yuu entra en guardia baja.
Sus pies se deslizan como si flotara sobre el polvo.
Un movimiento fluido, perfecto, demasiado pulido para este tipo de arena.
Gōra lanza su último ataque.
Un martillazo hacia abajo.
Si golpea, Yuu queda hecho pasta.
Yuu entra, pegado al torso, como si hubiera practicado este contraataque miles de veces.
Una secuencia corta: Palma abierta en la mandíbula para elevar el mentón.
2.
Uppercut al diafragma.
3.
Paso lateral.
4.
Puño martillo en la nuca (controlado, sin matar).
El gigante cae como una montaña derrumbándose.
BOOOOOOM Silencio.
Solo la respiración violenta de Yuu.
El anunciador tarda casi diez segundos en reaccionar.
—…E-EL GANADOR… —E-EL EXTRANJERO… Y entonces la arena explota en gritos.
—¡MÁTALO!
—¡NO, DÉJENLO VIVIR!
—¡ESE TIPO ES UN DEMONIO!
—¡OTRO COMBATE!
¡OTRO COMBATE!
En lo alto, entre vigas y sombras… Rinzu observa.
Su expresión es ilegible.
Pero sus dedos tiemblan ligeramente.
—Ese tipo… no es un civil —murmura.
Da un paso atrás, oculta su presencia y desaparece.
Capítulo 436: Ronda final.
El coliseo improvisado queda en silencio apenas anuncian su nombre.
—¡Con ustedes, la exterminadora del noroeste, la dueña de quince anillos conmemorativos por combate mortal… ¡“La Viuda del Anillo”!
Una mujer alta, fibrosa, con el cabello recogido en un moño apretado y una capa hecha de bandas rotas de sus víctimas entra arrastrando una cadena corta.
Sus ojos son fríos.
Su caminar es lento.
Cada paso suena como si estuviera pisando la tierra con una sentencia.
No saluda.
No sonríe.
Solo te mira… como se mira un cadáver que va a ser organizado en un informe.
Yuu respira lento.
Ese estado amargado, contenido desde los combates anteriores, empieza a hervir.
La sensación es exactamente esa: hervir, como si algo presionara hacia afuera desde su pecho.
—Qué decepción —dice ella al verte—.
Esperaba un monstruo.
Solo eres un muchacho cansado.
—Y tú hablas mucho para alguien que ya perdió —respondes sin emoción.
No lo dices para provocarla… simplemente sale.
Como un reflejo.
Como si algo dentro de ti ya estuviera cansado de demostrar calma.
Los espectadores murmuran.
Ella sonríe, apenas, y su mirada se vuelve depredadora.
La Viuda se lanza sin advertencia, sin gritar, sin hacer movimientos largos.
Su estilo es quirúrgico: golpes cortos, precisos, dirigidos siempre a articulaciones, costillas, cuello.
Yuu reacciona bien, pero no perfecto: La palma de ella se clava en tu hombro.
El codo se desliza a tus costillas.
Su cadena te roza el cuello.
No es más fuerte que Yuu.
No es más rápida.
Pero se mueve como si ya hubiese estudiado cada error posible que podrías cometer.
Yuu retrocede, y por primera vez en el torneo siente… algo parecido al miedo, algo natural de los seres humanos.
No por perder.
Sino porque ella pelea sin emoción, sin intención de entretener, sin odio.
Solo la intención fría de eliminar.
Y esa frialdad activa tu amargura como gasolina en un mechero.
Ella vuelve a cargar, tratando de encajar la cadena en tu muñeca para desarmarte, pero Yuu… se quiebra por dentro.
No emocionalmente.
Instintivamente.
Tus movimientos se vuelven más duros, más bruscos, más personales.
No peleas bonito.
No peleas limpio.
Peleas molesto, como alguien a quien han presionado demasiado durante demasiado tiempo.
Un cabezazo inesperado.
Un agarre que casi le revienta la muñeca.
Un empujón que la manda tres metros atrás.
El público grita.
Ella se detiene y por primera vez frunce el ceño.
—…Vaya.
Sí eres un monstruo.
—No.
Solo estoy cansado —respondes, sin alzar la voz—.
Y tú me estorbas.
El tono de Yuu la irrita.
A ella, la que nunca muestra emociones.
La Viuda del Anillo desenvuelve la longitud total de su cadena.
(Al parecer, que hayan puesto eso dentro de la arena ya era con premeditación).
Ahora sí va con intención de matarte.
La cadena silba en el aire.
Cada giro parece arrancar un pedazo del suelo.
Es una tormenta metálica.
Pero Yuu, en ese estado amargado y despierto, deja de retroceder.
Da un paso adelante.
Y otro.
Y otro.
La cadena te golpea el antebrazo —también te corta—, pero no te detiene.
La Viuda da dos pasos atrás inconscientemente sintiendo un pulso extraño.
El combate termina en un instante: Ella intenta envolver tu cuello.Yuu atrapa la cadena con ambas manos.Tirón fuerte.Rodillazo al estómago.Y antes de que ella caiga, un golpe seco al cuello la desploma sin poder respirar.
No muere.
Pero no se mueve.
El árbitro interviene tardísimo.
—¡¡GANADOR: ¡¡YUU!!
Aún sostienes la cadena.
Tus nudillos están completamente tensos.
El público te aplaude… pero tú no escuchas nada.
Hay una sensación amarga en tu pecho, como si te hubieran arrancado algo y aún no te dieras cuenta de qué.
“El Hombre-Raíz del Desierto” El polvo de la arena apenas se había asentado del combate anterior cuando un estruendo sacudió el pasillo de entrada.
Primero se escuchó.
Luego se sintió.
Y recién después se vio.
¡THAM!
… ¡THAM!
… ¡THAM!
Cada paso parecía una palada hundiéndose en la tierra.
Un murmullo recorrió las gradas.
Apareció.
Toro Sabaku Un hombre gigantesco entró cargando un tronco… No, no.
No era un tronco común.
Era un poste.
Un pilar entero de soporte.
Probablemente arrancado de algún edificio cercano.
El público chilló al verlo, mitad de emoción, mitad de terror.
Toro Sabaku caminaba sin esfuerzo, como si el peso del poste fuera el de un abrigo.
Su torso era un mapa de cicatrices.
Su cuello, grueso como un barril.
Sus brazos parecían estar hechos de piedra compacta.
Y su presencia tenía algo extraño… Cada paso que daba hacía que el suelo temblara mínimamente.
Como si estuviera “fijo” al terreno.
Como si tuviera raíces.
No era una metáfora.
Se veía.
Se sentía.
Él era un muro.
Un muro con patas.
La multitud rugió.
—¡TORO!
¡TORO!
¡TORO!
—¡ARRÁNCALO!
—¡HACE AÑOS QUE NO ENTRA A LA ARENA!
El anunciador, casi gritando para superar el ruido, presentó: —¡DESDE EL DISTRITO SEIS!
¡EL HOMBRE QUE SOPORTÓ EL IMPACTO DE DOS CARRUAJES SIN CAER!
¡EL QUE NUNCA HA SIDO ATURDIDO!
¡EL QUE SE TAMBALEA PERO NO CAE!
—¡TOROOOO… ¡SABAKUUUU!
La gente se volvió loca.
Yuu simplemente lo observa, con una mezcla de curiosidad y cansancio.
‘…¿Ese tipo está usando el pilar como peso o como arma?’ No sabía.
Y no le importaba.
Toro clava el poste en el suelo.
¡KRACK!
El pilar se hundió medio metro en la tierra, levantando polvo y astillas.
El monstruo levantó la mirada hacia Yuu por primera vez.
Sus ojos eran opacos.
Serenos.
Pero no tontos.
Medían.
Calculaban.
Y cuando habló… Su voz retumbó como roca deslizándose por una colina.
—No mueras rápido.
Quiero sentir si vales el esfuerzo.
La multitud explotó de emoción.
¡GONG!
Y Toro Sabaku se lanzó hacia adelante.
Es extraño ver a algo tan grande moverse tan rápido.
Sus pasos no levantaban polvo.
El suelo simplemente… lo aceptaba.
Como si pisara raíces invisibles que lo anclaban a cada movimiento.
Yuu alzó la defensa.
Pero el primer golpe ni siquiera fue un golpe.
Toro empujó.
Solo eso.
Un empujón.
Yuu salió disparado como proyectil, chocando con el borde de la arena.
La madera crujió.
El público gritó de puro shock.
Yuu escupe sangre.
‘…Bueno.
Eso sí se sintió real.
Toro se acerca sin apuro.
Su sombra cae sobre ti.
Intenta bajarte con un martillazo de ambos brazos, como si quisiese partir tu cuerpo en dos.
Tú ruedas a un lado.
¡BOOM!
El suelo se rompe como si le hubieran lanzado una roca gigante.
Gritos.
Apuestas locas.
Niños subidos a los hombros de adultos para ver mejor.
Yuu se pone en guardia.
Toro vuelve a atacarlo.
Esta vez pega con el hombro, intentando aplastarlo contra la arena.
Lo esquiva.
Apenas.
Pero el roce le disloca el hombro izquierdo por la fuerza.
El público enloquece.
Yuu, con el brazo colgando, sonríe… cansado.
‘Está bien… Esto es lo que estaba buscando…’ Toro Sabaku sonríe también.
—Sirves.
Yuu contraataca.
El primer golpe que lanzas es directo al mentón.
El sonido es seco, profundo, como golpear un poste de madera.
Toro apenas ladea el rostro.
Es como pegarle a un árbol.
El segundo golpe es al hígado.
El tercero a las costillas.
Son más efectivos.
El monstruo gruñe, sorprendido.
Pero agarra tu pierna con una sola mano.
Y te estrella contra el suelo.
DOS VECES.
TRES.
CUATRO.
La gente está en shock.
Tus sentidos zumban.
La arena vibra.
El mundo gira.
Pero algo raro ocurre… Toro te suelta.
Da un paso atrás.
Y te observa.
Como si eso —tu resistencia, tu mirada todavía alerta, la forma en que vuelves a ponerte en pie— fuera lo que él realmente quería ver.
Hace una pausa.
—Eres un problema.
La multitud vuelve a rugir.
Toro junta los pies.
Inhala.
Y su cuerpo se tensa de manera brutal.
Su piel se contrae.
Su músculo se endurece.
Su centro de gravedad baja.
Está cargando un impacto.
No un golpe.
Una carga completa.
Como si fuera un toro real.
Los espectadores se ponen de pie.
Los veteranos del distrito se alejan del borde.
—¡NO TE QUEDES QUIETO, EXTRANJERO!
—¡MUÉVETE!
—¡ES SU ATAQUE DEFINITIVO!
Toro brama.
Y te embiste.
La velocidad es imposible para su tamaño.
Tu corazón se detiene un segundo.
‘…Si recibo eso directo, me partirá la columna.’ Y entonces— Yuu sonríe.
Porque va a recibirlo.
A propósito.
Toro Sabaku cargaba como si quisiera partir el mundo.
El suelo vibraba.
Las tablas de la arena temblaban.
La multitud gritaba.
Pero para Yuu… El sonido se apagó.
Quedó solo él.
Su respiración.
El temblor del impacto que venía hacia él.
Y entonces… Un destello.
No de luz.
No de chakra.
No de técnica.
Un impulso.
Una presión desde adentro.
Un rugido que no salió de su garganta… sino de su espíritu.
Un instante de puro dominio.
El tipo de aura que hace que depredadores se arrodillen.
El tipo de fuerza que se siente no se ve.
El tipo de instinto que tienen los reyes.
Las personas en las gradas sintieron un escalofrío como si la temperatura hubiera bajado de golpe.
Algunos tragaron saliva sin saber por qué.
Otros dieron un paso atrás.
Un par de débiles… simplemente se desmayaron.
Rinzu, mirando desde lo alto, abrió los ojos por primera vez.
—…¿Qué… es esa sensación?
No era chakra.
No era intención asesina.
Era algo más peligroso.
Voluntad pura.
Instinto dominante.
Un brillo momentáneo del emperador que Yuu llevaba dormido.
Yuu inhaló.
Sus costillas dolían.
Sus músculos ardían.
Su hombro estaba dislocado.
Y aún así… Dio un paso adelante.
Solo uno.
Y se plantó.
Como un árbol milenario clavándose al suelo.
Como si él fuera el punto fijo del mundo.
“Que venga.” Impacto total Toro chocó contra él.
¡BOOOOOOM!
No fue un choque.
Fue un terremoto.
La arena completa tembló.
El borde de madera se partió.
El aire explotó en un golpe seco que hizo doler los oídos.
Yuu fue empujado hacia atrás.
Un metro.
Dos.
Tres.
Pero… No cayó.
Las plantas de sus pies se hundieron en la tierra.
La piel se abrió por la presión.
Sus músculos crujieron, tensándose al límite.
Toro Sabaku esperaba verlo volar, partirse, desarmarse.
Pero lo que vio fue… Yuu sonriendo.
Sangrando.
Inclinado.
Pero firme.
Una bestia conteniendo a otra.
El público quedó mudo.
Silencio total.
Solo se escuchaba el sonido del aire escapando de los pulmones de Toro, aplastado contra una voluntad que no debería existir en un “civil”.
—¿Q-qué… eres…?
—gruñó Toro, incrédulo.
Yuu, con un hilo de voz, respondió sin alardes.
—Alguien… que puede resistir esto.
Y apretó más los brazos, trabándolos como un candado humano.
El impacto de Toro empezó a aflojar.
No porque él dejara de empujar… Sino porque sus rodillas temblaron.
Nunca había sentido miedo.
Nunca había sentido presión.
Nunca había sentido que alguien lo mirara desde arriba.
Pero esa sensación… Esa sombra… Esa voluntad aplastante… Lo estaba asfixiando.
Toro Sabaku dio un paso atrás, como un animal enorme retrocediendo ante un lobo más pequeño… pero más dominante.
Yuu lo sostuvo por el pilar del cuello.
Sí.
Por el cuello.
Y con un gruñido… ¡BAM!
Lo estrelló contra el suelo.
La arena entera, que había estado conteniendo la respiración, explotó en gritos.
—¡¿QUÉ?!
—¡¡¡IMPOSSIBLEEEE!!!
—¡¡¡ESE ES TORO!!!
—¡¡¡TORO SABAKU NO PIERDE!!!
—¡¡¡UNA PERSONA NORMAL NO PUEDE HACER ESOOOO!!!
Toro, jadeando, con sangre corriendo por su frente, trató de levantarse… Pero su cuerpo simplemente no obedeció.
No era el golpe.
No era el cansancio.
Era la presión.
La voluntad.
Ese destello brutal y sofocante que lo aplastó por dentro.
Yuu, tambaleante, tomó aire.
El mundo le daba vueltas.
Su visión parpadeaba.
Partes de su piel hormigueaban.
‘…Eso… sí que no lo controlo.’ Pero fue suficiente.
Más que suficiente.
El juez civil gritó, todavía temblando: —¡¡¡GANADOR… ¡¡¡YUU, EL EXTRANJERO!!!
Toro Sabaku permaneció en el suelo, respirando como si hubiera caído un edificio sobre él.
No podía entenderlo.
No podía aceptarlo.
Pero lo sentía: Ese “extranjero pequeño”… Ese hombre… Tenía algo que estaba por encima de los luchadores.
Por encima de los ninjas.
Por encima del miedo.
Tenía voluntad de rey.
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