Mi sistema poco útil en naruto(Versión español) - Capítulo 440
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- Capítulo 440 - 440 Capítulo 437 Ecos después del polvo
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440: Capítulo 437: Ecos después del polvo.
440: Capítulo 437: Ecos después del polvo.
El coliseo tardó casi una hora en vaciarse por completo.
Incluso derrotado, Toro Sabaku había dejado un silencio pesado en el aire.
Incluso victorioso, Yuu se mantenía firme, no por triunfo… sino por inercia.
Había sangre reseca en sus nudillos, no toda suya.
Su respiración seguía irregular, como si los tambores del combate aún resonaran en su pecho.
Los médicos del distrito —acostumbrados a ver torsos hundidos y mandíbulas arrancadas— lo observaban con una mezcla extraña: temor… y respeto.
El supervisor del evento se acercó con una sonrisa satisfecha.
—Felicidades, forastero.
No solo ganaste: hiciste dinero.
Yuu no respondió.
—Muchos apostaron a que morirías en el primer golpe.
A que Toro te partiría en dos.
—Abrió el pergamino, divertido—.
Pero sigues aquí.
Y la gente seguirá hablando de ti.
Yuu caminó hacia los pasillos mientras los trabajadores arrastraban cuerpos y limpiaban sangre.
Los murmullos lo seguían como un enjambre: —Ese chico… —¿No es ninja?
—No… pero lo parece.
—Tiene algo raro.
Algo que pesa.
Pero lo más pesado estaba dentro de él.
Ese instante.
Ese pulso.
Cuando recibió el impacto.
Cuando la arena tembló.
Cuando incluso la Viuda retrocedió sin razón aparente.
No era chakra.
No era fuerza física.
Era otra cosa.
La respiración de un emperador enterrado en su pecho.
Un latido que no controlaba.
Cuando llegó al final del pasillo, una mujer mayor le ofreció un paño húmedo.
—Si quieres irte vivo, vete del distrito antes de que amanezca.
Los fuertes desaparecen rápido aquí.
Yuu asintió, sin prometer nada.
Su nombre se había dado a conocer.
Y junto a él, la atención indeseada.
La habitación alquilada La puerta se cerró con un clic.
El ruido del distrito quedó ahogado.
Yuu dejó la mochila.
El eco seguía en su interior: Un latido que no era suyo, un peso que hacía vibrar el aire.
Haki del conquistador.
Un destello.
Un aviso.
—Tsk… no sé cómo contener esto —murmuró.
Pero el cuarto se tensó.
Rinzu estaba contra la pared.
Postura firme.
Mirada alerta.
Observándolo como si midiera el filo de un arma recién usada.
No era amiga.
No era aliada.
Apenas era una observadora demasiado atenta.
—Creí que llegarías más tarde —dijo sin suavidad.
—Terminé antes —respondió Yuu.
Ella lo examinó en silencio.
Sin compasión.
Sin morbo.
Solo análisis.
—Dicen que tu combate se sintió… distinto.
Como si algo explotara sin explotar.
Yuu bajó la mirada.
—Fue un descuido.
No debería repetirse.
—No te creo.
La tensión subió.
—Vine a darte la fecha de tu próximo combate civil —continuó—.
Pero… ¿Por qué tengo la sensación de que lo vas a rechazar?
—Porque no quiero pelear con civiles —dijo Yuu, directo.
Rinzu lo miró como si lo hubiera insultado.
—¿Qué estás diciendo?
¿Sabes dónde estás?
Aquí no pides.
Aceptas.
Yuu se inclinó hacia adelante, apoyando los codos en las piernas.
—Quiero combates formales.
Con ninjas.
Ella retrocedió medio paso, sorprendida.
—Estás loco.
¿Sabes lo que implica?
Es un sistema del País del Rayo, no un circo.
Son duelos reales.
Supervisados.
Oficiales.
—Justo eso busco.
—¿Y por qué vienes a mí?
¿Por qué crees que tengo algo que ver con eso?
Yuu la miró fijo.
—Porque eres la única que no intenta comprarme.
Ni venderme.
Ni sobornarme.
Solo me observas.
Y sabes que si no peleo con ninjas… buscaré la forma de todos modos.
Ella apretó los dientes.
Era una manera muy particular de pedir ayuda sin pedirla.
—Pues no —dijo al fin—.
No pienso meterme en algo así.
No por ti.
Se fue sin mirar atrás.
Yuu quedó sentado en silencio.
La puerta se cerró tras Rinzu, y el silencio volvió a ocupar la habitación como si el combate nunca hubiese ocurrido.
Yuu se dejó caer sobre la cama, sintiendo el eco del latido extraño vibrarle detrás del esternón.
Activó su técnica de transformación, deshaciendo la que lo hacía parecer mayor.
Su rostro siguió alterado, irreconocible.
Pero su edad real volvió a asomar bajo la piel.
—Tsk… exageré un poco en la lucha —susurró—.
Mejor uso chakra para recuperar el cuerpo antes de que colapse.
Se dejó caer sobre la cama, respirando hondo.
‘Si quiero llegar a la cima de este país… este camino es el más directo’.
‘Y hoy… lo sentí claro.
Mi haki.
Al fin respondió.
El dolor en el pecho lo obligó a cerrar los ojos.
La noche lo envolvió.
Yuu durmió sin esperar que alguien regresara.
——————————— El sol apenas atravesaba los tablones rotos de la ventana cuando Yuu se incorporó.
Había lavado su ropa, había reparado la venda del brazo… pero lo que realmente lo despertó fue la presencia en la puerta.
Rinzu.
Sería.
Impecable.
Como si no hubiera dudado la noche anterior.
Entró sin pedir permiso.
—Pensé en lo que dijiste —anunció.
Yuu arqueó una ceja.
No sonrió, pero casi.
—¿Y?
Ella resopló, claramente molesta por tener que repetir algo que ya había decidido.
—Conozco un canal oficial para solicitar combates regulados.
No puedo garantizar nada, pero… —Su mirada lo recorrió de arriba abajo—.
Eres demasiado raro para dejarte suelto sin supervisión.
Prefiero saber dónde te meten antes de que provoques un desastre.
Yuu se inclinó hacia atrás, apoyándose con calma sobre las manos.
En ese momento, Yuu sintió su aura de protagonista subir un par de pliegues de nuevo.
—Supongo que cambiaste de opinión rápido —dijo.
Rinzu chasqueó la lengua.
—No te confundas.
No lo hago por ti.
Lo hago porque… —Desvió la mirada solo un segundo—.
Una persona con tu nivel de impulsividad termina arruinando el día de alguien importante.
Es mejor meterte en un sitio donde pueda vigilar qué haces.
Yuu se quedó quieto un rato.
‘Maldita sea, porque el aura de protagonista princeso se me está pegando’.
Yuu se frota los brazos sintiendo un ligero escalofrío.
Y entonces llegó el pensamiento inevitable: ‘¿O tal vez solo es la naturaleza de esta mujer?, ya sabes… mujeres’.
Pero por fuera solo respondió: —Bien.
Muéstrame el camino.
Ella giró de inmediato.
—Cámbiate.
No quiero ser vista contigo si sigues oliendo a arena y sangre.
Yuu tomó su mochila.
Ese pulso interno, ese eco del Haki, latió una vez más.
Rinzu había dado el primer paso para empujarlo hacia el mundo ninja real.
————————— Los trámites no eran inmediatos.
Aunque Rinzu había aceptado mover hilos, Yuu supo desde el primer día que las peleas oficiales no se conseguían con un chasquido.
En especial para un “civil” sin registro, sin apellido del país, sin tutor oficial.
Y así pasaron dos días.
Dos días en los que el distrito no dejó de murmurar su nombre.
Dos días en los que la arena fue limpiada, reconstruida y usada por otros aspirantes que intentaban imitar su combate.
Dos días en los que los rumores crecieron más rápido que las apuestas.
Para Yuu, fueron días de espera inquieta.
Entrenó en silencio.
Reposó las fisuras internas causadas por la pelea con Sabaku.
Afinó su control del chakra para evitar que la energía inquieta del Haki escapara cada vez que respiraba profundo.
Rinzu apareció una sola vez durante ese período.
Entró al cuarto sin tocar, como siempre.
—Ya falta poco —dijo, lacónica—.
Están evaluando tu solicitud.
No aceptarán algo así de inmediato, pero… están interesados.
Yuu la observó.
Ella evitó mirarlo a los ojos, tal vez por molestia… o tal vez por cautela.
—¿Cuánto falta?
—preguntó él.
Rinzu cruzó los brazos.
—Un día, máximo dos.
Si te aprueban, tendrás tu primer combate regulado.
Si no… bueno, deberás irte del distrito antes de que empiecen a ofrecer tu cabeza a buen precio.
Yuu asintió como si fuera la noticia más esperada del mundo.
En su interior, el pulso volvió: Ese eco oculto, ese aviso de que estaba cerca de un territorio donde las batallas dejarían de ser espectáculos… y pasarían a ser vida real.
Técnicamente, esta forma de despertar el haki es la canon; casi gran parte de los grandes piratas del mundo pirata que despertaron su haki lo hicieron peleando la mayor parte de su vida.
Rinzu se giró para irse.
—Mantente vivo estos días.
Si mueres antes de la aprobación, quedaré como una idiota —gruñó.
Yuu casi sonrió.
El aura de protagonista volvió a hacerle cosquillas.
——————— El tiempo siguiente fue tranquilo, así que no hay mucho que decir… ——————— El edificio era distinto a todo lo que Yuu había visto en el distrito.
Nada de gritos.
Nada de apuestas.
Nada de olor a sangre vieja.
Solo silencio.
Silencio… y autoridad.
Rinzu caminaba adelante, seria como siempre, pero esta vez su postura era más rígida, como si llevar a Yuu ahí fuera una carga y una decisión peligrosa a la vez.
Dos guardias con bandanas del País del Rayo escoltaban la entrada.
No eran civiles.
No eran luchadores callejeros.
Eran shinobi reales, con chakra visible en la forma en que respiraban.
Cuando Rinzu se identificó, uno de los guardias observó a Yuu como si midiera cuánto peso soportaba una cuerda antes de romperse.
—¿Este es el solicitante?
—preguntó, incrédulo.
—Sí —respondió Rinzu sin pestañear.
Yuu no dijo nada.
Solo dio un paso.
Los guardias intercambiaron una mirada.
Uno de ellos hizo un gesto brusco.
—Pasen.
La sala de evaluación era amplia, rectangular, iluminada con antorchas de energía eléctrica azulada.
El suelo estaba pulido, pero lleno de marcas circulares y grietas profundas: memoria de combates que no eran “de prueba”.
En el centro, un shinobi de complexión delgada pero mirada cortante esperaba con los brazos detrás de la espalda.
Un chūnin examinador.
—Nombre —ordenó sin levantar la voz.
—Yuu —respondió.
—No apellido.
—No.
El chunin frunció el ceño, pero continuó.
—Rango: civil.
Procedencia: desconocida.
Solicitud: Evaluación para combate regulado.
Sus ojos se desplazaron hacia Rinzu.
—¿Tú lo trajiste?
—Yo solo moví el trámite —respondió ella—.
Él quiere pelear en formato oficial.
—Un civil solicitando combate shinobi… —El examinador soltó una risa pequeña, seca—.
O es suicida… o es arrogante.
Yuu lo miró fijo.
—Solo quiero una evaluación justa.
El chunin chasqueó la lengua.
—Aquí no usamos “justa”.
Usamos “real”.
El ambiente se tensó, pero Yuu no se movió.
Ese eco interno —ese latido oscuro, casi imperceptible— vibró como un recordatorio.
No eres el débil aquí.
Solo estás disfrazado de uno.
El examinador —un chūnin de lentes cuadrados, expresión impasible y la clásica chaqueta de la Nube— evaluó a Yuu de arriba abajo sin pestañear.
Rinzu permanecía a un lado, con los brazos cruzados… y los hombros tensos.
El hombre se acercó hasta quedar a un metro de Yuu.
—Bien.
Primera prueba —anunció sin levantar la voz—.
Intimidación directa.
Luego, sin advertencia, liberó una oleada de presión de chakra.
La sala entera vibró.
El aire se volvió espeso, como si un gigante hubiera puesto un pie sobre la espalda de todos.
Rinzu apretó los dientes, manteniéndose firme… pero Yuu no se movió.
Ni un milímetro.
No parpadeó.
No tragó saliva.
No mostró resistencia activa.
Solo lo soportó.
El examinador inclinó ligeramente la cabeza.
—Interesante —murmuró—.
No gritaste.
No te moviste.
No activaste ninguna técnica.
Primera prueba superada.
Rinzu soltó aire.
Muy lento.
Como si hubiera olvidado cómo respirar.
El chūnin chasqueó los dedos.
—Tráelo.
El asistente —un muchacho flaco, con las manos temblorosas— dejó caer un estuche largo de madera.
Dentro había un maniquí humanoide de placas negras, cruzado por venas de chakra que latían con un brillo eléctrico.
El examinador lo presentó sin ceremonias: —Segunda prueba: Resistencia pasiva.
Este muñeco golpea con fuerza equivalente a un chūnin entrenado.
Cinco impactos.
No puedes esquivar.
No puedes bloquear.
Solo soportar.
Rinzu dio un paso al frente.
—Oye… eso es demasiado para un civil.
—Entonces debería irse a casa —respondió el chūnin sin dirigirle la mirada.
Yuu avanzó dos pasos.
—Estoy listo.
Rinzu lo miró de reojo.
Y ahí apareció.
Ese brillo.
Esa vibra.
Ese “aura protagonista” que le aparecía solo en momentos completamente absurdos.
Era como si el aire detrás de Yuu se iluminara aunque no pasara nada en realidad.
Rinzu frunció el ceño.
…otra vez esa sensación ridícula.
Yuu pensó: ‘Tsk.
Ahí voy otra vez.
¿Por qué mierda aparece justo cuando alguien me está mirando?’ Pero ya estaba plantado.
Imposible retroceder.
El examinador levantó una mano.
—Comienza.
El muñeco se activó.
Su brazo retrocedió… …y cayó hacia adelante con fuerza brutal.
Primer golpe.
El impacto sonó como madera quebrándose.
Yuu no dio un solo paso atrás.
Segundo golpe.
Las costillas vibraron.
Su estómago se contrajo involuntariamente.
Tercer golpe.
Un hilo de sangre resbaló por la comisura de los labios.
Cuarto golpe.
Las rodillas cedieron medio centímetro… pero no cayó.
Rinzu apretaba los puños tan fuerte que sus dedos estaban blancos.
Quinto golpe.
Yuu cerró los ojos por un instante.
Ese eco interno rugió.
Ese latido que no era suyo.
Ese pulso que siempre aparecía cuando no debía.
No caer.
No ahora.
El impacto lo dobló ligeramente… …pero se mantuvo de pie.
El silencio fue absoluto.
El chūnin subió una ceja.
—Impresionante.
El muñeco se apagó.
Rinzu soltó el aire que llevaba reteniendo tanto tiempo que casi se mareó.
Yuu escupió sangre al suelo.
—Faltan… dos pruebas, ¿no?
El examinador sonrió por primera vez.
—No.
Solo una.
El piso vibró levemente cuando él dio un paso.
—La última prueba es un combate real.
Contra mí.
Rinzu se llevó una mano a la frente.
—Idiotas… —murmuró—.
Ambos.
Yuu pensó de inmediato: “¿Qué rayos?
Después de todo eso, ¿ahora quiere matarme oficialmente?” Pero no retrocedió.
El chūnin desenvainó un kunai.
—Prepárate, Yuu.
Ahora sabremos si hablas en serio… O si solo eres otro muerto temprano.
El examinador señaló un estante lleno de armas de entrenamiento.
—Puedes escoger cualquier arma de ese estante —dijo—.
No quiero excusas cuando esto termine.
Yuu dio un paso hacia las armas.
Rinzu cerró los ojos un instante… …y en su interior pensó: No puedo creer que acepté meter a este idiota aquí.
Pero cuando él tomó un arma y giró hacia el centro del salón… Ese “aura protagonista” volvió a encenderse alrededor de Yuu, aunque fuera solo una sensación estética, absurda y exagerada.
Y Rinzu, aunque jamás lo admitiría, sintió un pequeño escalofrío.
El combate final del examen estaba por comenzar.
Había armas básicas: tonfas, kunais, bastones cortos… Pero entre ellas, una llamó su atención.
Una kodachi.
Hoja curva, corta, de filo limpio.
El tipo de espada que usaban muchos jonin de la Nube para combates rápidos a corta distancia.
La tomó.
El equilibrio le resultó familiar de inmediato.
No perfecta, pero suficiente.
Una memoria fugaz cruzó su mente.
“Nunca dependas de la longitud del arma, Yuu.
Depende del ritmo.” La voz de Yugao.
Su maestra.
Golpeando su guardia una y otra vez mientras él apenas podía seguir el movimiento de su espada violeta.
Yuu inhaló… Y ajustó su postura como ella le enseñó.
No el estilo completo, solo la base: Pies firmes, centro bajo, hoja cerca del cuerpo.
Rinzu lo observó desde el borde de la sala.
Ella no era una experta en el arte de la espada.
Pero aun así notó el cambio.
—…Eso no es una postura de principiante —susurró.
El chūnin sonrió, levantando su kunai.
—Así que escoges una kodachi.
¿Te crees capaz de usar un arma del País del Rayo contra un shinobi del País del Rayo?
Yuu no respondió.
El eco interno… ese pulso extraño… vibró en su pecho, suave pero presente.
Era el preludio del combate.
El chūnin adoptó postura ofensiva.
—La prueba es simple —dijo—.
Si aguantas tres minutos sin ser derrotado, aprobarás.
Rinzu chasqueó la lengua.
—Tres minutos no son una prueba, son una ejecución disfrazada.
El chūnin no la escuchó… o no le importó.
—Prepárate, Yuu.
Yuu elevó la kodachi.
El hombro relajado.
La mirada firme.
‘Tsk… aquí va otra vez mi aura de protagonista haciendo acto de presencia…’ El chūnin desapareció en un parpadeo.
El chunin desapareció con un movimiento limpio y reapareció a la izquierda.
Yuu levantó la kodachi, pero un instante tarde.
—Tch—.
Una línea roja se abrió en su costado.
El golpe había sido contenido, sí… pero aún así bastó para hacerle perder aire.
“Debí mover el pie antes…”, pensó.
Segundo movimiento.
El chūnin atacó desde arriba.
Yuu bloqueó, pero lo hizo como un civil intentando parecer entrenado: Los brazos rígidos, la guardia demasiado amplia, la respiración fuera de ritmo.
El impacto le bajó la rodilla.
Rinzu apretó los labios.
—Estás siendo idiota —murmuró apenas audible.
Tercer movimiento.
El chūnin giró sobre el talón y lanzó una estocada directa al abdomen.
Yuu elevó la hoja para desviarla, pero la fuerza fue demasiado.
El kunai rozó su piel, abriendo otro corte.
Yuu retrocedió dos pasos, jadeando.
El examinador se incorporó, relajado.
—¿Eso es todo?
¿Esa “fuerza” tuya solo funciona cuando te golpean como una bolsa de arena?
Yuu tragó saliva.
La sangre caliente le bajó por el torso.
Su respiración era irregular.
Y por primera vez desde su llegada al País del Rayo… …sintió el peligro real.
Si seguía peleando así, a nivel “civil reforzado”, se moriría.
Literalmente.
Y allí, entre el sonido metálico del kunai y el eco del combate que había “superado”… Se activó esa irritación interna.
Ese pensamiento molesto.
“¿Qué demonios estoy haciendo?” ‘Jugar a ser débil… por conveniencia… ¿En un duelo real?
Ridículo.
Yuu apretó la empuñadura.
Casi sin pensarlo, canalizó una mínima corriente de chakra en la hoja.
Solo para reequilibrar el filo.
Solo para devolverle el peso correcto.
La kodachi vibró suavemente.
Y en su pecho… Ese pulso.
No un estallido.
No un descontrol.
Solo un parpadeo de voluntad.
Un susurro de lo que había rugido en el coliseo, uno con vida propia al parecer, ya que mostraba insatisfacción a las acciones de Yuu.
Haki.
Indomable.
El chunin sintió una sensación extraña.
Dio un paso atrás sin darse cuenta.
Rinzu abrió los ojos un poco más.
Yuu levantó la mirada.
—Ahora sí —dijo con calma.
La postura cambió.
Ya no era la guardia torpe de un civil fuerte.
Tampoco era la elegancia completa del estilo de Yugao… Pero los fundamentos estaban allí, bastante como para tratar con un simple chūnin.
La rodilla adelantada.
La muñeca relajada.
El centro del cuerpo alineado con el filo.
El chūnin apretó los dientes.
—No te pases de listo, mocoso—.
Avanzó con velocidad, un corte diagonal destinado a terminar el examen.
Yuu deslizó el pie un solo paso.
Ni más.
Ni menos.
Un movimiento que Yugao había repetido con él cientos de veces, corrigiéndole cada ángulo.
La hoja chocó.
Pero esta vez, Yuu no bloqueó.
Redirigió.
La fuerza del chūnin se desvió hacia el suelo.
La kodachi resbaló por la línea del kunai.
Un corte directo hacia la clavícula.
Y antes de que el examinador pudiera retroceder— —Concentrar todo en un punto… —susurró Yuu.
Un brillo mínimo recorrió su hoja, pero antes de seguir adelante, se desvió a un costado.
Golpeó.
Un impacto firme en el hombro del chūnin, suficiente para dar un susto de muerte, pero no para matar.
El chūnin retrocedió tambaleándose.
Los ojos muy abiertos.
La sala entera se quedó en silencio.
Rinzu apenas parpadeó.
El examinador se enderezó con dificultad… y comenzó a sonreír.
—…Interesante.
La sangre bajó por la barbilla de Yuu, pero no dio un paso atrás.
El chūnin guardó el kunai.
—Prueba superada.
—Por completo.
Rinzu soltó un suspiro que llevaba media vida guardándose.
Yuu simplemente sostuvo la kodachi.
El filo vibraba aún por el chakra que había dejado correr al final del combate.
Un error.
Una advertencia.
Un recordatorio.
Ahora sabía exactamente qué tan limitado había estado actuando.
Y qué tan peligroso sería seguir fingiendo.
“Pensé que eran tres minutos”, murmuró Yuu internamente, con una mezcla de fastidio y autocrítica.
El examinador, aún con el kunai en mano, relajó los hombros.
—Tres minutos era el límite.
—Guardó el arma—.
Duraste uno con veinte… pero me obligaste a pelear en serio antes del minuto.
Eso supera el estándar.
Y lo sabes.
Yuu mantuvo la mirada baja, no por humildad, sino porque seguía sintiendo el pulso extraño en su centro.
Ese eco que no era chakra… Ese filo dentro del alma.
El mismo que había respondido en la arena.
El chūnin añadió: —Desde hoy, tienes permiso para participar en duelos regulados del distrito ninja.
No eres shinobi, no te darán trato de shinobi… pero tendrás acceso a lo que pediste.
Rinzu cruzó los brazos.
—¿Y cuándo será el primer combate formal?
—Uno o dos días.
Aún deben asignarte un oponente compatible y notificar a la mesa de supervisión.
Yuu asintió, neutral.
El examinador lo observó con una mezcla de respeto y cautela.
—Forastero… no vuelvas a pelear “como civil”.
El siguiente combate será real.
Con alguien que no dudará en partirte el cuello si bajas la guardia.
Yuu guardó la kodachi en su funda improvisada.
—Ya me di cuenta —respondió tranquilo—.
Fingir debilidad solo me estaba haciendo… más débil.
Rinzu lo miró de reojo; no sabía si quería regañarlo o empujarlo contra la pared por idiota.
—Entonces —dijo ella—, vete a descansar.
Si te presentas así de golpeado en el combate formal, pensarán que eres un borracho que se cayó por unas escaleras.
Yuu casi sonrió.
Casi.
—No faltaré.
El examinador hizo un gesto con la mano, despidiéndolos.
—Dos días máximo —anunció—.
Prepárate.
Los civiles no duran mucho en la arena ninja… Pero tú no pareces uno.
Yuu salió junto a Rinzu.
Mientras caminaban por el pasillo, sintió ese pulso interno, suave, firme.
El eco del haki.
El recordatorio de que, en el siguiente combate… No podría seguir actuando como si fuera parte del público.
Porque por primera vez… Entraría al mundo de los ninjas por la puerta correcta.
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