Mi sistema poco útil en naruto(Versión español) - Capítulo 441
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- Capítulo 441 - 441 Capítulo 438 Arena
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441: Capítulo 438: Arena.
441: Capítulo 438: Arena.
Después de terminar todo el teatro, Yuu se dispuso a regresar a su dormitorio.
En el camino, Rinzu se excusó diciendo que tenía asuntos pendientes que atender, así que Yuu continuó solo hasta su destino; o mejor dicho, hasta el cuarto alquilado que ahora podía permitirse gracias al premio obtenido.
——— Al llegar, cerró la puerta tras de sí y se dejó caer sobre la cama sin ceremonias.
No perdió tiempo en relajarse del todo; enseguida comenzó a redirigir su energía de afinidad madera por su cuerpo, concentrándose en las heridas superficiales que había recibido durante el combate.
El proceso era mecánico, casi automático.
Cortes menores, golpes mal amortiguados, tensión muscular acumulada.
Todo fue siendo atendido uno por uno, hasta que el dolor disminuyó y las heridas empezaron a cerrarse, dejando solo marcas que desaparecerían en poco tiempo.
Nada serio.
Yuu cerró los ojos.
El descanso llegó rápido.
——— Cuando despertó, lo hizo sin sobresaltos.
Su cuerpo ya había terminado de estabilizarse y la pesadez inicial había desaparecido casi por completo.
Se incorporó y estiró ligeramente los brazos.
—Bien… —murmuró—.
Supongo que ahora toca pelear un poco más en serio.
No había emoción en su voz, solo una conclusión lógica.
——— Permaneció sentado unos minutos, repasando mentalmente lo ocurrido en la arena y ajustando algunas ideas.
No tardó en notar una presencia acercándose desde un costado.
—Te recuperas rápido —dijo Rinzu, apareciendo sin previo aviso.
Yuu levantó la vista hacia él.
—No fue nada especial.
Rinzu arqueó una ceja.
—Desde afuera no lo parecía.
Yuu se puso de pie con calma.
—Eso es porque la mayoría solo mira el resultado.
Rinzu soltó una breve risa y se cruzó de brazos.
—Sea como sea, ya llamaste la atención.
Y sabes lo que eso significa.
—Sí —respondió Yuu sin rodeos—.
Más problemas.
El silencio que siguió fue corto, pero cargado de intención.
La arena ya había quedado atrás.
Lo que venía después sería distinto.
Yuu sonrió entre dientes.
Incluso si el Raikage en persona aparecía frente a él, estaba seguro de que podría escapar.
No porque se creyera invencible, sino porque conocía bien sus propios límites… y también sus rutas de salida.
Pero no dijo nada.
No era el momento de presumir ni de provocar.
Se limitó a apoyar la espalda contra la pared, relajando los hombros mientras aguardaba.
Rinzu lo observó por un instante más, como si intentara leer algo en su expresión, pero finalmente desvió la mirada.
—Te avisaré cuando haya noticias —dijo.
Yuu asintió.
Esperó.
Las siguientes noticias sobre su combate no tardarían en llegar, y cuando lo hicieran, ya estaría preparado para lo que viniera después.
El día pasó sin mayores incidentes.
Yuu no llamó la atención, no buscó conflictos ni se dejó ver más de lo necesario.
Entrenó lo justo, descansó lo suficiente y mantuvo su rutina simple.
Para cuando la noche terminó, su cuerpo estaba en condiciones óptimas y su mente, clara.
Al amanecer del día siguiente, la notificación llegó.
No hubo discursos ni advertencias innecesarias.
Solo una ubicación.
——— La arena estaba más concurrida que la vez anterior.
Yuu avanzó entre la gente sin prisa, con las manos en los bolsillos y la mirada al frente.
No necesitaba observar demasiado; el ambiente era el mismo de siempre: expectativa, murmullos y esa tensión latente que precedía a cada combate.
Al cruzar la entrada, sintió cómo varias miradas se posaban sobre él.
No les dio importancia.
Subió a la plataforma designada y se detuvo en su posición, esperando a su oponente.
El combate estaba por comenzar.
Y esta vez, Yuu no tenía intención de contenerse más de lo necesario.
——— Del lado opuesto, una figura avanzó desde la entrada secundaria de la arena.
Alto, complexión firme, pasos seguros.
Llevaba el protector ninja bien visible y una expresión dura, como si ya hubiera decidido el resultado antes de empezar.
Yuu lo observó sin cambiar el gesto.
—Yuu el extranjero —anunció el árbitro—, contra Ketsuro.
Al escuchar eso, algunos comentarios se elevaron entre las gradas.
El País del Rayo siempre llamaba la atención, incluso en combates menores.
Ketsuro tronó el cuello y dejó escapar una breve risa.
—Así que tú eres el que hizo tanto ruido ayer —dijo mientras se detenía frente a Yuu—.
No pareces gran cosa.
Yuu no respondió.
Se limitó a ajustar su postura, apoyando ligeramente el peso en la pierna trasera.
—Comiencen —ordenó el árbitro.
Ketsuro se movió primero.
Avanzó con velocidad, el chakra recorriendo su cuerpo de forma evidente, reforzando cada paso.
Su puño fue directo, sin florituras, buscando terminar rápido.
Yuu dio medio paso al costado, levantando una ceja, sintiendo familiar esa técnica.
El golpe pasó de largo.
Antes de que Ketsuro pudiera reaccionar, Yuu ya estaba dentro de su guardia.
Un golpe corto al abdomen lo obligó a exhalar con fuerza, seguido de una patada baja que quebró su equilibrio.
Ketsuro retrocedió, sorprendido, pero no cayó.
—Interesante… —murmuró, cargando más chakra.
La electricidad comenzó a chisporrotear alrededor de sus brazos.
Yuu entrecerró los ojos un poco.
‘Esto parece una versión cutre de la técnica esa que usa el Raikage para fortalecerse’.
La electricidad se intensificó.
Ketsuro flexionó los brazos y el chakra raiton recorrió su cuerpo de forma más agresiva, formando descargas irregulares que chisporroteaban sobre su piel.
No era una técnica refinada, pero sí efectiva: fuerza bruta amplificada a base de chakra.
—No te distraigas —dijo, avanzando—.
Esto no es un espectáculo.
Ketsuro se lanzó de nuevo.
Su velocidad aumentó de golpe, acortando la distancia en un instante.
El puño descendió con más peso que antes, acompañado por una descarga directa.
Yuu no retrocedió.
Giró el cuerpo lo justo para desviar el golpe con el antebrazo, dejando que la electricidad recorriera su ropa sin alcanzarlo de lleno.
Al mismo tiempo, dio un paso hacia dentro y golpeó el costado de Ketsuro con el codo.
El impacto fue seco.
Ketsuro gruñó, pero respondió de inmediato con una rodilla ascendente, obligando a Yuu a separarse.
—Así que no solo sabes moverte… —dijo entre dientes.
Yuu no contestó.
Ya había confirmado lo que necesitaba.
La técnica consumía chakra de forma constante y desordenada.
Si Ketsuro mantenía ese ritmo, no duraría mucho.
Ketsuro volvió a cargar, encadenando golpes rápidos, cada uno reforzado con raiton.
El aire vibraba con cada movimiento, y el suelo crujía bajo sus pies.
Yuu bloqueó uno, esquivó otro y dejó pasar el tercero, retrocediendo apenas lo necesario.
No buscaba imponerse aún, solo forzarlo a seguir.
A gastar.
A cometer errores.
Ketsuro respiraba más pesado ahora.
—Deja de huir —espetó, frustrado.
Yuu avanzó un paso.
—No estoy huyendo.
Apareció frente a él sin aviso.
Un golpe directo al pecho cortó el flujo de chakra por un instante.
La electricidad parpadeó y se dispersó de forma irregular.
Ketsuro abrió los ojos, sorprendido.
Antes de que pudiera reaccionar, Yuu lo tomó del brazo y lo giró, lanzándolo contra el suelo de la arena con un impacto seco.
El polvo se levantó.
Ketsuro intentó avanzar de nuevo.
Solo dio un paso.
Su pierna falló y el cuerpo no respondió como esperaba.
El chakra ya no fluía de forma estable y la electricidad que antes lo rodeaba se había reducido a simples chispas dispersas.
Yuu lo observó en silencio.
No había prisa.
Ketsuro apretó los dientes y lanzó un último ataque, más por orgullo que por cálculo.
Un golpe amplio, sin técnica, sin refuerzo real.
Yuu lo esquivó con un simple giro de hombros.
Ni siquiera cambió su expresión.
Apareció a un costado y golpeó con la palma abierta en la base del cuello.
No fue un ataque letal, ni especialmente violento, pero fue preciso.
El cuerpo de Ketsuro se tensó un instante antes de desplomarse sobre la arena.
Silencio.
El árbitro tardó un segundo en reaccionar antes de acercarse, comprobar su estado y alzar la voz.
—¡Ganador, Yuu!
El murmullo del público volvió, esta vez más bajo, más contenido.
No hubo explosión de emoción ni gritos exagerados.
Solo sorpresa… y cierta incomodidad.
Yuu dio un paso atrás.
No desenvainó su arma en ningún momento.
Lo más probable era que Ketsuro apenas fuera un genin con cierta edad; de hecho, el examinador de la arena estaba claramente a otro nivel.
Sumado a eso, Yuu había usado su haki sin demasiadas restricciones.
El resultado era obvio.
Se dio media vuelta y abandonó la plataforma sin mirar atrás, ignorando las miradas que ahora lo seguían con más atención que antes.
La arena ya no era solo un lugar de combates.
Para algunos, acababa de convertirse en una advertencia.
En los días siguientes, Yuu permaneció en la arena.
No como alguien que buscara fama, sino como quien cumple una rutina.
Combate tras combate, fue subiendo de nivel de forma constante.
Genin experimentados, combatientes de distintas aldeas, estilos variados.
Ninguno representó un verdadero obstáculo.
Algunos duraban más.
Otros caían rápido.
Pero el resultado no cambiaba.
Yuu peleaba de forma limpia, eficiente, sin exhibirse más de lo necesario.
Rara vez desenvainaba su arma y apenas usaba más fuerza de la estrictamente requerida.
Aun así, las diferencias se volvían cada vez más evidentes.
Su nombre empezó a circular.
No como una leyenda, sino como un dato incómodo.
Para cuando pasaron varios días, la lista de oponentes disponibles se había reducido.
Ya no lo emparejaban con genin comunes.
La brecha era demasiado clara.
Hasta que, finalmente, ocurrió.
—Próximo combate —anunció el encargado—.
Los murmullos se apagaron poco a poco y varias miradas se centraron en la arena.
No era solo un combate más; era el primer enfrentamiento en el que Yuu no tendría una ventaja evidente en rango.
Yuu subió a la plataforma con la misma calma de siempre.
La arena quedó en silencio cuando el chūnin avanzó.
Era un hombre de unos treinta años, complexión firme y mirada entrenada.
A diferencia de los combates anteriores, llevaba una espada corta envainada en la espalda, con el mango envuelto en vendas oscuras marcadas por el uso constante.
—Arata —se presentó—.
Chūnin de Kumogakure.
Yuu inclinó ligeramente la cabeza.
—Yuu.
Nada más.
—Comiencen.
Arata desenfundó.
El sonido metálico fue limpio, controlado.
La hoja era simple, sin adornos, pero el chakra raiton comenzó a recorrerla casi de inmediato, formando una capa delgada y estable a lo largo del filo.
—Raiton: Hoja conductora.
Sin perder tiempo, Arata avanzó.
No fue una carga directa, sino un acercamiento calculado, cortando el aire con ataques cortos y precisos que buscaban forzar a Yuu a retroceder.
Yuu se movió entre los cortes con pasos mínimos, esquivando por centímetros.
Un barrido horizontal rozó su chaqueta.
Arata cambió el ángulo de ataque en plena secuencia y liberó una descarga desde la hoja hacia el suelo.
—Raiton: Descarga lineal.
La electricidad se expandió desde el filo, obligando a Yuu a saltar hacia atrás.
Arata no lo dejó respirar.
Giró la muñeca y lanzó un corte ascendente reforzado con chakra, seguido de un paso rápido que cerró la distancia de nuevo.
Cada movimiento estaba encadenado, sin desperdicio.
—Este sí sabe pelear —pensó Yuu.
Por primera vez, llevó la mano hacia su propia arma… pero no la desenvainó.
Bloqueó un corte con el antebrazo protegido por su haki, deslizó el filo hacia un costado y golpeó con la palma abierta en el pecho de Arata, obligándolo a retroceder medio metro.
Arata sonrió apenas.
—Así que ese es tu juego.
Reajustó su agarre.
El raiton en la espada se intensificó, recorriendo el metal con un zumbido bajo y constante.
—Entonces no me contendré.
Yuu adoptó una postura más baja.
La arena volvió a llenarse de tensión.
Este combate ya no era una prueba de fuerza bruta.
Era un duelo de experiencia.
Al otro lado, el chūnin ya lo esperaba.
Esta vez, no era un trámite.
Arata avanzó de nuevo.
Esta vez no hubo advertencias ni pruebas.
Su espada trazó un arco limpio y el raiton se liberó en una descarga corta que no buscaba alcance, sino presión.
Cada paso suyo estaba calculado para obligar a Yuu a reaccionar, no a pensar.
Yuu retrocedió medio paso y giró el torso, dejando que el filo pasara a escasos centímetros.
El segundo corte llegó inmediatamente después, más bajo, buscando las piernas.
Lo bloqueó con el antebrazo, el haki amortiguando el impacto, y usó ese contacto para desviarlo.
El choque fue seco.
Arata aprovechó el rebote para girar la muñeca y clavar la punta de la espada hacia adelante, una estocada rápida y directa.
Yuu inclinó el cuerpo y dejó que la hoja rozara su costado.
En el mismo movimiento, golpeó con el codo hacia atrás.
Arata se apartó por poco.
Arata frunció el ceño.
El cambio fue sutil, pero real.
Yuu dio otro paso al frente.
No aceleró.
No mostró intención.
Simplemente avanzó.
Arata reaccionó por instinto.
La espada trazó un corte diagonal, raiton concentrado en el filo para maximizar el daño.
Yuu se movió.
Un paso corto hacia dentro del alcance.
Su antebrazo chocó contra la muñeca que sostenía la espada, desviando el filo apenas lo suficiente.
En el mismo instante, su mano libre golpeó el codo de Arata, rompiendo la alineación del ataque.
El raiton se disipó.
Antes de que Arata pudiera reajustar la postura, Yuu giró sobre el eje del cuerpo y golpeó con la base de la palma en el pecho, justo donde el chakra se concentraba.
El impacto fue limpio.
Arata perdió el aire y retrocedió involuntariamente.
Yuu no lo dejó caer.
Avanzó un último paso y golpeó con dos dedos en la base del cuello, cortando el flujo de chakra y la respuesta muscular al mismo tiempo.
El cuerpo de Arata se tensó… y cayó de rodillas.
La espada resbaló de sus dedos y golpeó la arena con un sonido apagado.
Silencio.
Yuu dio un paso atrás.
Habían sido solo un par de movimientos.
Nada espectacular.
El árbitro tardó un segundo en reaccionar antes de levantar la mano.
—Ganador… Yuu.
La arena estalló en murmullos.
Yuu se dio media vuelta y abandonó la plataforma.
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