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Mi sistema poco útil en naruto(Versión español) - Capítulo 442

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  4. Capítulo 442 - 442 Capítulo 439 Antes del filo
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442: Capítulo 439: Antes del filo 442: Capítulo 439: Antes del filo La tarde terminó de caer cuando Yuu salió de la arena por la salida lateral.

El polvo aún se le adhería a la ropa y la marca de la kodachi vibraba levemente en su muñeca, como un recordatorio persistente.

… Un vendedor de brochetas lanzó una broma al aire.

Un viejo escupió un proverbio que nadie fuera del distrito entendería.

Todo eso le llegó como ruido distante, irrelevante.

Encontró a Rinzu en la esquina habitual, bajo la sombra alargada de una casa vieja que ofrecía una privacidad tan frágil como suficiente.

—Entraste en la lista —dijo sin rodeos—.

Te quieren para un combate oficial en cinco días.

Nivel: jōnin territorial que acepta peleas externas.

No es un trámite menor.

Yuu ladeó la cabeza, procesando la noticia con calma.

—Vaya… hasta que por fin me echaron el ojo —respondió, soltando una risa breve, más por costumbre que por emoción.

Por dentro, sin embargo, se alegró.

Por fin podía acercarse a su objetivo.

Había pasado más tiempo del que esperaba en ese distrito; tanto, que apenas se había dado cuenta de lo rápido que había avanzado todo.

Arena, combates, nombres tachados de listas… El tiempo se le había ido sin que lo notara.

Y ahora estaba allí.

Un jōnin.

Yuu bajó la mirada un instante, pensativo.

Ahora, después de esto, calculo que debería tener un par de peleas más y listo.

—Oye, una pregunta, después de ganar algunas peleas, ¿me podrían conceder alguna petición?

Rinzu lo miró por un segundo, escrutándolo.

—¿Una petición?

—repitió Rinzu—.

Esto no es la Torre del Hokage, chico.

Aquí no se piden deseos.

Hizo una pausa, mirando a los lados para asegurarse de que nadie escuchaba, y luego se inclinó ligeramente hacia Yuu.

—Pero…

—añadió con un tono más calculador—, los que llegan a la cima, los que vencen a los “favoritos” de la casa como ese Jōnin, suelen llamar la atención de los Administradores.

Si ganas, y lo haces de forma espectacular, el dinero deja de ser el único premio.

Los favores se convierten en la verdadera moneda.

¿Qué es lo que buscas realmente?

Yuu se encogió de hombros, metiendo las manos en los bolsillos con esa actitud perezosa que solía sacar de quicio a sus oponentes.

—Digamos que tengo ganas de pelear con alguien en específico, jaja.

Rinzu lo mira extraña.

—¿Tu deseo es seguir peleando?

—Haces que suene como si fuera un adicto a las batallas, jaja, eso que ni has conocido a mi compañera.

Rinzu parpadea ligeramente.

La idea de que existiera alguien más problemático o con más hambre de sangre que los tipos que frecuentaban ese distrito le parecía, cuanto menos, inquietante.

—¿Peor que tú?

—Rinzu se cruzó de brazos, apoyándose contra la madera astillada de la casa—.

Chico, tú ya eres un dolor de cabeza con esa actitud de “no me importa nada mientras gano”.

Si tu compañera es un “adicto a las batallas” de verdad, entonces me alegro de que no esté aquí.

Este lugar atrae a los locos, y los locos suelen terminar enterrados bajo la arena, no cobrando premios.

Yuu se rascó la nuca, recordando por un momento la intensidad de su querida compañera Sayuki.

Yuu sintió un pequeño escalofrío al recordar la mirada de Sayuki.

No era solo que le gustara pelear; era esa intensidad gélida, esa determinación obsesiva que parecía consumir el aire a su alrededor.

Comparados con ella, los tipos duros de este distrito eran simples aficionados jugando a ser ninjas.

—Digamos que tiene un estándar de “diversión” un poco…

extremo —murmuró Yuu, con una sonrisa ladeada—.

Si ella estuviera aquí, no estaría preguntando por listas ni por peticiones.

Probablemente ya habría derribado la puerta de los Administradores solo para ver si alguno era capaz de hacerla sangrar, o eso quiero pensar y no confirmar que solo tiene esa obsesión de pelear conmigo, jaja.

Rinzu alzó una ceja.

—¿Una obsesión por pelear contigo?

—repitió Rinzu, soltando una pequeña risa ronca—.

Chico, eso no es una compañera, eso es una maldición.

O un fetiche muy peligroso.

Yuu soltó otra risa breve, pero sus ojos se perdieron por un momento en las sombras del callejón.

Recordó las veces que Sayuki lo había acorralado en una pelea hace mucho tiempo.

—A veces es agotador —admitió Yuu, estirando los brazos hasta que su espalda crujió—.

Pero supongo que gracias a eso, pelear contra tipos normales se siente como tomar un descanso.

Rinzu lo miró fijamente, dándose cuenta de que, a pesar de las bromas, Yuu hablaba en serio.

Había una calma en él que no provenía de la arrogancia, sino de alguien que estaba acostumbrado a sobrevivir a cosas mucho peores que una arena de combate.

Rinzu guardó silencio un momento, dejando que el ruido de los vendedores de la calle llenara el hueco entre ambos.

Había algo en la mirada de Yuu que no terminaba de cuadrar con su apariencia de tipo despreocupado.

La mención de esa mujer, Sayuki, parecía ser tanto un ancla como un motor para él.

—Un descanso, ¿eh?

—Rinzu escupió al suelo y se separó de la pared—.

Espero que esa confianza no se convierta en negligencia.

El Jōnin que te asignaron, Kaito, no es alguien que se rinda fácilmente.

Dicen que disfruta viendo cómo la esperanza abandona los ojos de sus oponentes.

Yuu simplemente asintió, su mente divagando entre el presente y los recuerdos de los entrenamientos que había compartido con Sayuki; bueno, aunque lamentablemente todos esos tipos e incluso la propia Sayuki están lejos de igualar la intención asesina de Orochimaru, que es un asesino de verdad.

—Estaré listo —dijo Yuu, dándose la vuelta para marcharse—.

Aunque si pierdo, probablemente será porque mi Sistema decidió que hoy era un buen día para darme una recompensa de “papel higiénico usado” en lugar de algo útil.

Para Yuu, este distrito era un patio de recreo.

Mientras Yuu caminaba por el mercado, esquivando a un par de borrachos que tropezaban cerca de una taberna.

—Me pregunto cuánto tiempo me llevaría conseguir mis objetivos con esta velocidad… El pensamiento de Yuu sobre el tiempo se perdió entre el bullicio del mercado.

Cinco días después, el nombre de Kaito “El Triturador” no era más que un eco sordo en la memoria de los apostadores.

La pelea había sido, para decepción del público que buscaba una carnicería, un evento breve y desconcertante.

Kaito había entrado rugiendo, liberando una intención asesina que habría hecho temblar a cualquier genin, pero Yuu simplemente lo observó con la mirada vacía de quien ha visto a verdaderos monstruos.

Cuando Kaito se lanzó con un golpe capaz de demoler piedra, Yuu respondió con varios ataques potenciados con su Haki.

Hicieron un intercambio de golpes varias veces antes de que Yuu se cansara y lo terminara de un golpe preciso cargado con bastante fuerza para romper el cráneo de una persona.

El Jōnin, que se había confiado porque Yuu aparentemente no tenía jutsus ni técnicas ninja, dejó muy abierta su defensa; no pudo resistir el último golpe de Yuu.

Kaito cayó como un fardo de papas.

No hubo gloria, solo un silencio sepulcral en la arena seguido por el cobro de apuestas masivas.

Tres días después del combate (salto temporal).

Yuu se encontraba ahora en una oficina que contrastaba violentamente con la suciedad del distrito.

Era un lugar frío, elegante, con aroma a sándalo y paredes reforzadas con sellos de silencio.

Frente a él, tras un escritorio de madera oscura, se encontraba uno de los administradores de la Arena, un hombre cuya identidad permanecía oculta tras una máscara de porcelana.

—Has causado un agujero considerable en las arcas de algunos de nuestros patrocinadores, Yuu —dijo el hombre con una voz distorsionada—.

Pero también nos has hecho ganar una fortuna con los nuevos espectadores.

Un Jōnin de ese calibre derrotado de un solo golpe…

eso no se ve todos los días.

Yuu, sentado con su habitual postura encorvada y las manos en los bolsillos, ladeó la cabeza.

—Dijeron que si ganaba de forma “espectacular”, podría pedir algo.

No me interesa el dinero extra.

El Administrador entrelazó sus dedos sobre la mesa.

—Lo sabemos.

Un luchador de tu calibre no está aquí por unos cuantos ryos.

La administración ha decidido concederte una petición, siempre que esté dentro de nuestras capacidades logísticas y no interfiera directamente con las grandes naciones…

por ahora.

Yuu dejó de balancear su pie y miró fijamente al hombre tras la máscara.

Este era el momento.

Por esto había soportado el polvo, las brochetas de dudosa calidad y las misiones absurdas de su sistema.

—Dijeron que si ganaba de forma “espectacular”, podría pedir algo.

No me interesa el dinero extra.

Quiero pelear con alguien —soltó Yuu sin rodeos—.

Específicamente, el hijo del actual segundo Raikage.

El silencio fue absoluto.

El administrador se tensó, y los guardias en la puerta pusieron las manos en sus katanas.

—¿Estás loco?

—preguntó el hombre—.

El hijo del Raikage…

¿Estás loco?

¿Por qué quieres pelear con él?

Yuu se recostó en la silla, que crujió bajo su peso, y dejó que una pequeña sonrisa, casi imperceptible, asomara en su rostro.

No era la sonrisa de un psicópata sediento de sangre, sino la de alguien que está profundamente cansado de las cosas mediocres.

—¿Por qué?

—repitió Yuu, mirando al techo de piedra como si buscara una respuesta en las vetas de la roca—.

Digamos que estoy cansado de los “Trituradores” y de los “Carniceros” de pacotilla.

Si quiero saber hasta dónde llega mi límite, no puedo seguir jugando en el barro con gente que se rompe al primer intercambio serio.

Bajó la mirada hacia el administrador, y por un segundo, la pereza en sus ojos fue reemplazada por una lucidez fría y cortante.

—He oído las historias.

Dicen que ese tipo es diferente.

Dicen que su cuerpo es una fortaleza y su velocidad es un castigo divino.

El administrador se quedó en silencio.

—No puedo tomar esa decisión, como entenderás, ya que estás pidiendo un combate con el hijo del hokage; debo preguntar a mis superiores.

—Claro, puedo esperar, y una última cosa, quiero que sea un combate privado; si publico, ¿se puede?

—…ya veremos —terminó de hablar el administrador.

Pasaron dos días en los que el ambiente del distrito cambió drásticamente para Yuu.

Aunque él seguía con su rutina de comer brochetas de dudosa procedencia y buscar los rincones con mejor sombra para dormir, el aire a su alrededor se sentía pesado, cargado de una tensión que solo alguien con sus instintos —o su haki— podía detectar.

Desde los techos de paja y las sombras de las chimeneas de piedra del País del Rayo, ojos expertos no le quitaban la vista de encima.

No eran los matones habituales de la arena.

Estos tipos ocultaban su presencia con una maestría que gritaba Anbu o fuerzas de élite.

Parecieran estar buscando ver si solo era un loco suicida o una amenaza pequeña para su aldea.

Yuu suspiró, recostado contra una pared de madera podrida, ignorando deliberadamente la presencia de un ninja agazapado a menos de diez metros de él.

Al caer la tarde del segundo día, una figura conocida se acercó rompiendo el círculo de vigilancia.

Era Rinzu, pero no traía su habitual aire de superioridad.

Estaba pálida y caminaba con una rigidez que delataba su nerviosismo.

Se detuvo frente a Yuu, mirando de reojo hacia los callejones antes de hablar en un susurro apresurado.

—Chico…

no sé qué clase de muerte estás buscando, pero lo has logrado —dijo Rinzu, frotándose los brazos como si tuviera frío—.

La administración se volvió loca cuando fueron a la oficina del Raikage.

Hubo gritos, hubo amenazas de muerte, pero al final…

el nombre llegó a donde tenía que llegar.

Yuu ya puede imaginar el mal temperamento.

del Raikage, que de hecho continuó heredando a todo su linaje de futuros Raikages.

Yuu abrió un ojo, perezosamente.

—¿Y bien?

¿El “hijo del jefe” aceptó, o está muy ocupado peinándose su cabello parado?

Rinzu tragó saliva y se inclinó hacia él.

—Aceptó.

Pero no como una pelea de arena.

El joven heredero…

dicen que se rio cuando le dijeron que un “vago de distrito” quería probar su defensa.

Dijo que “un poco de ejercicio antes de cenar no vendría mal”.

Hizo una pausa, bajando aún más la voz.

—Será en el Valle de los Picos Cortados, mañana al amanecer.

Sin público, sin apuestas oficiales, tal como pediste.

Pero Yuu…

—Rinzu lo miró con una mezcla de lástima y respeto—.

La administración envió a sus mejores hombres a limpiar la zona.

No quieren testigos por si el hijo del Raikage decide que “privado” significa que nadie, incluido tú, debe salir vivo para contarlo.

Yuu se levantó lentamente, sacudiéndose el polvo de la ropa.

La marca en su muñeca vibró con una intensidad nueva.

—Picos Cortados al amanecer…

—repitió Yuu, estirando los brazos hasta que sus huesos crujieron—.

Perfecto.

Es una caminata larga, así que mejor me pongo en marcha ahora si quiero dormir un poco antes de que el rayo me caiga encima.

Rinzu se quedó parada viéndolo caminar hacia la salida del distrito.

Por un momento, quiso decirle que huyera, pero recordó la mirada que Yuu tenía en la oficina del administrador.

—Oye, Yuu —le gritó—, ¡si mueres, no esperes que te pague un funeral decente!

—Tranquila —respondió Yuu sin mirar atrás, levantando una mano—.

Guarda ese dinero para las brochetas.

Si sobrevivo, voy a tener mucha hambre.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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