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Mi sistema poco útil en naruto(Versión español) - Capítulo 443

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  4. Capítulo 443 - 443 Capítulo 440 Batalla al final de la montaña
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443: Capítulo 440: Batalla al final de la montaña.

443: Capítulo 440: Batalla al final de la montaña.

El viento rugió entre los pilares de piedra negra, transportando el eco de los rayos que ya empezaban a serpentear alrededor del cuerpo de A.

Yuu; imperturbable, llevó la mano a la empuñadura de su espada corta.

Con un movimiento fluido, desenvainó.

La hoja no era especialmente larga, pero en cuanto sus dedos la rodearon, el aire a su alrededor pareció espesarse.

Yuu cerró los ojos un instante y, mediante el Haki de Armadura, la hoja comenzó a teñirse de un negro obsidiana profundo, mientras una capa de chakra puro vibraba sobre el metal, creando un filo tan agudo que parecía cortar los átomos del aire.

Esta vez no se iba a contener; estaba tratando con un monstruo de piel increíblemente dura.

—Antes de que empieces a lanzarme rayos como un loco —dijo Yuu, levantando la espada y apuntando al suelo—, hagamos esto formal.

Eres el hijo del Raikage, así que supongo que tu palabra vale algo.

El futuro Tercer Raikage, envuelto ya en los primeros chispazos de su Raiton no Yoroi, detuvo su avance, curioso por la audacia del joven.

—¿Formalidades?

—rugió A con una sonrisa feroz—.

Estás a punto de ser calcinado y quieres negociar.

Habla rápido, chico.

—Una petición —propuso Yuu, ladeando la cabeza—.

El que pierda deberá concederle un deseo al ganador.

Sin preguntas, sin excusas.

Si yo gano, me darás lo que busco.

Si tú ganas…

bueno, puedes quedarte con mi espada o con mi cabeza, lo que te divierta más.

A soltó una carcajada que hizo vibrar las rocas del valle.

La idea de que ese vago pudiera vencerlo le resultaba tan absurda que le pareció fascinante.

—¡Acepto!

—gritó el gigante rubio—.

Me gusta tu estilo.

Pero te advierto: mi deseo será que vuelvas a nacer para entrenar mil años más antes de volver a retarme.

¡Prepárate!

De repente, el Raikage flexionó las piernas.

El suelo bajo sus pies colapsó, creando un cráter de impacto.

—¡RAITON NO YOROI!

—el grito fue seguido por una explosión de luz azul eléctrica que iluminó todo el valle.

La velocidad de A se volvió instantáneamente supersónica.

Para un ojo normal, el Raikage simplemente había desaparecido.

Pero Yuu no estaba usando ojos normales.

Su Haki de Observación se activó, permitiéndole “ver” la intención del ataque antes de que el rayo recorriera la distancia.

Las pupilas de Yuu se dilataron debido a la carga del tipo.

Un destello azul apareció a la derecha de Yuu.

A lanzó un puñetazo cargado de electricidad capaz de pulverizar una muralla.

Yuu no retrocedió.

Con su espada imbuida en su poder, golpeó hacia el puño.

¡CLANG!

Yuu sintió la vibración del golpe; resonaba por la hoja de su espada, haciéndolo retroceder unos pasos.

El suelo bajo los pies de Yuu crujió, dejando dos surcos profundos mientras sus botas se enterraban en la roca para frenar el impulso.

El brazo que sostenía la espada hormigueaba; no solo por el impacto físico, sino por la electricidad estática que intentaba saltar desde el puño de A hacia su cuerpo, siendo repelida apenas por la capa de Haki que cubría el metal.

—¡Oh!

—exclamó el futuro Raikage, sus ojos brillando con una mezcla de sorpresa y deleite—.

¡Has bloqueado un golpe directo de mi velocidad máxima inicial!

No eres solo un bocazas, chico.

A no perdió un segundo.

En lugar de retroceder, aprovechó la cercanía para lanzar una ráfaga de golpes, cada uno imbuido con la potencia de un rayo cayendo desde el cielo.

Sus movimientos eran tan rápidos que las estelas azules de su armadura de Raiton dibujaban una red eléctrica en el aire.

Yuu, sin embargo, ya no estaba en modo “siesta”.

Su Haki de Observación trabajaba a plena potencia, mostrándole sombras de los ataques milisegundos antes de que ocurrieran.

Movía su espada corta con una eficiencia minimalista: un giro de muñeca aquí, un bloqueo angular allá, desviando la fuerza bruta en lugar de chocar contra ella frontalmente.

En el siguiente intercambio, Yuu no se limitó a bloquear.

Cuando el puño izquierdo del Raikage buscó su mandíbula, Yuu inclinó la cabeza apenas unos centímetros, sintiendo el calor del rayo rozándole la mejilla, y lanzó un contraataque.

Imbuyó más chakra y haki en la punta de su hoja, concentrando todo su poder en un solo punto, y lanzó una estocada hacia el hombro expuesto del gigante.

¡ZAS!

El sonido no fue el de metal cortando carne, sino el de una sierra eléctrica chocando contra una placa de acero.

La punta de la espada de Yuu logró penetrar la capa exterior de la armadura de rayo, emitiendo un chirrido insoportable y provocando una pequeña explosión de chispas.

A dio un salto hacia atrás, mirando el pequeño rasguño humeante en su piel.

Su sonrisa se volvió más salvaje, casi maníaca.

—¿Eso ha sido todo?

—rugió el Raikage, su chakra expandiéndose de forma masiva, haciendo que las piedras pequeñas a su alrededor comenzaran a flotar—.

¡Has logrado tocarme!

Pero si ese es el límite de tu “corte”, entonces esta pelea ya ha terminado.

¡Voy a mostrarte por qué mi cuerpo es llamado el escudo más fuerte!

El futuro Tercer Raikage extendió su mano derecha, juntando sus dedos en una formación de lanza.

El aire comenzó a zumbar con una frecuencia peligrosa.

—¡Jigokuzuki!

(Puñalada del Infierno) —anunció A—.

¡Veamos si tu espada negra puede detener mis cuatro dedos!

Yuu exhaló lentamente, relajando sus hombros.

Sabía que ese ataque era el principio del fin para cualquiera, pero era exactamente lo que necesitaba.

—Cuatro dedos, ¿eh?

—Yuu reajustó el agarre de su espada, la cual comenzó a emitir un aura oscura aún más densa—.

Me decepcionas.

Pensé que irías en serio y usarías solo uno.

El aire se fragmentó.

El zumbido de la Puñalada del Infierno no era un sonido, era una vibración que sacudía los órganos internos de Yuu.

A se lanzó hacia adelante, transformado en un cometa de plasma azul.

—¡CUATRO DEDOS!

—rugió el gigante.

Yuu apretó los dientes, su Haki de Observación gritando alarmas rojas en su mente.

Levantó su espada corta, imbuida en un negro azabache tan profundo que parecía devorar la luz de los rayos.

El choque inicial fue como si dos placas tectónicas colisionaran.

La onda de choque pulverizó el suelo en un radio de diez metros, levantando una cúpula de polvo y escombros.

Pero A no se detuvo.

Sus ojos brillaron con una determinación maníaca.

—¡Eres resistente, chico!

¡Pero veamos si aguantas la presión concentrada!

—En medio del empuje, A encogió dos dedos, concentrando todo el flujo de su chakra Raiton en solo la mitad de la superficie—.

¡¡DOS DEDOS!!

En ese instante, Yuu lo comprendió.

La “monstruosidad” del futuro Raikage no radicaba solo en su fuerza, sino en una densidad de energía que desafiaba toda lógica.

El Haki de Armadura de Yuu, que hasta ahora había sido impenetrable, empezó a emitir un sonido de cristal rompiéndose.

La hoja de su espada, su fiel compañera, comenzó a ponerse al rojo vivo bajo la presión del rayo concentrado.

—Mierda…

—susurró Yuu.

¡¡CRACK!!

El acero imbuido en Haki no pudo más.

La espada estalló en mil fragmentos negros que volaron en todas direcciones como metralla.

El impacto restante de los “Dos Dedos” golpeó a Yuu de lleno en el pecho, justo donde había concentrado el resto de su Haki defensivo.

El mundo se volvió un borrón de velocidad y dolor.

Yuu salió disparado hacia atrás como si hubiera sido golpeado por un tren de carga.

Atravesó el aire, rompiendo la barrera del sonido, y chocó violentamente contra uno de los pilares de piedra negra.

El impacto fue tan brutal que la roca de diez metros de ancho se partió por la mitad, colapsando sobre él en una nube de ceniza y escombros.

El silencio volvió al valle, solo roto por el crujir de la electricidad estática que aún emanaba del cuerpo de A.

Bajo los escombros, Yuu intentó respirar.

Cada costilla parecía haber cambiado de lugar y el sabor metálico de la sangre inundaba su boca.

Sentía el peso real de la muerte.

El Raikage no era un ninja más.

Era una fuerza de la naturaleza con piernas.

A caminó lentamente hacia los escombros, su armadura de rayo aún chispeando suavemente.

No tenía ni un rasguño serio, solo el pequeño corte en el hombro de antes.

—Levántate —dijo A, su voz ahora despojada de burla y cargada de una seriedad mortal—.

Sé que no has muerto.

Alguien con esas extrañas técnicas no cae tan fácil.

Levántate y dime…

¿Vale la pena morir por una petición?

Una mano ensangrentada emergió de entre las piedras rotas.

Yuu, tambaleándose y con la ropa hecha jirones, se puso en pie.

Sus ojos estaban inyectados en sangre, pero había una chispa nueva en ellos: un respeto absoluto por el monstruo que tenía delante.

—Haber roto mi espada…

—Yuu escupió un coágulo de sangre y sonrió de forma salvaje, ignorando el dolor punzante—.

Eso te va a salir muy caro, Rayo-san.

———————————————————— Yuu emergió de los escombros con la respiración entrecortada.

El silencio del valle era sepulcral, solo interrumpido por el goteo de su propia sangre sobre las piedras calientes.

Miró el mango de su espada, roto y vacío.

La hoja que debía ser indestructible había desaparecido bajo la presión de esos dos dedos.

—Así que esto es un Kage…

—murmuró Yuu, limpiándose la boca con el dorso de la mano.

No había trucos visuales, ni transformaciones llamativas.

La Puñalada del Infierno era simplemente pureza técnica y una densidad de chakra que aplastaba cualquier defensa.

De repente, su sangre empezaba a calentarse rápidamente con violencia; su habilidad Berserker estaba despertando.

Lo observaba desde el centro del cráter, su figura vibrando en un azul eléctrico que distorsionaba la imagen a su alrededor.

—Tu cuerpo…

—dijo el Raikage, genuinamente intrigado—.

No usaste un jutsu de tierra, ni vi sellos.

Simplemente te volviste duro como el diamante por un instante.

¿Qué clase de técnica oculta es esa?

Lograste que mis dos dedos no atravesaran tu corazón; solo te enviaron a volar.

Eres el primer hombre de tu edad que no muere al primer contacto.

Yuu no respondió.

No podía explicarle qué era el haki, ni que en ese último segundo había concentrado cada gota de su voluntad invisible para evitar que su pecho colapsara.

El ambiente en el valle cambió de golpe.

Ya no era solo el olor a ozono del Raikage lo que dominaba el aire; ahora, una presión sofocante y salvaje emanaba de Yuu.

Sus músculos se tensaron, sus venas se marcaron como raíces bajo la piel y sus ojos perdieron esa neblina de pereza para llenarse de un brillo carmesí.

Yuu soltó el mango roto de su espada.

No la necesitaba.

Sus manos, ahora imbuidas en ese poder invisible que el Raikage no podía ver pero sí sentir como una amenaza física, se cerraron en puños.

—Oye, Rayo-san…

—La voz de Yuu salió más grave, distorsionada por la adrenalina—.

Prepárate.

Ya no estoy jugando a ser ninja.

En un parpadeo, Yuu desapareció.

No fue un destello de rayo, fue un estallido de velocidad pura usando el Soru.

El suelo donde estaba parado estalló bajo la presión de sus pies.

A abrió los ojos de par en par.

Apenas tuvo tiempo de cruzar los brazos cuando Yuu apareció frente a él.

Yuu cambió su dirección en el aire, pateando el vacío como si fuera una plataforma sólida, y cayó sobre el Raikage desde un ángulo imposible.

Yuu lanzó una patada cortante.

El aire comprimido salió disparado como una hoja de guadaña invisible, chocando contra la Armadura de Rayo con tal fuerza que obligó al gigante a retroceder.

El Raikage rugió, emocionado por el repentino aumento de nivel.

—¡ESO ES!

¡DAME MÁS!

A se lanzó con un golpe directo, pero Yuu se balanceó como una hoja al viento.

Su cuerpo se volvió fluido, esquivando el puño del Raikage por milímetros, dejando que la electricidad le rozara la piel sin tocarlo.

Aprovechando la apertura, Yuu tensó cada fibra de su ser.

Todo el poder de su estado Berserker y su Haki de Armadura se concentró en sus dedos índice y corazón, endureciéndolos más que cualquier acero de Kumo.

—¡Shigan!

—Yuu lanzó su dedo como una bala directamente hacia el mismo punto donde su espada había hecho un rasguño anteriormente.

¡BOOM!

El impacto no sonó como un golpe, sino como una explosión controlada.

El dedo de Yuu, potenciado por la técnica de la Marina y su voluntad invisible, penetró la capa de Raiton, golpeando la piel de bronce del Raikage.

La onda de choque interna hizo que el gigante soltara un gruñido de dolor real.

El estruendo del choque inicial todavía resonaba en las paredes del valle cuando el Raikage estabilizó su postura, ignorando el agujero sangrante en su hombro.

El ataque de Yuu lo había herido, algo que consideraba casi imposible, pero en lugar de detenerlo, solo había servido para alimentar el incendio forestal que era su espíritu de lucha.

Yuu, en pleno estado Berserker, respiraba como un animal herido.

El Rokouogan era una técnica que aún estaba fuera de su alcance; lo que había lanzado era una versión cruda, una explosión desesperada de fuerza física y Haki que le había dejado los tendones de los brazos gritando de agonía.

—¡JIGOKUZUKI!

¡IPPON NUKITE!

—rugió el futuro Raikage, lanzándose con su técnica definitiva de un solo dedo.

Yuu no pudo bloquearlo.

Usó el Soru en un movimiento de puro instinto, pero la velocidad de A era superior.

El dedo del Raikage no le atravesó el corazón, pero rozó su costado, arrancando carne y quemando los músculos con la electricidad residual.

—¡Gwaaaah!

—Yuu soltó un grito gutural, pero en lugar de retroceder, la furia Berserker lo empujó hacia adelante.

Lo que siguió no fue una danza de ninjas, sino una carnicería reñida y desesperada.

Yuu usaba el Tekkai para endurecer sus músculos en el microsegundo del impacto, combinándolo con su Haki invisible para no ser desmembrado por los puñetazos de A.

El Raikage, por su parte, era una muralla de bronce electrificado.

Yuu conectaba golpes de Shigan en las articulaciones de A y patadas de Rankyaku a quemarropa, intentando encontrar una fisura en esa armadura perfecta.

¡BAM!

¡CRACK!

¡BOOM!

Cada intercambio era una derrota parcial para Yuu.

La diferencia de edad y experiencia era un abismo.

A tenía poco más de veinte años, estaba en la cúspide de su vitalidad física y poseía reservas de chakra que Yuu no podía igualar.

El Raikage le hundió un puñetazo en el estómago que le hizo vomitar sangre; Yuu respondió con un cabezazo imbuido en Haki que hizo crujir el tabique del gigante.

A le barrió las piernas con una patada que habría cortado un árbol de raíz; Yuu usó el Geppo para impulsarse en el aire y caer con un codazo descendente que agrietó el suelo bajo el Raikage.

—¡Eres persistente, mocoso!

—rugió A, con la cara manchada de sangre y sudor, pero con una energía que parecía no tener fin—.

¡Pero tus fuerzas se agotan!

¡Tus golpes ya no tienen el mismo peso!

Era verdad.

Yuu sentía que sus pulmones ardían.

El estado Berserker mantenía su cuerpo en movimiento, pero el daño se estaba acumulando.

Sus brazos temblaban y el Haki invisible se volvía cada vez más difícil de mantener.

Estaba peleando contra un hombre que, años más tarde, sería capaz de enfrentarse solo a diez mil ninjas.

En un último intercambio frenético, A logró atrapar a Yuu por el cuello de su ropa destrozada y lo estampó contra el suelo, levantando su mano con el dedo índice cargado de una luz azul cegadora.

—Se acabó —sentenció el Raikage, jadeando—.

Tu voluntad es asombrosa, pero tu cuerpo ha llegado al límite.

Yuu, tirado en el cráter, con un ojo cerrado por la hinchazón y la sangre cubriéndole el rostro, soltó una risa ronca que terminó en un ataque de tos.

A pesar de estar inmovilizado, a pesar de la derrota inminente, sus dedos se cerraron sobre la muñeca del Raikage.

—Te dije…

—susurró Yuu, su mirada Berserker parpadeando mientras recuperaba un poco de su lucidez perezosa— que si te hacía arrodillarte…

yo ganaba.

A frunció el ceño, a punto de asestar el golpe final, cuando de repente sintió que su pierna izquierda fallaba.

La acumulación de los impactos internos (Ryuou) que Yuu había logrado filtrar a través de sus técnicas de la Marina finalmente surtió efecto.

Los vasos sanguíneos en su rodilla estallaron por la presión interna acumulada.

El futuro Tercer Raikage, el hombre que nunca se doblaba, hincó una rodilla en el suelo con un sonido seco, quedando a escasos centímetros de la cara de Yuu.

El silencio volvió al valle.

Ambos estaban exhaustos, destrozados y cubiertos de polvo.

El Raikage miró su rodilla en el suelo, luego miró al chico que apenas podía mantener los ojos abiertos.

—Maldita sea…

—murmuró A, soltando el agarre de Yuu y sentándose pesadamente sobre sus talones—.

Realmente lo lograste, mocoso.

El intercambio de golpes se volvió una danza macabra de resistencia pura.

Yuu ya no sentía el dolor; el estado Berserker había convertido sus receptores nerviosos en una bruma de estática y adrenalina.

Cada vez que el Raikage lanzaba un puñetazo que rompía la barrera del sonido, Yuu respondía con un Tekkai desesperado, dejando que sus huesos crujieran bajo la presión solo para poder devolver un golpe de Shigan que desgarraba la piel de bronce de A.

—¡Aún no!

¡Aún no caes!

—rugía el futuro Raikage, cuya armadura de rayo empezaba a parpadear, agotada por la intensidad del combate.

Acorralado contra un muro de roca sólida, Yuu vio venir el final.

El Raikage concentró su chakra una vez más en un solo punto, su dedo índice brillando con una intensidad blanca que prometía borrar cualquier cosa que tocara.

No había espacio para el Soru, no había energía para el Geppo.

Yuu estaba atrapado.

—¡JIGOKUZUKI!

¡IPPON NUKITE!

—el grito de A fue el heraldo de la muerte.

El dedo del Raikage se lanzó hacia el pecho de Yuu.

Pero en ese último milisegundo, Yuu no intentó esquivar.

Sus ojos brillaron con una claridad fría y letal.

La sangre que Yuu había perdido durante toda la pelea, que cubría su costado y el suelo a su alrededor, de repente vibró bajo una frecuencia de chakra que el Raikage no reconoció.

—Mokuton…

—susurró Yuu con los pulmones llenos de sangre.

La sangre esparcida a su costado reaccionó a su poder, creando una red de raíces que no solo desviaron ligeramente el cuerpo de A, sino que le dieron a Yuu el punto de apoyo necesario para realizar el giro.

Inyectando cada gota de su haki restante y el chakra que le quedaba en la espada familiar que había secretamente sacado de su inventario, Yuu ejecutó la técnica más bella y letal que su maestra, Yugao Uzuki, le había enseñado.

—Danza de la Media Luna[1] —exclamó Yuu, pero en una versión adaptada a su fuerza bruta actual.

La espada no trazó una línea recta; dibujó un arco perfecto, una media luna plateada y negra que brilló con una luz espectral en medio de la oscuridad del valle.

La hoja chocó directamente contra el lateral del dedo índice del Raikage, la punta misma de la Puñalada del Infierno.

¡¡CLANG-ZAS!!

El sonido fue un chirrido metálico que desgarró los oídos.

La técnica de Yugao, diseñada para la precisión, fue potenciada por el peso de la espada medieval y la dureza del Haki de Yuu.

La colisión de energías generó una onda de choque expansiva que agrietó el muro de piedra detrás de Yuu.

La espada medieval aguantó el impacto lo suficiente para desviar la trayectoria del dedo de A.

El Raikage, cuyo impulso era absoluto, vio cómo su propio ataque pasaba a centímetros del corazón de Yuu, mientras la hoja del chico dejaba un tajo profundo en la base de su mano y el antebrazo.

El impulso, sumado al enredo de las raíces de Mokuton en sus pies, fue demasiado incluso para el futuro Raikage.

A perdió el equilibrio y su cuerpo, una masa de músculos y electricidad, se estrelló contra el suelo.

Al intentar reincorporarse, sus fuerzas fallaron.

El daño interno del Ryuou, el corte de la Media Luna y la fatiga extrema hicieron que sus músculos colapsaran.

Con un estruendo pesado, el Raikage hincó la rodilla en el suelo, apoyándose en su mano herida para no caer de bruces.

Yuu se dejó caer, sentado contra la roca, su espada medieval desapareciendo de nuevo en su inventario mientras sus manos temblaban violentamente.

La sangre corría libre por su hombro, pero su mirada, recuperando la lucidez perezosa tras el frenesí berserker, se clavó en el gigante arrodillado.

—Técnica de Konoha, madera de los Senju y una voluntad que no debería pertenecer a un vago…

—jadeó el Raikage, mirando su mano ensangrentada y la rodilla que tocaba la tierra—.

Me has engañado bien, chico.

Esa última danza…

fue hermosa.

Yuu tosió, escupiendo sangre, pero mantuvo la sonrisa.

—Te dije que…

te saldría caro romper mi otra espada.

Estás de rodillas, Rayo-san.

Una apuesta es una apuesta.

A cerró los ojos, soltando un suspiro de agotamiento y respeto.

Se sentó sobre sus talones, permitiendo que su Raiton no Yoroi se apagara por completo.

—Hecho.

Tienes mi palabra y mi respeto —dijo A, mirando al sol que finalmente coronaba los picos del valle—.

¿Qué es lo que quieres de mí?

1: Corte de media luna o danza de media luna; cualquiera es válida.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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