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Mi sistema poco útil en naruto(Versión español) - Capítulo 444

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  4. Capítulo 444 - 444 Capítulo 441 Capítulo 441 Una deuda para el futuro
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444: Capítulo 441: Capítulo 441: Una deuda para el futuro 444: Capítulo 441: Capítulo 441: Una deuda para el futuro El futuro Raikage levantó la mirada, limpiándose la sangre de la mejilla.

Sus ojos ya no mostraban la furia del combate, sino la curiosidad de un guerrero que acaba de encontrar un enigma.

—¿Y bien?

—preguntó A, su voz todavía ronca por el esfuerzo—.

Tienes al próximo líder de Kumo a tus pies.

¿Qué es lo que deseas?

¿Poder?

¿Riqueza?

¿Mi cabeza en una bandeja?

Yuu soltó una risa seca que terminó en una mueca de dolor al sentir sus costillas fracturadas.

Cerró los ojos un momento, dejando que su estado berserker se desvaneciera por completo, trayendo de vuelta la familiar y pesada fatiga.

—Guárdala —murmuró Yuu—.

Por ahora, no quiero nada.

Considéralo una deuda.

Te pediré ese favor en el futuro, cuando realmente lo necesite.

Un hombre como tú no olvidará una promesa, ¿verdad?

El Raikage se quedó atónito por un segundo, para luego soltar una carcajada que resonó en todo el desfiladero.

—¡Tienes agallas, mocoso!

Dejas que el Rayo te deba un favor.

Muy bien…

Mi nombre es A.

Búscame cuando estés listo para cobrarlo.

Sin embargo, la próxima vez que nos veamos, no esperes que mi rodilla toque el suelo tan fácil.

Yuu solo levantó una mano en señal de despedida mientras comenzaba a alejarse con paso vacilante, dejando al futuro Raikage solo con sus pensamientos y un valle destrozado.

El último adiós en el Distrito Tres horas después, Yuu llegó a los límites del distrito comercial, justo donde la civilización empezaba a mezclarse con el barro.

Rinzu estaba allí, apoyada contra un poste, mordiéndose las uñas con ansiedad.

Al ver aparecer la silueta ensangrentada y tambaleante de Yuu, corrió hacia él.

—¡Estás vivo!

—exclamó ella, deteniéndose justo antes de tocarlo al ver el estado de su hombro—.

Por los dioses, Yuu…

pareces un trapo viejo que ha pasado por una picadora de carne.

¿Qué pasó?

¿El Raikage te usó de saco de boxeo?

—Digamos que intercambiamos puntos de vista —respondió Yuu con una sonrisa cansada—.

Escucha, Rinzu…

me largo.

Fue un placer que me estafaras con las brochetas de carne de rata.

Rinzu frunció el ceño, sus ojos mostrando una chispa de tristeza que intentó ocultar rápidamente.

—¿Te vas?

¿Así, sin más?

Ni siquiera has cobrado el premio de la administración.

—Ese premio ya lo cobré en el valle —dijo Yuu, dándose la vuelta—.

Cuídate, Rinzu.

No dejes que los administradores te pisen.

Tienes demasiado talento para este agujero.

Sin esperar respuesta, Yuu siguió caminando hacia el bosque denso que rodeaba el territorio.

Sabía que su tiempo en esta época estaba llegando a su fin.

El regreso al presente A medida que se alejaba de la vista de Rinzu, la marca en su muñeca empezó a brillar con un azul eléctrico, similar al Raiton que casi lo mata, pero mezclado con una energía espacial mucho más densa; se abrió un portal.

El dolor de sus heridas pareció intensificarse por un segundo antes de que el mundo se volviera blanco.

… Un parpadeo después, el aire gélido de las montañas de Kumo fue reemplazado por el aroma familiar a humedad y vegetación.

Yuu cayó de rodillas, golpeando el suelo con un sonido seco.

Estaba de vuelta en el mismo lugar exacto de donde se había marchado, en su línea temporal original.

Estaba solo, herido y al borde del desmayo, pero con una certeza en el pecho: ahora tenía una carta bajo la manga que nadie en su presente podía prever.

—He vuelto…

—susurró Yuu antes de mirar hacia los alrededores, confirmando que estaba en su casa, admirando los alrededores.

Yuu se sentía bastante cansado, pero aún con energía, así que salió hacia afuera para familiarizarse nuevamente con el ambiente que había olvidado.

Al salir afuera y caminar por la calle, respiro el aire de Konoha, sintiéndome vivo nuevamente.

‘Joder, no pensé que iba a extrañar este lugar alguna vez en mi vida; creo que voy a retirar mis pensamientos de mudarme a la aldea de la lluvia algún día…’.

Por supuesto, mientras Yuu pensaba en cosas sin relevancia, ignoró un punto importante: en todo el trayecto de pelear hasta estar al borde de morir, correr a despedirse de Rinzu y luego aun así seguir caminando como si nada, su cuerpo está literalmente al límite, ya que lo único que lo mantiene ignorante de esas sensaciones es su habilidad Berserker, que lo hace no sentir nada, pero todo tiene un final y es así como llega este final con la sangre apagándose finalmente.

De repente, Yuu siente como el mundo da vueltas por un parpadeo; al instante siguiente, de repente, su visión está pegada a la tierra y su mente parece olvidar el mundo.

‘Que…’ El silencio de la calle fue interrumpido únicamente por el golpe seco del cuerpo de Yuu contra el suelo.

En el momento en que el efecto de la habilidad Berserker se disipó por completo, la realidad física le pasó factura con la fuerza de un impacto de nivel Kage.

Las endorfinas y la rabia ciega que habían mantenido sus músculos en movimiento desaparecieron, dejando que el dolor de los huesos fracturados, la carne carbonizada por el rayo y el agotamiento extremo de chakra inundaran su sistema nervioso de golpe.

… De repente, Yuu cobra conciencia nuevamente al ver un techo blanco.

El techo blanco del Hospital de Konoha parecía vibrar ante los ojos de Yuu.

El olor a antiséptico y medicamentos era tan fuerte que logró disipar la última bruma de su inconsciencia.

Intentó mover la mano, pero la sintió pesada, como si estuviera anclada al colchón por toneladas de plomo.

Yuu soltó un quejido sordo.

Todo su cuerpo se sentía como si hubiera sido masticado por un Bijū y luego escupido.

—Despertó…

¡El paciente del cuarto 402 ha despertado!

—gritó una enfermera que acababa de entrar a revisar sus constantes.

En menos de un minuto, el sonido de pasos pesados y decididos retumbó en el pasillo.

La puerta se abrió de par en par con tal violencia que el pomo golpeó la pared.

Tsunade entró primero, con el rostro endurecido.

Al ver a Yuu despierto, un sentimiento de alivio cruzó su corazón y casi olvidó su ira por un segundo, casi.

—Tú…

—La voz de Tsunade era un susurro peligroso—.

¿Tienes alguna idea de la movilización que causaste?

Yuu intentó sonreír, pero solo logró una mueca de dolor.

—Hola, vieja…

digo, Lady Tsunade.

¿Interrumpí su papeleo?

—¡No me vengas con bromas, mocoso!

—estalló la Sannin, acercándose a la cama y revisando los vendajes de su hombro—.

Te desapareciste durante dos semanas bajo la excusa de un “aislamiento de meditación”.

Y de repente, apareces en medio de la calle, a plena luz del día, con el cuerpo destrozado por quemaduras.

—¡Lady Tunade, tranquilícese, Yuu todavía no se ha recuperado; si lo agita así, podría abrir sus heridas!

Shizune, que estaba detrás de ella, intenta calmar a Tsunade.

—Silencio, Shuzune, si no fuera por eso, ya habría mandado a volar a este rebelde insensato.

En la mirada de Tsuande había varias emociones mezcladas; en ella estaba la ira contenida y la preocupación.

Aunque su ira era más notable, creo que si Yuu se hubiera presentado sano, entonces Tsunade lo habría enviado a volar directo al hospital.

— Después de varios minutos siendo regañado por Tsunade, esta finalmente se calmó un poco.

—Jovencito, será mejor que me tengas listo un reporte explicando tu ausencia y tu estado actual; mañana, mañana estarás de alta, así que te quiero a primera hora en mi oficina.

—?!—Yuu mira perplejo.

—Señora Tsuande, ¿pero no era una semana?—!

—Silencio, Shizune, he dicho mañana.

—La mirada de Tsunade se tornó oscura mientras miraba a Shizune y luego a Yuu.

—¿Ha quedado claro?

Yuu solo pudo encogerse temeroso; conocía esa mirada —trabajo de oficina—.

—Sensei, entiendo lo que dice, pero ¿no es demasiado precipitado?—!

—NI una palabra más, ese ni siquiera es tu castigo; aunque no lo creas, estás en serios problemas, jovencito, así que disfruta tu tiempo de hoy.

Con eso dicho, Tsunade se dio la vuelta sin escuchar cualquier otra palabra de Yuu.

Shizune miró a Yuu con una mezcla de lástima y resignación antes de seguir apresuradamente a la Sannin, dejando la habitación sumida en un silencio que pesaba más que las vendas en su cuerpo.

Yuu se dejó caer contra la almohada, soltando un suspiro que le hizo doler hasta el último nervio.

—Se acabó —murmuró con voz ronca—.

Esa mujer es un demonio.

Sabe perfectamente que el trabajo de oficina me mata más rápido que cualquier otra cosa; siendo así, creo que prefiero regresar un rato…

Antes de que pueda completar su frase, de repente escucha algunas otras voces familiares; varios de sus conocidos empezaron a llegar rápidamente.

… Cuando la última puerta se cerró y el hospital quedó sumido en ese silencio sepulcral de medianoche, Yuu se quedó mirando las sombras que bailaban en el techo.

‘Joder…’ Pensó, soltando un suspiro largo que le hizo arder el pecho.

Este lugar es mucho más peligroso que el pasado.

Al menos el Raikage solo quería matarme; estas mujeres quieren mi tiempo, mi energía y, probablemente, mi cordura’.

Yuu miró sus manos vendadas.

En el pasado, bajo el estado Berserker, se sentía invencible, una máquina de combate que no necesitaba a nadie.

Pero ahora, rodeado de los restos de fruta que trajo Naruko y el olor a las flores de Ino, la realidad del “presente” lo golpeaba de forma distinta.

‘He pasado meses peleando contra una leyenda, viendo sangre y barro…

y vuelvo aquí para ser regañado por una rubia con problemas de apuesta y perseguido por una pelinegra obsesiva.’ Se rio débilmente, aunque el gesto le dolió.

Se dio cuenta de que, por mucho que se quejara de lo “agotador” que era mantener tantas relaciones y lo mucho que deseaba mudarse a la Aldea de la Lluvia para que lo dejaran en paz, había algo en Konoha que no encontraba en ningún otro lugar.

Era una calidez irritante, una red de personas que, por alguna razón estúpida, lo consideraban importante.

‘Seis meses en el pasado para sobrevivir a un solo dedo…

y ahora tengo que sobrevivir a una oficina llena de papeles.’ Yuu cerró los ojos, sintiendo el peso de su propia hipocresía.

—Digo que soy un vago, pero mírame…

estoy metido hasta el cuello en este mundo.

Supongo que si voy a ser un vago, tendré que ser el vago más fuerte de todos, solo para que me dejen dormir una siesta en paz algún día.

Sus ojos se nublan por unos instantes, recordando todos sus planes.

‘Aunque parece ser que tengo mucho camino por delante’.

Justo cuando Yuu se preparaba para descansar, su cuerpo recibe una última visita inesperada.

—¿Maestra?

Yugao, que vestía ropa casual, aparece como un fantasme frente a Yuu.

Yugao no respondió de inmediato.

Se quedó de pie junto a la ventana, permitiendo que la luz de la luna bañara su silueta.

No llevaba su uniforme de ANBU ni su máscara de porcelana; en su lugar, vestía un kimono sencillo que la hacía lucir menos como una letal ejecutora y más como la mujer que cargaba con el peso de la preocupación por su único y problemático discípulo.

—Aún no estás dormido —dijo ella en un susurro, rompiendo el silencio.

Su voz no tenía la dureza de Tsunade.

Yuu intentó enderezarse, pero el dolor le recordó que aún no se había sanado por completo.

—Maestra…

Yugao se acercó a la cama con pasos insonoros.

Se sentó en la silla que Naruko había dejado desordenada y miró fijamente las manos vendadas de Yuu.

Por un momento, el silencio fue denso, cargado de preguntas que Yuu no quería responder.

Yugao, al ver a su discípulo, nuevamente podía fácilmente captar los cambios pequeños que este tenía.

—Veo que tuviste una travesía bastante ajetreada.

—… Yuu se quedó en silencio, sintiendo cómo el aire en la habitación se volvía más pesado.

No podía ocultárselo a ella; Yugao era una experta en rastreo y lenguaje corporal, y lo conocía lo suficiente como para notar que incluso la forma en que sus hombros reposaban sobre la almohada había cambiado.

—No sé de qué habla, maestra —intentó Yuu, usando su tono de voz más perezoso, pero su voz sonó más grave y áspera de lo habitual—.

Solo fue una meditación que se salió de control…

ya sabe, lo de siempre.

El Sistema…

quiero decir, mi flujo de chakra me jugó una mala pasada.

Yugao dejó escapar un suspiro suave, extendiendo una mano para acomodar uno de los vendajes que se había aflojado en la muñeca de Yuu.

Sus dedos rozaron la piel y Yuu no pudo evitar un ligero estremecimiento.

—No me mientas, Yuu —dijo ella, mirándolo directamente a los ojos tranquilos, pero había una emoción inexplicable en ellos.

Ella hizo una pausa, bajando la vista hacia la cicatriz que asomaba por el vendaje del hombro.

—Esa herida…

no es de una mala circulación de chakra.

Es de alguien que intentó perforarte el corazón.

¿Quién fue, Yuu?

¿A quién te enfrentaste en ese lugar al que fuiste?

Yuu apretó la sábana con su mano sana.

Por un momento, la imagen del joven Raikage rugiendo entre relámpagos cruzó su mente.

Sería mentir si dijera que eso fue una pelea fácil, ya que la razón por la que derrotó al Raikage fue porque este se descuidó bastante.

Si este tipo no fuera tan descuidado, entonces Yuu realmente no lo habría contado, ya que estaba superado en prácticamente todo: fuerza, ataque; lo único que lo mantenía al mismo nivel del Raikage era su dureza y habilidades.

—Es solo un intento de crear una habilidad maestra; me salió mal; parece que no podré hacer esto por un buen tiempo.

Yugao no apartó la mirada.

A pesar de que la explicación de Yuu sonaba lógica dentro de la imprudencia habitual de un ninja que busca superarse, claramente Yuu venía de una pelea; Yugao podía reconocer fácilmente; no cualquiera que hubiera peleado contra ciertos tipos de usuarios de Raiton podría reconocer qué tipo de ataque causaron esas heridas.

Aunque de igual forma no importaba, Yuu se negaba a hablar del tema, negándolo por todos los medios; ella no forzaría el tema, pero no podía dejar libre a Yuu nuevamente.

—Tienes prohibido hacer nuevas ‘sesiones’, Yuu —sentenció ella, su voz ganando una firmeza que no admitía réplicas.

Al ver la expresión de su maestra, Yuu entendió algo de los pensamientos, al parecer.

Casi medio muerto, claramente no iba a gustarles a sus maestras.

Yuu soltó un suspiro de resignación, sintiendo cómo sus planes de seguir explorando los eventos del pasado se desvanecían bajo la vigilancia de Yugao, al menos por un tiempo.

—Entiendo, maestra…

pero no hacía falta ponerse tan seria —murmuró Yuu, intentando restarle importancia, aunque por dentro sabía que esta vez no se libraría tan fácil.

—Me pongo seria porque no quiero tener que visitar tu tumba antes de que cumplas los veinte —respondió ella, suavizando un poco el tono, pero sin quitar la mano de su hombro—.

Mañana, cuando vayas a la oficina, no intentes ser listo con Tsunade.

Yugao se puso de pie, su figura recortada contra la luz de la luna.

Antes de retirarse, se inclinó ligeramente hacia él, dejando que el aroma de su perfume —una mezcla de flores silvestres y acero— invadiera los sentidos de Yuu por un instante.

—Descansa.

Tienes mucho trabajo por delante si quieres recuperar mi confianza…

y la paciencia de la Hokage.

Con un movimiento fluido, Yugao se retiró de la habitación, dejándolo solo con sus pensamientos y el recordatorio constante del dolor en su hombro.

—Maldita sea, la maestra es tan hermosa que siempre me hace sentirme avergonzado de mis pensamientos… —murmura Yuu.

—Ya puedes salir, ya se fue.

Habla Yuu, habiendo sido consciente de la presencia de otra persona gracias a su haki.

De las sombras proyectadas por las cortinas, una silueta se separó de la oscuridad con una lentitud casi depredadora.

El brillo de la luna golpeó los lentes oscuros, revelando a Sayuki.

Había estado allí todo el tiempo, oculta en un punto ciego, observando la interacción entre el discípulo y la maestra con el silencio de un espectro.

Lo más seguro es que Yugao ya sabía de ella desde hace tiempo, pero si no dijo nada, es porque no le importó en lo más mínimo, probablemente debido a que Sayuki era la compañera directa de Yuu.

—Tienes una buena percepción —dijo Sayuki, su voz arrastrando una nota de frialdad que contrastaba con el calor que Yugao había dejado en la habitación.

Puede que otros no lo noten, pero para Sayuki es algo así como un sentimiento que puede sentir.

El hecho de estar tanto tiempo con Yuu parece haberle dado la capacidad de sentir cuando Yuu se volvía más fuerte o más débil, ya que, aunque Yuu ahora aparezca, está bastante lamentable; Sayuki puede sentirlo.

Desde el momento en que vio a Yuu, ella pudo entenderlo todo; de repente, una emoción inexplicable hizo que su corazón latiera un poco más rápido antes de calmarse.

—Te has vuelto fuerte.

—Fuerte, ¿eh?

—Yuu soltó una risa seca que le provocó una puntada de dolor en las costillas—.

Mírame, Sayuki.

No puedo ni levantarme para ir al baño sin que parezca que me han atropellado tres invocaciones de sapos.

Si esto es ser fuerte, prefiero ser el vago de siempre.

Yuu trata de sacar algo de conversación para aligerar el ambiente.

—Bueno, espero comprobar eso en nuestra siguiente cita; de todos modos, me lo prometiste.

Ella se acomoda ligeramente los lentes.

De repente, Yuu sintió la familiar aura de pelea que tenía Sayuki.

—Ah, eso… Yuu, aprecio recordar; para él, de hecho, fue un evento que pasó hace como más de medio año atrás, pero lo recuerda.

Sayuki se acercó un paso más, quedando justo al borde de la luz que proyectaba la lámpara de noche.

El aura de pelea que emanaba de ella era como una presión física, una vibración que el Haki de Yuu detectaba con una claridad alarmante.

No era una intención asesina vulgar; era la impaciencia de alguien que ha encontrado un tesoro y no puede esperar a abrirlo.

—Esperaré —respondió ella, y por primera vez, su voz no sonó tan fría, sino cargada de una expectación casi eléctrica—.

Pero no tardes demasiado.

Con un movimiento casi invisible, Sayuki desapareció, dejando a Yuu sumido en un silencio absoluto.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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