Mi sistema poco útil en naruto(Versión español) - Capítulo 445
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445: Capítulo 442: Informe.
445: Capítulo 442: Informe.
El sol de la mañana entraba por los amplios ventanales de la oficina del Hokage, pero para Yuu, esa luz solo servía para resaltar las partículas de polvo que flotaban sobre las montañas de papeles.
El silencio era denso, interrumpido únicamente por el ras-ras rítmico de la pluma de Tsunade y el sonido ocasional de ella sorbiendo café con una intensidad que sugería que preferiría estar bebiendo sake para no perder los estribos.
Yuu, sentado en una silla plegable frente al escritorio, sostenía un fajo de hojas con una desgana que rozaba lo ofensivo.
—Maestra —rompió Yuu el silencio, dejando caer el informe sobre la mesa—.
¿De verdad es necesario que yo haga esto?
Creo que podría simplemente decírselo directamente a usted en vez de estar escribiéndolo, perdiendo el tiempo.
Tsunade detuvo su pluma.
Lentamente, levantó la mirada.
Si los ojos dorados pudieran lanzar proyectiles, Yuu ya tendría varios agujeros en el pecho.
—Escribirlo es el menor de tus castigos, Yuu —dijo ella, con una voz peligrosamente baja—.
¿Tienes idea de lo que causó tu pequeña “escapada espiritual”?
Tuve que enviar a un grupo de Chūnins que acababan de regresar de una misión de escolta.
Estaban agotados, Yuu.
Por tu culpa, ese grupo de desafortunados tuvo que trabajar doble turno.
—¿Otra vez?
Pero si usted sabía que iba a regresar de todos modos, no creo que hubiera hecho falta enviar al grupo de Shikamaru de nuevo para buscarme; de todos modos, no es que hubiera desertado o algo así.
De repente, una vena se abulta en la cien de Tsunade; para este mocoso es fácil decirlo.
—Respiración profunda— No voy a explicar nuevamente cuáles son los protocolos cuando un ninja en servicio se ausenta por mucho más tiempo del que debía, pero estoy segura de que me darás una buena explicación de por qué tuvimos que hospitalizarte.
—Pero le dije— —Ni una palabra más, termina tu informe y ya luego me dices.
Yuu sintió un escalofrío al ver cómo la vena en la frente de Tsunade latía con el ritmo de una bomba de tiempo.
Sabía que un paso en falso más y el escritorio —o su cara— terminaría incrustado en la pared opuesta.
Con un suspiro de pura resignación, bajó la mirada al papel en blanco.
Yuu comenzó a escribir, haciendo que el sonido de su pluma se uniera al de Tsunade.
En su mente, las imágenes de su duelo con A seguían frescas, pero en el papel, la historia era otra.
“…el aislamiento en la cueva de las Montañas del Norte fue necesario para la purga de residuos de chakra inestables.
Durante el día 10, la compresión de energía alcanzó un punto crítico, lo que provocó una descarga eléctrica interna de alto voltaje (explicación de las quemaduras de Raiton).
Debido al estado de trance meditativo, perdí la noción del paso del tiempo externo, asumiendo que solo habían transcurrido 48 horas…” ‘Joder, hasta yo me estoy aburriendo de leer esto’, pensó Yuu, sintiendo cómo su propia mentira le daba sueño.
Tsunade, mientras tanto, seguía sellando documentos con una fuerza innecesaria.
El aire en la oficina estaba tan cargado que incluso Shizune, que acababa de entrar con más informes, se mantuvo pegada a la pared, caminando de puntillas para no atraer la atención de la “bestia”.
—Lady Tsunade…
—susurró Shizune, dejando una pequeña nota sobre el escritorio—.
Los informes de la frontera dicen que el grupo de Shikamaru regresó.
—Oh, finalmente llegaron, déjalos venir directamente entonces.
Yuu mira parpadeando varias veces.
—¿A la frontera?
—repitió Yuu, esta vez con una nota de alivio genuino mezclada con incredulidad—.
Maestra, con todo respeto, ¿quién fue el genio que los mandó hasta allá?
Yo estaba en las Montañas del Norte.
La frontera está a kilómetros de distancia de donde yo me encontraba.
Tsunade arqueó una ceja, visiblemente irritada por la pregunta.
—Mandé a Kakashi.
Y si Kakashi dice que tu rastro de chakra y una marca de desplazamiento inusual se dirigían hacia el País del Rayo, no voy a dudar de su instinto.
Estuvieron días siguiendo una pista clara.
En este punto, incluso Yuu estaba confundido; él estaría seguro de que nunca fue en esa dirección, pero ¿cómo es posible que el mismo Kakashi no lo haya notado?
Es muy dudoso que un ninja de su calibre no se haya percatado de que él nunca fue en esa dirección.
—Bueno —dijo Yuu, recobrando la compostura y aprovechando el error de sus perseguidores para validar su mentira—.
Eso explica por qué tardaron tanto en “encontrarme”.
Estaban siguiendo un rastro equivocado.
—Los mejores también se equivocan —añadió Yuu con una sonrisa fingidamente modesta—.
Quizás el cansancio les pasó factura.
Pero aquí estoy, el informe está ahí.
Las quemaduras son por mi propio chakra, no por ninguna batalla internacional, digo, ningún conflicto con nadie.
Antes de que Tsunade pudiera preguntar por esas últimas palabras, se escuchan unos pasos.
Justo en ese momento, se escucharon pasos pesados en el pasillo.
La puerta se abrió dejando entrar a Shikamaru, Choji, Kiba con Akamaru y Kakashi.
—Lady Tsunade…
hemos regresado —dijo Shikamaru, soltando un suspiro de agotamiento puro.
Luego, su mirada se cruzó con la de Yuu.
El joven Nara entrecerró los ojos, analizando la expresión de suficiencia de Yuu—.
Maldita sea, Yuu, es la segunda vez que me haces esto; ¿verdad que dije que aparecerías?
Claramente ibas a regresar; perdí varios días de mi vida en esto.
De repente se acerca hacia la mesa apoyando ambas manos sobre ella.
—Maldita sea, Yuu, ¿tienes idea de cuántos días estuvimos caminando sin dormir?
—Maldita sea, Yuu, ¿cómo diablos te desapareciste y apareciste acá?
Estaba seguro de que teníamos tu rastro, mi nariz nunca se equivoca —dijo Kiba, frustrado.
—Sí, es muy extraño —habló un perrito bastante pequeño junto al pie de Kiba.
Al parecer, Shikamaru estaba bastante encendido.
—Bueno, al menos hubo raciones extra esta vez —comentó Choji, bastante despreocupado, mientras seguía comiendo.
Kakashi se rascó la nuca, mirando a Yuu con su ojo visible.
—Es extraño.
El rastro que seguimos era extremadamente consistente.
Parecía casi…
una línea continua, como si alguien se hubiera desplazado de forma constante hacia el norte.
Pero al llegar a la frontera, simplemente se desvaneció en el aire.
Yuu frunció el ceño levemente, procesando las palabras de Kakashi.
Un rastro consistente hacia el norte…
hasta desvanecerse.
Eso no tenía sentido desde su perspectiva, pero tampoco podía ignorar que Kakashi no era alguien que se equivocara con facilidad.
—¿Una línea continua?
—repitió Yuu, ladeando la cabeza—.
Eso suena…
extraño.
Tsunade golpeó el escritorio con el puño, pero no con suficiente fuerza para romperlo.
Solo lo justo para captar la atención de todos.
—Suficiente —dijo, su voz cortante—.
Shikamaru, Kakashi, los detalles pueden esperar.
Yuu, termina ese maldito informe.
Ustedes, descansen.
Los quiero de vuelta en condiciones para mañana.
—¿Mañana?
—Shikamaru dejó caer las manos sobre la mesa con un golpe seco—.
Hokage-sama, acabamos de regresar de una semana completa buscando a este idiota.
¿Y nos manda de vuelta mañana?
Dio un paso hacia Yuu, señalándolo con el dedo.
—Y tú.
TÚ.
—Su voz subió de tono—.
¿Tienes idea de cuántas veces ya he tenido que buscarte?
La primera vez pensé “bueno, es Yuu, probablemente se perdió o algo”.
Pero ahora…
—Se frotó la cara con ambas manos, exasperado—.
¿Sabes cuántos días de sueño perdí por tu culpa?
Kiba soltó una risa seca desde atrás.
—Shikamaru estuvo gruñendo tu nombre toda la semana, Yuu.
Hasta Akamaru estaba harto.
El perrito asintió con la cabeza.
—Es cierto.
Decía cosas como “maldito vago” y “la próxima vez lo dejo perdido”.
Choji, sin dejar de masticar, levantó la mano.
—Aunque las raciones extras estuvieron bien.
Eso sí lo agradezco.
Neji, apoyado contra la pared con los brazos cruzados, solo dejó escapar un suspiro.
—Qué pérdida de tiempo.
Yuu levantó las manos en un gesto defensivo.
—Oigan, no era mi intención causar problemas.
Solo estaba…
meditando.
—¿Meditando?
—Shikamaru entrecerró los ojos—.
Claro.
Como la última vez que “meditaste”.
—Eso fue diferente.
—¿Diferente cómo?
—Esa vez sí fue un accidente.
Shikamaru abrió la boca para responder, pero Tsunade golpeó la mesa de nuevo.
—Ya basta.
Shikamaru, guarda tus quejas para después.
Todos ustedes, fuera.
Ahora.
Shikamaru apretó los dientes, lanzándole una última mirada asesina a Yuu antes de darse la vuelta; tenía que recuperar algo de su precioso sueño.
—Problemático…
—murmuró mientras arrastraba los pies hacia la salida.
Kiba lo siguió, riendo entre dientes.
Choji pasó junto a Yuu, dándole una palmada en el hombro.
—Me alegra que estés bien.
Yuu parpadeó ante lo bien que Choji llevó la situación.
Neji pasó sin decir nada, pero su mirada decía suficiente: “No vuelvas a hacerme perder mi tiempo”.
Kakashi fue el último en moverse.
Se detuvo junto a Yuu, observándolo con ese ojo perezoso que veía demasiado.
—Yuu —dijo con calma—.
Debes tener más cuidado.
La próxima vez al menos avisa de tu ubicación.
Al parecer Kakashi también estaba algo cansado por lo que no quería decir mucho.
No esperó respuesta.
Desapareció en un Shunshin, dejando solo un remolino de hojas.
El silencio volvió a caer sobre la oficina.
Yuu bajó la vista al informe a medio terminar.
Sentía la mirada de Tsunade clavada en él como un kunai.
—Continúa escribiendo —ordenó ella, su tono dejando claro que no aceptaría más interrupciones.
Yuu tomó la pluma nuevamente.
‘Rastro hacia el norte…
¿Cómo es posible?’ pensó mientras garabateaba más excusas en el papel.
‘El núcleo me llevó al pasado; no debería haber dejado ningún rastro físico en esta línea temporal.
A menos que…’ Se detuvo un instante.
‘A menos que el núcleo dejara algún tipo de residuo cuando desapareció.
Como una estela espacial.
Mierda.’ Terminó el informe lo más rápido que pudo, llenando las últimas líneas con tecnicismos vagos sobre “fluctuaciones de chakra” y “desestabilización temporal del flujo interno”.
Nada que pudiera probarse ni refutarse fácilmente.
Dejó la pluma sobre la mesa y deslizó el papel hacia Tsunade.
—Listo.
Ella lo tomó sin mirarlo.
El silencio se extendió mientras leía.
Sus ojos se movían por el texto con esa velocidad característica de alguien que ha revisado miles de informes médicos.
Pero Yuu notó algo.
La forma en que sus dedos apretaban ligeramente el borde del papel.
La tensión en su mandíbula.
La vena en su sien que palpitaba con un ritmo irregular.
No era solo irritación.
Era algo más.
Finalmente, Tsunade dejó el informe sobre el escritorio con un movimiento controlado.
Demasiado controlado.
—Quemaduras eléctricas por sobrecarga interna de chakra —dijo, su voz profesional, clínica—.
Costillas fracturadas por impacto de alta presión.
Desgarro muscular en el hombro derecho.
Agotamiento extremo de reservas de chakra.
Hizo una pausa.
Yuu esperó.
Tsunade entrelazó los dedos sobre el escritorio, apoyando la barbilla sobre ellos.
Sus ojos dorados lo atravesaban.
—He visto suficientes cuerpos en el campo de batalla como para reconocer heridas de combate, Yuu.
Su tono seguía siendo firme, pero había algo en el borde de sus palabras.
Algo que ella misma probablemente no notaba.
—Las quemaduras en tu hombro.
La dirección del tejido dañado va de afuera hacia adentro.
No es sobrecarga interna.
Es impacto externo.
Raiton de alta concentración.
Levantó un dedo.
—Las costillas.
El patrón de fractura sugiere un golpe contundente desde arriba.
Como si algo…
o alguien…
te hubiera aplastado con fuerza descomunal.
Un segundo dedo.
—El desgarro muscular.
Es consistente con un movimiento defensivo violento.
Como si hubieras bloqueado algo que debió haberte matado.
Bajó la mano.
El aire en la oficina se había vuelto denso.
—¿Y esperas que crea que todo eso fue por “meditar”?
Yuu mantuvo la expresión neutral, pero por dentro sintió el peso de la pregunta.
No era solo la Hokage interrogando a un subordinado.
Era algo más personal.
Algo que él no terminaba de entender del todo.
—Maestra —dijo con calma—.
Le estoy diciendo la verdad cuando digo que nadie de esta época me atacó.
Las heridas fueron…
un accidente.
Uno que no volverá a ocurrir.
Los ojos de Tsunade se entrecerraron.
—¿De esta época?
Mierda.
Yuu se dio cuenta del error un segundo demasiado tarde.
—Me refiero a…
de Konoha.
Nadie de Konoha me atacó.
Ni de ninguna otra aldea tampoco.
El silencio que siguió fue pesado.
Tsunade lo observó por un largo momento.
Sus dedos tamborilearon una vez sobre el escritorio.
Luego se detuvieron.
Había algo en la forma en que Yuu sostenía su mirada.
Sin arrogancia.
Sin burla.
Solo…
cansancio.
Y una determinación silenciosa.
Tsunade apretó la mandíbula y desvió la mirada hacia los papeles de su escritorio.
—Está bien —dijo finalmente, y su voz salió más áspera de lo que pretendía—.
No voy a forzarte a hablar.
Se puso de pie bruscamente, caminando hacia la ventana para no tener que mirarlo.
—Pero escúchame bien, Yuu.
Apoyó las manos en el alféizar, observando Konoha bajo la luz de la tarde.
—Te prohibo realizar cualquier tipo de “experimento” o “meditación” sin supervisión directa mía o de Yugao.
¿Entendido?
—Entendido.
—Y durante el próximo mes, solo misiones de bajo riesgo.
Nada de combate.
Nada de situaciones peligrosas.
Su tono era firme.
Profesional.
Pero sus nudillos estaban blancos contra el marco de la ventana.
—Entendido —respondió Yuu.
Tsunade cerró los ojos por un momento, respirando hondo.
Se dio media vuelta, recomponiendo su expresión.
—Y una cosa más.
Yuu levantó la vista, y Tsunade notó las ojeras bajo sus ojos.
—A partir de mañana, trabajarás en mi oficina.
Una semana completa.
Vio cómo el rostro de Yuu palidecía.
Al menos así lo tendría vigilado.
—Organizando documentos, archivando reportes, sellando misiones completadas.
Todo lo que yo te diga.
—Maestra, eso es— —No negociable —interrumpió, y su voz salió más dura de lo necesario.
—Considera esto tu castigo por hacerme enviar un equipo completo a buscarte.
Por segunda vez.
Hizo una pausa.
—Y por preocuparme.
Lo dijo en voz baja.
Carraspeó inmediatamente.
—¿Está claro?
Yuu parpadeó, sorprendido por esa última admisión.
—Sí, maestra.
—Puedes irte.
Pero mañana a primera hora, quiero verte aquí.
Sin excusas.
Sin “meditaciones”.
Sin desapariciones.
Yuu se levantó, tomando el informe firmado del escritorio.
—Gracias, maestra.
Se dirigió hacia la puerta.
——— Al cerrar la puerta, Yuu se apoyó contra la pared del pasillo y soltó un suspiro largo.
‘Una semana entera haciendo papeleo…
esto es peor que pelear contra el Raikage.’ Caminó por el pasillo vacío, sintiendo el peso del día cayendo sobre sus hombros.
Las heridas aún punzaban bajo los vendajes y su cuerpo pedía descanso a gritos.
Pero no podía sacarse de la cabeza las palabras de Kakashi.
‘Un rastro continuo hacia el norte.’ Si el núcleo dejó una marca, eso significaba que su viaje no había sido tan limpio como pensaba.
Y si alguien más investigaba…
‘Tendré que ser más cuidadoso la próxima vez.’ Porque, a pesar de la prohibición de Tsunade, Yuu sabía que eventualmente volvería a usar el núcleo.
Había demasiado por aprender.
Demasiado por hacer.
Y una deuda pendiente con un futuro Raikage.
——— Tsunade esperó hasta que los pasos de Yuu se desvanecieron en el pasillo.
Solo entonces soltó el aire que había estado conteniendo.
Se dejó caer en su silla, apoyando los codos sobre el escritorio.
Miró el informe de Yuu.
Luego lo dejó a un lado.
Alcanzó la botella de sake del cajón inferior y se sirvió un vaso.
No lo bebió de inmediato.
Solo lo sostuvo, mirando el líquido transparente.
Sus dedos tamborilearon una vez contra el vidrio.
Luego bebió.
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