MI SUGAR MUMMY ES UNA HERMOSA VAMPIRA - Capítulo 229
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Capítulo 229: El mejor actor del mundo
Blake salió de su habitación, recién duchado y vestido, y se dirigió al comedor donde Elena ya estaba sentada. Vio a Drake, uno de los ayudantes, apresurándose a atender alguna tarea, dejándolos solos.
—Buenos días, Elena —saludó Blake con un educado asentimiento, enmascarando cualquier atisbo de sospecha o conocimiento.
—Buenos días, Blake —respondió Elena con una cálida sonrisa, haciéndole un gesto para que tomara asiento—. Vamos a desayunar tortitas. Espero que sean de tu agrado.
—Suena delicioso —respondió Blake, tomando asiento frente a Elena en la mesa—. Y he de decir que hoy estás deslumbrante. Ese atuendo te queda perfecto.
La sonrisa de Elena se ensanchó ante el cumplido, e inclinó la cabeza con elegancia. —Gracias, Blake. Es muy amable de tu parte decirlo.
Elena estaba sentada con gracia en la mesa del comedor, ataviada con un provocativo vestido de encaje blanco que caía elegantemente sobre su figura. El intrincado encaje se ceñía a sus curvas con un encanto sensual, acentuando cada contorno de su cuerpo. El pronunciado escote del vestido dejaba entrever su pecho, añadiendo un toque de seducción a su atuendo.
Con cada movimiento, la delicada tela del vestido relucía bajo la suave luz, proyectando un hipnótico resplandor a su alrededor. Llevaba el pelo recogido en un intrincado moño, que enmarcaba su rostro y atraía la atención hacia sus llamativos rasgos. Un sutil toque de maquillaje realzaba su belleza natural, dándole un aire de sofisticación y encanto.
Cuando Blake tomó asiento en la mesa, sus ojos no pudieron evitar detenerse en la cautivadora presencia de Elena. La elegancia provocativa de su atuendo exigía atención, dejándolo momentáneamente hechizado. No era de extrañar que se fijara en ella mientras se acomodaba para comer.
O quizá actuar como si estuviera embelesado era lo que él quería que Elena pensara. Después de todo, la vampiro siempre le había hecho insinuaciones…
Mientras Blake se sentaba a la mesa, mantuvo una apariencia tranquila mientras internamente trazaba una estrategia para su siguiente movimiento. Conocía demasiado bien los deseos de Elena; sus persistentes insinuaciones desde el momento en que llegó a la isla lo habían dejado meridianamente claro.
Con cada bocado de su comida, observaba cuidadosamente a Elena, notando la forma en que su mirada se detenía en él con una intensidad depredadora. No pudo evitar sentir una oleada de asco ante sus descarados intentos de manipularlo.
Sin embargo, Blake comprendía que seguirle el juego a las fantasías de Elena podría servir como una ventaja estratégica. Sabía que ella lo deseaba de una manera pervertida, y explotar ese deseo podría proporcionarle una ventaja en este peligroso juego.
A decir verdad, ni siquiera soportaba a Elena, y mucho menos se sentía atraído por ella. Pensar que esa mujer intentaría aprovecharse de él en su estado más vulnerable le daba ganas de abalanzarse sobre ella con un tenedor mientras comía. Por otra parte, sabía que ella era una vampiro, otra cosa que ella no creía que él supiera. Ya se había encontrado antes con su poder y sabía que, aunque estuviera armado hasta los dientes, perdería en un combate total contra ella.
A pesar de su repulsión hacia Elena, mantuvo una fachada de encanto, dedicándole una sonrisa encantadora mientras seguía comiendo. Era crucial que enmascarara cualquier indicio de sus verdaderos sentimientos, no fuera a ser que se arriesgara a revelar sus cartas demasiado pronto.
Mientras los ojos de Elena se clavaban en él, Blake permaneció sereno, ocultando la agitación que bullía bajo la superficie. La paciencia era ahora su aliada, y estaba decidido a esperar el momento perfecto.
Cuando empezaron a comer, Blake mantuvo su fachada de inocencia y amnesia, sin dejar de vigilar atentamente las reacciones y el comportamiento de Elena. Sabía que, por ahora, su mejor oportunidad de sobrevivir residía en interpretar el papel del inofensivo amnésico, aunque eso significara sacrificar sus verdaderas intenciones por el momento.
Con cada sonrisa calculada dirigida a Elena, Blake ocultaba la agitación que se gestaba en su interior. Era muy consciente del peligro de revelar cualquier indicio de sus verdaderas intenciones o emociones. Mantener esta fachada era primordial para su supervivencia en la isla.
Mientras la mirada de Elena se detenía en él, Blake luchaba internamente contra el impulso de retroceder con asco. Su mirada depredadora parecía diseccionarlo, buscando cualquier vulnerabilidad que pudiera explotar. Sin embargo, él se mantuvo firme en su resolución, decidido a mantenerla engañada.
El antiguo Blake, el que mostraba abiertamente sus emociones, era un lastre en este juego de alto riesgo. Había aprendido por las malas que la vulnerabilidad solo invitaba a la explotación. Ahora, se ponía una máscara de encanto y amabilidad, ocultando el tumulto de emociones que se agitaban bajo la superficie.
Elena, por otro lado, observó a Blake durante todo el desayuno; no podía quitarse de encima la sensación de que algo no iba bien. El hombre sentado frente a ella parecía diferente al que había salido de la cama a trompicones apenas media hora antes. Atribuyó su repentino cambio de comportamiento a la desorientación de despertar tras un prolongado periodo de inconsciencia.
«Tenía que estar todavía aturdido por su calvario», razonó para sí misma, desechando sus sospechas por el momento. Después de todo, le convenía creer que Blake había vuelto a ser el de siempre, un despistado.
Sin embargo, a pesar de sus intentos por desechar sus preocupaciones, Elena no podía evitar la persistente sensación de que Blake ocultaba algo. Había un sutil cambio en su comportamiento, una cautela en su mirada que no estaba ahí antes. Era como si ocultara un secreto bajo la fachada de su encantadora sonrisa.
No obstante, Elena reconoció la habilidad de Blake para el engaño. Estaba demostrando ser un adversario formidable, experto en enmascarar sus verdaderas intenciones. No podía permitirse subestimarlo, especialmente ahora que parecía haber recuperado algo de compostura.
Mientras Elena observaba a Blake desde el otro lado de la mesa, no pudo evitar admirar su porte, a pesar de su aparente pérdida de memoria. Había en él una resiliencia, un sentido de la independencia que a ella le resultaba a la vez intrigante e irritante.
«Puede que no recuerde su pasado, pero desde luego no es tan despistado como aparenta», reflexionó para sí, notando los sutiles indicios de desafío en su comportamiento. No era ninguna novedad que le ocultaba cosas, cosas sobre los aldeanos y la misteriosa chica que había encontrado en el bosque. Él no la dejaba participar en sus reuniones rutinarias, pero eso a ella no le importaba.
A pesar de su irritación por su secretismo, Elena no pudo evitar sentir una oleada de admiración por la reticencia de Blake a ser controlado. Era un rasgo que siempre había valorado en un hombre, aunque significara que tenía que esforzarse más para imponer su dominio.
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