MI SUGAR MUMMY ES UNA HERMOSA VAMPIRA - Capítulo 66
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66: Campaña anti-Shelly 66: Campaña anti-Shelly Un Ford Mustang Boss 302 esperaba al ralentí en un callejón poco iluminado, con el motor ronroneando mientras Tessa y Josh intercambiaban miradas.
El desierto escenario parecía discreto, un telón de fondo para tratos clandestinos que reflejaba la gravedad de su conspiración.
Tessa apretó con más fuerza el volante; el coche de su padre tenía más que un simple valor sentimental, era un vínculo tangible con el pasado.
—No veo a nadie… —empezó Josh, inspeccionando los alrededores, antes de que un golpe firme resonara en su ventanilla.
Ambos giraron la cabeza a la vez para encontrarse con una mujer con gafas, cuya silueta se veía acentuada por el tenue resplandor de las luces del callejón.
La mujer hizo un gesto sutil, indicándoles que abrieran los seguros del coche.
Tessa pulsó el botón y los seguros de las puertas se abrieron, permitiendo la entrada a la enigmática periodista.
Se deslizó en el asiento trasero; su presencia acaparaba la atención.
Sus gafas reflejaban la luz ambiental, ocultando la intensidad de su mirada.
—Hola, Tessa —dijo, reconociendo que se conocían mientras se acomodaba en el asiento trasero.
Tessa se recostó y le dedicó una sonrisa.
—Becky, ha pasado un tiempo.
Becky asintió.
—Desde luego.
Vayamos al grano.
El interior del Mustang se iluminó brevemente por el fogonazo de una cerilla, revelando los rasgos de la mujer.
Poseía un aire de misterio, acentuado por unos penetrantes ojos azules que parecían albergar un sinfín de secretos.
Su pelo de ébano caía en ondas sueltas, enmarcando un rostro de pómulos altos y un sutil aire de desafío.
El provocador pintalabios rojo que llevaba insinuaba confianza y una inclinación por lo dramático.
Un fino collar de plata le adornaba el cuello, atrapando la fugaz luz de la cerilla.
El leve aroma a vainilla flotaba en el aire mientras le daba una calada a su puro, añadiendo una capa intrigante a su enigmática presencia en el Ford Mustang Boss 302 de Tessa.
Un cigarrillo le colgaba de los labios mientras le ofrecía la cerilla encendida a Josh, quien la rechazó con una sonrisita socarrona.
—No, gracias.
¡Estoy muy bien con mi hígado sano!
Tessa no pudo evitar soltar una risita.
—A Josh le ha dado por la vida sana.
Se cree invencible.
Becky enarcó una ceja, exhalando una bocanada de humo.
—¿Invencible, eh?
Ya veremos.
Ahora, vayamos al grano.
El reducido espacio del coche se convirtió en una improvisada sala de guerra, con el aire denso por el olor a tabaco y la tensión de las revelaciones inminentes.
Becky se recostó, estudiando a Tessa con una mirada escrutadora.
—¿Y bien, Tessa, cuál es tu objetivo final en todo esto?
¿Qué sacas tú de aquí?
La mirada de Tessa se encontró con la de Becky, y su respuesta estuvo envuelta en un velo de secretismo.
—Mi recompensa es la justicia.
Todo lo demás es secundario.
Becky soltó una risita, y una sonrisa irónica se dibujó en sus labios.
—Justicia, una noble causa.
Pero no nos engañemos.
Siempre hay algo más en la historia.
¿Cuál es tu jugada, Tessa?
¿Cómo avivamos las llamas y ponemos a la opinión pública en contra de Tecnologías Shelley?
Tessa se inclinó hacia delante, con los ojos brillando con una chispa de determinación.
—Necesitamos una campaña contra Shelley, algo que cale en el público.
Exponer sus secretos más oscuros, convertirlos en los villanos de su propia historia.
La verdad es nuestra munición y la usaremos estratégicamente.
—¿Pero eso no pondrá a empleados inocentes en el punto de mira?
—intervino Josh, ahora intrigado.
Tessa asintió, reconociendo el dilema ético.
—Como ya dije antes, es un arma de doble filo, Josh.
Luchamos para sacar la verdad a la luz y, a veces, los daños colaterales son inevitables.
Haremos todo lo posible por minimizarlos, pero no podemos permitirnos ser ingenuos.
Becky observó el intercambio, y en sus ojos parpadeó una mezcla de escepticismo e intriga.
—Es un juego arriesgado el que juegas, Tessa.
¿Estás preparada para las consecuencias?
La mirada de Tessa se endureció.
—Llevo mucho tiempo preparada.
Tecnologías Shelley me lo quitó todo.
Ahora, es la hora de la venganza.
Becky se recostó, mientras una sonrisa ladina se dibujaba en su cara.
—Bueno, contad conmigo.
Orquestemos un caos del que Tecnologías Shelley no se recupere.
Tessa no pudo evitar fijarse en la sonrisa ladina del rostro de Becky.
El entusiasmo de la periodista por el caos era palpable, y Tessa sabía, en el fondo, que para Becky se trataba de algo más que sacar la justicia a la luz.
Se trataba de las ganancias: la fama, el dinero, la gloria que conllevaba desenmascarar a un gigante corporativo como Tecnologías Shelley.
—Contad conmigo —declaró Becky con un brillo en los ojos y una sonrisa cada vez más ancha.
Tessa intercambió una mirada cómplice con Josh.
Ambos entendían la dinámica en juego.
Aunque sus objetivos de derribar a Tecnologías Shelley coincidían, las motivaciones de Becky se adentraban en el terreno del beneficio personal.
La fama y la fortuna eran potentes impulsores, y Tessa reconoció que la alianza de Becky era tan frágil como el cristal: fuerte, pero propensa a hacerse añicos bajo el peso del egoísmo.
—Genial —respondió Tessa, con un tono que contenía una mezcla de cautela y determinación—.
Pero recuerda, esto es más que una simple exclusiva.
Hay vidas en juego, y la verdad que descubramos podría cambiarlo todo.
¿Estás lista para eso, Becky?
La sonrisa de Becky se desvaneció por un momento mientras sopesaba las palabras de Tessa.
Hubo un fugaz atisbo de introspección antes de que la periodista se inclinara de nuevo hacia delante y su sonrisa ladina regresara.
—Oh, estoy lista.
Vamos a agitar el avispero —respondió Becky, con los ojos brillando de ambición.
Mientras el trío se sumergía en la planificación de los siguientes pasos, Tessa no podía quitarse de encima la sensación de que el delicado equilibrio de su alianza requería ser navegado con cuidado.
El hambre de Becky por el sensacionalismo de la historia era evidente, y Tessa resolvió vigilar de cerca a la amienemiga que acababa de acoger en su círculo.
Se fijaba en los más mínimos detalles de Becky.
El lenguaje corporal y todo tipo de gestos.
Los dedos de Becky trazaban patrones en la ventanilla, un sutil tic nervioso que delataba una tensión subyacente.
Becky se inclinó hacia delante, clavando sus ojos en los de Tessa con una intensidad que reflejaba el fervor de su misión.
—¿Cuál es tu conexión con Shelley?
Tiene que haber algo más que solo justicia.
Suéltalo.
Tessa vaciló, y un momentáneo destello de vulnerabilidad cruzó sus facciones.
Se dio cuenta de que su reticencia a compartir información podría ser el primer paso para una fractura en el grupo.
Suspirando, derrotada, decidió divulgar un poco de información inofensiva.
—Mi padre era empleado en Tecnologías Shelley.
Descubrió sus secretos más oscuros y lo silenciaron.
Ahora estoy aquí para exponer la verdad.
Los ojos de Becky se abrieron como platos, asimilando el peso de la revelación de Tessa.
—La hija de un denunciante en busca de venganza.
Esto añade una capa de tragedia a nuestra narrativa.
Es una historia que el público devorará.
—¡No, a mí déjame fuera de tu historia!
—protestó Tessa de inmediato.
Becky, sin embargo, no pareció inmutarse.
Su mente ya iba a toda velocidad, elaborando titulares y narrativas que cautivarían la atención del público.
—Confía en mí, Tessa, este ángulo de la vendetta personal es oro puro.
Es el gancho emocional que atraerá a la gente.
Podemos usarlo estratégicamente para amplificar el impacto de nuestras revelaciones.
—Becky, Tessa no es un personaje para tu reportaje —intervino Josh, con evidente preocupación—.
Es una persona real que lidia con un dolor real.
Esto no es ningún juego.
Becky se recostó, sopesando las palabras de Josh con una expresión calculadora.
—Josh, lo entiendo.
Pero tienes que comprender que el público necesita un rostro, una historia con la que puedan conectar.
Es lo que hace que estas denuncias sean potentes e inciten al cambio.
—No soy un peón para tu historia —intervino Tessa, sintiéndose acorralada—.
Quiero justicia para mi padre, no ser una figura trágica en tus titulares.
—La justicia es exactamente nuestro objetivo —replicó Becky con una sonrisita que insinuaba tanto astucia como encanto—.
Y a veces, las historias personales son las más convincentes.
Es lo que mantiene a la gente interesada y comprometida con la causa.
Tessa suspiró, dándose cuenta de la precaria posición en la que se encontraba.
Aunque sus metas coincidían, el choque de sus motivaciones era cada vez más evidente.
La periodista buscaba una historia apasionante, mientras que Tessa buscaba retribución y poder cerrar ese capítulo.
—Centrémonos en el panorama general —sugirió Josh, intentando alejar la conversación del drama personal—.
Necesitamos exponer a Tecnologías Shelley, no explotar tragedias personales por sensacionalismo.
Justo cuando el impulso alcanzaba su punto álgido, Josh, sin darse cuenta y ajeno a las señales silenciosas de Tessa, intervino: —¿Si de verdad estamos buscando algo, por qué no contamos toda la verdad?
Tessa se tensó, dándose cuenta de que Josh estaba a punto de desvelar una información que ella prefería mantener en secreto por el momento.
—¿Toda la verdad?
—inquirió Becky, con la curiosidad avivada—.
¿Hay más?
Tessa se interpuso rápidamente con una risa nerviosa, intentando restar importancia a la afirmación de Josh.
—No… él solo dice que deberíamos darle a Rose Shelly donde más le duela.
Josh, sin embargo, parecía decidido a soltarlo todo.
—No, me refiero a la verdadera identidad de la Directora Ejecutiva de Tecnologías Shelley, Rose Shelly.
Esa sí que es una historia más jugosa, si me preguntas.
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