MI SUGAR MUMMY ES UNA HERMOSA VAMPIRA - Capítulo 78
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- Capítulo 78 - 78 ¡El pez muerde el cebo
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78: ¡El pez muerde el cebo 78: ¡El pez muerde el cebo Tessa ahora se encontraba hiperconsciente de la presencia de Josh, del sutil movimiento de su cuerpo al desplazarse, del ligero toque de su colonia que parecía envolver sus sentidos.
Mientras caminaban, Tessa se encontraba hiperconsciente de la presencia de Josh; cada sutil movimiento de su cuerpo le provocaba un escalofrío de consciencia por la espalda.
No pudo evitar notar el ligero toque de colonia que parecía envolver sus sentidos, una nueva adición al aroma habitual de Josh.
«Un momento, ¿cuándo ha empezado a usar colonia?».
Darse cuenta de ello la pilló por sorpresa, un pequeño detalle que de repente parecía importante en el gran esquema de las cosas.
Por no mencionar que no podía quitarse de encima la sensación de que la casa estaba inusualmente ordenada, mucho más que en sus visitas habituales.
No se había quedado a dormir en días, demasiado atrapada en las exigencias de su trabajo como para pasar las noches en su casa.
Pero mientras le daba vueltas a estas observaciones, un pensamiento persistente se coló en su mente.
¿Era ella la que estaba prestando más atención ahora, notando cada pequeño detalle sobre Josh y su entorno?
¿Se estaba obsesionando con verlo, usando la investigación como una excusa para pasar más tiempo juntos?
La idea la hizo detenerse a pensar.
Un atisbo de duda se abrió paso en sus pensamientos.
No podía ser verdad, ¿o sí?
Tenía un trabajo que hacer, una misión para desvelar la verdad.
Pero al repasar sus interacciones en su mente, no podía negar el creciente apego que sentía por Josh.
Ya no se trataba solo del caso; se trataba de él.
De la forma en que su sonrisa le iluminaba el rostro, la calidez de sus ojos cuando la miraba, la manera en que su presencia calmaba la tormenta de emociones que se arremolinaba en su interior.
Pero ¿estaba difuminando los límites entre lo personal y lo profesional?
¿Estaba permitiendo que sus sentimientos por Josh nublaran su juicio, que la distrajeran de la tarea que tenía entre manos?
El pensamiento la dejó inquieta, con un nudo de incertidumbre apretándosele en el pecho.
Al salir al aire fresco de la noche, Tessa respiró hondo, y sus pulmones se expandieron con el nítido abrazo de la ciudad.
La mano de Josh se demoró en la parte baja de su espalda, un punto de contacto que parecía quemar a través de las capas de su ropa y marcar su piel con su calor.
—Tessa —empezó él, con una voz de retumbo grave que le provocó temblores a lo largo de las terminaciones nerviosas—.
Sabes que no puedes seguir así, ¿verdad?
Ella se giró para mirarlo, sus ojos escrutando sus facciones bajo el tenue resplandor de las farolas.
Esperaba palabras diferentes de él, ya que cada vez que parecía tenso de esa manera, la invitaba a salir y ella lo rechazaba.
Sin embargo, precisamente hoy, estaba tenso por una razón distinta, y ahora ella iba a tener que dar una respuesta diferente al rotundo «sí» que tenía en mente.
—¿Qué opción me queda, Josh?
—replicó ella, con la voz teñida de un matiz quebradizo—.
Tengo que conseguir justicia para mi padre, y solo puedo hacerlo desvelando los secretos más oscuros de Rose Shelley.
La mano de Josh se alzó y sus dedos apartaron un mechón de pelo rebelde de su cara con un gesto dolorosamente tierno.
—Y lo haremos —le aseguró él, con voz suave pero inflexible—.
¿Entiendes?
Lo haremos.
Pero no a costa de tu propio bienestar.
No podemos hacerlo si te agotas hasta la extenuación.
A Tessa se le cortó la respiración, con el corazón retumbándole en los oídos mientras los dedos de Josh se demoraban en su mejilla.
El mundo pareció contraerse, estrechándose hasta que todo lo que existía era el calor de su contacto y la intensidad de su mirada.
—Josh… —susurró ella, su voz apenas un aliento en el aire de la noche.
Él se inclinó más, con la frente casi tocando la de ella, y el calor de su aliento abanicándole los labios.
—Déjame ayudarte, Tessa.
Relájate y céntrate en tu brillante carrera.
Solo encárgamelo a mí, dame todos los demás detalles y mira cómo lo manejo.
Te prometo que cumpliré —murmuró, con la voz cargada de una corriente de emoción que amenazaba con arrastrarla—.
Déjame cargar con parte de este peso, aunque solo sea por un rato.
La determinación de Tessa flaqueó, y sus defensas se desmoronaron bajo el embate de la sincera súplica de Josh.
No deseaba nada más que rendirse al consuelo que él le ofrecía, perderse en las profundidades de su compasión y encontrar alivio de la tormenta que arreciaba en su interior.
Pero aunque su corazón anhelaba esa conexión, su mente se rebelaba, con el peso de sus responsabilidades como un ancla que la ataba a la realidad.
—No puedo —dijo con voz ahogada, espesa por las lágrimas no derramadas—.
No hasta que esto termine, no hasta que Rose haya pagado por todos sus viles crímenes.
—¿Entonces no confías en mí?
—preguntó Josh.
Los dedos de Josh recorrieron la curva de su mandíbula, su tacto ligero como una pluma pero abrasador en su intensidad.
—Entonces déjame caminar a tu lado, a cada paso del camino.
No tienes que llevar esta carga sola.
Sé que eres inteligente y que probablemente sientas que es mejor mantener algunas cosas en secreto.
Pero quizá si las compartes conmigo, podamos resolver esto aún más rápido.
Solo intento ayudar —dijo Josh con sinceridad, sus ojos ardiendo con una feroz determinación que igualaba la de ella.
En ese momento, suspendida entre latidos, Tessa sintió que algo cambiaba dentro de ella.
Una fisura minúscula en la armadura que había construido con tanto esmero, una grieta por la que se filtraba la luz de la inquebrantable compasión de Josh.
Siempre había puesto su carrera por delante de todo lo demás, hasta la revelación en forma del disco que encontró en el estudio de su Padre.
Pero ahora…
…Quería perderse en la luz que emanaba de Josh, disfrutar de su calidez y encontrar alivio de la tormenta que arreciaba en su interior.
Pero el miedo la frenaba, una vacilación nacida de toda una vida protegiendo su corazón de los avatares del mundo.
Había aprendido de primera mano que no se podía confiar en nadie tras la muerte de su Padre.
E incluso entonces, sus instintos eran lo suficientemente agudos como para presentir que había gato encerrado.
Josh, sin embargo, pareció percibir su agitación interior, y su expresión se suavizó mientras le escrutaba el rostro.
—Solo prométeme que lo considerarás —murmuró, su voz una súplica amable—.
Prométeme que no me excluirás, Tessa.
No por completo.
Una sonrisa temblorosa curvó los labios de Tessa, con los ojos brillantes por las lágrimas no derramadas.
—Te lo prometo —susurró, y las palabras llevaban un peso que contradecía su sencillez.
La mano de Josh encontró la de ella, y sus dedos se entrelazaron en un suave abrazo.
—Es todo lo que pido —dijo él, con su voz cargada de una profundidad de emoción que amenazaba con deshacerla.
—Hace algo de frío y está oscuro.
¿Oíste lo que le pasó a Becky, verdad?
No deberías conducir a casa tan tarde —dijo Josh después de mirar por el vecindario.
—Cierto, el caso es que… no he traído ropa para cambiarme —dijo Tessa.
—¿Desde cuándo es eso un problema?
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