Mi Venganza - Capítulo 19
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19: El dolor de una madre 19: El dolor de una madre Vi con mis propios ojos como ella hacia lo posible por salvar a su hija de aquellos desconocidos que se la querían quitar y ahora se la arrebatan con la muerte, eso no es justo para una madre y menos para una que ha sufrido bastante Arregle las cosas para el funeral de Julieta, Marisela tardo en despertarse, fue al dia siguiente, cuando lo hizo se alteró por lo sucedido.
– Marisela tienes que ser fuerte – Ella me abraza – Esme ya no tengo razón por la cual vivir – Mis rodillas cedieron y caí al suelo las lágrimas corrían sin control, mis sollozos eran tan fuertes que apenas podía respirar sentía el corazón desgarrarse, cada recuerdo de mi hija me hacía no poder contener mi llanto, mis hombros temblaban con cada sollozo me sentía perdida el alma rota.
– Por favor mari tienes que se fuerte tu hija no le gustaba verte llorar – – No puedo el dolor es mas fuerte que yo – Me niego aceptar la muerte de mi hija, ayer estaba sonriente feliz y hoy está muerta, solo queda aferrarme a sus recuerdos – Esmeralda yo soy la culpable jamás debí de dejarla sola – Dando unos golpes en mi cabeza con la pared.
– Mari no te culpes jamás sabrías que tu hija iba a morir – – Claro que es mi culpa la deje sola – La vida no le basto con arrebatarme a mis padres y hermana, también me arrebato a mi hija, la única razón por la que tenía sentido vivir.
– Marisela, NO eres culpable, el único responsable es Manuel – Dándole un abrazo para consolarla, ya que aún seguía derramando lágrimas, sus ojos están rojos e hinchados.
– Y el cómo se encuentra – Mi vos se escuchaba entre cortado – El está bien – Porque él está bien y mi hija murió, el destino no está a mi favor me hace daño, ahora como sobrevire sin ella.
– Vamos tienes que ir a sepultar a tu hija – – ¡No quiero hacerlo, me duele!
– No… esto no puede pasar no lo acepto – Por favor, mi hija no puede estar muerta – – Marisela tienes que hacerlo, ella ya no está con nosotros tienes que dejarla ir por favor – – No puedo mi corazón se rompe en mil pedazos, lo que siento es algo insoportable – Mis lagrimas salen con intensidad de mis ojos, es como si algo dentro de mi murió la respiración entrecortada, irregular como si cada inhalación doliera.
– Se fuerte estoy contigo – Me tomo de la mano y fuimos a sepultarla, solo éramos esmeralda y yo viendo el funeral de mi hija le tire una rosa blanca mientras mis lagrimas salían cubriendo mis mejillas era como un cuchillo clavándose en mi corazón, era tan pequeña por que tuvo que morir de esta manera, tenía una vida por delante, en mi mente vino varios recuerdos: cuando por primera ves la cargaba entre mis brazos, sentir su respiración aquella mirada que me recordaba a mi hermana, era todo para mi – Mi pequeña por que te fuiste y me dejaste sola – Caigo de rodillas en el pavimento del cementerio, el dolor que sentía no se comparaba con el dolor de mi corazón aun no se qué karma estoy pagando.
Manuel Abri los ojos lentamente, me sentía muy mareado apenas pude mover mi cuerpo cuando ya estaba cien por ciento despierto me di cuenta que me encontraba en el hospital acostado en una camilla con el suero entrando en mi vena, me sobresalte y gire para ambos lados.
– Que estoy haciendo aquí – Me confundí mas no sabia como llegue ni que es lo que me paso en eso se escuchaban unos pasos proviniendo desde afuera al abrir la puerta entró una enfermera con una tablilla sobre sus manos.
– Buenos días ya despertó, aún se encuentra mareado – La enfermera me mira de manera seria y profesional.
– Si, ya me encuentro mejor – – Me alegro entonces de inmediato le darán de alta – – Si – Empezó a escribir, la duda me estaba matando que es lo que sucedió por qué tan de repente me encuentro en el hospital si ayer yo me encontraba buscando una solución para mi hija no tengo de otra tengo que preguntarle a la enfermera.
– Disculpe señorita me puede decir como llegue aquí – Ella me mira extraña – Ayer usted llego al hospital por haber ingerido veneno, al igual que otra paciente era una menor de edad, pero lamentablemente ella murió no sobrevivió al veneno, lo siento por su mamá ella se desmayó por la noticia, pero es entendible – Dando un ligero suspiro.
– Yo me retiro en un momento vendrá el doctor para darle el alta – Se va Como es que yo haya ingerido veneno, trato de ser memoria, pero solo logro recordar antes de haber entrado a un bar y beber después de eso ya no me viene más.
Marisela Termino la sepultura y era momento de volver en aquella casa en la que se encontraba todos los recuerdos, problemas, tormentos de mi vida, que ingenua fui, el se ha burlado de mí, me hizo perder a mi hija a la que amaba con todo mi corazón y al que a morir se ha llevado un pedazo de el – Que es lo que hare ahora – Sentándome en la cama donde dormía Julieta sosteniendo una ropa con su olor haciendo que de nuevo mis mejillas estuvieran húmedas por las lagrimas que derramaba – Marisela me duele que estes triste – Sus ojos están hinchados y rojos por haber llorado – Yo también me siento triste aun no lo puedo creer que ya no este con nosotros – – Si, pero yo estoy rota aun no se si pueda seguir sin ella – – Estoy contigo no te dejare sola – – Gracias – Me abrazo después de unos minutos salió se fue hacia la cocina mientras yo me quede en el cuarto.
Todo lo que paso es por culpa de Manuel si tan solo no hubiera tomado esas decisiones a la ligera nuestra hija aun estaría viva, por que fue tan cobarde que le dio veneno solo por miedo, se merece arder en el infierno ni eso bastaría para pagar por todas las cosas que me hizo.
Lo soporte por amor, pero ahora me doy cuenta que no debí hacerlo, pienso para mí misma.
Manuel Me senté sobre la camilla y sumergirme en mis pensamientos, cuando de pronto abren mi puerta, entra el doctor con una sonrisa preocupante, me miraba.
– Como se encuentra – – Bien los mareos que sentía cuando me desperté han desaparecido – – Eso es bueno, pero lamento informarle que su hija no corrió con la misma suerte ella a fallecido, lo siento mucho – – ¡Que!
– Esas palabras fueron como un balde de agua fría, mi corazón empezó a latir con fuerza – Lo que usted me dice es mentira mi hija no está muerta – Mi voz suena alterada.
– Señor Manuel tranquilícese, no le estoy mintiendo, usted y su hija fueron ingresados en la tarde de ayer por envenenamiento, su hija no pudo sobrevivir por daños muy graves en sus órganos y usted de milagro se encuentra bien – No podía creer las palabras del doctor en eso me da un fuerte dolor de cabeza acompañado con los recuerdos del día anterior había matado a mi hija, como pude hacerlo en que estaba pensando cuando lo hice – Mi hija aun se encuentra en el hospital – Pregunte desesperado.
Me sentía un cobarde, que solo por facilitar las cosas mato a su propia hija, empiezo a llorar
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