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Mindworld Complex! - Capítulo 100

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Capítulo 100: Capítulo 16: Sonder 0.3

Todo lo que se escuchaba en el salón era el sonido de un lápiz escribiendo en una hoja de papel, y por poco no se escuchaba la respiración de dos personas, una calmada, jugando con un lápiz, y otra nerviosa, arriesgando su vida con un lápiz.

¡O acabo esto por mi cuenta o no me levanto del sitio!

Después de haber picado un poco, habíamos dejado toda la comida excepto el agua y los vasos en la otra mesa, para que no molestaran.

Otsuki decidió empezar con matemáticas, que es lo que ella suponía que más tiempo me iba a tomar. Al principio me puse a fardar un poco.

“Con lo que estuvimos dando últimamente en clase, no creo que lo nuevo sea muy complicado. Nunca he tenido que dedicarle más de un día a mates.”

“Menuda deathflag.”

Y después de haber rellenado una hoja entera haciendo 2 ejercicios, y resolviendo el primero de pura chiripa, empecé a pensar que era hora de pedir ayuda.

¡Pero no puedo hacerlo! Debería de ser capaz de hacer esto… y luego…

“¡¿Cómo es que se me queda una raíz negativa?!” Estaba completamente derrotado después de haber fracasado una vez más en resolver la ecuación que Otsuki había sacado de un ejercicio.

“¿…De verdad no quieres que te ayude?” Ella estaba un tanto preocupada por mi salud mental, y un poco molesta por lo cabezota que era.

“No.” Rechacé su propuesta sin pensarlo, y cuando me puse a continuar el ejercicio…

“¡Ay!” Me empezó a doler la herida de nuevo. Agité mi mano derecha alejado de la mesa, para aliviar un poco la tensión que tenía en ella, y luego la froté un poco con mi otra mano, para ver si eso ayudaba algo en quitarme el dolor de encima.

“Ehhh, así que no…” Otsuki me estaba mirando no con cierto desprecio, pero si con incredulidad. A este paso vas a manchar la hoja de sangre, me decía su cara. O por lo menos, eso era lo que seguramente estaría pensando en aquel momento.

Después de menguar mi dolor, “acabé” el ejercicio.

Mi cabeza estaba completamente desparramada en la mesa, encima del libro y la hoja, llevándome las manos a la cabeza, cansado después de haber recibido tal paliza.

“No entiendo como hemos visto algo tan confuso en tan poco tiempo.” Supongo que esa era la suerte que tenía.

“…” Otsuki me miró con cierta decepción mientras yo estaba con la cabeza baja. Pude alcanzar a ver su mirada cuando la levanté, y obviamente hice la única cosa que podía haber hecho.

“Adelante, sensei.”

“¡No me llames sensei!”

Ella tuvo que haberse incomodado al haberla llamado así, cosa que la enfadó, aunque me quitó la hoja con el ejercicio de la mano cuando se la extendí.

Con el lápiz que tenía en la mano, se puso a hacer el ejercicio. Y, aunque era algo que no me esperaba, ella se puso a explicármelo.

En ningún momento entendía lo que ella estaba haciendo. Según ella, no es que lo estuviera haciendo completamente mal, era que me lo ponía mucho más difícil eligiendo la opción más enrevesada.

“… Y, si metes el valor de la Y en la ecuación, te sale la X, y sin ningún número negativo raro. Ah, y dice el profe que siempre que hagas una raíz, pongas un menos y un más al lado del resultado.”

“¿…Y se supone que tengo que hacer eso por mi cuenta?”

“No es difícil una vez lo entiendes.”

“¡Pues ese es el problema que tengo!”

Otsuki me volvió a mirar un poco decepcionada, y esta vez no se molestó en decir nada para cubrirlo.

“¡Qué mala!”

“Uuuuggghhh, con lo que había tardado en explicarlo. Presta atención esta vez, por favor.”

“Siii, sensei.”

“Te mato.”

“Por favor.”

Una hora más tarde, pudimos acabar con matemáticas. Tras ello, el resto de asignaturas que tuve que repasar fueron mucho más sencillas. Lo único que hacía era apuntarme las páginas que tenía que estudiar y poco más. Por mucho que ella se pusiera a leer todo aquí, no se me quedaría nada. Si no me pongo a estudiar solo, no consigo nada.

Cuando por fin acabamos, era ya casi la una.

“Y eso serían todos los deberes que hay de lengua nacional.”

“Parece un coñazo… Con lo mal que escribo, no creo que ni se entienda todo lo que sale aquí cunado lo escriba.”

“Si, lo es. Y… si, escribes… bueno… tampoco está tan mal. Aunque no he visto letras peores.”

“¡Ves!”

No sabía si a ella le daba igual ocultar la verdad o si lo hacía sin pensarlo.

“Da igual, ya sé que tengo mala letra de todas formas. No hay profe que no me lo diga…” Mientras hablaba, empecé a recoger todos los libros, que los había dejado en la mesa a medida que los sacaba, y ahora tenía que guardarlos todos en mi bolso.

“¿De verdad no necesitas leer las cosas de antemano para estudiar?” Preguntó repentinamente Otsuki, como si le pareciera un disparate el no echarle un ojo a las cosas antes de estudiarlas.

“Bueno, así es como me apaño yo. Y ni siquiera tiro de los apuntes, me tengo que hacer resúmenes por mi cuenta. Y no esquemas, con los esquemas no me apaño.” Justo después, terminé de guardar las cosas. Tenía pensado levantarme para recoger todas las bolsas que habían quedado encima de la bandeja en la otra mesa, pero como Otsuki estaba hablando, decidí esperarme.

“Mhh, sí estoy de acuerdo con lo que dices de los esquemas, pero yo necesito tirar del libro. No me apaño haciendo resúmenes, aunque no lo he intentado. Por el momento, me va bien con el libro y ya.”

“Ehhh, pero si pareces una matona que saca todo suspensos…” Mierda. Me pasa siempre que me relajo, el soltar lo primero que se me viene a la cabeza. De pequeño me he ganado un buen puñado de castigos solo por eso.

“¡¿Matona?! ¡¿Yo?!” Eso sí que no se lo creía. Más todavía que se lo hubiera dicho en la cara. Eso si, no parecía enfadada, por el momento.

“P-perdón, he exagerado… Todo… Esto… Destacas, si, se podría decir que destacas.”

No quería decirlo con mala intención, pero en el fondo sabía que el decir cosas así es tener mala intención y poco más.

“N-no será por la coleta, ¿no?”

¡No que va! ¡Si la coleta es lo de menos!

“No… para nada.”

Tampoco es que fuera una metalera, con 50 piercings, 10 tatuajes, y todo de negro, no es extravagante, tan solo destaca. Tampoco puedo decir que vaya completamente vestida como una “chica rebelde”, pero se parece a lo que llevaría una. El no llevar pantalones rotos la da puntos extra.

Ella, aunque le dije que no, un poco molesta se quitó la banda que sujetaba su pelo, colocando todo este detrás suya. “¿Así mejor?”, dijo en primer lugar, aunque luego rectificó en voz baja, hablándose a sí misma “espera, no se ni por qué te pregunto.”

La coleta no le quedaba mal, pero sinceramente prefiero mil veces que esté con el pelo suelto. Le queda mucho mejor, punto final. Esta vez, dije lo primero que pensé por voluntad propia.

“Pues, te queda mejor, si.”

“Que sepas que no he sido yo la que he querido ir así, a sido mam… Mi madre quien quería que fuese con una coleta. No paraba de decir ‘¡Ay, pero te ves muy mona así!’, y yo no paraba de decirle que estaba mejor sin ella, pero al final tuve que rendirme. No hay quien le gane en eso de insistir.”

Empecé a pensar si Otsuki estaba echándole la culpa a su madre, pero dudo que extendiera la excusa solo para que fuese más creíble.

“Dejando mi pelo de lado… Perdón si te molesta la pregunta, pero, ¿cuándo piensas volver a clase?”

Me extrañó que me preguntara, teniendo en cuenta que casi ni nos conocemos. No podía estar preocupándose de mí, algo tenía entre manos. La pregunta no me molestó, pero si me trajo cierta angustia. Dejé atrás por un momento aquel tono un poco más suelto que estuve usando hasta el momento.

“…No lo sé.” Tomé una pausa, pensando en una posible respuesta, pero no podía contestar ni con una suposición. Era algo completamente incierto, a lo que no había dedicado tiempo para decidir. Al final, me rendí.

“Si… No lo tengo claro. Intentaré volver el lunes que viene, si eso.” Me arrepentía de no poder dar una respuesta honesta, y ya de por sí, por haber faltado tanto a clase.

“No pasa nada, era solo para… saber si tenía que seguir viniendo o no.”

“¿A qué?”

“Pues a darte los deberes.”

“Ah, si, se me olvidaba.” Así que esa era su intención… No me suena a excusa.

Y es que tenía razón. En algún momento u otro tenía que pasarse a darme todo lo que veamos día a día, o por lo menos, al final de la semana. Siempre que he faltado, y de lo poco que he faltado, ellos me pasaban los deberes por teléfono y ya.

Eso me recuerda…

“¿No puedes pasármelos por teléfono?”

“Podría si me dieras tu número.” Al no pensar en lo que dijo, Otsuki se cubrió la boca. ¡Ah, si, mi favorito! ¡El momento en el que la chica protagonista le pide el número al chico sin siquiera darse cuenta de lo que está haciendo! ¡Esto apesta a romántico de la misma forma que el mar apesta a azúcar! “…Si no te molesta.”, dijo quitando por un momento sus manos de su boca, con un ligero rubor rosado en sus mejillas.

“¿Eh? ¿No te lo ha pasado tu madre?” Asumí desde el finde pasado que ya tenía mi número, y estuve el resto de la semana preparándome para el momento en el que ella me mandar un mensaje.

“¿Siquiera lo tiene?” Ella no tenía ni la más remota idea de lo que estaba hablando.

¡Y yo ahogado en paranoia toda la semana para nada!

“Debería de tenerlo tu madre… y debería de habértelo dado.”

Otsuki se quitó las manos de la boca, y de vuelta a su expresión normal, “Vaya. Pero, ya que estamos aquí, pásamelo.”

“Pues cuando estés-”

“Ya estoy.”

“¡Qué rápida!”

Y así, mi pesadilla se hizo realidad. Mi pesadilla de ayer, porque ahora me importaba poco. Seguía sin querer que me mandara textos como si nos conociéramos, pero ahora por lo menos no me sentiría tan incómodo.

“Entonces, si no voy, ¿me pasas los deberes por el móvil?”

“Yo tenía pensado venir aquí.” Estaba un poco molesta con tan solo haber escuchado mi propuesta, y esto no es cómo en el anime, cuando todas hacen pucheros y se ven muy monas, ella da miedo. Si no me mata ella me mata su mirada.

“Puedes venir entonces, si. Era solo por saber.”

“Okay, vendré después de comer a darte los deberes, lo que hemos dado, y si no te enteras de algo pues podría quedarme si me apetece aunque ni se te ocurra contar con ello blah blah blah.”

Osea que ahora se pone quisquillosa… Aunque en primer lugar, ella dijo que lo hacía porque quería, más que por obligación. Eso puede que no me lo trague.

“Tampoco te lo voy a pedir, me puedo apañar solo.”

“Ya he visto antes lo bien que te apañas.”

“La primera vez me lo habías explicado muy rápido. Es como ver un video en por dos.”

“¡A lo que iba! Que eso de ayudarte ya lo veré cuando esté aquí de nuevo.”

Por su parte, ella empezó a guardar tanto su archivador como su estuche rosa en su bolso tras haber aclarado las cosas, como si se preparara para irse. Viendo esto, aproveché para levantarme y, ahora si, recoger la bandeja con todas las bolsas de comida en la otra mesa

“Bueno, voy a recoger la bandeja y a subir la mochila. Puedes esperarme aquí un momento, luego vengo a por la jarra y los vasos.”

Siendo honestos, podría llevarme los dos vasos junto a la jarra en la bandeja, pero odio llevar coas muy pesadas en bandejas, sobre todo líquidos, porque siempre creo que se me van a caer de la poca fuerza que tengo. Y efectivamente, siempre se me caen.

Viendo como yo me levantaba, ella hizo lo mismo, y mientras me ponía mi bolsa en el hombro, me interrumpió.

“Antes de eso, ¿me podrías decir donde está el baño?”

“Ah, si. Hay uno aquí abajo, aunque es un poco peor, sobre todo porque es estrecho. Hay uno más grande arriba.”

Sería demasiado raro destacar que ese es al que suelo ir, es como si dijera que ahí dentro hago guarrerías de las que ni Dios quiere ver, aunque el hecho de que yo lo usara podría llegar a molestarle. ¿Mujeres, supongo?

“Ah, iré al de arriba entonces.”

Mhh, una pija… ya veo, ya veo.

Y así, mientras yo me llevaba la bandeja a la cocina, y tiraba todas las bolsas y migas a la basura, ella subió al baño de arriba. Fue entonces cuando me di cuenta del grave error que había cometido.

Si va arriba… ¿He dejado la puerta de mi habitación abierta? Espero que no… no, no debería de estar abierta, creo que la he cerrado, ¡de verdad espero haberla cerrado!

Ya era demasiado tarde para pararla. No es que hubiera llegado al baño, pero me sabría mal decirle a medio camino que fuese al de abajo.

También me di cuenta de lo tonto que fui al coger el bolso, porque todavía tenía que ir a por la jarra y los vasos. No voy a subir, bajar, y luego subir otra vez.

Después de recoger todo lo que saqué, dejé el salón como estaba, guardando los cojines debajo de la mesa, asumiendo que después de esto, ella se iría a su casa.

Ahora sí, me quedaba llevar la bolsa a mi cuarto. Me puse a pensar en el cataclismo por el que podría pasar de haber tenido mala suerte mientras subía por las esclareas.

“¡¿En serio te deja tener tu padre la habitación así de sucia?!” “¡Qué asco!” “¡Aquí huele a muerto!” “¿Hombres, supongo?”

Aceleré el ritmo hasta llegar al segundo piso, y para mi fortuna, la puerta de mi habitación no estaba abierta de par en par. Aunque quizá ella podría estar dentro, descarté la idea en cuanto vi la puerta del baño cerrada.

Me apresuré a meterme en mi habitación, dejar el bolso, e intentar dejarla lo más presentable posible.

Afortunadamente, la cama la tenía hecha, aunque estaba toda arrugada de haberme tumbado encima de ella antes de que Otsuki viniera. Todas las bebidas, las bolsas de picar, y cualquier trasto que tuviera molestando por el suelo o en mi escritorio o lo tiré a la basura o lo guardé en un cajón. No podía hacer nada con el suelo, ya que no iba a ponerme a barrer y fregar ahora, así que esto tenía que dar el pego. Por último, abrí la ventana, para intentar ventilar un poco la habitación.

Acabé un poco cansado de haberme movido tan rápido, por lo que me senté un momento en la cama. Me puse a ver el panorama de mi habitación, y el problema no era solo la suciedad, pero también su contenido.

Estaba la estantería entera llena de mangas y figuras de anime, y no creo que a una chica le guste ver a una figura de otra chica medio desnuda. Que conste que no la compro porque esté medio desnuda, es que no hay más figuras baratas. Luego por otro lado estaba el ordenador, que la verdad era completamente normal, no tenía una alfombra para ratón rara; era negra y ya. No debería de haberme preocupado, pero creía que sería juzgado por tener un ordenador y poco más.

No tuve más remedio que aceptar mi destino, y que Otuski se riera de mí y me llamar otaku por las siguientes 3 semanas cada vez que venga a mi casa.

Cuando abrí la puerta, vi que la puerta del baño también estaba abierta. Me acerqué lentamente, por si acaso estaba Otsuki todavía dentro, pero cuando me asomé, no había nadie. Es más, no escuché ningún ruido mientras me acercaba.

Me asomé por las escaleras y tampoco la veía abajo, y me daba demasiada pereza bajar. Por lo que la llamé, esperando que no se haya ido sin despedirse. No la veo capaz de hacerlo, pero quien sabe…

“¿Otsuki, estás abajo?” Alcé mi voz por el pasillo, justo enfrente de las escaleras, para que mi voz llegase abajo. Y tuve una respuesta, aunque la voz no vino de abajo.

“Estoy aquí.” Una voz femenina vino del cuarto al fondo del pasillo, y me quedé atónito, tanto que no reaccioné hasta pasados unos segundos.

Salí disparado por el pasillo, que no era muy largo, por lo que llegué a la puerta rápidamente. No dudé en abrirla, y cuando lo hice, entró a la vista la silueta de una chica. Era la que me esperaba, no la que quería ver.

Otsuki estaba arrodillada, enfrente del altar de ^[Ç+?.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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