Mindworld Complex! - Capítulo 19
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- Capítulo 19 - 19 Capítulo 4 Un Lugar Blanco 03
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19: Capítulo 4: Un Lugar Blanco 0.3 19: Capítulo 4: Un Lugar Blanco 0.3 Un lugar blanco.
Todo a mi alrededor era Un lugar blanco.
Yo estaba en ese espacio en blanco, de rodillas, estaba ayudándola hasta hace un momento.
Mis manos.
Mi camiseta, mi cara.
Por alguna razón, estaba manchado de pequeñas gotas de sangre, pero mis manos estaban bañadas en ella.
No podía escuchar nada.
No podía ver nada.
Todo era- Un lugar blanco.
No sé que es esto, qué es esto?.
Y Amaya?
“Amaya!” Grito su nombre, mientras miro al suelo.
sorprendido y enfadado, miro al suelo, miro al suelo.
“Ah…Ah…” Jadeé.
AMAYA, AMAYA, AMAYA, AMAYA, AMAYA, AMAYA, AMAYA, AMAYA.
Un lugar blanco.
Todo a mi alrededor era blanco.
Yo estaba en ese espacio.
Él estaba en ese espacio.
Estaba de pie, enfrente mía.
Espera.
Es él.
Él me ha llamada eso.
Este hijo de- “Donde está Amaya?” Estaba cuanto menos, desesperado.
“Yo no me la he llevado a ningún lado, has sido tú.” Era yo yo, yo, yo, yo.
Quien tenía en frente estaba mirándome, como si yo fuese una alimaña.
Me miraba por encima del hombro.
Me da asco.
Debería de estar muerto.
Un lugar blanco.
No llevaba la misma ropa que yo, pero he visto esa ropa antes.
Un lugar blanco.
Conozco ese pelo.
Un lugar blanco.
Esa mirada.
Un lugar blanco.
Esa voz.
Un lugar blanco.
Qué acaba de decir?
“Amaya…” Odio.
Desprecio.
Envidia.
“Llegas muy tarde.” Pereza.
“DEVUÉLVEME A AMAYA!” Me desgarré la voz.
Me levanté y le pegué un puñetazo en toda la cara.
Le pequé una y otra vez.
Estaba desquiciado.
Cada vez que le pegaba, no sentía nada.
No sentía mis puños, no me dolía nada.
Solo quería pegarle.
Otra y otra y otra vez.
Amaya, Ayama, Ayama.
No podía parar de repetir ese nombre.
Lo iba a matar.
Él tenía la cara desfigurada.
Sería una sorpresa para cualquiera decir que antes era la cara de una persona.
Me estaba cansando.
Cada vez le pegaba con menos fuerza, y con un ritmo más lento.
Me costaba respirar.
Pero no quería parar.
Un último puñetazo.
Solo uno más.
Pero, antes de dárselo…
Me perdí.
Me perdí en un lugar blanco.
Riku estaba de rodillas, mirando al frente.
Mirando un horizonte blanco.
Había alguien enfrente suya.
Ahí estaba él.
Quiero matarle, voy a matarle, ya le había matado, pero está ahí… Espera.
No me puedo mover.
Qué?
Cómo?
Por qué?
“Menudos modales.
Es así como recibes tú a alguien?” Él tenía una voz enfadada y molesta, pero su cara mostraba una expresión tranquila.
Era un joven, al igual que Riku, quizás demasiado parecido a Riku.
“Bah, da igual.
Que sepas que esto te lo has buscado tú.
Te pasa por ser tan salvaje.
Si sigues tirándote a la gente de esa forma, no vas a llegar a ningún lado.” Tenía una voz serena.
Incluso después de haber sido agredido de tal forma, no guardaba una pizca de rencor ante Riku.
Lo extraño era su falta de secuelas en su cuerpo.
Su cara estaba intacta.
Como si nada hubiera pasado.
Riku estaba confundido.
“Bueno, dime, donde está tu excusa?” Él miró a Riku.
Bajó su mirada.
Le observó como si de a un bicho se tratase.
Qué excusa?
Me da igual.
Amaya.
Dame a Amaya.
La voy a salvar.
Va a estar bien.
Va a- Él se quedó en blanco por un momento.
Dirigió su mirada al cielo, y, después de un tiempo, empezó a reír.
“Ni siquiera yo soy tan optimista!
Ambos sabemos lo que está pasando, y lo que va a pasar.
“Da igual que se la lleven al hospital.
Da igual lo que hagan con ella.
Es molesto, si, pero yo ya lo he aceptado.” Callaté.
CALLATE HIJO DE LA GRANDÍSIMA PUTA QUE LE HAS HECHO A AMAYA DEVUÉLVEMELA NO TE LO VOY A PERDONAR MALNACIDO DE MIERDA SOPLAPOLLAS COMEMIERDA IMBECIL DE LOS COJONES QUE LE HAS HECHO A AMAYA.
Él seguía riéndose, mientras que Riku estaba de rodillas.
No podía moverse, por mucho que lo intentara.
No podía mover los músculos de su cara.
Ni sus cejas, ni su boca.
No podía mostrar la parte más oscura y podrida de su ira.
“No te parece gracioso?
Porque estás enfadado?
Yo no he hecho nada!
Estoy limpio!
Impecable!!
Agente, soy inocente!” Cada vez que exclamaba algo, movía sus manos de una forma exagerada.
Hablaba con un tono cómico, como si estuviera en un club de comedia.
“Esto es más gracioso cuanto más lo piensas!” Gritó a los cielos, extendiendo sus manos.
Silencio.
Solo se podían oír sus respiraciones.
Estaba vivo?, se preguntó Riku.
Al haberse calmado, él volvió a hablarle.
“Veo que no entiendes lo que pasa aquí, y que tampoco entiendes tu posición.
Ahhh, si, es una pena, una lástima, un disgusto, que dolor!
Menos mal que un alma bondadosa a bajado a explicarlo todo.
Pero bueno, si te pones así de rabioso, te voy a tener que mandarte a dormir, de una manera u otra.” Riku seguía enloquecido, su mente era un revoltijo de emociones incontroladas, las cuales no podía liberar de ninguna manera.
Estaba en una jaula, en un cascarón.
Un cascarón de carne que se niega a escuchar sus órdenes.
Matar, matar, matar, era todo lo que pensaba.
Pero sí podía oír todo lo que él decía.
“Aunque, no puedo dormirte.
Si lo hago, que voy a ganar yo?
Así no vas a aprender nada.” Él se puso a pensar, llevándose la mano a la barbilla.
“Ya lo tengo!
Si, si, eres un genio.
Lo siento amigo mío, pero como no quieres cooperar, te voy a tener que sacar de este mundo.
No te preocupes, porque…” -“…No te voy a abandonar.” Él sonreía de mejilla a mejilla, de una manera grotesca.
En el momento que dijo esas palabras, todo se volvió negro.
Ahí se encontraba Riku.
No quería ver nada.
Quería cerrar sus ojos.
Pero tampoco podía moverse.
No podía cerrarlos.
Lo único que podía hacer era ver.
El cuerpo de su hermana.
Eso era lo único que podía ver.
La efímera viveza de su sangre.
Su cuerpo tumbado en el frío suelo.
Sus ojos sin vida.
Su garganta completamente rajada.
Todo.
Veía todo y nada a la vez.
Veía todo, porque eso era la definición de “Todo” para Riku.
Veía nada, porque no quedaba nada de ese “Todo” en el que Riku creía.
Solo había un trozo de carne que se asemejaba a ese todo, tirado en el suelo, despojado de la más pequeña luz de vida.
No quería aceptarlo.
No quería afrontarlo.
Pero era evidencia suficiente.
Aunque su cuerpo todavía estaba caliente, y su corazón aún latía, era muy tarde, pensó Riku.
Ya que no respiraba.
Pronto, perdería esa calidez, y esos latidos.
Solo tenía que esperar.
Daba igual lo que él hiciese, sería todo en vano.
Poco a poco, pudo mover sus ojos.
Solo sus ojos.
No los cerró directamente.
Los cerró poco a poco.
Y, cuanto más los cerraba, más oía esa palabra.
Asesino, Asesino, Asesino, Asesino.
Esa palabra se repetía en su mente infinidad de veces, sonando una detrás de otra, una encima de la otra.
No, No, No, No.
Lo único que podía hacer Riku era negar.
No podía hacer nada más.
Pero tenía que cerrar los ojos.
Era mejor afrontar mil mentiras, a presenciar una única verdad.
Abrumado por el ruido, Riku consiguió cerrar sus ojos.
“Hola” Él estaba enfrente de Riku otra vez.
Las voces se habían esfumado.
No he sido yo.
“No intentes escapar de ello” Él todavía tenía una leve sonrisa en su rostro.
Yo no lo he hecho… “Todo esto es tu culpa.” Yo quería ayudarla… “Tú la has matado.” Las palabras de él retumbaron por los oídos de Riku.
Riku Intentó taparse la cara.
Cuando lo hizo, noto una calidez intensa.
No de sus manos, pero de la sangre en ellas.
Se había manchado la cara con esa sangre.
Estando de pie, Riku se desplomó, cayendo de rodillas al suelo, apoyando sus manos al suelo para no caer completamente.
“Ha?
Ahora vas a ponerte a cuatro patas?
Venga, que solo te estoy diciendo la verdad” Él le habló a Riku con un tono medianamente amable, aunque se notaba que no era su intención apiadarse de Riku.
“Yo… con mis propias manos… No… no es posible…” Cuando él escuchó a Riku decir eso, la sonrisa que él tenía en su cara se intensificó considerablemente.
“Si, lo has hecho tu solo.
Ha sido un espectáculo!.
Aunque ha tardado mucho en hacerlo.
Pobrecita.” Un breve tono de tristeza se notó, después del recurrente éxtasis que él mostraba.
“Pero, sabes, es irónico.
Por qué intentas huir?
Por qué no la puedes mirar a la cara?
Si es que de verdad, como puedes caerte dos veces con la misma roca?
Vas a abandonar a alguien a quien quieres otra vez, y te da igual?
Ni siquiera eres capaz de darte cuenta de lo que haces mal?
Como es-” Mientras él seguía hablando, Riku empezó a recordar,.
“… Caerme dos veces con la misma pierda?”, pensó inconscientemente.
Qué es lo que he hecho mal?
La he… abandonado?
No.
Yo, yo no lo he hecho, verdad?
Ahora no he hecho lo mismo que antes!
Esto es diferente!… Lo es?
No lo he repetido.
No repetía mi error.
No la he abandonado, de la forma que abandoné a mi abuela, verdad?
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