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Mindworld Complex! - Capítulo 20

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  4. Capítulo 20 - 20 Capítulo 4 Un Lugar Blanco 04
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20: Capítulo 4: Un Lugar Blanco 0.4 20: Capítulo 4: Un Lugar Blanco 0.4 Cuando la tuvieron que ingresar, pasó el tiempo, y fui a visitarla.

Le habían cortado todo el pelo, se veía más pálida, y estaba flaca.

Mi madre ya me advirtió de que no entrara, pero lo hice de todas formas.

Quería ver a mi abuela.

Solo que no sabía como se veía.

En cuanto vi a la abuela así, le grité al doctor que la sacara de allí.

Le supliqué que la quitara todos los tubos que tenía pinchados, que le pusiera su pelo de vuelta, que le devolviera su cuerpo.

Mi madre empezó a gritarme en lágrimas.

Me dijo que dejara de decir esas tonterías.

A voces, me explicó que ella había decidido entrar, y que si me había enfadado por eso, entonces era un tonto.

Si tenía alguna queja, tendría que decírsela a mi abuela, y a nadie más.

Ahí fue cuando empecé a ver mal a mi madre.

No, ahí fue cuando empecé a ver la verdad.

Antes, solo intentaba dejarlo pasar.

Hablándome de esa forma, con esa voz…

La abuela intentó calmarme.

Me llamó, diciendo que ella estaba bien.

Yo le dije que no podía estar así, que se viniera a casa, pero ella dijo que esa era su casa ahora.

Empecé a gritarla.

Le pregunté por qué no quería volver a casa, por qué se quería quedar allí.

Ella me dijo que era lo mejor para ella, y que no puede cambiarlo.

Me dijo que saldría de allí.

Que se mejoraría, y que luego vendría a casa.

Esa fue la primera vez que ella me mintió a mí.

Y pude darme cuenta.

No sonaba convincente.

Ese tono, sereno y calmado, seguro y reconfortante, se había ido.

Odié que me mintiera, por eso, yo… No, no quiero recorda- “Le dijiste que ella era una imbécil, que no quería a su familia.

Dijiste que la odiabas, y saliste corriendo del hospital.

“Tu hermana te siguió, para intentar hablar contigo y calmarte, pero tu la rechazaste.

La dijiste que te dejara en paz, que no querías ver a la abuela nunca más.

Estuviste así todo un mes.

“El enfado te duró poco, pero el resentimiento se quedó.

Casi no le hablabas a tu madre, y ella, con la poca paciencia que tenía, te gritaba casi a diario.

No había día en el que no tuvieras un problema con ella.

Era como si la madre que conocías se hubiera ido.

“Y luego estaba el pobre de tu padre.

Tenía que comerse los berrinches de tu madre, sin haber hecho nada.

Primero te gritaba a ti, y luego a tu padre.

Amaya era la única que se libraba.

“Que si te tenía que mandarte a un internado, o a un monasterio; Que si debían castigarte para siempre.

Lo único en lo que se preocupaba tu madre era en quejarse de ti.

Así, cualquiera pensaría como tú.

‘Se preocupa más por gritarme a mí, que por la salud de la abuela’.

“Todo cambió cuando, al haber pasado otro mes, tu madre tuvo que salir a hacer la compra.

Extrañamente, ella tardó más de lo normal.

Tiempo después, te enteraste de lo que pasó.

“Tu abuela había muerto.

“No quisiste salir de tu habitación por una semana entera, y tu madre dejó de perseguirte a voces.

Solo saliste gracias a eso…” De repente, ya no estaba en ese lugar.

Estaba recordando, viendo ese momento de hace 5 años.

Alguien estaba tocando a mi puerta.

Yo estaba encerrado en mi habitación, jugando con mi tablet, como siempre hacía de pequeño.

Si no estaba con la tablet, estaba con algún juguete.

No contesté, pero, la que llamó a la puerta decidió entrar, incluso si ya le había dicho cientos de veces que me dejara en paz.

Hay muchas cosas que les he dicho a mi padre y a mi hermana de las que me arrepiento, y, de las que ya me he disculpado, pero sigue sentándome mal cada vez que pienso en ello.

Me revuelve el estómago.

“Riku…” Dijo mi hermana, dejando la puerta medio abierta, y asomándose por ella.

“Dejame en pa-” Contesté con el tono enfadado y reacio, el cual tuve todo el tiempo que estuve encerrado en mi habitación.

“Por favor!” Imploró ella, con un claro todo de tristeza y a la vez miedo en su voz.

No la contesté, pero deje que se quedara.

Era la primera vez que la escuchaba así de dolida, con una voz tan débil.

Aunque fuese un niño, sabía que ella estaba mal.

Me hacía sentir mal, también.

“…” “Y-yo…

Puedo hablar contigo?” “… Si” Quería ayudarme.

Aunque no supiera como, quería sacarme de ahí, y tener devuelta al hermano menor con el que siempre ha estado.

Yo le estaba dando la espalda en ese momento.

No quería mirarla.

No por asco, o enojo, sino por miedo.

No quería ver su cara.

No quería saber si estaba enfadada conmigo por comportarme así.

No quería que me pegara, pensaba que iba a hacerme algo malo.

A veces cuando jugábamos, nos pegábamos.

Obviamente, sin intención de hacer daño.

Aunque alguna que otra vez, alguien se pasaba, pero pronto lo arreglábamos, y pasábamos a pegarnos otra vez.

Eso no era lo único que hacíamos, claro.

No éramos tan raros.

Cuando mamá nos veía así, se enfadaba con ambos.

En cambio, nuestra abuela nunca nos paraba cuando nos poníamos así.

Ella sabía que era un juego, y que lo estábamos disfrutando.

A veces hasta me cogía por sorpresa y me hacía cosquillas.

Se volvía muy animada cuando jugaba con nosotros, a pesar de la edad que tenía.

No esperaba que ella hiciera lo que hizo en su momento.

No dijo nada después de que le dijera que si.

Cerré los ojos y me preparé para la peor, pero… “…Por qué?” … Ella se abalanzó a mi espalda, y, apoyada en mi espalda, empezó a llorar.

La puerta estaba cerrada, por lo que nuestra madre no subió a apartarme de ella.

Se aferró a mi ropa fuertemente, mientras lloraba sin freno alguno.

Era desgarrador.

Escucharla llorar era algo horrible.

Una voz tan frágil, tan rota.

Un sollozo tan desesperado… “Yo… No lo sé…” Empecé a llorar junto a ella.

No había soltado ni una lágrima desde que mis padres me dijeron lo que había pasado.

No quise, pero a la vez tampoco pude.

Intentaba distraerme continuamente para no pensar en ello.

Pero, al ver a mi hermana así, no pude parar de pensar en mi abuela.

Cuando pensé en ella, solo me vino una imagen a mi cabeza: La última vez que la vi fue cuando me enfadé con ella.

Qué impresión le he dejado?

Me odia?

Se ha ido pensando que soy malo?

Pensé.

Y cuando me dí cuenta de todo esto, empecé a llorar.

No hablé durante el tiempo que estuve así, pero mi hermana balbuceó muchas cosas, algunas la entendí, otras no.

“Yo, no quiero perderte a ti también!… Por favor, no me dejes sola…” No me dejes sola.

Cuando nos calmamos, mi hermana me dijo una última cosa sobre el tema.

“Y, por cierto, te quería contar una cosa más.

Mamá me ha dicho que no te lo diga, así que no digas nada, ok?” “Ah, ok…” “Es sobre la abuela, sobre sus últimos momentos.

No te importa escucharlo, verdad?” “S-si!

Quiero escucharlo” Dije, sobre todo, con miedo.

Un mar de pensamientos y palabras cruzaron mi mente, todos negativos.

Seguro que mi abuela se enfadó conmigo, y se fue con un disgusto.

Por qué tuve que comportarme así?

“Lo he apuntado en una nota.

Prefieres que lo lea yo, o lo lees por to cuenta?” “Prefiero que me la leas…” “Pues, empiezo ya… “‘Riku, perdóname por estar así.

Yo tampoco quiero estar así, pero me toca estarlo.

Seguro que entiendes porqué, eres muy listo, después de todo.

Y, el que te preocupes tanto por mi hace que me entren ganas de llorar, pero, no lo voy a hacer.

No quiero ponerte más triste de lo que estarás ya.

Yo te amo.

No podría enfadarme contigo nunca, menos sabiendo lo buena persona que eres.

Cuida de tu madre mientras no estoy, ayuda a tu padre, y portate bien con tu hermana.

Solo espero que de vez en cuando, vayas a verme.

No quiero que sigas enfadado conmigo.

Yo no estoy enfadada, por eso quiero que vengas.

No quiero que te olvides de eso.

Te quiero, Riku.

Cuídate.’” Mi hermana terminó de contarme palabra por palabra lo que dijo mi abuela.

Sentía como si ella me lo hubiera dicho en ese momento.

Como si hubiese vuelto solo para decirme esas últimas palabras.

“Abuela…” No tardé en empezar a llorar otra vez, con un tono de voz aún más roto.

Lloré a mares, y empecé a temblar.

Me abalancé hacia mi hermana, abrazándola.

Sin intención de parar, agarré la parte trasera de su camiseta.

“Perdoname abuela!… Yo… Yo… perdón…” No estuve mucho tiempo llorando, pero sí estuve mucho tiempo con mi hermana.

Ella estuvo consolándome todo lo que podía.

No volvió a llorar.

Se preocupó más por atenderme a mi.

Sentir su mano acariciar mi pelo me relajaba.

Me calmaba sentir su calor.

Me calmaba al sentir sus manos abrazándome.

Me aliviaba con solo saber que estaba con ella.

Sentía como si mi cuerpo estuviese flotando en el espacio, un espacio cálido, con una infinidad de estrellas brillantes… Un lugar deslumbrante, que irradiaba de energía, un lugar… Un lugar blanco.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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