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Mindworld Complex! - Capítulo 46

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  4. Capítulo 46 - 46 Capítulo 8 Falta de Respeto
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46: Capítulo 8: Falta de Respeto 0.2 46: Capítulo 8: Falta de Respeto 0.2 Eh??

En la cara de mi madre se pintó una cara apática, la cual siempre he imaginado que tendría debajo de esa máscara.

“¿En serio crees que lloro solo por mi imagen?

¿No crees que eso es un poco surrealista?

¿No eres tú el que drama-tiza un poco las cosas?” ¿Qué está diciendo?

¿Me estás culpando?

¿De qué?

Ella me estaba encarando.

No hablaba mientras se miraba las uñas, o mientras miraba la mesa, sus ojos estaban fija-dos en mi cuerpo, en mi cara, en mis ojos, en mi ser.

“Pues, de muchas cosas la verdad.

Eres un caso perdido.

Crees que tragándolo todo vas a llegar a algún lado.

No eres más que un imbécil si crees que vas a llegar a algo con todo eso dentro de ti.” …?!

El tono con el que me hablaba era igual que el que ponía cuando se enfadaba conmigo en casa.

Un tono amargado y completamente hostil, y en ciertos casos, hasta sarcástico.

“¿Te ves como alguien mejor solo por haberte dejado atrás, y por no poder aguantarte más?

¿¡Cuántas cosas crees que has hecho mejor tú que yo!?” Muchas, cientos, miles!

De verdad te piensas que ‘hacer algo’ es ladrar todos los días que estás harta de ser una sirvienta!?

Si no estás dispuesta a hacer lo que debes hacer, entonces muere y trae devuelta a ^[Ç+?

!

Así por lo menos tu vida de mierda valdrá algo.

“Lo que dices pierde peso cuando eres tú el que no hace nada.

De por sí, antes de irme no hacías las pocas tareas que te mandaba.

Siempre le tirabas el muerto a tu hermana, y ella era demasiado buena como para rechazarte.” Ella lo hacía porque quería.

Hubo más de una vez que no hice las cosas que tenía que hacer porque ella me decía que lo haría en mi lugar!

Sonaba irritada e indignada mientras estaba sentada en su silla, manteniendo esa mirada afilada mientras me tiraba todo lo que tenía que decir.

El salón detrás de ella empezó a distorsionarse, aunque fuese sutilmente.

“¿Y las veces que ella no quería hacerlo, pero aún así aceptaba?

No tienes excusa alguna para eso, admítelo.

Nosotros te lo mandábamos a ti, no a ella.” … Aún así, yo hacía mis obligaciones.

Estudiaba cuando tenía exámenes, hacia los deberes cuando los mandaban, y siempre he sacado buenas notas.

Eran ideas tontas.

Todo lo que decía eran perrerías.

¿Qué me importa todo eso ahora?

¿Tú crees que eso es lo importante ahora?

“Pero siempre lo dejabas todo para el último día.

Confiábamos en ti porque sacabas buenas notas, pero no estudiabas casi nada.

Decías que te daba pereza estudiar, o que tenías tiempo de sobra.

Ni siquiera tú sabes como sacabas notas tan buenas.

Te irá mal en el futuro con esa mentalidad.” ¡Pero yo hacía lo que tenía que hacer!

¡Mi responsabilidad era ir a clase y sacar buenas notas, y eso es lo que siempre he hecho!

Puede que no estudiara mucho, ¡pero era porque no lo necesitaba!

“Ya te lo he dicho antes.

Tú no hacías lo que te mandábamos en casa.

Eso era una responsabilidad tuya, una que evadiste al completo.

¡Por mucho que hayas hecho la mitad del trabajo, no significa que este completo!” … Eso fue a lo único que no pude contestar.

“Pero bueno, eso no es lo que me molesta.

Aunque también es otra responsabilidad que siempre has tenido, no la has hecho.” ¿Ahora que me vas a decir?

¿Qué no la he apoyado?

¿Qué la he abandonado?

Ya he oído eso.

No hace falta que salga de la boca de una zorra para que lo entienda.

Dirigí mi mirada al suelo, ya no era capaz de mirar a la dirección en la que ella estaba.

Aún así, también me mareaba mirar al suelo.

Todo se veía tan pálido, como si le faltara color.

“No.

Lo que no has hecho es diferente…” La apatía en su cara poco a poco se cambió por pura repulsión.

Su tono pasó de ser hostil a ser frío.

En breve, pasó a ser la mujer que conocía a alguien completamente distinto.

“No has sido su hermano menor.” …?

“Parecía más una relación tóxica que una hermandad.

Ella era siempre la que te apoyaba, la que estaba a tu lado, pero, ¿Qué le has dado a ella aparte de problemas?

Además de peso, ¿Qué más has aportado?” Yo…

“¿Qué?

¿Ahora no sabes como defenderte?

Entonces sabes que tú has sido el primero en acudir a ella, pero el último en ofrecerte a ella, ¿no?.

Cuando piensas en ^[Ç+?, tan solo piensas en ^[Ç+?, no en tu hermana.

La ves como una persona más en tu vida, una que ha hecho mucho por ti.

Pero tú le has escupido en la cara.” … En cuanto intenté hablar, ella se levantó de la silla.

Su cara empezó a oscurecerse.

Decidió hablarme estando levantada, sin dejar atrás ese tono cruel, juzgando cuanto podía a la persona enfrente suya, a la cual siguió mirando con desprecio.

“No contento con dejarla sola, le has pasado todo tu peso a ella.

Siquiera has pensado en mi hija como alguien importante por quien es, y no por lo que hace?” … “¿No te da vergüenza ser el primero en echarme a la cara todo eso, cuando eres el primero que no tiene derecho a hablar con esa boca?

Lo único que sabes hacer con esa lengua es hablar, no ayudar.

Solo sabes coger, no dar.

Eres un egoísta.

Un parásito.

Hablarte sobre cualquier cosa es como hablar con una pared, ya que no vas a hacer nada, y mucho menos cambiar.” … Cuanto más hablaba, más parecía que se fuera a lanzar encima mía.

Junto a este sentimiento, mi madre empezó a acercarse a mí, por muy lento que fuera.

Apenas podía ver su rostro.

“No sientes pena por ella, no te da pena haberla hundido con el peso que tú has puesto sobre ella, yendo por su consuelo de vez en cuando, contando tus problemas como si se tratara de una novela.

Lo único que consigues con esas penurias tan exageradas y frágiles es que ella te vea como alguien fuerte, que va a intentar mejorar, cuando en realidad eres un trozo de cristal más fino que el papel.” … Al final, estaba prácticamente a mi lado, podía escuchar su voz claramente desde mi oído derecho, y sentía su presencia a su vez, no hacía falta que levantara mi mirada para saber que estaba ahí.

Tenía miedo.

“Haces que se piense que tienes una peor vida que ella, que su vida parezca gloria pura, y la tuya un abismo sin luz alguna.

¿Cómo va a poder alguien con ese sentimiento abrirse con los demás?

‘Hay mucha más gente pasándolo peor que yo’, ‘Solo es una tontería, ya se me pasará’.

Por mucho que le duela, lo ignora como una deficiencia de su consciencia, una payasada de la que no merece saber ni un psicólogo.

¿No sabes el daño que pueden hacer un par de palabras doloridas?” “Y aún peor es que tengas más cosas de las que presumir.

Amigos, calma, felicidad, se lo restregabas todo en su cara.

Todo te da vergüenza, ¿pero esto no?” … Perdón… En cuanto solté esas palabras débiles, mi madre me agarró del cuello de la camiseta con una fuerza considerable.

Estaba forzándome a mirarla a los ojos.

Su cara se oscureció por completo, sus ojos irritados destacando en ella.

Estaba exhausta de hablarme.

Yo solo podía responder con una mirada agobiada y aterrada.

El salón perdió toda su saturación, volviéndose una mezcla de tonos blancos y negros.

“¿Te crees que con pedir perdón vas a hacer algo?

¡Ese tipo de palabras vacías deberían estar lejos de la boca de cualquier desgraciado que quiera usarla!

No puedes enmendar lo que ya has hecho.

De ninguna manera.

Da igual lo mucho que trabajes para ‘compensarlo’, nunca lo vas a arreglar.

Solo estás evadiendo el problema.

No ayudas en nada a nadie.

Ni siquiera a ti mismo.

La gente que se queda tranquila solo con eso debería quedarse con un agujero en su pecho igual al que han intentado tapar.” Su voz retumbaba en mi cabeza.

La misma hacía huir a las líneas negras y tonos grises del lugar, predominando un blanco brillante por doquier.

Daba igual cuanto lo intentara, no podía quitarme las manos de mi madre de encima, por mucho que las golpeara o apretara.

Peor aún.

Cada vez que intentaba eso, más manos aparecían.

Eran negras, y eran finas, muy finas.

Parecían desnutridas.

Hasta emitían una tenue niebla negra, la cual carecía de calidez alguna.

Estas manos agarraban débilmente cualquier parte de mi pecho.

Lo que me impedía quitarlas del medio era el miedo a tocarlas.

“¡Y tampoco te creas que vas a arreglar todo huyendo!

Que no veas el problema no significa que no siga ahí.

¡Te debería dar vergüenza el simple hecho de pensar en eso!

Aunque nadie te quiera vivo, incluido tú mismo, tienes que seguir viviendo por el bien de la justicia.

Dios no va a juzgar tus pecados porque no existe.

No se puede castigar a un cuerpo podrido e inerte, ¡por eso es que tienes que vivir!” Cada parte de mi gritaba del miedo excepto mi boca, con la cual apretaba mis dientes fuertemente.

Mi rostro tenía una mezcla de miedo y desesperación plasmado en él.

Las frágiles manos no paraban de aparecer, incluso si ya había dejado de resistirme.

Estas me forzaban a mirar fijamente a mi madre, sosteniendo mi cabeza y párpados, para no moverme en absoluto.

La cara de mi madre empezó a deformarse en cuanto el cuarto perdió todo su color, predominando aquel tono blanco que conocía.

Su figura empezó a estirarse y deformarse poco a poco, a la vez que su voz sonaba menos y menos natural.

Cada vez se parecía más a la de un monstruo.

“¡Vive para que todos los afectados puedan castigarte!

Y si tú eres el único afectado: ¡Sufre!

¡Recibe el castigo de tu propia mano y mente día a día hasta que tu cólera se sienta aliviada!

¡Aguanta esas miradas cada mañana, tarde, y noche, para saciar a tu paranoia!

¡Vive con esa carga hasta el resto de tus días, para que descanse junto a ti en la tumba!

No vas a sufrir para vivir, ni vivir para sufrir…” Un lugar blanco.

“Vive para calmar a todos aquellos que has defraudado.

Sobre todo a mí.” Estaba de pie.

Ya nadie me retenía.

Nada me iba a parar.

No estaba mirando a quien tenía de frente.

Me temblaba la vista.

Había escuchado y procesado cada palabra que me habían dicho, y aún así, me sentía confundido.

Llevé mis manos a mi cara para frotarme los ojos.

Para aclarar mi vista.

Quizá así puedo saber a quién tengo enfrente.

Quizá así… Varios colores chocaron en mis ojos al abrirlos, todos típicos del salón que tantas veces he visto.

Estaba sentado en la mesa del salón.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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