Mindworld Complex! - Capítulo 58
- Inicio
- Todas las novelas
- Mindworld Complex!
- Capítulo 58 - 58 Capítulo 10 Decepción 02
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
58: Capítulo 10: Decepción 0.2 58: Capítulo 10: Decepción 0.2 Ojos.
Los ojos son el órgano más aterrador del ser humano.
Con solo una mirada, puedes saber todo lo que pasa, qué piensa la persona, lo que está pasando, todo.
Con que te miren por un segundo, sabes que alguien te está mirando.
Sentir que te miran es sentir que alguien se está fijando en ti.
Que se fijen en ti debe significar algo.
Esperan algo de ti.
Por eso te miran.
Buscan reacciones.
Buscan estímulos.
Solo una mirada puede cambiarlo todo.
El levantar la cabeza es inútil si los ojos siguen mirando hacia abajo.
Por eso da tanto miedo.
Que todo dependa de ellos.
Que puedas saber que alguien te esté mirando.
Que puedas saber que miles te están mirando.
Es como si cada mirada fuese un peso más.
Una carga más.
Todos ellos tienen expectativas sobre ti.
Todos te esperan.
Da igual cuanto te muevas, esos ojos no se van a ir.
Da igual cuanto huyas, esos ojos siempre te van a ver.
Incluso tus propios ojos esperan algo de ti mismo.
Te cargan con expectativas, con tus propios sueños, con tus propias esperanzas.
Los ojos también son los únicos que pueden calmarte.
Ni mil palabras calmarán más que llorar.
Cuando uno no puede expresar su dolor en palabras, lo hacen en lágrimas.
En llanto.
Pero es algo que uno debe controlar.
Llorar cuando se tienen palabras que decir es una busca precipitada de calma y cariño.
Añorar ese alivio tras el llanto es el propósito de las lágrimas.
Pero hay veces que solo arruinan todo.
Romper la compostura de esa forma es a veces peor que la razón por la que se llora.
También, de vez en cuando, no hay una razón específica por la que llorar.
Uno se siente de esa forma, y su cuerpo lo fuerza a llorar, aunque este no quiera.
Aunque no sea el momento.
El llanto puede romper en vez de arreglar.
Que los ojos tengan tanto poder es algo temible.
Es lo contrario a lo que el ser humano siempre busca.
Es el poder de romper.
Ese agua que a la vez te consuela, a la vez puede- …
¿Agua?
Sed.
Tras pensar en lo que quería hacer, dejé aquel trance, aquella reflexión sin sentido en la que estaba.
Suspiré, molesto con mis propias necesidades.
“…Supongo que bajaré a la cocina.” Podría haber ido al baño de arriba, que además está enfrente de mi habitación, pero quería beber agua fría.
Tendría que ir a la nevera.
Abrí la puerta de mi habitación.
Por mucho que tuviese el baño enfrente mía, iba a bajar solo por un mero capricho.
A la derecha del pasillo estaban los escalones para ir a la cocina, a mi izquierda… …no había nada.
Era un negro tan oscuro que dudaba de si realmente era el color negro.
¿Será esto lo que ve la gente sin ojos?
¿Tan exasperante es?
No podía quitarle los ojos de encima.
Quería ir hacia ella.
Quería dejar que me consumiera.
Todavía podía ver esa puerta.
Su puerta.
Me distraje.
Quería ir, correr hacia ella y abrirla.
El abismo enfrente mía no era nada si podía ver mi meta al final.
Todo lo que necesito es ver.
Quien no puede ver la meta, no puede cumplir su objetivo.
¿Qué es un objetivo sin finalidad, después de todo?
Di un paso al frente.
En cuanto lo hice, en el momento en el que toqué ese negro intenso, cierta viscosidad se llevó la sensación de mi pie.
Eran tentáculos, no, eran látigos, quizá ambos.
Los tentáculos me arrebataban la sensación, y los látigos lo confirmaban, azotando mi pie sin piedad.
No sentía mi pie, pero sí el dolor de cada azote.
No estaba golpeando a mi piel, estaba dándole a mis nervios directamente.
No podía echarme atrás.
No sentir algo es irrelevante.
Sentir dolor es a lo que el ser humano está condenado.
Si este leve escozor me ahuyentara, no llegaría a ser nada en la vida.
Tengo que ser fuerte, ya que el mundo también es fuerte.
Otro paso.
La primera vez, evité meter otra parte de mi cuerpo que no fuese mi pie, pero ahora me daba igual.
Casi todo mi cuerpo estaba dentro de la espesa oscuridad.
Como si parte de mi todavía estuviera insegura, dejé mi brazo derecho afuera.
Lo primero que sentí al entrar fue como los tentáculos negros envolvían todas las partes que había metido.
Mi otro brazo, mis piernas, mi pecho.
Sentía como esos tentáculos fríos y viscosos se apoyaban y adherían a mi cuerpo.
No tardé poco en perder la sensación del mismo.
Mis sentidos estaban intactos, pero gran parte de mi cuerpo estaba dormido.
En cuanto dejé de sentir, inmediatamente vino algo mucho peor.
Azotes.
Látigos que me golpeaban continuamente, por todas partes.
Por los lados menos los más sensibles de mi cuerpo, privado de sensaciones.
Dolor.
Escozor.
Presión.
No sabía si me estaba moviendo.
Dejé de sentir mi brazo derecho en el momento que lo metí.
‘Dolor’, era lo único en lo que pensaba mi cuerpo.
Pero yo ignoré todas esas señales.
No eran nada.
La puerta, tenía que llegar a la puerta.
Estaba convencido de que tenía que hacerlo.
El primer error que cometí, fue cuestionar esa meta.
‘¿Por qué quiero ir por la puerta?’.
Titubeé.
No pude dar una respuesta.
Por muy visible que fuera, esta dejó de ser mi centro de atención.
Dolor.
Dolor.
Dolor.
Ya no eran azotes, no eran golpes.
Dolor.
Puro dolor.
Era como si alguien cogiese mis nervios, y con ellos hubiera hecho un saco de boxeo.
Tampoco podía sentir de donde venía.
No podía sentir mi cuerpo en primer lugar, por lo que tampoco podría saber si en verdad estoy avanzando.
Solo lo sé gracias a que la puerta se acerca poco a poco.
Si pienso en mover mi brazo al frente, aunque no lo sienta, este aparece, tapando levemente la luz que la puerta emitía.
Me estaba moviendo poco a poco.
Cada segundo que pasaba, cuestionaba lo que hacía.
Debería de dar media vuelta, no merece la pena, pensé, pero si solo era esto, podía seguir aguantando.
Mi segundo, y último error, fue hacer caso a esos pensamientos.
Ocurrió a la mitad del camino.
Por un momento, giré mi cabeza para mirar atrás.
Consideré en abandonar lo que estaba haciendo.
El resto del pasillo había desaparecido.
Solo había oscuridad detrás mía.
Oscuridad en la que residían ojos.
Ahora sabes que existen, ahora ellos saben de tu existencia.
Ya no era dolor lo que sentía.
Era peso, presión.
Intenté darme la vuelta de nuevo, centrarme en mi meta, pero ya había mirado, ellos ya habían visto mis ojos.
No pude suprimirlo.
Un fuerte ruido me sacó fuera de mi objetivo.
Solo podía pensar en lo que mis oídos y vista recibían.
Estática.
Primero fue estática.
Era un ruido fuerte, tanto que ni podía escuchar mi voz.
Lo único que quedaba de mi era mi vista y mi oído, y uno de ellos ya estaba sobrecargado.
No podía moverme del lugar.
Podía claramente ver la puerta al final del pasillo, pero no me atrevía a avanzar.
No, no podía hacerlo.
En el momento en el que me giré, la puerta dejó de importarme.
La estática bajó su intensidad, pero no para darme tiempo de tregua.
¿Qué puede ser peor que un ruido molesto?
Voces.
‘¡Un monstruo!’ ‘¡Todo ha sido tu culpa!’ ‘Estarías mejor muerto.’ ‘¡No te mereces nada!’ ‘¡Disculpate con la gente que te ha conocido!’ Tenían un tono serio, autoritario.
Podía sentir como todas esas voces venían de más arriba, un lugar al que nunca podría llegar.
No tenían emoción alguna aparte de ira.
Gritaban, ladraban, cualquier cosa que pasara por su mente sería lo primero que dirían.
Todas se sobreponían entre todas.
No se dejaban tiempo para hablar, era como una revuelta, como una pelea entre ellas.
Aun así, podía entender lo que decía cada uno, sabía lo que decían, y a quién se lo decían.
También por qué lo decían.
Era insoportable.
Nadie debería de ser capaz de aguantar esto, de vivir con esto.
En los rincones de mis ojos podía ver como más ojos aparecían, abriéndose uno a uno.
Todos tenían el iris completamente negro.
Era del mismo tono que de el lugar que me rodeaba.
Ya había pasado por esto.
Miles de miradas que me consumían en un túnel sin final, sin esperanza.
Ya lo había vivido, pero no me servía de nada.
Era impotente.
No tenía nada a mi disposición que hacer.
Solo podía soportar.
Aguantar inútilmente hasta romperme.
‘¡Niño engreído!’ ‘¡Pecador!’ ‘¡Salvaje!’ ‘¡Fracaso!’ Cada voz, única del resto, tenía algo distinto que decir.
Me ponían nervioso, estresado.
Quiero irme.
No quiero estar más así.
No puedo estar más así.
¿Por qué no me rompo?
Quiero romperme.
Así podré descansar.
Dejaré de pensar.
Dejaré de sentir.
Esto es demasiado.
No quiero abrir la puerta.
Ya me da igual, no quiero.
¿Qué iba a hacer, de todas formas?
No hay nada ahí que me interese, ya no.
En cuanto me rendí, todo volvió a la normalidad.
No le di mucha importancia.
Por mi bien, no le dí importancia alguna.
Me giré, y primero fui al baño, bajando las escaleras y pasando por la entrada.
Es un baño pequeño.
No hay ducha aquí, por lo que solo voy cuando ya estoy abajo y quiero ir al baño.
Sería una molestia tener que subir al baño de arriba, así que por eso hay uno abajo abajo.
No es mejor, es objetivamente peor, pero se sigue apreciando.
Da igual el valor que uno tenga, si es que eso es siquiera una cosa, todos puedes ser importantes en el lugar correcto.
“Heh, entonces qué soy yo, si ni en mis mejores lugares llego a algo” Tal y como pensé, al acabar en el baño fui a la cocina.
La nevera estaba al frente de la puerta, por lo que no tuve que andar hacia ella.
Al abrirla, me planteé, solo por un momento, hacer la cena.
Rechacé la idea, y pensé en coger algo rápido para comer.
También rechacé eso.
Después de sacar la jarra de la nevera, cogí un vaso de agua de uno de los armarios de la cocina, y me eché el agua.
No suelo sentirme así, pero me siento consciente.
Todo parece tan lento.
Normalmente no haría esto con tanto cuidado.
A este punto ya se me habría caído el agua.
Me quedé mirando al vaso.
No puedo ver mi reflejo.
Todo es tan transparente.
Me calma, aunque no aporte nada.
¿Acaso busco distraerme con esto?
Supongo que es más fácil pensar en esto que en eso… ¿Cuándo estoy hablando y cuándo estoy pensando?
¿Pienso en voz alta, o hablo en mi cabeza?
No sé ni por qué salen estas preguntas… ¿Qué tiene que ver esto con nada?
No voy a justificar nada con algo tan- Perdido en mi cabeza, pude oír a la puerta de la entrada abrirse.
No tardé ni un segundo en darme cuenta de quien era.
Solo alguien podía entrar aquí.
No lo enseñaba por fuera, pero por dentro miedo empezó a brotar.
Ya no quería beber agua.
Estaba agarrando el vaso fuerte por pura inercia.
Una voz más grave de lo normal y ligeramente enfadada se escuchaba por el pasillo.
“¿Estás en la cocina?
Si lo estas, ven al salón…” Y luego, con un tono más serio… “…Ahora.” …hizo que el pelo de mis brazos se erizara.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com