Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Mindworld Complex! - Capítulo 59

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Mindworld Complex!
  4. Capítulo 59 - 59 Capítulo 10 Decepción 03
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

59: Capítulo 10: Decepción 0.3 59: Capítulo 10: Decepción 0.3 Nunca había escuchado a mi padre usar un tono así.

No estaba enfadado, por lo menos, todavía, pero sonaba frio.

Muy frio.

Normalmente no se enfadaría de esta forma, aunque siguiera dando miedo, no era ni de lejos tan amenazante.

Supongo que sabía que era alguien que lloraba fácil.

Siendo sincero, no he mejorado nada.

No tenía resistencia alguna.

Dios, la razón por la que… eso, ha pasado, es por que no podía aguantar más tiempo sin llorar.

Respirando hondo, de una forma aparentemente calmada, dejé el vaso en la encimera, sin siquiera haber bebido, y me dirigí hacia el pasillo.

Mi padre estaba ahí, esperándome.

Al verme salir, no dijo nada.

Solo me miraba con esos ojos.

Después, él entró al salón, supongo que esperando que le siguiera.

No se ha molestado ni en quitarse la chaqueta del trabajo.

No tenía otra opción.

Le seguí al salón.

“Cierra la puerta, por favor.” Era una orden.

Ni para eso intentaba ocultar en su tono que estaba enfadado.

Por su cara, no lo aparentaba tanto.

A veces, suele llegar con esa misma cara rígida, pero neutra.

Lo único diferente son sus ojos.

Era lo que me daba miedo.

No solo su voz, sus ojos, era como si, como si- “No hace falta que te diga por qué estoy así, y creo que tampoco hace falta que te defiendas.” Mi padre estaba en el centro del salón, de brazos cruzados.

No sabría decir si esperaba una respuesta o no, pero abrí la boca.

“Yo-” “He hablado con el director de tu instituto.

Yo simplemente no lo entiendo…” Mi padre suspiró en la pausa, llevándose una mano a la cara, tapándose los ojos y frotándolos, como si estuviese haciendo un esfuerzo de entender lo que pensaba en ese momento.

“…Te has lucido.

No puedo decirte nada más.

Es que… dios…”.

No podía mirarle fijamente.

Como siempre, estoy mirando al suelo.

Con miedo.

No podía evitarlo.

Por poco no puedo controlarlo.

“P-papá, yo-”.

“¡¿’Yo’ qué?!

¡¿Crees que puedes ir por ahí, resolviendo cualquier cosa a puñetazos?!” Alzó la voz.

Sonaba indignado, como si hubiera matado a alguien, a algo.

Suspiró de nuevo.

“Yo, entiendo que la situación no es la adecuada.

Pero, ¡¿pegar a alguien?!

Hijo, por favor, quiero saber, por qué.” “¿Qué e-es lo que, te han dicho?” Dije, entrecortando mi voz, con un tono débil.

“¿…Hay algo más que tenga que saber?

¿De verdad piensas que hay algo que vaya a justificar lo que has hecho?”.

Sonaba hasta sorprendido.

Mezclaba sorpresa con ese tono de indignación, de decepción.

Intentaba empatizar conmigo, pero al momento en el que recordaba por lo que me regañaba, se enfadaba de nuevo.

Yo me quedé callado.

No podía responder, porque tenía razón.

Mi padre, viendo que esto no iba a llegar a ningún lado, decidió hacerme caso, después de un breve reproche, él habló.

“… En el colegio, me llamaron para hablar sobre lo que has hecho.

También estaba Otsuki, con su madre.

Ella dijo que te estaba preguntando algo enfrente de toda la clase, y, en medio de todo, tu te diste media vuelta, queriendo irte de la clase.

Ella te cogió del brazo, y tú, gritando, le pegaste un puñetazo en la cara.”.

Lo dice como algo irrefutable.

Es algo irrefutable, lo sé, lo sé más que nadie.

“De verdad que no sabes la vergüenza que he tenido que pasar allí…” Estaba empezando a romperme.

Quería llorar, pero aún estaba aguantando.

Apretaba los dientes y aguantaba.

Apretaba el puño y aguantaba.

Pero no miraba al frente.

La distancia entre nosotros dos no disminuía.

No se estaba acercando a mí.

Lo que agradecía de todo esto, era que no se me echara encima.

“…¿Dijo qué era lo que quería preguntarme?” Conseguí hablar de nuevo, aunque ya se empezaba a formar un nudo en mi garganta.

“No.

Su madre tampoco dijo nada.

No creo que se lo haya contado, pero eso no es lo importante.” Cuanto más le dejaba hablar, más intentaba calmarse.

Aún estaba enfadado, cabreado, ya no se molestaba en esconderlo de su tono o de su cara.

“Todos estaban en la clase, Riku.

Entiende que lo que sea que te vayas a inventar ahora es una mentira.

He preguntado a los padres de otros compañeros de clase tuyos y dicen exactamente lo mismo.

“No tienes las de ganar y lo sabes.

Yo quiero apoyarte porque eres mi hijo, pero no puedo apoyar algo que has hecho mal.

“Por eso, quiero que me digas, ¿por qué lo has hecho?” No te defiendas, sabes que no hay nada que defender.

Di que lo sabes, di que lo sabes porque lo sabes.

Di que lo sientes, porque lo sientes.

Disculpate, hazlo.

No puedo pensar claramente.

“… Ella, t-todos estaban molestándome, y-” Mi padre me cortó en el momento en el que hice la pausa.

“¡¿Y qué?!

¿Te estaban molestando?

Podrías, no sé, haberles dicho a todos que pararan, haber llamado a un profesor.

¡¿Pero pegarla?!

¡Podrías haber hecho que te quitara la mano de encima sin, joder, hacer algo así!

“Es que no me cabe en la cabeza, de verdad.

¡¿Eres tonto o algo?!

No haces esto en toda tu vida, en toda tu vida menos ahora…” “…Me encontraba mal, como has dicho antes, por lo que ha pasado…”.

Mi padre dio un paso al frente casi al momento, y, con una voz mucho más elevada que antes, más enfadada, gritando prácticamente, me interrumpió.

“¡Ni se te ocurra usar a tu hermana para esto!

¡Que eso haya pasado no te va a justificar nada!

¡¿No entiendes lo que tienes que hacer ahora?!

¡No soy yo el que tiene que disculparse, no con ella, pero con la clase entera!

¡No deberías de decir nada que no sea una disculpa!” En el momento en el que dio un paso al frente y gritó, miré al frente.

Le encaré.

Le miré a los ojos mientras hablaba.

Estaba mirando sus ojos en el momento que la mencionó.

La he usado…?

Solo pensar en ella me rompió al completo, y escuchar su voz, su tono, ver como se acercaba a mí… Me estaba matando.

Mientras el hablaba, mientras me decía lo que tendría que haber hecho, empecé a dar pasos hacia atrás.

Estaba intentando huir otra vez.

Solo dí unos pocos, solo un par, pero intenté huir.

Otra vez.

Empecé a llorar, no desesperadamente, pero las lágrimas bajaban por mis mejillas, cayendo al suelo una por una.

Escuchaba un ruido, un balbuceo.

Sabía que mi padre estaba enfadado, que me estaba gritando.

Podía sentir su ira.

El ruido me dejaba sordo.

Todo eran voces, voces que se transformaba en ruido.

Todas con el mismo mensaje.

“LA HAS USADO” “LA HAS ABANDONADO” “NO APRENDES” “MERECES UN CASTIGO” “ERES UN MONSTRUO” “ACEPTA LAS CONSECUENCIAS DE UNA VEZ” Y de fondo, sonaba un coro.

“Es mi culpa”, decía.

Una y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra y otra PUTA VEZ.

En el punto en el que me encontraba no podía entender nada de lo que mi padre me decía.

Siguió hablando, como si no le importara mi estado.

Eso lo sabía, pero no podía entenderle.

Nada.

Lo único que entendía era el miedo que él me causaba.

Todas las voces, todo el ruido, tenía su tono de voz.

No paraba de llorar.

Me estresé.

Estaba desesperado.

Intentaba cubrirme la cara con mis manos.

Pero, no sé en que punto, mi padre me agarró de la misma.

Me agarró de la mano derecha.

Quería que le mirara fijamente mientras lloraba.

Seguía enfadado.

Tenía a esos ojos mirándome nuevamente, pero ahora, desde tan cerca.

Era imposible que sintiera más miedo, pero lo hice.

Era como si me estuviese atragantando con mi propio lloro.

Hiperventilaba.

Mis piernas, ambas, temblaban, no daban para más.

Me faltaba el aire.

Respiraba lo más rápido que podía de forma entrecortada.

La más ínfima bocanada de aire me era suficiente.

El momento se hizo eterno.

Poco después, mi padre me soltó, y siguió hablándome.

Seguía sin entender lo que decía, pero también podía distinguir otra voz; la mía.

Pero me entendía ni a mi mismo.

¿Estaba diciendo algo relevante, o era todo lloros?

No me sentía como yo mismo.

Quería que se acabara todo, quería darle la razón, pedir perdón, solo para que esto acabara.

Ya sabía lo que había pasado, sabía que estaba mal.

Solo quería dejar de sentirme así, ser capaz de no llorar de esta forma.

No verle más esa cara de mierda, como si no fuera su hijo.

No he matado a nadie.

Sé que lo he hecho mal.

¡¿No me puedes por una vez en tu miserable vida sermonear de buena manera?!

Todo el tiempo, estuve pensando, centrado en mi cabeza, intentando aliviar el llanto que esa ira me estaba causando.

Pero, en cuanto pensé eso, el sentimiento se esfumó.

Ya no había ira, pero, todavía había llanto.

Mi padre no estaba hablando.

No estaba mirándole.

No estaba ni de pie.

Hace tiempo que había colapsado.

Todo fue como un trance.

Mi cuerpo lo notó, de todas formas.

Que esa autoridad se había ido.

Que era libre.

Seguía llorando.

Seguía temblando.

Pero me levanté.

Me pude levantar.

Lo supe ya que el suelo se veía más lejano.

No me veía capaz de levantar la mirada.

Tampoco podía escuchar esa voz tan baja y débil, teniendo voces tan ensordecedoras en mis oídos.

Me fui del salón en cuanto pude.

Nunca dejé de llorar, de hiperventilar.

Todo se veía tan real, era tan consciente de todo.

Le prestaba atención a cada escalón que subía.

No había una voz detrás mía diciendo que bajase.

No había nadie diciendo que esto no había acabado.

Ya que esto había acabado.

No había más de lo que hablar.

¿Qué más se podría decir?

He pedido perdón.

Mil y una veces, he perdido perdón.

¿Por qué no puedes escucharlo?

¿Acaso me ignoras?

¿O soy yo el que no habla lo suficientemente fuerte?

Me duele el pecho otra vez.

Un pinchazo.

Como si me clavaran una aguja en el corazón.

Peldaño por peldaño, subí.

Todo en esa breve interacción se sentía eterno.

¿Por qué tenía que sentirme así en ese momento?

No quiero ser consciente de esto.

No quiero vivir esto.

No debería de haber vivido esto.

¿Cuándo me voy a calmar?

¿Cómo me voy a calmar?

No lo sé.

¿Yo solo?

¿Qué puedo hacer yo solo?

Nunca he sido capaz de hacer algo de esa forma.

Si he cambiado, aunque sea poco, he cambiado gracias a alguien.

Solo soy capaz de hacer lo que me convierte en una peor persona.

Uno puede ir a peor solo, pero solo puede ir a mejor con otros.

Es injusto.

Quiero dejar de sentirme así.

¿Acaso estoy condenado a sentir esto hasta que alguien lo alivie por mí?

Como puedo… “ …” Dormir.

Quiero dormir.

Mañana será otro día.

Necesito descansar.

Mañana, puedo ver a alguien, hoy, puedo hablar con alguien, y así, alguien puede ayudarme… Abrí la puerta de mi habitación.

Tuve que abrirla a la segunda, ya que de tanto temblar fallé por completo el agarrar el pomo de la puerta.

Nunca me lo planteé hasta ahora.

Mi habitación se veía horrible.

No por el hecho de estar desordenada, pero por el ambiente que tenía.

No había personalidad alguna en ella.

No había ninguna marca de que fuese mía.

Estaba vacía.

Recuerdo tener una estantería llena de cosas, cosas que me gustaban, que le daban color a todo.

También tenía posters colgados en las paredes, los cuales tampoco estaban.

¿Qué era lo que faltaba?

Y más importante, ¿donde estaba?

Esas eran preguntas que debería haberme hecho antes, y que debería de haber dado más importancia, pero acepté que esa era mi habitación.

Cerré la puerta detrás mía y me tumbé en la cama.

Incluso el blanco del techo se veía más oscuro, como si lo hubieran manchado.

No quería verlo.

Me llevé las manos a la cara.

Me cubría la cara entera.

No paraba de llorar.

Todavía seguía alterado, y me faltaba el aire, aunque menos que antes.

Todo se repetía.

Era un circulo vicioso.

Nunca iba a aprender.

Era débil.

La gente débil no tiene lugar donde mejorar.

Es mi culpa ser tan débil.

Si tan solo hubiese vivido de manera distinta, no sería un crio, un llorón.

No puedo ni serle útil a nadie después de lo que he hecho.

¡¿A nadie?!

¡¿Ni siquiera a mi padre?!

Para el resto, yo soy la carga.

Una carga que debería de caer cien veces sobre mi.

Yo.

Siempre.

Siempre he sido una persona horrible.

Me movía por el egoísmo.

Por capricho.

Todo lo hacía por diversión.

Nunca me preocupé genuinamente por alguien.

Me importaban solo porque me causaría problemas el que se fueran.

Y ahora, se ha ido.

Probablemente todos se vayan, todos.

Esto va mucho más lejos que no tener amigos.

He estado años viviendo así.

No tener a nadie.

Nadie querría acercarse a mi.

Aunque me aprecien, ¿cómo piensan acercarse?

¿Qué piensan decir para calmarme, entenderme, y consolarme?

No.

Eso es imposible.

Ya no hay nadie que pueda hacer eso.

No en este mundo.

No ahora.

Nunca.

Nadie va a hacerme sentir igual.

Nadie va a hacerme reír de esa forma.

Nunca voy a poder hablar así con nadie.

Nunca voy a confiar tanto en alguien.

Confié.

Confié y me dejaron atrás.

Primero una, y al ver eso, el resto la siguió.

¿O acaso les he empujado yo?

¿He hecho algo para que te fueras?

Dime, ¡qué he hecho mal?

¡Me he comportado como siempre!

¡No he hecho nada malo!

He estado ahí, ¡como siempre he estado!

¡Siempre he intentado hablarte bien!

¡Intenté hablarte día a día, incluso después de lo de mamá!

¡Nunca dejé que te quedaras sola!

¡Nunca!

Siempre te hice saber que estaba junto a ti, aunque no estuviera en tu habitación, aunque no estuviera en casa… …

¿Qué es lo que tenía que hacer?

¿Acaso debería haber vivido solo por tu bien?

¿Debía de abandonarlo todo solo para estar contigo un día más?

¿Y si te hubiera hecho daño?

No puedo controlarme.

Incluso cuando no busco dañar, acabo rompiendo lo más importante.

Si me hubiera quedado contigo, solo estaría poniendo más y más peso sobre tus hombros, día a día.

Te acabarías cansando, y después de cansarte te hartarías, ¡y luego no aguantarías más!

¿Tenía alguna opción?

¿Tenía peso mi vida en esto?

¿Formaba parte de esto?

¿Estaba todo fijado?

¿En, en que momento pensaste en hacerlo?

Cuándo empezaste a cuestionarlo?

¿Cuánto tiempo te he dejado sola?

¿Desde mamá?

¿Desde la abuela?

¿Desde siempre?

¿No habíamos dicho que podíamos confiar el uno del otro?

¿No me habías prometido mil y una veces que también vendrías por mi cuando estuvieras mal?

¿Acaso es por ser la mayor?

¿Es eso lo que pensabas?

¿Creías que eras la única que tenía que cargar con todo esto?

¡Y una mierda!

¡¿Eres imbécil?!

¡Ni siquiera pensábamos en eso!

¡Tú eras alguien más mayor que yo, y yo alguien más menor que tú!

Yo, y tú, éramos hermanos.

¿Por qué no viniste conmigo?

¿Por qué no lo vi?

Yo, ¿por qué?

No.

yo… Yo… Con el tiempo, dejé de llorar.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo