Mindworld Complex! - Capítulo 62
- Inicio
- Todas las novelas
- Mindworld Complex!
- Capítulo 62 - 62 Capítulo 10 Decepción 06
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
62: Capítulo 10: Decepción 0.6 62: Capítulo 10: Decepción 0.6 Una brisa de aire fresca navegaba por toda la colina, fluyendo hasta el gran árbol a mi espalda.
No hacía mucho calor, todos íbamos en manga corta, por lo que la notamos al completo.
No lo digo como algo malo.
Era bastante satisfactorio.
Me gusta este tipo de aire frio, sobre todo estando con un clima acalorado.
“Todo me da vueltas… ¿Cómo puede ser que siga estando mareado?…” Exclamó Kichiro, tumbado en el suelo por completo.
Obviamente, su cabeza no se estaba apoyando en nada.
“Dale las gracias a Amaya.
Si no me hubiera hecho parar, habría seguido.” “Hasta yo creo que estabas yendo muy lejos, ¿y si se hubiera puesto a potar por todos lados?” Ante el comentario de Daiki, esa misma imagen se me vino a la cabeza.
Naomi con Kichiro encima, creando una fuente de vómito total.
“Daiki, por favor, no fuerces esas cosas en la mente de la gente, da mucho asco.” “Te aguantas y punto.” Había pasado un poco de tiempo después de aquella situación.
Todos estábamos agrupados en el mantel del ‘picnic’ que estábamos teniendo.
Yo estaba apoyando mi espalda en el tronco del gran árbol la lado del grupo.
“Bueno, dejando eso de lado, Amaya, ¿no nos dijiste que te cambiaron de clase hace poco?” Ante el silencio que se había formado, Daiki hizo una pregunta un tanto espontánea a Amaya.
“Es verdad, me dijiste que agradecías el cambio.” Añadí.
“¿Agradecer?
Ah, ¿se refiere a eso de que piensa que los de su clase son todos ‘retrasados’?” Me preguntó Naomi.
Por muy espontánea que fuera, en poco tiempo estábamos los 3 esperando una respuesta de Amaya.
“No es que lo piense, es que lo son.” Contestó Amaya en mi lugar.
Ella añadió, “Si vieras como son, lo entenderías.
Se creen que lo son todo solo por haber entrado a la preparatoria, como si no fuera algo que todos tienen que hacer.
También aparentan comportarse como adultos, pero son todos unos engreídos, y unos críos.
Además de que no hay nadie que me caiga bien.” “¿No habías hablado con una chica hace poco?
¿Era Suzuha?
No..
Suzu… Suzu-” “¡¿Por qué crees que voy a hablar con alguien de esa clase tan pronto?!” “¿Pero no habías hablado con alguien?” “Bueno…” Ella estaba un poco avergonzada sobre el hecho.
Ni siquiera es lo que haría una, ¡pero como me gustan las Tsunderes!
“Estabas tan feliz y orgullosa, ¡no se me va de la cabeza la cara que tenías!” “¡C-cállate!” Mientras me miraba, ahora un poco molesta, no podía hacer más que sonreír.
Sinceramente, me gustaría ver más de ese lado de ella.
Normalmente la veo cansada, molesta, o muriéndose de la risa conmigo.
No digo que no sea feliz, siempre que sale lo es, pero hay muy pocas veces que se comporta de esa forma.
Es como la alegría de un niño en víspera de Navidad.
Una alegría pura, pensando solo en eso que te hace tan feliz.
Ahh, solo imaginar su cara de nuevo me hace sentirme así… No soy especialmente creyente, pero ojalá Dios me oiga y te dé 10… no, 100 amigos!
“¿Acaso estás diciendo que no somos tus amigos?” Añadió Daiki, con un ligero tono sarcástico.
Aunque con buena intención.
“No, no es eso.
De todas formas todo lo que está diciendo Riku es mentira.” “¿Mentira?
¡Mentirosa tú!” “¿Yo?
¿Mentir?
¡Nunca podría!” “¿Entonces me he inventado todo lo que he dicho?” “¡S-si!” “No sé yo…” “¡Cállate tu también, Daiki!” No nos estábamos riendo, mucho menos de ella, aunque sí nos estábamos aguantando la risa un poco.
“Igualmente, ¡está bien que mi futura novia haga amigas!” Daiki, supongo que por la broma, puso su brazo detrás de la cabeza de Amaya, ya que ambos estaban sentados uno al lado del otro.
“¡Riku, haz una foto!
Es para que la vean mis futuros hijos, y vean lo apuesto que era.” “…” Amaya estaba juzgando a Daiki con la mirada.
No era asco por completo, era más como repulsión y decepción al mismo tiempo.
Suspiré ante lo que dijo Daiki.
“De verdad que no tienes remedio, tío…” “¿No querrás decir ‘cuñado’?” “…Solo por esa broma te hago la foto.” Dije con una sonrisa tonta, mientras sacaba el móvil del bolsillo.
“Si me haces la foto le voy a decir a Papá donde guardas tus ‘revistas’” “¿Acaso crees que uso revistas para eso como lo haces tú?” “Yo… ¿yo no uso revistas!” “¿Ahhh, entonces lo miras por el móvil?” “¡Si, exa-!… N-no, tampoco eso.” ‘Pero si es que te humillas sola mujer…’ Aprovechando su momento de debilidad, y mientras Amaya miraba al suelo avergonzada, preparé la cámara del móvil.
“¡Venga, sonreír a la cámara!” A este punto me estaba metiendo con ella.
Aunque sé que le gusta.
O al menos, espero.
“¡Sacame guapo, que si no…!” “¡O-oye, he dicho que no la-!” *Tap.* Saqué la foto antes de que ella se pudiera quejar.
Sinceramente es la mejor foto que he sacado nunca.
A la derecha estaba Daiki, que no contento con tener cara de gilipollas, eso último con cariño, también está haciendo una mueca de ‘Macho alfa”, apoyando su barbilla entre el hueco de su dedo pulgar e índice, y sacando el labio de una manera exagerada.
Amaya prácticamente se estaba muriendo.
Si, estaba mirando a cámara, pero totalmente roja.
Estaba intentando tapar su cara.
Tenía una postura un tanto encogida.
Estaba de rodillas, al ser una chica, y llevar falda, aunque sus piernas estaban colocadas formando un triángulo con dirección a la cámara.
De verdad que a cualquier persona que le gustara el incesto… Primero de todo, le pegaría por ser tan degenerado.
Segundo, le pegaría por pensar cosas de Amaya.
Tercero, él me pegaría de vuelta y me partiría la cara.
¡Ah…!
¡Cómo me gusta ser tan endeble!
“Deja de mirar la foto como un degenerado y dejame verla de una vez!” Me había quedado en blanco por un momento mientras miraba la foto.
“¡No la…!
M-mira, estoy harta, ya me da igual…” Por su parte, ella se había rendido en pararnos, aceptando así las consecuencias de la catástrofe que le había tocado vivir.
Me llega a pasar algo similar y no me aguanto las lágrimas.
Enhorabuena.
Mientras ella se quejaba, Daiki se acercó a ver la foto conmigo.
“…” “¿Qué, a qué está bien?” “Esta foto no es real, ¿a qué no?
100% está hecho por IA.” Dijo Daiki, titubeando un poco.
“Ya me puedes ir dando las gracias.” “S-si, me ha dejado tan sorprendido que no me ha dado tiempo a saltar de alegría como un mono.” “¿Quieres verla, Amaya?” Le pregunté.
Ella al inicio hizo como si me ignorara.
Aunque, después de quedarme viéndola, me miro de vuelta, y empezó a dudar sobre que hacer.
Al poco tiempo, se rindió.
Ella fue poco a poco acercándose con nosotros a ver la foto.
“N-no digáis ni una palabra”.
“Si.” “¡Recibido!” Le dejé el móvil para que la viera.
Ella lo cogió en cuanto se lo dejé.
Al inicio, se quedó mirando la foto por un momento.
Luego me miró devuelta.
Luego la volvió a ver.
Después, se quedó mirando a Daiki.
Y por último, gradualmente, empezó a sonreír.
Y luego empezó a reírse de Daiki.
“¿Ves?
Hago que se ría solo con la mirada.
¡Soy el novio perfecto!” “Yo creo que se está riendo de otra cosa…” “¡S-si!
Esta cara… supera al resto de las que has puesto ¡¡Hahaha!!” El sol se veía detrás de ella, a lo lejos, mientras reía.
Se podía apreciar el color anaranjado del atardecer, el cual justo comenzó en el momento en el que hice la foto.
Supongo que por eso se veía tan bien.
Estaba intentando aguantarse la risa, además de que estaba tapándose la boca con la mano, para que no la viera la boca mientras reía.
Su voz era tierna, y se estaba riendo como una niña.
Siempre ríe así, siempre ríe como un crio.
Y pensar que una voz tan tierna proviene de alguien tan mayor.
Es como es 2 en 1.
Risa de chiquilla, pero cuerpo de adulta.
Y no me refiero a ‘ese’ cuerpo de adulta.
Más bien, sería como una farola.
Si.
Es alta.
No es algo exagerado, pero si está por encima de la media.
Es hasta más alta que yo, aunque yo mido uno sesenta y ocho.
Algo más relevante, es que es más alta que Daiki, y eso ya es bastante.
Es alguien amable, y con buen sentido del humor.
Quizá es un poco demasiado explicita, vamos, que no se censura, pero no es algo que me moleste.
Además, tiene muy buenos gustos.
Puede que diga eso porque comparto muchos gustos con ella, pero de verdad creo que tiene buenos gustos, en lo que yo conozco.
Aunque no sea muy culta, si es lista.
Definitivamente, mucho más lista que yo.
Incluso en primero de preparatoria sacaba notas altas.
Es verdad que en segundo bajó un poco, pero mi padre no estaba preocupado por ello.
Pensaba que era algo normal, al ser un curso mucho más difícil que el resto.
Seguramente, nunca vaya a conocer a una mejor persona nunca… “P-perdón…” En cuanto bajé mi cabeza del cielo, vi a Amaya de nuevo.
Seguía llorando, pero no de la risa.
Estaba tapándose la cara con las manos, intentando no hacer mucho ruido.
“¿E-estás bien?” Me acerqué a ella, al ver como lloraba.
“S-si… es solo que…” Ella intentaba hablar entre sollozos.
Aún así, ella se forzaba a llorar de una forma callada.
No sé si era para que no le diera tanta importancia, o para forzarse eventualmente a dejar de llorar.
“Amaya…” Estaba enfrente suya, mirando como quitaba sus manos de su cara.
Tenía los ojos un poco rojos, aunque casi ni se notaba.
También se le salía el moquillo por la nariz.
Tenía el móvil apoyado en su regazo.
Cuando parecía que iba a dejar de llorar, ella bajó su mirada, y observó su foto con Daiki por segunda vez.
“¿… Por qué se han ido todos?” Preguntó, mientras miraba a la foto.
Daiki, Naomi, y Kichiro ya no estaban con nosotros.
Estábamos los dos.
Solos.
Solo.
“…” Ella dejó de hablar por un momento.
Justo después, ella se abalanzó hacia mí.
Fue a abrazarme.
Quería abrazarme.
En el momento en el que lo hizo empezó a hablar.
“Yo… No quiero que se vayan” Estaba llorando otra vez.
Esta vez, se podía escuchar su dolor al hablar, y su llanto era más fuerte que antes.
“Ellos son los únicos amigos… que tengo… “¿Por qué no puedo…
hablar con más gente?” Yo la abracé también.
Me daba rabia.
“¡No es justo!” Exclamó, gritado lo más fuerte que pudo.
“No… No quiero estar sola…” ‘No eres suficiente.’ Ella dejó de hablar.
Siguió llorando en mi hombro, aferrándose a mi lo más fuerte que podía.
No quería soltarme.
Su llanto se escuchaba a lo largo de la colina, junto con el césped moviéndose de la nueva brisa que soplaba.
Era fría, pero mucho más fría que antes.
Aún estando junto a ella, sentía ese frío.
No.
Estar junto a ella daba igual.
Da igual lo que me apegara a ella, no me calentaría nada.
Su cuerpo ya estaba frío de por si.
“…” Intentaba esconder su llanto de nuevo.
Sin embargo, esta vez sí logró ocultarlo.
No fue ella quien lo escondió por completo, fui yo quien lo eclipsó del todo, llorando más fuerte que ella.
“Perdón…” La abracé incluso más fuerte de lo que ella me había abrazado antes.
“¿Eh?” Ella dejó de llorar en cuanto empecé a hacerlo yo.
“Perdón…” Poco a poco, dejé de pensar.
Todo lo que quería hacer era sentir.
Pero hasta eso fue en mi contra.
“Perdón…” Estática.
Voces.
Nada de eso existía, pero lo sentía todo.
“Perdón…” Ojos.
Risas.
Cerré los ojos.
Quería evitar todo eso, pero seguir sintiendo que aún la tenía en mis brazos.
“Perdón…” Aún así, pude sentir su cuerpo de la peor manera posible.
Estaba frío.
Ya sabía que estaba frío.
Pero no solo era eso.
El hombro en el que Amaya estaba apoyada empezó a mojarse.
Estaba húmedo.
Se estaba manchando.
“Perdón…” Bajaba de mi hombro a mi brazo y mi pecho.
Manchaba mis manos.
Mis piernas.
Mi espalda.
Estaba húmedo, pero no podía saber que era.
No me atrevía a abrir mis ojos y verlo.
“Perdón…” Podía sentir su pelo, el cual rozaba a mi cara suavemente.
También me estaba manchando.
Pero seguía siendo suave.
Por un momento, solo pensé en lo suave que era.
Fue lo último que yo hice antes de que se fuera.
Ya no estaba conmigo.
No la estaba abrazando.
Se había ido.
No había nada.
No estaba abrazando a nada.
Estaba sumido en la oscuridad.
Tenía miedo, aunque tuviera los ojos cerrados.
Pero, en medio de ese terror, sentí algo.
Era una mano.
Una mano se apoyó en mi mejilla derecha, acariciándome con el pulgar.
Estaba húmeda, pero a su vez, era cálida.
Esa calidez nunca logro llegar al resto de mi cuerpo, y, rápidamente se disiparía después de que la mano se fuese.
Escuché una voz.
La escuché claramente.
Estaba dudando.
No sabía que decir.
Tampoco tenía tiempo.
Es por eso que, antes de irse, decidió qué decir… “Perdón…”
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com