Mindworld Complex! - Capítulo 68
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- Capítulo 68 - 68 Capítulo 11 Perdón 06
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68: Capítulo 11: Perdón 0.6 68: Capítulo 11: Perdón 0.6 “¿Adónde crees que vas?” dijo, con su tono y expresión se superioridad, esa mirada engreída, y aquel disfraz que tanto odio.
Al verle, una expresión de odio y molestia se proyectó en mi cara.
Empezaba a tenerle el mismo odio que le tenía a esa zorra.
‘Voy a donde tengo que ir.
Y, ahora, no tengo nada que hablar contigo.’ Respondí a su pregunta.
“¿Tanto quieres huir de mí?
Sabes de sobra que yo tengo muchas cosas que decirte, siempre.” ‘Todas son gilipolleces, por lo que sé.’ “Uno tacha de mentira lo importante solo para evitar tener que darle importancia.” ‘No te pienso hacer caso digas tonterías o no, así que vete.’ Le hablaba con una voz fría, intentando ignorarle, pero siendo incapaz de responder a lo que me decía.
Él se quedó callado un momento, para luego dirigirme la palabra de nuevo.
“Te repito, ¿Adónde crees que vas?” Con un timbre más serio que antes, me repitió la pregunta que me hizo.
Su expresión también cambió, mostrando un toque de repulsión.
‘¿Tan tonto eres que te lo tengo que repetir otra vez?’ “No, eso ya lo sé.
Yo lo que te pregunto es por qué te vas tan pronto.
A ver si el tonto vas a ser tú, genio.” Con un toque sarcástico y burlón, explicó su pregunta, aún manteniendo su postura seria y observadora, como si estuviera buscando cualquier punto débil en mí.
‘Me voy porque no tengo nada más que hacer aquí.
Además, cuanto antes llegue a casa mejor.’ Metiéndose las manos en los bolsillos de su chándal, me miró directamente a los ojos, y dijo, “Que conste que no has hecho nada, como siempre.” ‘He venido aquí, las he escuchado, y nos hemos disculpado por lo que he hecho.
¿Es eso ‘nada’ para ti?’ “¿Nos?” Me extrañó la pregunta que dijo, por lo que, en vez de darle la espalda y salir afuera, me giré por completo, mi cuerpo encarando a quien me hablaba, para que balbuceara otra vez.
“Dime, Riku.
¿En qué momento te has disculpado ‘tú’?” ‘Lo he hecho varias veces.
En la entrada, en la mesa, y luego con Otsuki.’ Quise ser breve, mostrarle que él estaba equivocado, que lo había hecho bien por una vez.
“Siempre ha sido Kenzo quien se ha disculpado por ti.
En la entrada, en el salón-” ‘Pero con Otsuki sí me he disculpado.’ “Ah, ¿admites que antes no te has disculpado?
¿Tan rápido?
Qué rápido has madurado.” Burlándose de mí otra vez, resaltó un hueco enorme en lo que dije.
‘N-no me refiero a eso.
Sí me he disculpado en la entrada y en el salón.’ “Dime, ¿Cuándo has pedido perdón?” ‘En la entrada me he inclinado junto a mi padre, y en el salón, he admitido que es mi culpa.’ “¿Y a eso lo llamas tú disculparse?
Una disculpa siempre se hace diciendo ‘perdón’, a cualquier otra cosa se le llama ‘excusa’ .” ‘¡La intención era la misma!
No hace falta pedir perdón para dar a saber al resto que lo sientes.
Al final, la intención es lo que cuenta.’ “Si solo te enfocas en tú intención acabarás siendo un egoísta.
¿Siquiera te has enterado de lo que ha dicho Haruka?
Creo que su charla te vendría bien.” Intentando esconder una risa, él se tapó la boca mientras me preguntó aquello.
“Lo primero que tienes que hacer es disculparte, pedir perdón.” ‘No hace falta decirlo directamente, puedes-’ “No puedes.
Algo tan ambiguo no puede ser una disculpa.
Si, actúas muy bien, ¿pero realmente lo sientes?
¿Y si solo buscas limpiar tu imagen?” ‘Yo lo siento, por eso quiero actuar bien…’ “La gente no sabrá si lo sientes solo con ‘acciones’, también necesitan palabras.
Eso es algo que tú no has dicho nunca, ‘perdón’, o ‘lo siento’.” ‘Aún así-’ “No.
Riku.
No tienes excusa.
Ya lo dijo Kenzo.
No te estoy diciendo que deberías hacerlo, tienes que disculparte, y eso es exactamente lo que no has podido hacer.” ‘…’ Me quedé callado.
Quería seguir refutando; quería seguir poniendo excusas, pero no podía.
Era como si hubiera aceptado que yo estaba equivocado.
“Ella lo ha dicho.
Tu padre te lo ha dicho.
Sabes qué es lo que tienes que hacer, y a lo que has venido aquí.
Todos han puesto de su parte, pero, ¿y tú?” ‘…’ No podía decir nada más a mi favor.
No podía pedir perdón, esas palabras nunca pudieron salir de mi boca, incluso si quería decirlas.
Por eso me culpé tanto, para mostrar arrepentimiento, culpa, esperando que así entendieran que lo siento.
Seguramente lo sepan, sepan que lo siento, pero también saben que no he pedido perdón directamente.
Haruka, mi padre, y Otsuki.
Ninguno me ha escuchado pedir perdón, pero ninguno me ha dicho nada por no decirlo.
¿Es algo bueno?
Quizá solo están siendo educados, quizá mi padre solo está siendo más permisivo, más amable.
Pero, en el fondo…
“… Das vergüenza quedándote callado de esa forma.” Tras decir eso, él se esfumó.
Ya no había nadie enfrente mía, y todo regresó a la normalidad.
No llegó a hacerme admitir nada, pero comprendí lo que dijo.
Al salir, estaba mi padre al lado de la puerta, esperándome.
“¿Estaban hablando de algo serio?” Estaba un poco sorprendido de ver lo que había tardado en salir.
“Si, ¿por qué lo preguntas?” Volví a usar un tono más neutral, inusualmente calmado, ignorando lo que había pasado por completo.
“Como has tardado tanto, pensaba que estabas hablando con ellas, o que estaban hablando de algo importante.
Podrías no haber dicho nada, de ser el caso.” “No, no ha pasado nada al final.
La madre de Otsuki me ha dicho que podemos ir adelantándonos.” Como no mencionó nada sobre ello, asumí que no escuchó a Otsuki hablar tan alto.
Me habría dado vergüenza tener que explicarle lo que ha pasado.
“Bien.
Vamos yendo, entonces.” Con una mano dentro de su bolsillo izquierdo, como si guardara algo, mi padre me esperó para irme.
En el momento que lo dijo, yo le seguí, asintiendo con la cabeza.
Debería de haberme traído los cascos… El sonido que hacía el metro al moverse era lo único que me distraía mientras íbamos a mi instituto.
Mi padre no quiso ir en su coche ya que necesitaba llenar el depósito de gasolina, y según él habríamos tardado mucho entre que volvíamos a casa, echábamos gasolina, y conducíamos a la preparatoria.
Siempre que voy en cualquier vehículo, me mareo a la mínima que veo una pantalla, así que en estos casos solo puedo escuchar música, algo que tampoco puedo hacer ahora… Aparte de escuchar una melodía tan sumamente interesante, podía mirar por la ventana del metro el paisaje de mi ciudad, habiendo dejado atrás la zona urbana.
No era algo interesante, y lo tenía ya muy visto, pero era lo mejor que podía hacer.
Y también hacía mucho calor Casi que mejor no miro a la ventana, que a este paso me voy a broncear.
Me giré para sentarme correctamente, y mirar al suelo detenidamente.
Ahhh, ahora no me vendría mal un encuentro fortuito… “Hola, me llamo Rumi, y ahora estoy en el metro, que voy a quedar con mis amigas!!!!” Mhh, si, si, una introducción de ese tipo.
Luego, nuestra protagonista se sentaría en el metro, y fisgoneando en su alrededor verá algo que nunca se creería.
¡Un chico tiene el fondo de pantalla de su juego favorito!
“¿¡Tú también juegas a eso!?” ‘Mh, si, es mi juego favorito’ Dirá un jovenzuelo llamado Rik… ¿Riko?
No.
Soy literalmente yo, por lo que no hace falta ponerle otro nombre.
“¡Wow!
¡Dame tú número y así podemos hablar de él!” ‘¡Si, por supuesto!’ ¿Por qué la adolescencia no es así?
Seguía mirando al suelo, ahora con frustración y celos de no poder tener algo de ese calibre.
Tampoco era importante, ya que en el momento que respiré hondo y mi mente volvió a la realidad, esas emociones se esfumaron.
Lo único que no cambió fue que seguía mirando al suelo, no cambió hasta que escuché el nombre de la estación en la que nos bajábamos.
El camino hacia mi colegio fue igual de aburrido.
Siempre pensé lo ‘cuidadesco’ que se veía todo.
No tenía una vibra apagada, ya que el sol me estaba dejando ciego, pero además no había mucha cosa en el camino, ni siquiera algún árbol sakura.
Siempre que pensaba en la secundaria, me lo imaginaba como en los animes, caminos llenos de esos árboles, y pétalos cayendo a montones.
Me llevé una gran decepción cuando llegué a la calle de mi instituto.
En el parque cerca de mi casa hay unos cuantos plantados, para decorar el lugar, pero fuera de ahí casi no veo por la calle, solo árboles normales.
Me hice demasiadas expectativas de pequeño.
Pensaba que la situación por la que pasaba se iba a compensar con la entrada a secundaria, pero no fue el caso.
Todavía no tenía el valor de hablar con la gente de manera espontánea, pero aún así quería hacer amigos.
No sé como llegué a esa conclusión, pero decidí unirme a un club, creo que era de fotografía, unos días después de mi ingreso.
No me metí porque hiciera muchas fotos, que digamos, pero si me gustaban verlas, sobre todo las que estaban bien hechas.
Bueno, para saltarme toda la historia, no me fue bien.
La gente era amable, tampoco digo que se rieran de mí ni nada por el estilo, pero nunca llegué a abrirme del todo con ellos, y con abrirme me refiero a que nunca pude hablar de buena manera.
Siempre me quedaba callado cuando estaba sentado en la mesa, y casi no participaba en las actividades que hacían, que, más que actividades, salían a dar una vuelta, y de paso sacaban fotos con una cámara.
Era una quedada entre amigos.
La gota que colmó al vaso fue que todos se conocían de antemano.
Eran de segundo y tercer año, y había 1 chico de primer año, pero era amigo de una chica de segundo.
No es como si fueran muchos, contándome a mí y al otro chico nuevo, éramos 7, 3 chicos y 4 chicas.
No mentí a la hora de unirme, dije que quería hacer amigos, pero que también me interesaba un poco la fotografía.
Me aceptaron de brazos abiertos.
Al principio hacía el esfuerzo de hablar, pero como ya he dicho, poco a poco me fui quedando callado, y cada vez salía menos con ellos.
Probablemente lo notaron, y decidieron no decir nada al respecto.
¿Sería por respeto, o porque no les importaba?
Viendo como todos eran amables en el fondo, dudo que fuera por esa última razón.
Supongo que no quisieron meterme mucha presión, o hacerme pasar un mal rato.
No es como si me ignoraran, de vez en cuando alguno que otro me prestaba atención, sobre todo el chico de primer año y su amiga.
Ambos prácticamente actuaban como si fueran mis amigos, o por lo menos intentaban serlo.
Odio recordarlo ya que lo pasé mal en su momento.
En retrospectiva el ambiente era bueno, y podría haberme quedado, pero para eso debería de haberme quitado la vergüenza y los nervios de encima.
Vi como todo poco a poco se parecía menos a lo que había visto en los animes, y me empecé a deprimir y desmotivar.
Eso no solo me afectó en cuanto a humor, pero empecé a creer que la relación que buscaba tener con la gente del club parecía más un sueño que otra cosa.
Al final, le acabé cogiendo manía, y poco después lo dejé.
Lo habría dejado mucho antes de no ser por la misma vergüenza que me impedía hablar con ellos de manera casual.
En ningún momento me enfadé con ellos, pero de igual manera olvidé la gran mayoría de las cosas que hice allí con el tiempo.
Al principio no me lo podía quitar de la cabeza, pero con el tiempo fui olvidando.
Lo único que sé es que ninguno era de mi clase en aquel momento, ni lo es ahora.
Quitando eso, no me acuerdo de sus nombres, y casi ni reconocería sus caras si les viera hoy.
Me pregunto qué pasaría si fuera a ese club ahora… “Está claro, ¿no crees?” Andando detrás de mi padre, sonreí levemente, como si aceptara la respuesta que pensé instintivamente.
Si, puede que sea así… Bueno… Después de dejar el club fue cuando realmente me deprimí.
Estuve así toda una semana, y, se me pasó más pronto de lo que debería gracias a ella.
Tanto cuando estaba unido al club, como cuando lo dejé, siempre estaba con ella en el recreo, e íbamos juntos por los pasillos, por lo que no estaba solo.
Aún así, seguía queriendo tener amigos.
Gracias a ella… “… “ Volví a la realidad, y cuando lo hice, apreté mi puño.
Es inútil pensar en todo eso… No recuerdo como lo viví, por eso lo único que conozco son ideas vagas.
Para mí, la secundaria empezó poco después de que ocurriera todo eso, cuando conocí a &$%”!.
Así, habiendo bajado de las nubes, e ignorando lo que debería de haberse mostrado ante mis ojos una vez más, llegué junto a mi padre a mi secundaria.
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