Mindworld Complex! - Capítulo 83
- Inicio
- Todas las novelas
- Mindworld Complex!
- Capítulo 83 - 83 Capítulo 14 Amigos 01
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
83: Capítulo 14: Amigos 0.1 83: Capítulo 14: Amigos 0.1 El aire que me rodeaba parecía estrujarme en el sitio, incapaz de moverme.
Por eso, no podía dejar de mirar al frente, de mirar a la cara de esas personas.
De por sí, el cementerio solía tener cierta aura opresiva, producto de la angustia, de la culpa, del añoro, pero ese sentimiento era mucho peor si lo juntabas con sentimientos aún más horribles.
El sol empezó a ceder, tiñendo de un color pardoamarillento todo el lugar; y sobre todo, sus caras.
Los 3 estábamos sorprendidos de encontrarnos allí, cada uno por una razón diferente, y con un sentimiento diferente tras esa sorpresa.
¿Qué hacen aquí?, fue lo primero que pensé, pero eso era algo obvio.
Más que cuestionar, me preguntaba por qué aquí, de todos los momentos en los que podríamos haber hablado.
Ni por mensaje, y mucho menos en persona.
No he hablado con ninguno de ellos desde lo ocurrido.
Y no es porque no haya querido, es porque no he podido.
Tanto Kichiro como Daiki iban vestidos de forma casual, casual para una ocasión importante, formal, algo que casi nunca les he visto llevar.
Solo irían así en ceremonias o otras cosas por el estilo.
Lo que había a su lado era lo importante, y ahora algo igual de importante estaba enfrente suya.
En cambio, las pintas que yo tenía dejaban mucho que desear.
No era de mucho respeto presentarse en un lugar así con el uniforme escolar Tampoco había vuelto a casa desde que salí de la misma.
Puede que no haya salido de casa tan pronto, pero que aún no he podido volver a casa es algo sorprendente.
Ni con ellos salía tanto tiempo.
Bueno, con Daiki… En la convención… Ese fue el último día que le vi, hasta ahora.
Fui con él, tal y como habíamos planeado, tal y como habíamos esperado.
Tan solo, no pude volver a casa como yo quería.
Todavía la tengo, esa figura que le iba a dar.
Está en su habitación, en su estantería, junto con todas sus cosas.
No sé que debería hacer con ellas.
Podría dárselas a ellos, a Naomi, a Kichiro… a Suzune… a Daiki… “-” Daiki me miraba fijamente, una vez pasada la sorpresa, con una expresión complicada.
La única emoción que podía sacar de ella era frustración.
Kichiro estaba a su lado, no detrás suya.
Él aún seguía sorprendido de verme ahí en frente.
Al contrario de Daiki, su rostro solo mostraba una cosa, aunque solo fuese un poco; miedo.
Yo… ¿Qué era lo que estaba sintiendo?
Por fin podía volver a verlos, pero estaba tan preocupado.
No era una buena situación en la que verse, pero tampoco era una mala oportunidad.
Entonces, ¿por qué lo que sentía no era algo bueno?
“…” “…” “…” Los tres estuvimos en silencio por un momento, sin saber que decir.
Por mi parte, empecé a mirar al suelo en el momento en el que mi pecho empezó a doler, pudiendo ver del pecho para abajo de ambos.
Era un silencio que sobrepasaba lo incómodo, era exasperante, algo que no debería de ser tan doloroso.
Un silencio que no debía de ser tan profundo.
Las hojas de los pocos árboles plantados no hacían ruido.
Ningún ave o animal hacía ruido de fondo.
No se podía escuchar a nadie en donde estábamos.
Eramos nosotros, nosotros solos.
Kichiro dio un paso hacia adelante.
Aún estando imbuido por el miedo, el brillo en sus ojos era algo más grande, una motivación suficiente como para poder hablar- Todo ese acto fue interrumpido por las varias zancadas que Daiki dio hacia mí, llegando a estar a dos pasos de distancia de mí.
Esa frustración que sentía, pensé que sería consigo mismo.
Solo me equivoqué en dos cosas.
No era frustración, si no ira, ira dirigida hacia mí.
“Riku…” Un tono de voz que nunca había oído.
Una expresión que nunca había visto.
“¡Ni se te ocurra usar a tu hermana para esto!”.
Una expresión que mostraba ese mismo enojo.
Y a la vez, esa misma frustración.
Quizá, no estaba tan equivocado.
“… ¡Daiki, ya hemos hablado que no es-!” “¡Tú cállate!” Kichiro intentó calmar y frenar a Daiki, dando a saber que ya se esperaba algo así, pero a Daiki le dio igual.
Cortó a Kichiro con un grito un tanto estridente, girándose de golpe para confrontar a su amigo, con sus puños cerrados, y una expresión aún en conflicto, pero aún mostrando hostilidad, incluso a él.
“…” Por su parte, Kichiro se asustó en el momento que escuchó y vio a Daiki así, dejándolo claro con su expresión, ligeramente tapada por su pelo, mientras dio un paso hacia atrás como reacción.
El grito también me asustó por igual, pero intenté esconder el terror que sentía.
Tenía que hacerlo.
Porque todo era tan raro, era tan surrealista.
Ya han hablado sobre esto… Kichiro fue el único que fue a clase aquel día, él único que intentó evitarme a toda costa.
Ahora tenía la oportunidad de hablar con él.
Seguro que todo son imaginaciones mías, es imposible que se crean semejante mie- “… Y tú… no… solo… me lo vas a explicar todo.
Ahora.” Daiki aún tenía muchas dudas dentro suya, aún no sabía siquiera cómo sentirse, pero tomó al iniciativa de la forma más radical posible.
No solo se giró de nuevo, ahora para verme a mí, pero también me agarró del brazo, fuertemente.
Del brazo en el que llevaba la bolsa con los ramos.
¿E-explicar?
¿Qué es lo que tengo que explicar?
¿No está claro?
¿No es obvio?
Incluso la que me incrimino en primer lugar me ha dicho que todo era un disparate.
Joder, alguien como yo… “… En serio…tú también…” Era una puta coña.
Ridículo.
Eso no estaba pasando.
Todo ese miedo que sentí hace un momento se desvaneció por completo ante tal disparate.
No tiene sentido, esto es ridículo.
Somos amigos, somos amigos y… Por qué… Cómo…
“… ¡¿Cómo puedes creerte una gilipollez tan grande?!” Con un movimiento fuerte y rápido, lo más fuerte que pude, hice que Daiki soltara su mano de mi brazo.
Afortunadamente, y a pesar de lo brusco que fue, ningún ramo se salió de la bolsa.
“¡¿…?!” Daiki se sorprendió con mi reacción, su cara con una mezcla de ira e incomprensión.
En vez de hablar por su cuenta, él esperaba que dijera algo, su tan ansiada “explicación”, mirándome impacientemente en el proceso.
Yo me esperaba que él me gritara de vuelta, me preparé para ello, pero en vez de eso, me encontré con silencio, silencio y anticipación.
Dejé de responder de forma agresiva, pero usé esa misma emoción para poder hablar de vuelta.
“… No lo entiendo…” Apreté mi puño y mis dientes, frustrado de que ni ellos confiaran en mí.
¿No me conocen lo suficiente?
¿Es eso?
¿O es que la tristeza no ha dejado que piensen correctamente?
“… ¿Cómo podéis creeros algo así?
No sé si habéis visto el video o no, pero eso es lo de menos.
¿No debería de estar claro que algo no está bien con solo escuchar el rumor?” Cuanto más hablaba, más confundido parecía Daiki.
Detrás suya, Kichiro, parecía entender perfectamente lo que decía.
En cuanto saqué el tema, el dejó de mirarnos, mirando hacia el lado, intentando ignorarme por completo.
Dejé aquello para más tarde.
“Para cualquier persona que me haya visto debería saberlo… No soy alguien tan reservado, y mucho menos parezco alguien capaz de hacer algo así… Aunque solo haya pasado un trimestre, debería de notarse el tipo de persona que soy…” Ha habido mucha gente nueva en clase este año, gente con la que no he compartido clase.
Este año también he tenido suerte de compartir clase con todos mis amigos, y también hay gente en clase con la que he compartido aula otros años, aunque no sean muchos.
¿No debería de estar claro el tipo de persona que soy?
“Pero, qué vosotros penséis eso también… No es normal… ¿¿Es una broma??
¿¿No??… No me pienso creer eso hasta que no me lo digas a la cara.” Estaba frustrado, decepcionado.
Era una suposición, si.
Ellos no me han incriminado directamente, nunca han pasado a mi casa a culparme por ese rumor.
Pero está más claro que el agua, se nota que ellos también se lo han creído.
También estaba enfadado, pero intentaba no mostrarlo, sobre todo mientras miraba a Daiki a la cara, quién estaba ahora menos confundido.
“¡Vamos!
¡Échame todas esas chorradas que Kichiro te ha contado!
¿O acaso te lo a contado alguien de clase?
¿Quizá es que has visto el video y has decidido ignorarme?” Dejé de hablar.
No iba a hablar hasta que Daiki me contestara.
Tenía tanto que preguntar, tantas cosas que quería saber, que tener que pasar por esto me dolía más que nada.
Kichiro reaccionó en el momento que escuchó su nombre, mirándome a la cara por instinto.
Claro que no crucé miradas con él, al estar demasiado centrado en Daiki.
Sería para su beneficio, ya que así podría seguir detrás de la espalda de Daiki, fuera de toda atención.
Daiki comprendió la situación perfectamente.
El aún no se había calmado del todo, pero al parecer haber estado callado un rato, prestándome atención, le bajó los humos.
Claro que, eso fue cuando estaba callado.
“¿… En serio eres tan imbécil?” Una leve sonrisa, propia de un hipócrita.
No es como si él lo fuera, pero su cara en aquel momento era merecedora de absoluto desprecio.
Ira y burla en una misma cara, incapaz de controlar ambas, y en primer lugar, sin saber como reaccionar en primer lugar.
“Soy yo el que debería de estar sorprendido.
No… avergonzado… ¿Cómo… puedes siquiera llegar a pensar algo así?” Su burla fue sustituida instantáneamente por tristeza, aunque muy leve.
Prácticamente, su humor volvió a ser el de antes.
Esa misma emoción que yo sentía por él hace un momento estaba ahora junto a él, siendo yo su causa.
“He visto el video… Todos lo hemos visto, por que está en todos lados.
Yo me enteré por el grupo de clase, no por Kichiro, ni por nadie más.
La gran mayoría de la clase se enteró por ahí.” Dejó los gritos de un lado, hablando de una forma más adecuada, con su resentimiento debajo de su garganta, mientras miraba al suelo.
Acto seguido, levantó su cabeza, mirándome a los ojos de nuevo.
“La mayoría de la gente pensaba lo mismo, que el video era falso.
Pero luego la gente empezó a hablar, y a hablar, y a comentar.
Todo eso se acabó convirtiendo en el rumor.” Hablaba tal y como si estuviera recordando el cómo ocurrió todo el dilema del rumor.
El video parecía, cuanto menos, un montaje.
Algo ridículo, que normalmente solo verías en una película, o en un creepypasta muy malo.
Pero no todo tiene por qué ser cine, mucho menos ficción.
A veces, ocurren cosas tan horribles en la vida real, que una película de terror se quedaría atrás en comparación.
“Nunca nos lo creeríamos.
¿Cómo puedes siquiera pensar que podríamos?
¿Es acaso verdad que te importamos todos tan poco?
¡¿Como si fuésemos una puta broma?!” La tensión que antes se había esfumado por culpa de la ira poco a poco aparecía de nuevo, agarrando mi pecho tan fuerte como podía.
Intentaba aguantarla, ignorarla, centrarme, calmarme, pero lo último que podía hacer ahora era calmarme.
Todo gracias a esa llama que se había encendido desde el inicio de la conversación.
No… Quizá, mucho antes de eso… “¡Pues claro que no!
¡Ya de por si es una tontería que me preguntes eso, mucho más que lo pienses!” “¡Tú mismo acabas de decir que no confiábamos en ti, que nos habíamos creído esa ‘chorrada’!” “¡Y era exactamente lo que parecía!
Ponerte tan cabreado momentos después de verme la cara… ¡¿Tengo algo en ella o qué?!” Ambos nos gritábamos como monos, monos que aún tenían un ápice de sanidad, por lo menos.
Aún si ambos estábamos enfadados, lo que decíamos tenía sentido.
Teníamos el mismo problema, solo que con palabras distintas.
Sentirse sorprendido porque el otro piense algo que no debería.
Como si pensaran lo que les diera la gana antes de pensar en quién eres.
“… No es por eso…” Daiki intentó aguantarse el cabreo al responderme.
Quizá era que estaba harto de escucharme decir tanta fanfarronería, sabiendo más que nadie que eso no era la única cosa que él tenía que preguntarme.
Hice mal, al pensar que yo era el único que tenía tanto de lo que hablar.
“¡¿Y entonces de qué te quejas?!
¡¿Qué problema tienes si no te has creído nada de lo que ha dicho la gente?!” “¡Pues tengo un montón de cosas que preguntarte!
Lo sabes, ¡¿no?!
¡… Deberías de ser el primero en saberlo!” Me tomó por sorpresa, ya que aún estaba preparado para decirle y preguntarle más cosas.
Pero, que él fuese el que me preguntara a mí… Nunca se me había pasado por la cabeza.
Y aún así, no tenía ni idea de qué quería preguntarme.
Pasándolo como una tontería, resoplé, ansioso de que terminara su interrogatorio para poder empezar yo con el mío.
“Venga, pues dime lo que quieras.
¿Qué me vas a preguntar?
¿Hay algo que no sepas ya?” “Hablas como si me tomaras por imbécil, ¡¿No es obvio que voy a tener un montón de cosas que preguntarte, si no has salido de tu casa en 2 semanas?!” Daiki se lo tomó más a pecho de lo que esperaba, pero aún así, decidió intentar calmarse.
Poco a poco, por lo menos.
“Te hemos estado llamando al teléfono, hemos ido a tu casa varias veces, ¡pero nunca hacías caso!
Siempre que íbamos estabas solo, porque tu padre nunca nos abrió, nadie lo hizo, nadie me abrió tampoco…” “…” Daiki pudo dejar de lado su ira, la que iba dirigida hacia mí, con un suspiro.
En su rostro, su ansiedad y furia se sustituyó por angustia, pena, y sobre todo, frustración.
“Entiendo lo que ha pasado, ¡de verdad que lo entiendo!
Pero…” “… No… Tú no lo entiendes…” “… Sabemos lo que te ha pasado-” “Tú… no sabes nada…” ¿Te crees que sabes algo sobre mí?
Como si me hubieras conocido en privado.
Si de verdad supieras lo que siento ahora mismo, si de verdad supieras por lo que he tenido que pasar… “… Aunque no lo sepamos, podemos hacernos una idea.” No… Eso es imposible….
Nunca podíais.
“Pero…” Daiki se tomó un momento para pensar qué decir, en cómo decir lo que me quería contar.
Yo me estaba aguantando.
No quería decir ni una sola palabra más.
Quería irme de allí.
“¿Cómo podrías irte de aquí?
Todavía no has terminado lo que has venido a hacer.” Aquella bolsa de plástico llena de ramos.
Todos ellos eran preciosos, si.
Por dentro todo era un mar de flores hermosas.
Pero por fuera solo es una bolsa de plástico de mierda, actuando como si fuera una bola de hierro gigante, encadenada a mi pierna sin piedad.
No podía irme de allí.
Pero llegados a ese punto, ni siquiera yo quería irme de allí.
De las ganas, un leve brillo en mis ojos empezó a aparecer.
“Aún así… no deberías ignorarnos de esa-” “¡¡¡¿¿¿ENTONCES NO TENGO DERECHO A SENTIRME ASÍ???!!!” “-” Silencio.
Volvió como si alguien hubiese gritado su nombre.
En este caso, alguien sí había gritado, solo que lo último que buscaba era ese silencio.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com