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Mindworld Complex! - Capítulo 84

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  4. Capítulo 84 - 84 Capítulo 14 Amigos 02
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84: Capítulo 14: Amigos 0.2 84: Capítulo 14: Amigos 0.2 Antes de que Daiki pudiera contestarme, de que pudiera explicarse, solté la bolsa de flores, a la vez que grité a todo pulmón, lo más fuerte que pudiese, sin importar lo que viniera después.

Como si me hubiera vuelto loco.

Tanto Kichiro como Daiki se quedaron atónitos, ambos habiéndose asustado por el grito, uno más que el otro.

Por mi parte, mi expresión era un cuadro.

Estaba enfadado, furioso, enrabiado, pero a la vez, todo esto me parecía demasiado absurdo.

Es como en clase.

Están en contra mía, aún siendo mis amigos.

Dicen que me entienden, que esto, que lo otro, tanto habla, pero lo único que ha hacho desde que he llegado es gritarme.

¿Quién te crees que eres?

Puto engreído.

Don Juan de mierda.

Desgraciado.

Sin vergüenza.

Empecé a hablar con un tono irónico, casi burlón, mientras tenía una sonrisa en mi cara, acompañada de aquella expresión desagradable que viene con la ira.

“Venga.

Dímelo.

¿Cómo debería de sentirme?

¿Debería de estar triste?

¿Debería deprimirme?

¿Debería sentirme frustrado?

¿O quizá debería de dejarlo todo atrás, y centrarme en lo que todavía tengo?

Eres tú el que dice saber cómo me siento, el que entiende cómo me siento, ¿no?…” Toda aquella burla se desvanecía cada vez que gritaba.

“… ¡PUES ENTONCES DÍMELO!” Dí un paso hacia adelante, acercándome a Daiki todavía más, con mi mirada completamente fijada en la suya.

El brillo de mis ojos ya estaba claro, estaba fijo; un leve tono rojo brillaba en mis ojos.

“… Riku, no me refería a-” “¡Ahhhhhhhh!

¡Valeeee!

¡Que no te referías a eso!… ¿Y qué es lo que quieres entonces?” “… Primero, cálma-” “¿Cómo quieres que me calme si tú has sido el primero que ha empezado a ladrar como un perro?” Más rápido que un trueno, mi humos cambio de uno sarcástico a uno lleno de odio.

No era como la ira de Daiki antes, era mucho peor, un sentimiento tan negro que duele el solo hecho de sentirlo.

“… Perd-” “Me da igual.” “¡… !” No le dejaba ningún momento para hablar, y podía notar como Daiki se estaba empezando a molestar por ello.

Lo estaba haciendo aposta, ya que en aquel momento, yo era el único que podía hablar, que tenía el derecho de hacerlo.

“¿Te crees que porque te pongas de rodillas voy a cambiar de opinión?

¿Quién te crees que eres, diciéndome lo que tengo que hacer y lo que no tengo que hacer, cuando estás más enfadado y desatado que nadie?

¿No te parece patético?

Para eso mejor cierra la puta boca y vete de aquí.” Le invité a Daiki a irse, con ello, Kichiro le seguiría, como si no quisiera separarse de su espalda, de su escudo tan bonito.

Para sorpresa de ambos, Kichiro intervino, tras haber escuchado lo que dije.

Él se acercó un poco a Daiki, poniéndose a su lado, para hablar con el, en un tono bajo.

No porque quisiera ocultarme nada, pero por los nervios y el miedo que sentía en aquel momento.

“… Daiki, de verdad creo que sería mejor que le dejáramos en paz…” “… Todavía tengo que hablar con él…” Daiki, ignorando completamente tanto todo lo que yo dije, como lo que le dijo Kichiro, se quedó en el sitio.

Al parecer, todo ese acto de intentar calmarse y, ahora si, mantener la compostura, se fue al garete en poco tiempo.

Solo con un par de provocaciones bastó para encender su llama.

“¿Y qué tienes que decirme?

Si vas a hablar antes de pensar, mejor vete a comer mierda antes de soltarla por tu boca.” “…” La cara de Daiki pasó a mostrar ese enojo dentro suya, llegando la llama en su interior al mismo nivel de antes.

“… Lo único que me molesta no es eso de que te quedes encerrado en tu cuarto…” “¿Sí?

¿Tienes más quejas?

¿Y de qué?” Con un tono sarcástico, vacilé a Daiki.

Es lo que estaba haciendo desde que pegué la voz.

“… Sigo diciendo que entiendo el por qué has querido ignorarnos.

Y aunque tengas una razón por la que hacerlo, eso no significa que esté bien…” “… Y dale con eso… ¿Te quieres callar ya la-?” Esta vez, fui yo quien fue interrumpido.

“… Pero hay tantas cosas que me joden sobre ti que no puedo dejar que me cierres la boca.” No habría sido algo que me hubiera molestado tanto si tan solo me hubiera interrumpido.

Aunque sus palabras fuesen algo desagradable para mí, su cara fue algo que estaba en otro nivel.

No fue odio, ese color negro tan incómodo.

Era asco, pura decepción ante una persona en específico.

¿Siquiera qué color tendría esa emoción?

Era algo tan específico que bien podría crear un nuevo color.

Aunque me molestó, y si me enfadó bastante, también me preocupó.

Me aterró.

Ver sus ojos mirarme de esa forma… El brillo rojo en mis ojos empezó a parpadear, luchando por quedarse, pero cediendo ante la emoción tan intensa que me provocaba su mirada.

Por suerte, pude distraerme con un hueco en todo lo que había dicho desde el momento en el que se calmó.

Un hueco en el que pude depositar más odio.

“… ¿Y tú tienes los huevos de decirme que no he salido de mi casa, si cuando fui a clase no estabas?” Dos cosas chocaron a Daiki cuando me escuchó decir eso.

Primero, el hecho de haberme escuchado decir que sí había decidido salir de casa, de haber elegido ir a clase, antes de haber hablado con ellos.

Lo segundo fue lo peor; el hecho de que él no fue aquel día.

Uno podría pensar que tampoco fue el resto de la semana, pero a saber de cuando se enteró de todo eso.

Saber que él no fue ese día era prueba suficiente de que toda esa charla sobre tener que salir y hablar con ellos era pura balbucearía, y el lo sabía más que nadie.

“… Yo fui el resto de días… No fui ese día porque me encontraba mal…” “¿Ahh, si?

Entonces dime…” Tenía la idea perfecta, la forma perfecta de hacerle ver lo patético que era, y lo mal que mentía.

“¿Qué día fui a clase?” Daiki tuvo una breve reacción al escuchar mi pregunta, pero luego intentó tapar esos nervios y preocupación con orgullo y seguridad.

“… Fuiste el viernes… Yo… me encontraba malo, y no podía ir a clase…” “Ahhh… Que casualidad que te haya dado fiebre justo el día que voy…” Daiki se relajó, y con relajarse me refiero a que ganó suficiente confianza como para intentar actuar superior que yo, siendo su combustible su ira.

Algo que no entendía era por qué Daiki era más gilipollas de lo que me pensaba.

“Vamos, que Kichiro te dijo ayer que fui a clase.” Kichiro, otra vez, se exaltó al escuchar su nombre, pero intentó alejarse de la conversación en el momento que intenté meterle en ella.

“… ¿Y qué más da el día que hayas ido?

Deja de hacer el tonto y por dios enterate de una vez de lo que te estás pasando por el forro de los cojones.” “Daiki, no vas a llegar a ningún lado si sigues así.” Corté completamente la conversación con un insulto que no tenía nada que ver.

“¡¿…?!

Eres tú el que sigue gritando y comportándose como un hipó-” “Podrías haber hecho algo.” Otra vez, un comentario que no tenía nada que ver con lo que estábamos hablando.

No tenía nada que ver, pero mi falta de emoción al decir aquello, siendo la poca emoción que mostraba puro odio, daba una muy mala sensación.

Para bien o para mal, Daiki no tardó mucho tiempo en entender a lo que me refería, pero antes de que pudiera objetar.

“Es tu culpa.

Podrías haber hecho más, y aún así no lo has hecho.

Eres una puta desgracia.

Quedarte quieto, haciendo lo mínimo necesario como para que no te odiara.

Me da asco.

Me revuelve el estómago.” “¡¿De que coño hablas?!

¡¿Q-qué tienes esto que ver con lo que estamos discutiendo?!” Daiki estaba más confundido que enfadado en aquel momento, sabiendo perfectamente a lo que me refería, pero ignorando lo que decía, como si fuesen las palabras de un loco.

“¿Y dices ser su amigo?

¿Y te atreves a decir que te gusta?

Mucho dices, pero poco haces.

La gente que solo sabe hablar da puto asco, ¿sabes?” Tenía la mente completamente en blanco, prácticamente no pensaba en lo que decía, pero lo que decía me venía del corazón, del alma.

Era genuinamente lo que sentía, en aquel momento, y quizá, desde mucho antes.

“… No te desahogues conmigo de esa forma… Ambos sabemos que nadie en esto tiene la-” “¡TÚ TIENES LA CULPA!” No podía más.

“… ¡NO ME VENGAS A LLORAR ESAS MIERDAS DE ESA FORMA!” “¡¿Llorar?!

¡¿No es eso lo que tú has estado haciendo todas estas semanas?!

¡Llorar como un puto crío porque la tía a la que te querías tirar se ha-!” “¡¿Y tú que coño has estado haciendo entonces?!

¡¿ Has hecho una puta fiesta o algo?!

¡Porque se te ve muy feliz incluso después de lo que ha pasado!” “¡Ni en un millón de años te podrías siquiera acercar a lo que he estado sintiendo, subnormal de los cojones!

¡¿Te crees que por dedicarle un par de palabras y hacer el tonto podrías tener el derecho a follártela?!

¡Seguro que eso era todo en lo que pensabas cuando le mirabas a la cara, si es que daba la casualidad de que algún día no le estuvieras mirando el pecho!” “¡Solo una persona tan degenerada como tú podría pensar algo así!

¡Tan guarro que no te querrían ni en una pocilga!

¡Al contrario que tú, yo sí que me interesaba por ella de manera genuina, y no me metía con ella todos los días como siempre haces cuando salimos!” “¡Casi ni la convencías de salir!

¡¿Si no la conoces ni en la calle, como crees que vas a tener la más ínfima posibilidad de conocerla en privado?!” “¡PUES SI TAN EN PRIVADO LA CONOCÍAS TÚ, HABERLA AYUDADO Y NO HABER DEJADO QUE SE RAJARA JODER!” Esta vez, esos dos monos que gritaban ahora si habían perdido esa sanidad que los hacía humanos.

Todo cambió en el momento que Daiki gritó más fuerte de lo normal.

De por sí, sus palabras ya fueron lo suficientemente graves como para agitarme, algo que me hizo enfurecer todavía más, pero algo que hizo que me tomara una breve pausa, sobre todo, del shock, fue verle llorar.

Mientras gritó, Daiki empezó a llorar, aún manteniendo esa rabia en su voz, que poco a poco se ahogaba con sus propias lágrimas.

“¡Sé de sobra que no podría haber hecho nada!

¡Sé de sobra que nunca habría llegado a conocerla lo suficiente, por mucho que saliera con ella!

Solo salía si estábamos todos, ¡¿Cómo podría siquiera llegar a tener un momento privado con ella?!” “-” “¡Sé que no era alguien tan importante para ella!

¡Que solo era el amigo de su hermano, con el que de vez en cuando salía, y que bromeaba con casarse con ella!

¡Es una posición deplorable, lo sé!

¡Pero…!” Su llanto se intensificó, obligando a Daiki a tomar pausas de vez en cuando mientras hablaba, mostrando unos sentimientos que, si nada de esto hubiera pasado, siempre se habrían tomado como broma.

“¡… A mi, de verdad, me gustaba Amaya!” Hizo una proclamación a las 2 personas que se encontraban allí, tanto el que estaba junto a él, como el que estaba en contra suya.

“Puede que al principio fuese solo por como se veía, por ser mayor que yo… pero luego… cuando pasaba el tiempo en el recreo contigo y con ella… yo… me dí cuenta…” Daiki se llevó ambas manos al pecho, mientras alternaba entre mirarme a mí y al suelo, incapaz de controlarse.

“¡Me di cuenta de que realmente me gustaba!

No era solo por su cuerpo, ni por nada físico.

El como actuaba, sus intereses, su humor, todo lo que le preocupara, todo lo bueno o malo, ¡Todo sobre ella me gustaba!” Su mirada empezaba a verse cada vez más y más desesperada, su cara mostrando a su vez dolor, dolor por cada palabra que decía, y por cada cosa que nunca pudo hacer.

“Y… aun así… nunca he podido hacer nada por ella… ni siquiera notar que estaba tan mal… ¡ni hacerte notar que estaba tan mal!” Sus piernas temblaban.

Su voz temblaba.

Es inútil decir que una parte suya temblaba, era más como si su ser en general estuviera en plena crisis.

“¡Siempre decías que era solo temporal, que era una rabieta, o por su clase!

¡Siempre le ponías alguna excusa o razón a cómo se sentía!

¡Que si ella es así, que si ya se le pasará…!

Si te hubiera escuchado decir alguna de esas cosas… Actuando como si ella fuese a estar bien…” Los sollozos que interrumpían su confesión cada vez eran más drásticos, más severos.

Le atacaban a su voz y sus ojos cada vez más fuerte, sin piedad alguna.

“¿Tú sabes lo mal que se sentía no saber si realmente era su amigo o no?

Actuaba tan distante la mayoría del tiempo, pero luego cuando salía se la veía tan feliz… No sabía que pensar… ¡No lo sabía!” “Siempre quise… Siempre quise declararme.

Era como, mi sueño… era realmente algo que quería hacer… Pero siempre pensaba… que nunca me tomaría en serio… que se reiría de mí… que lo tacharía como una mera broma… ¿Pero sería eso pero a que me rechazara de verdad?” A ese punto, Daiki ya no le estaba hablando a nadie.

Sus manos en su pecho caza vez apretaban con más fuerza, sin dejar ir su camiseta, debajo de su chaqueta fina.

Era como ver a un bebé llorar, a alguien rogando por su vida, el ejemplo más natural de desesperación y tristeza.

“Si se lo tomara en serio y me rechazara, ¿Habría podido sonreír enfrente suya como siempre hacía?

¿Podría siquiera haberla visto a la cara por lo menos una vez más?” Podía escuchar como sus dientes chocaban una y otra vez entre si mismos, debido a lo mucho que temblaba su mandíbula.

Él estaba inclinado, pero no había colapsado al suelo.

Por mucho que le temblaran las piernas, seguía de pie, dejando salir todo lo que necesitaba decir.

“… ¿Y qué si me hubiera aceptado?

Seguramente… Habría sido por lo desesperada que se sentiría… Le daría igual quien fuese yo… Pero… si… si pudiera haberla ayudado de esa forma… lo habría hecho… incluso si yo no le importaba…” “Pero sé que eso era imposible.

Si hubiera aceptado desesperada, nunca podría haberla ayudado… Nunca… podría… haberla conocido más… incluso si… ambos nos… aprovecháramos del otro… si hubiéramos hecho lo que fuera… incluso si me la hubiera tirado…” Daiki fue endereciendo su columna, aunque incapaz de mirarme a la cara.

“… Yo, no podría haber hecho nada por ella… porque yo no era tan cercano con ella…” Sus palabras, por tanto tiempo hundidas en llanto, tomaron de nuevo una pizca de esa rabia que habían perdido por el dolor de la verdad.

“… por eso… si tu…” Si yo… “… ¡Si tu hubieras hecho algo…!” Lo sé… “¡SI NO FUESES TAN ENGREÍDO E IGNORANTE, NADA DE ESTO HABRÍA PASADO!” Ya lo sé… Pero esas palabras nunca salieron de mi boca…

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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