Mindworld Complex! - Capítulo 87
- Inicio
- Todas las novelas
- Mindworld Complex!
- Capítulo 87 - 87 Capítulo 14 Amigos 05
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
87: Capítulo 14: Amigos 0.5 87: Capítulo 14: Amigos 0.5 Del cielo, caían rayos de luz de un naranja más profundo e intenso, indicando la inevitable partida del sol.
Al otro extremo del cielo se podía ver la luna, aún careciendo su característico brillo, y opacada por el sol.
Debajo de aquel mar naranja estaban dos viejos amigos, uno alto, otro bajo, uno con pelo corto, otro con pelo largo, aunque la altura en ese momento no era relevante, ya que ambos colapsaron, abrazándose el uno al otro a la misma altura, y también daba igual lo corto o largo que fuese el pelo de cualquiera de ellos, ya que aunque cubriera sus caras, sus llantos resonaban sin cesar.
No lloraban solo por algo pasado, si no también por el ahora, por todo ese tiempo que ha hecho que la incomprensión consuma a ambos, por todo eso que nunca se dijo.
Y enfrente de ellos, estaba yo.
Aunque decir que esa persona era yo… “-” Me encontraba de pie, mirando como Daiki y Kichiro lloraban sin cesar, como un grifo abierto.
Por un momento, solo por un pequeño instante, pensé en hacer lo mismo.
Desde que empezaron a hablar, estuve escuchando, sin interrumpir en ningún momento, incluso si me encontraba tan enfurecido.
Lo que me hizo querer esperar, aún no lo comprendo.
¿Respeto?
¿Intriga?
¿Empatía?
Nada encaja, pero a la vez todo parece ser una respuesta válida.
Y ahora, estaba allí.
¿Qué estaba haciendo?
Tantas cosas pasaban por mi cabeza que no tenía nada claro.
Cortocircuito.
Mientras yo gastaba tiempo dudando, Kichiro, con su cara empapada en lágrimas, mostrando una gran tristeza, pero con una mirada cálida y amigable, se dirigió a mí, despegándose un poco de Daiki, para poder mirarme.
Le costó un poco empezar a hablar entre sollozo y sollozo, pero poco a poco pudo hablar.
“R-Riku… Tú, también me entiendes, ¿verdad?…” “…” Él dirigiéndome la palabra me sacó del trance, viéndome obligado a verle a la cara con una expresión un tanto compleja y confusa.
Daiki empezó a calmar un poco el llanto, para poder prestar atención a lo que decía Kichiro.
“… Yo, creo que también te entiendo… Los… Dos, somos un poco tímidos… Nos parecemos…” “¿…?” ¿Cómo podrías entenderme tú a mí?
No solo no nos parecemos en nada, si no que además… “… También quería encerrarme en mi casa… No volver a salir… Estaba, y, he estado deprimido, como todos…” Tú mismo lo has dicho.
No eras tan cercano a ella.
Por eso, no puedes entender lo que siento, nunca.
“Pero… Estaba harto de sentirme así… No solo por esto, si no siempre… Sentirme tan débil, tan… triste…” Kichiro miró al suelo por un momento, recordando quien siempre ha sido.
Alguien quien siempre ha tenido miedo, que siempre ha tenido problemas para hablar con gente.
Sigues siendo más débil que yo.
Pequeño, con una actitud cobarde, hablando incluso menos que yo… Más que tímido, pareces antisocial… Quería cambiar todo eso, alzando la mirada para dejarlo claro, a su vez respondiendo una afirmación que nadie dijo en primer lugar.
“¡Sé que es tarde para cambiar…!
Podría haberlo hecho antes, y quizás, solo quizás, algo podría haber cambiado… Pero no merece la pena pensar en ello… Y tampoco merece la pena seguir siendo así… Yo, quiero cambiar…” ¿Cambiar?
¿Acaso puedes hacer eso?
¿TÚ?
Ni en mil años dejarías de ser como eres.
No puedes.
Nunca pudiste antes, ¿Por qué crees que podrías ahora?
“No solo por ser tu amigo….
Por el simple hecho de conocerte, por ser alguien importante, por ser tú mismo… Quiero ayudarte.
A ti y a todos los que me importan…” Amigos… Entonces, por ser mi amigo… Por conocerme, por ser importante para ti… “Puedes venir también… No quiero dejarte de lado, nadie quiere… No es tu cul-” Fue que me dejaste tirado en clase, como una puta peste… Apreté mi puño, mi cuerpo decidiéndose en qué sentir.
Ira, de nuevo, por su ironía, aunque esta vez, con un tono de duda, al no saber cómo quería reaccionar realmente, de angustia, debido a toda la presión que sentía, y de miedo, al recordar todas esas miradas, todos esos comentarios, y lo desesperado que me sentía al correr por los pasillos.
“… Cállate.” “¿Eh?” “… No… No nos parecemos en nada.” Kichiro se sorprendió con mi reacción tan agresiva, pensando que con sus palabras podría calmarme.
Ante la reacción, aunque seguían saliendo lágrimas de los ojos de ambos, dejaron de abrazarse, separándose levemente, prestándome atención exclusivamente a mí.
Tras volver en sí mismo, él intentó corregirse, para evitar enfadarme más.
“Puede que no tengamos… Tantas cosas en común… Pero aún así compartimos varias-” “¿¡Y tú crees que eso me importa!?
¡Me da igual si crees que compartimos algo, porque sé que no es así!” “… Vale.
Si tu crees que es así…” Kichiro actuó a la defensiva, dándome la razón en vez de intentar argumentar algo más.
Aún intentaba mantener esa expresión llena de confianza, más aún cuando sus lágrimas empezaban a cesar.
“¡No es que crea que es así, es que es así!
¡Y más importante aún…!” Dí un paso hacia adelante, acercándome a Kichiro de una forma un tanto preocupante.
“¡¿Quién te crees que eres para decir que ‘sabes como me siento’?!
¡No tienes ni puta idea, idiota de mierda!
¡Actúas como un sabio, pero todo lo que sueltas son gilipolleces!” Empecé, de nuevo, a insultar, aunque esta vez a Kichiro.
Daiki, al escuchar y verme hacer eso, decidió interrumpir, mostrando cierta adversidad hacia mí, remanente de lo que ocurrió hace tan solo un par de minutos atrás.
“Riku, cálma-” “¡¿Y tú te crees que tienes derecho de hablar ahora?!” “¡Tampoco tienes por que hablarle así…!” Lo que dije debió tocar algún nervio dentro suya, consiguiendo que Daiki se olvidara de toda esa tristeza y lágrimas derramadas, levantándose del suelo y tomando una postura hostil en contra mía.
“Daiki, déjame hablarle, por favor.” Kichiro paró a Daiki antes de que él o yo volviéramos a cómo estábamos antes.
Daiki se resignó, recomponiendo su compostura tras un suspiro un poco molesto.
Así, Kichiro también procedió a levantarse.
“No niego que Daiki tenga razón… Riku… Deberías calmarte…” “¡¿Y cómo quieres que me calme ahora?!
Primero Daiki gritándome nada más entrar, y ahora tu diciendo gilipolleces…” “Con lo de antes, si… Tienes razón, nunca voy a poder saber como te sientes exactamente.
Mucho menos sentirlo yo mismo.” Kichiro mostró una pizca de frustración.
No entendía por qué estaba molesto de repente.
“¡¿Y entonces para que coño abres la boca?!” “Puede que no sepa cómo te sientes exactamente, pero puedo hacerme una ide-” “¡Y otra vez con la misma mierda!
¡Que no!
¡No puedes!
¡Ni una idea, ni entenderme, ni sentir empatía, nada!
¡Solo eres un crío de mierda que se piensa que lo sabe todo!
¡¿Qué vas a saber tú cuando no sabes ni cómo hablarle a la gente?!” Kichiro se vio ligeramente afectado por mi último comentario, pero decidió no echarse para atrás.
Daiki, por su parte, se aguantó las ganas de confrontarme de nuevo.
Con un ligero tono frustrado y triste, Kichiro respondió a mis insultos, llevándose su mano derecha al pecho.
“… Sabemos que era tu hermana.
¿No es algo lógico pensar que te ha afectado más a ti que a cualquiera de nosotros?” “… Aunque sea así… ¡No puedes hacerte una idea!
¡¿Y qué vas a hacer sabiendo que era mi hermana?!
¡¿De verdad crees que es SOLO por eso?!
¡¿Que por ser solo mi hermana me voy a preocupar por ella?!” “No, sabemos que-” “¡Si vas a estar ignorando quién era ella como un hipócrita entonces vete a tomar por culo!
¡Nada de lo que dices tiene sentido!
¡¿No lo ves?!” “¡Yo-!… Ella era importante para ti… mucho más de lo que era para nosotros.
Eso es lo que quieres decirnos.
Y eso es lo que te quería decir.” Kichiro bajó la guardia por un momento, pero rápidamente enfrió su cabeza, y tomó breves pausas para hablar de manera que no me enfadara más todavía.
“¡Pues por fin lo entiendes, joder!” “Vale… Ahora, por favor, cálmate…” Tenía demasiada prisa en calmarme.
Antes que hablarme, quería que me calmase.
¿Es que no puedes hablarme cuando estoy así?
¿Eres tan débil que no puedes soportarme?
Al escuchar lo impaciente que estaba por querer calmarme, solo pude reaccionar de una forma; con una leve sonrisa en mi rostro, una sonrisa lo más nefasta posible.
“… ¿De verdad te crees que con solo decirme que me calme se va a solucionar todo?
¡¿De verdad eres tan tonto?!” “Quiero que te calmes para que podamos-” “¡Ya estamos hablando, y ya te puedo decir todo lo que te tengo que decir!” “… Entonces dímelo una vez te hayas calmado, por favor… No te vamos a hacer na-” “¡¿Y quieres que me crea eso?!
¡¿Que no me vais a hacer nada?!” “… ¿Y qué crees que te vamos a hacer?
Ya te he dicho que puedes estar con nosotros, que puedes confiar en nosotros.” Confiar.
No dude al hablar, con una voz exageradamente fría.
Era como si los ojos que miraban fijamente mi espalda me hubieran privado de todo ese fuego.
“No pienso confiar en ninguno de vosotros, especialmente tú, Kichiro.” Silencio.
Tanto Kichiro como Daiki fueron forzados al silencio.
Confusión, sorpresa, todavía más confusión.
Lo que más destacó fue como la expresión de Kichiro perdió un poco de confianza.
Poco a poco.
“¿De verdad te crees que me he olvidado, que lo he dejado pasar?” Kichiro sabía perfectamente de lo que hablaba, ya que su expresión pasó a mostrar culpabilidad.
Daiki ahora estaba más confundido.
Me aproveché de su reacción.
“Kichiro, ¿No se lo has contado a Daiki?
¿Tanto dices que es tu amigo, que quieres cambiar, y le ocultas algo así?” Cuando más insistía, más inseguro se volvía Kichiro.
Por suerte, Daiki no fue tan tonto como para no saber a qué me refería, habiéndolo oído de Kichiro hoy mismo.
Daiki fue quien intentó defender a Kichiro.
“Kichiro estaba-” “Vuelve a abrir la puta boca y te la cierro a patadas.” “¡…!
…” Daiki decidió no objetar, ni decir nada más.
No quería empeorar la situación, ya que sabía que yo era lo suficientemente cabezota como para intentar hacer eso mismo.
Empecé a acercarme a Kichiro, quien ahora estaba nervioso, mientras le miraba a los ojos, y él me miraba de vuelta.
“Vamos, habla.
¿No decías que querías cambiar, que eras mi amigo?” “Yo-” “Mírame a los ojos cuando me hables.” Kichiro intentó mirar hacia un lado cuando empezó a hablar, pero no solo no le dejé, si no que me acerqué más.
Todavía más.
No dejé de andar hasta que me quedé a dos pasos de chocarme con él.
“Explicate.
¿Qué pasó allí?
¿Por qué me ignoraste?
¿No estaban los amigos para ayudarse los unos a los otros?” “… Perdón…” “¿…?” “Perdón… Sé que es algo que no debería de haber hecho…” “… No, no, no…” Con mis manos, le indiqué que parara, que dejara de hablar.
“No quiero que te disculpes.
Eso no me podría importar menos.
Explicate.
¿Por qué?
Ahora.” Resentimiento, era todo lo que se estaba acumulando dentro mía.
En el fondo, estaba desesperado por saber una respuesta, el por qué me dejó tirado, el por qué me ignoró todo el día, tanto en clase como en el patio, por eso estaba siendo lo más directo posible, aguantándome todo lo posible.
Aunque también quería aprovechar, aprovechar a enseñarle a Kichiro que toda esa ‘confianza’ que se a creído no es más que una farsa, una ilusión.
“… Yo, estaba nervioso, y… tenía miedo…” “¿De qué?” “… De, cualquier cosa que pudiera pasar… No sabía si debía acercarme a ti en ese momento… Y, tampoco sabía qué diría la gente si me acercaba a ti… Tenía miedo… Pero…” Aunque tuviese miedo, debería de haber ido, era lo que iba a decir, solo que no le dí tiempo.
“Miedo…” Me quedé mirando al suelo por un momento, procesando todo lo que había dicho.
Miedo… Solo por miedo… Si fuese mi amigo, habría ignorado a toda esa gente, habría preferido arriesgarse a ser rechazado que quedarse ahí sin hacer nada… “Por puto miedo…” Puse mi mano en mi cara, cubriéndola por completo.
Solo por eso, por ser tan egoísta, por preocuparse por si mismo… No puede creerte, de verdad que no puedo… No me das más opción… Todo, todo por lo que he pasado… Esta vez sí, podría no haber ocurrido si no me hubieras ignorado, si no hubieras sido tan egoísta, tan avaricioso… Tú… Una pequeña risita salió de mi boca.
Más que nada, incrédula.
Era demasiado evidente, algo lógico que pensar.
Estaba claro que Kichiro no me habló por miedo, por sus nervios… De verdad llegué a pensar en algo más… E incluso sabiendo la respuesta, no estaba nada a gusto.
No estaba contento, aliviado.
Incluso si había pedido perdón, no podía perdonarle.
No quería perdonarle.
“¡¿Y TODO POR ESA MIERDA?!
¡¿POR QUE ESTABAS CAGADO DE MIEDO?!” Ya no era un grito enfadado dirigido hacia Daiki, si no hacia él, hacia Kichiro.
Hasta él mismo debía comprender sus límites, las cosas para las que estaba y las que no estaba preparado.
Y aún después de haberse exaltado, de haberse asustado, y de haberme mirado a los ojos con un rastro de miedo en los suyos, seguía queriendo hacerse el fuerte.
“… No… No lo entiendo… ¿Cuando te has decidido en ser una ángel bonachón?
¡¿Hace cuatro putas horas?!” “…” Kichiro quería hablar, pero primero debía recomponerse, algo que no podía hacer por el momento.
“¿No decías que habías pensado en eso durante mucho tiempo, que estabas cansado de ser así?
¿Tan fácil te rindes?
No, dímelo por favor, por que no lo entiendo…” “… Y-ya sé que es algo malo… Y-y que quería cambiar… Pero-” “¡¿Pero qué?!
¡¿Sigues teniendo esas intenciones?!
¡¿Y qué me asegura que no vas a tirar la toalla en cuanto nos vayamos de aquí?!
¡¿De verdad quieres que confíe en alguien tan jodidamente patético?!” “…” Kichiro ya no solo aparentaba sentir miedo, pero también estaba dolido, no solo por lo que hizo, pero también por cada insulto que le echaba en cara.
“¡No pienso confiar en ti nunca más!… Hacerme pasar por todo eso… Sabiendo lo que había pasado… ¡…!
¡No!
¡No me hace ni puta gracia!” No podía esconder por completo mi propio miedo al recordar lo que pasó.
Fue hace solo un día, todavía era algo exageradamente reciente.
¿Cómo no podría recordar todas esas voces, esas miradas, esas personas?… Todo… No había nada de lo que pudiera olvidarme.
Intenté ocultarlo, corregir esa ‘debilidad’ con más ira.
“… Yo… Perdón…” Kichiro no sabía que más hacer, aparte de pedir perdón.
Su faceta y confianza prácticamente se habían desplomado con tan solo escucharme y verme a los ojos, cosas que nunca dejó de hacer.
Verle solo me recordaba a estar en clase.
Y de solo pensar en ello- ‘Puto monstruo.’ ‘¿Ves?
Es como un toro desbocado.’ ‘No deberías de juntarte con él…’ ‘¿Cómo es que todavía tiene amigos?’ ‘Que asco.’ Con un brillo rojo en sus ojos, él dijo: ‘Es tu culpa’ “¡No quiero escucharte más!
¡Ni pedir perdón… Ni nada!
¡Vete!
¡Vete de aquí ya!
¡No quiero volver a verte!
¡No pienso creerme nada que me digas, puto desgraciado!” Mientras le gritaba, dejando salir todas mis frustraciones sobre y hacia él, mis ojos se empezaron a humedecer, como si estuvieran a punto de dejar caer lágrimas.
“¡Ya no eres mi amigo, no me importas!
¡Por eso…!
“… Riku…” Kichiro logró ver tras las llamas de mi expresión, y ver la frustración, el miedo, la depresión que me carcomía por dentro.
Él se preocupó por mi al verme reaccionar así, incluso tras haber dicho cosas tan horribles y crueles.
No dejé que hiciera algo así.
“¡…VETE!” Me acerqué a el todo lo que pude, dando un paso hacia delante, mientras dí aquel grito.
No sabía qué iba a hacer, pero estaba claro que no me acerqué por que quisiera.
Kichiro no dio ningún pasó atrás.
“-” “¡¿…?!” Antes de poder decir o hacer algo, sentí a alguien agarrándome del hombro derecho.
Era Daiki.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com