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Mis Historias Originales, Trabajadas con IA - Capítulo 18

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Capítulo 18: Capítulo 4: La Reconciliación Artificial

La madrugada encontró a Julián sentado en el borde de la cama extraña en la habitación de invitados de Luis, observando la interfaz del sistema que flotaba ante sus ojos. No era una alucinación—podía interactuar con ella, navegar por sus menús, leer las descripciones de habilidades y recompensas. La realidad de lo que había aceptado se asentaba en su estómago como una piedra helada, pero mezclada con esa excitación oscura que ahora reconocía como parte fundamental de su ser.

[SISTEMA DE CORNUDISMO – NIVEL 1]

[ANFITRIÓN: JULIÁN MÁRQUEZ]

[PUNTOS DE CORNUDISMO: 100]

[OBJETIVO ACTUAL: RECONCILIACIÓN APARENTE CON VALERIA]

[RECOMPENSA: 500 PUNTOS + $1000]

[TIEMPO RESTANTE: 6 DÍAS, 23 HORAS]

Julián hizo clic en la sección “Tienda”. Se desplegó un catálogo asombroso:

[HABILIDADES]

Persuasión Suave (Nivel 1): 150 puntos

Detección de Deseos Ocultos (Nivel 1): 200 puntos

Aumento de Atractivo Físico (5%): 300 puntos

Eliminación de Culpa (Nivel 1): 250 puntos

[MEJORAS FÍSICAS]

Resistencia +10%: 100 puntos

Fuerza +10%: 100 puntos

Estamina Sexual +15%: 150 puntos

Eliminación de Defectos Físicos Menores: 200 puntos

[OBJETOS ESPECIALES]

Anillo de Reconciliación (efecto temporal): 50 puntos

Perfume de Atracción Suave: 75 puntos

Flores de la Comprensión (efecto emocional): 30 puntos

[DINERO]

$100 = 10 puntos

$1000 = 90 puntos (descuento por volumen)

Y así continuaba, una lista interminable de tentaciones. Julián miró sus 100 puntos iniciales. No eran suficientes para casi nada significativo, pero notó que el sistema ofrecía “misiones secundarias” que podían dar puntos más rápidamente.

[MISIONES SECUNDARIAS DISPONIBLES]

Llamar a Valeria y expresar arrepentimiento genuino (25 puntos)

Enviar flores a casa sin incluir tarjeta (15 puntos)

Comprar un regalo para Sofía (20 puntos)

Buscar empleo estable (50 puntos)

Eran tareas simples, casi paternalistas en su diseño. El sistema parecía guiarlo paso a paso hacia su objetivo principal. Julián sintió una mezcla de gratitud y terror—alguien o algo estaba dirigiendo su vida, y él había aceptado voluntariamente esa dirección.

Su teléfono vibró. Un mensaje de Luis: “Desayuno listo cuando quieras.”

Eran las siete de la mañana. Julián se había dormido solo unas tres horas, pero se sentía extrañamente descansado. Otra característica del sistema, quizás.

Bajó a la cocina. Luis ya estaba allí, sirviendo café. Su amigo lo miró con una expresión entre la preocupación y la curiosidad.

“Entonces, ¿quieres hablar de ello?”

Julián se sentó, tomando la taza de café. “No sé por dónde empezar.”

“Valeria me llamó anoche. Después de que llegaste aquí.” Luis se sentó frente a él. “Dijo que encontró algo en la computadora. Algo… perturbador.”

Julián cerró los ojos. “Sí.”

“¿Qué era, hermano? Ella no quiso dar detalles, solo dijo que era lo peor que podía imaginar.”

“Pornografía”, dijo Julián, optando por una versión simplificada de la verdad. “Del tipo incorrecto.”

Luis arqueó una ceja. “¿Del tipo incorrecto? Julián, todos miramos porno de vez en cuando. ¿Qué tiene de tan malo?”

“No era porno normal.” Julián respiró hondo. “Era… sobre infidelidad. Sobre esposas siendo infieles.”

La comprensión lentamente iluminó el rostro de Luis. “Ah.”

“Sí, ‘ah’.”

Luis silbó suavemente. “Eso es complicado. Pero mira, todos tenemos fantasías raras. No significa que quieras que pase en la vida real.”

Julián no respondió. Porque en su caso, sí significaba exactamente eso.

“¿Y ahora qué?” preguntó Luis después de un momento.

“Ahora tengo que arreglar esto. Tengo que recuperar a mi familia.”

“¿Ella te echó de la casa?”

“Temporalmente. Necesita espacio.”

Luis asintió. “Bueno, mientras tanto, quédate aquí el tiempo que necesites. Pero, Julián…” Hizo una pausa, buscando las palabras correctas. “Si hay algo más, algo de lo que no me estás hablando… deberías buscar ayuda. Un terapeuta, algo.”

“Lo sé.”

Pero Julián sabía que no iría a ningún terapeuta. Ahora tenía el sistema, y el sistema le daría todo lo que necesitaba.

Después del desayuno, Julián se encerró en la habitación de invitados. Miró la misión secundaria más simple: “Llamar a Valeria y expresar arrepentimiento genuino”. Tomó su teléfono, dudó por un largo minuto, y finalmente marcó.

Sonó cuatro veces antes de que ella contestara. Su voz sonaba fría, distante. “¿Qué quieres, Julián?”

“Quería… disculparme. De verdad. Lo que hicí fue imperdonable.”

Un silencio del otro lado de la línea. Luego: “¿Imperdonable? Esa es una palabra fuerte.”

“Es la palabra correcta. Traicioné tu confianza. Violé nuestra intimidad.”

“¿Y por qué, Julián? ¿Por qué hiciste esas cosas?”

La pregunta lo paralizó. ¿Qué podía decir? ¿La verdad? ¿Que tenía fantasías oscuras que no entendía? ¿Que ahora formaba parte de un sistema que quería que él la entregara a otros hombres?

“Estaba… perdido”, dijo finalmente, y no era mentira. “Estresado por el trabajo, por el dinero. Buscaba un escape, y elegí el peor posible.”

“Un escape”, repitió Valeria, y su voz tembló ligeramente. “¿Nuestro matrimonio era una prisión de la que necesitabas escapar?”

“¡No! Nunca. Tú eres lo mejor de mi vida, Valeria. Lo sabes.”

“Ya no sé nada, Julián. Lo que vi anoche… cambió todo.”

“¿Podemos hablar? En persona. Por favor.”

Otro silencio, más largo esta vez. “No. No ahora. Necesito tiempo.”

“¿Y Sofía?”

“Sofía pregunta por ti. Le dije que papá tenía que viajar por trabajo unos días.” Valeria hizo una pausa. “Miente por ti. Añade eso a tu lista de pecados.”

La frase lo golpeó como un puñetazo. “Lo siento.”

“Sí, siempre lo sientes. Pero tus acciones dicen otra cosa.”

“¿Qué puedo hacer, Valeria? Dime y lo haré.”

“No lo sé, Julián. En serio no lo sé.” Su voz se quebró. “Ahora tengo que irme. No llames hoy otra vez.”

Colgó. Julián bajó el teléfono, sintiendo una mezcla de desesperación y… algo más. Revisó la interfaz del sistema. Una notificación parpadeaba:

[MISIÓN SECUNDARIA COMPLETADA: LLAMAR A VALERIA]

[RECOMPENSA: 25 PUNTOS DE CORNUDISMO]

[PUNTOS TOTALES: 125]

Al menos había ganado algo. Pequeños consuelos en medio del desastre.

Decidió completar otra misión. Abrió una aplicación de entrega de flores en su teléfono, seleccionó un arreglo simple pero elegante—lirios blancos, que eran las flores favoritas de Valeria—y lo envió a la casa sin tarjeta. Otra notificación:

[MISIÓN SECUNDARIA COMPLETADA: ENVIAR FLORES]

[RECOMPENSA: 15 PUNTOS]

[PUNTOS TOTALES: 140]

Estaba acumulando puntos, pero aún no tenía suficientes para nada significativo. Necesitaba la recompensa principal—los 500 puntos y los $1000—pero para eso necesitaba reconciliarse con Valeria, y ella ni siquiera quería verlo.

Su teléfono vibró. Un mensaje de Daniel: “¿Has pensado en mi oferta? Miguel quiere una respuesta hoy.”

Julián había olvidado por completo la oferta de trabajo. En circunstancias normales, la habría aceptado inmediatamente. Pero ahora… ahora tenía el sistema. Y el sistema ofrecía dinero a cambio de puntos. ¿Realmente necesitaba el trabajo?

Pero algo en él—quizás el último vestigio de su antigua ética de trabajo—le decía que no podía depender únicamente del sistema. Además, un trabajo estable sería otra forma de impresionar a Valeria.

“¿Puedo tener unas horas más para decidir?” respondió.

“Claro. Pero antes de las 5 pm.”

Mientras consideraba su siguiente movimiento, una nueva notificación apareció en la interfaz del sistema:

[MISIÓN ESPECIAL: COMPRAR UN REGALO PARA VALERIA]

[DESCRIPCIÓN: ADQUIERE UN OBJETO QUE DEMUESTRE TU COMPRENSIÓN DE SUS GUSTOS]

[RECOMPENSA: 50 PUNTOS + “PERFUME DE ATRACCIÓN SUAVE” (OBJETO ESPECIAL)]

[TIEMPO: 24 HORAS]

Cincuenta puntos eran sustanciales. Y el objeto especial podría ser útil. Julián se vistió y le dijo a Luis que saldría un rato.

El centro comercial más cercano estaba a media hora en autobús. Mientras viajaba, Julián repasó mentalmente los gustos de Valeria. No era una mujer materialista—siempre había preferido los regalos sentimentales a los caros. Recordó cómo, para su último aniversario, le había hecho un álbum de fotos de su vida juntos en vez de comprar joyas.

Pero eso había sido antes. Antes de que todo se arruinara. ¿Qué regalo podría enviar ahora que no pareciera un soborno barato?

Caminando por los pasillos de las tiendas, su mirada se posó en una joyería. En el escaparate había un collar simple pero elegante—una piedra de luna en un fino cable de plata. Valeria amaba la luna. Recordó noches en la playa, hace años, cuando señalaban las constelaciones y ella decía que la luna llena era la joya del cielo.

Entró a la tienda. El collar costaba $80—una fortuna para sus estándares actuales, pero tenía los $1000 que el sistema le había dado por aceptar el contrato. Los billetes habían aparecido en su bolsillo esa mañana, nuevos y crujientes como si acabaran de ser impresos.

“¿Puedo ver ese collar?” preguntó al vendedor.

Mientras examinaba la piedra de luna, que parecía contener un universo de luz blanca en su interior, notó a una mujer al otro lado del mostrador. No era cualquiera—era la clienta de la ferretería, la que había desencadenado sus fantasías días antes. Hoy estaba más casual, con jeans y una blusa simple, pero seguía siendo igual de atractiva.

Sus ojos se encontraron por un momento, y ella sonrió levemente antes de volver a examinar los aretes que tenía en la mano. Julián sintió una oleada de vergüenza al recordar lo que había imaginado sobre ella. Pero junto a la vergüenza, vino esa excitación familiar, ahora amplificada por el sistema. Podía sentir una energía diferente en el aire, como si el sistema estuviera evaluando la situación, buscando oportunidades.

Decidió ignorarla y concentrarse en su compra. Pagó por el collar—$80 que sintió como un pequeño sacrificio, aunque técnicamente era dinero del sistema—y salió de la tienda.

Notificación inmediata:

[MISIÓN ESPECIAL COMPLETADA: COMPRAR UN REGALO PARA VALERIA]

[RECOMPENSA: 50 PUNTOS + “PERFUME DE ATRACCIÓN SUAVE” RECIBIDO]

[PUNTOS TOTALES: 190]

[INVENTARIO DE OBJETOS ESPECIALES ACTUALIZADO]

[PERFUME DE ATRACCIÓN SUAVE: APLICAR SOBRE LA PIEL PARA AUMENTAR EL ATRACTIVO HACIA LA PERSONA DESEADA EN UN 15%. DURACIÓN: 4 HORAS. USOS: 3]

Julián miró el pequeño frasco que había aparecido en su bolsillo. Era de cristal azul, con un tapón de plata. Parecía caro, elegante. ¿Realmente lo usaría en Valeria? La idea de manipularla así le produjo un escalofrío, pero también una chispa de anticipación.

En el camino de regreso a casa de Luis, decidió pasar por su propia casa. No para entrar—sabía que Valeria no lo recibiría—sino para dejar el collar donde ella pudiera encontrarlo.

Estacionándose a media cuadra, observó la casa desde la distancia. Todo parecía normal—las cortinas del living abiertas, el limonero en el patio moviéndose con la brisa. No había señales de Valeria o Sofía.

Esperó casi una hora, escondido como un criminal observando la escena de su propio crimen. Finalmente, la puerta se abrió y Valeria salió. Iba sola, lo que significaba que Sofía probablemente estaba en la escuela o en casa de alguna amiga.

Valeria se veía… diferente. Más delgada, como si hubiera perdido peso en solo un día. Llevaba gafas de sol a pesar de que el día estaba nublado, y caminaba con los hombros caídos, esa postura de derrota que Julián nunca antes le había visto.

Lo observó alejarse, y una oleada de remordimiento genuino lo inundó. Él había hecho esto. Él había convertido a su esposa vibrante y llena de vida en esta sombra.

Esperó a que desapareciera a la vuelta de la esquina, luego se acercó a la casa. Dejó la caja con el collar en el porche, junto a la maceta donde Valeria cultivaba albahaca. No incluyó una nota—las palabras le parecían insuficientes ahora.

Al alejarse, recibió otra notificación:

[OBJETIVO SECUNDARIO ALCANZADO: GESTO DE RECONCILIACIÓN]

[RECOMPENSA: 25 PUNTOS]

[PUNTOS TOTALES: 215]

Los puntos se acumulaban, pero la victoria se sentía hueca.

De regreso en casa de Luis, Julián se encerró en la habitación y comenzó a explorar más a fondo el sistema. Había una sección llamada “Estadísticas” que mostraba información detallada sobre su progreso:

[ESTADÍSTICAS DEL ANFITRIÓN]

Nivel: 1

Puntos de Cornudismo: 215

Puntos de Netorare: 0

Habilidades Desbloqueadas: 0

Objetos Especiales: 1

Dinero Generado: $1000

Relación con Valeria: 28/100 (CRISIS)

Relación con Sofía: 85/100 (AMOROSA)

Atractivo Físico: 72/100

Habilidades Sociales: 65/100

Confianza en Sí Mismo: 41/100

Los números eran despiadados en su precisión. Su relación con Valeria era un desastre absoluto. Pero notó algo interesante: había un pequeño botón junto a “Relación con Valeria” que decía “DETALLES”. Lo presionó.

[RELACIÓN CON VALERIA – ANÁLISIS]

Confianza: 15/100

Respeto: 22/100

Atracción Física: 40/100

Conexión Emocional: 35/100

Deseo de Reconciliación: 25/100

Y luego, más abajo:

[DESEOS OCULTOS DETECTADOS]

Necesidad de Validación Externa: 68/100

Curiosidad Sexual Reprimida: 45/100

Deseo de Libertad Personal: 52/100

Insatisfacción con Rutina Marital: 61/100

Julián leyó estos últimos números varias veces. ¿El sistema estaba diciendo que Valeria tenía deseos ocultos? ¿Que no estaba completamente satisfecha en su matrimonio incluso antes de descubrir sus secretos? La idea debería haberle molestado, pero en vez de eso, sintió esa excitación oscura otra vez. Si Valeria ya tenía estas semillas de insatisfacción, quizás el camino hacia la reconciliación—y hacia los objetivos del sistema—no sería tan imposible.

Pasó el resto de la tarde completando misiones secundarias menores. Fue a una entrevista de trabajo ficticia (50 puntos), compró materiales de arte para Valeria y los dejó en el porche (30 puntos), y envió un mensaje de texto a Sofía diciéndole que la extrañaba (10 puntos).

Para las cinco de la tarde, tenía 305 puntos—suficientes para comprar su primera habilidad.

Examinó las opciones. “Persuasión Suave” parecía la más útil para su situación actual. Por 150 puntos, podría aumentar ligeramente su capacidad de convencer a otros. No era control mental, según la descripción, sino más bien una habilidad para encontrar los argumentos correctos en el momento correcto.

Compró la habilidad. Una sensación de calor recorrió su cerebro, seguida de un ligero mareo. Cuando pasó, se sintió… diferente. No más inteligente, pero sí más consciente de las dinámicas sociales, de las formas en que las personas se influencian unas a otras.

[PUNTOS DE CORNUDISMO: 155]

[HABILIDADES DESBLOQUEADAS: PERSUASIÓN SUAVE (NIVEL 1)]

Eran las 5:30 cuando recordó que debía darle una respuesta a Daniel. Tomó su teléfono y llamó.

“Daniel, soy Julián.”

“¡Julián! Justo pensaba en ti. ¿Qué decidiste?”

“Voy a aceptar la oferta. Pero necesito una semana para organizar mis cosas.”

“Excelente. Miguel estará contento. Te envío los detalles por correo.”

Colgó. Tenía un trabajo. Un buen trabajo, bien pagado. Era exactamente lo que había estado buscando antes de… todo. Debería sentirse eufórico. En vez de eso, solo sentía un vacío extraño. Como si estuviera siguiendo un guión escrito por alguien más.

Esa noche, mientras cenaba con Luis, su amigo notó su estado de ánimo.

“¿Ocurrió algo más? Pareces… distante.”

“Es todo, Luis. El problema con Valeria, este nuevo trabajo… es mucho.”

“Entiendo.” Luis hizo una pausa. “Oye, ¿quieres que hable con ella? Como intermediario.”

La oferta era tentadora, pero Julián negó con la cabeza. “No, esto es algo que tengo que resolver yo mismo.”

Después de cenar, recibió un mensaje de Valeria. Solo decía: “Recibí el collar. Es hermoso. Gracias.”

Eran las palabras más amables que ella le había dirigido en más de 24 horas. Julián sintió un destello de esperanza. Respondió: “Me alegra que te guste. Pensé en ti cuando lo vi.”

No hubo respuesta inmediata, pero diez minutos después, otro mensaje: “Sofía quiere hablar contigo. ¿Puedes llamar a las 8?”

“Claro. Gracias.”

A las ocho en punto, llamó. Sofía contestó el teléfono de su madre.

“¡Papá! ¿Cuándo vuelves?”

“Pronto, princesa. ¿Cómo estás?”

“Bien. Extraño jugar contigo. Mamá está triste.”

La franqueza de los niños era despiadada. “Lo sé, cielo. Pero todo va a mejorar.”

“¿Prometes?”

Julián cerró los ojos. “Prometo hacer todo lo posible.”

Hablaron por quince minutos, Sofía contándole sobre su día en la escuela, sobre un nuevo amigo que tenía, sobre cómo quería aprender a andar en bicicleta sin rueditas de entrenamiento. Fue un respiro de normalidad en medio del caos.

Cuando Sofía pasó el teléfono a Valeria, la tensión volvió instantáneamente.

“Gracias por llamar”, dijo ella, su voz formal, distante.

“Gracias a ti por permitírmelo.”

Un silencio incómodo. Luego: “¿Dónde estás?”

“En casa de Luis. Me dijo que puedo quedarme el tiempo que necesite.”

“Bueno.” Otra pausa. “Oye, necesito dinero. Para los materiales del próximo pedido. Y para… otras cosas.”

Julián recordó los $920 que le quedaban del dinero del sistema. “¿Cuánto necesitas?”

“Como cien dólares. Sé que es mucho, pero…”

“Te doy doscientos.” La oferta salió antes de que pudiera pensarlo. “¿Puedes encontrarme mañana? En algún lugar público.”

Valeria dudó. “No sé, Julián…”

“Por favor. Solo para darte el dinero. No tenemos que hablar si no quieres.”

Un suspiro del otro lado de la línea. “Está bien. ¿El café de la esquina de mi mamá? A las once.”

“Perfecto. Allí estaré.”

Colgó. Una nueva notificación del sistema:

[INTERACCIÓN POSITIVA DETECTADA]

[PROGRESO HACIA OBJETIVO PRINCIPAL: 5%]

[CONSEJO DEL SISTEMA: USE EL PERFUME DE ATRACCIÓN SUAVE EN LA REUNIÓN]

Julián miró el frasco azul en su mano. ¿Realmente lo haría? ¿Usaría una herramienta del sistema para manipular a su esposa?

“Es por el bien mayor”, se dijo a sí mismo, pero la justificación sonaba débil incluso en sus propios oídos.

Al día siguiente, a las diez y media, Julián ya estaba en el café. Había elegido una mesa en una esquina, con vista a la entrada. Llevaba el perfume en el bolsillo de su camisa, todavía sin decidir si lo usaría.

El café era el mismo al que habían ido Valeria y él en sus primeros años de noviazgo. Un lugar pequeño y acogedor, con mesas de madera desgastada y el olor permanente a café recién molido. El dueño, Don Rafael, era un anciano que los había visto crecer juntos.

“Julián, ¡cuánto tiempo!” dijo Don Rafael al verlo. “¿Solo hoy?”

“Esperando a Valeria.”

“Ah, qué bien. Les preparo el café especial, como antes.”

Como antes. Si solo fuera tan simple volver a “como antes”.

A las once en punto, Valeria entró. Julián contuvo la respiración. Ella llevaba un vestido simple de algodón, sin maquillaje, y sus ojos todavía tenían esa sombra de tristeza que le partía el corazón. Pero había algo diferente—una determinación en su postura, como si hubiera tomado una decisión importante.

Se acercó a la mesa. “Hola.”

“Hola.” Julián se levantó, un gesto automático de cortesía. “¿Quieres sentarte?”

Valeria asintió y tomó asiento frente a él. Don Rafael apareció con dos tazas de café y una sonrisa comprensiva antes de retirarse discretamente.

“Gracias por venir”, dijo Julián.

“Necesito el dinero.” Su tono era práctico, sin emociones.

Julián sacó un sobre con los doscientos dólares. “Aquí está.”

Valeria lo tomó y lo guardó en su bolso sin contar el dinero. “Gracias. Te lo devolveré cuando pueda.”

“No hace falta.”

“Claro que sí.” Ella miró su café. “Julián, tenemos que hablar.”

“Estoy escuchando.”

“No sé si podemos arreglar esto”, dijo directamente, sin rodeos. “Lo que vi… cambió cómo te veo. Cambió cómo veo nuestro matrimonio.”

“Lo sé. Y lo lamento más de lo que puedes imaginar.”

“El arrepentimiento no borra lo que hiciste.” Valeria levantó la vista para mirarlo a los ojos. “Necesito entender por qué. De verdad.”

Julián respiró hondo. Su nueva habilidad de Persuasión Suave parecía activarse automáticamente, sugiriendo ángulos, enfoques. “¿Recuerdas cuando comenzamos? Éramos jóvenes, llenos de sueños.”

“Éramos diferentes.”

“Sí. Y con los años, con las responsabilidades… a veces me sentí atrapado. No por ti, nunca por ti, sino por la vida. Por las deudas, el trabajo, la rutina.” Eran palabras verdaderas, aunque no toda la verdad. “Y en vez de hablarlo contigo, en vez de buscar ayuda, busqué un escape estúpido. Un escape que te lastimó.”

Valeria lo observó, buscando sinceridad en su rostro. “¿Y ahora? ¿Sigues buscando ese escape?”

“No. Ahora solo busco volver a casa. Busco recuperar tu confianza, aunque lleve años.”

“Puede que lleve más que años, Julián. Puede que nunca vuelva a confiar completamente en ti.”

“Lo acepto.” Y en ese momento, lo decía en serio. “Pero al menos déjame intentar. Déjame demostrarte que puedo ser mejor.”

Valeria bajó la vista a su café nuevamente. “Sofía te extraña.”

“Yo también la extraño a ella.” Hizo una pausa. “Y a ti.”

El silencio que siguió era tangible. Julián sintió el peso del frasco de perfume en su bolsillo. ¿Debía usarlo? ¿Sería un acto de traición aún mayor?

Mientras luchaba consigo mismo, la puerta del café se abrió y entró un hombre. Julián lo reconoció inmediatamente: era Adrián.

Adrián parecía salido de una revista incluso en ropa casual—unos jeans bien cortados, una camisa azul que coincidía exactamente con el color de sus ojos, botas de trabajo limpias pero desgastadas. Saludó a Don Rafael con una sonrisa amplia y familiar, como si fuera cliente habitual.

“¡Adrián! El usual, ¿verdad?” dijo Don Rafael.

“Exacto, Don Rafael. Con un poco más de azúcar hoy, por favor.”

Mientras esperaba su pedido, Adrián escaneó el café. Sus ojos se posaron en Julián y se iluminaron con reconocimiento. Caminó hacia su mesa.

“Julián, ¡qué sorpresa! ¿Cómo estás?”

Julián se levantó para estrechar su mano. “Adrián, hola. Bien, gracias. Esta es mi esposa, Valeria.”

Adrián volvió su sonrisa hacia Valeria, y Julián notó algo fascinante: la energía de la habitación pareció cambiar. Adrián no era solo atractivo físicamente; emanaba una calma, una seguridad que era casi palpable.

“Mucho gusto, Valeria. Soy Adrián, un amigo de tu esposo.”

Valeria, normalmente reservada con extraños, sonrió genuinamente. “Mucho gusto.”

“¿Puedo unírseles un momento? No quiero interrumpir…”

Julián miró a Valeria, quien asintió casi imperceptiblemente. “Claro, siéntate.”

Adrián tomó una silla de una mesa vacía y se sentó. En ese momento, Don Rafael llegó con su café.

“Gracias, Don Rafael.” Adrián tomó un sorbo y miró a la pareja. “Espero no estar interrumpiendo algo importante.”

“No, no”, dijo Valeria quizás demasiado rápido. “Solo… hablábamos.”

Adrián asintió, su expresión volviéndose comprensiva. “Ah, discúlpenme entonces. Puedo irme…”

“No, por favor, quédate”, dijo Valeria, y Julián notó algo en su tono—una genuina disposición a que Adrián se quedara, quizás como un respiro de la conversación tensa con él.

“Bueno, si insistes.” Adrián sonrió de nuevo. “Entonces, ¿cómo se conocieron?”

La pregunta era simple, inocente. Valeria y Julián se miraron, y por primera vez en días, compartieron un momento de conexión—la memoria de su historia juntos.

“En una fiesta de cumpleaños”, dijo Valeria, un pequeño sonrisa tocando sus labios. “Él derramó su bebida en mis zapatos.”

Adrián rió—una risa cálida y contagiosa. “¡Un comienzo clásico! Yo conocí a mi esposa cuando choqué accidentalmente con su carrito en el supermercado. Derramé un frasco de aceitunas sobre sus zapatos también.”

La anécdota rompió la tensión. Hablaron de cómo se conocieron, de sus primeros años juntos. Adrián era un conversador experto—hacía preguntas, escuchaba atentamente, compartía historias propias que eran lo suficientemente personales para ser auténticas pero no tan íntimas como para ser incómodas.

Después de unos veinte minutos, la conversación naturalmente derivó hacia temas más profundos.

“El matrimonio es un viaje interesante, ¿no?” comentó Adrián, jugueteando con su taza vacía. “Lleno de altibajos. A veces pienso que las parejas que sobreviven no son las que nunca tienen problemas, sino las que deciden resolverlos juntos.”

Valeria bajó la vista. “A veces los problemas son… complicados.”

“Los más complicados suelen ser los que más valen la pena resolver”, dijo Adrián suavemente. “Mi esposa y yo casi nos separamos hace cinco años. Problemas de comunicación, resentimientos acumulados… el paquete completo.”

Julián lo miró con interés. “¿Qué hicieron?”

“Bueno, primero tuvimos que aceptar que ambos habíamos contribuido a la situación. No es nunca solo una persona, ¿sabes? Luego, tuvimos que decidir si realmente queríamos quedarnos juntos. Y si la respuesta era sí, teníamos que aprender nuevas formas de relacionarnos.”

“¿Y funcionó?” preguntó Valeria, su voz apenas un susurro.

Adrián sonrió. “Aquí estamos, más fuertes que nunca. Pero no fue fácil. Requirió honestidad brutal, y a veces esa honestidad duele más que cualquier mentira.”

Valeria asintió lentamente. Julián podía ver que las palabras de Adrián resonaban en ella.

“El problema”, continuó Adrián, “es que a menudo confundimos el amor con la posesión. Pensamos que amamos a alguien cuando en realidad solo queremos controlarlo, moldearlo a nuestra imagen. El verdadero amor acepta al otro como es, con sus imperfecciones, sus peculiaridades… incluso aquellas que no entendemos completamente.”

La palabra “peculiaridades” pareció resonar en el aire. Valeria miró a Julián brevemente, luego volvió su atención a Adrián.

“¿Y si esas peculiaridades… lastiman?”

“Ah, esa es la pregunta difícil.” Adrián se recostó en su silla. “El dolor es parte de la vida, Valeria. Lo importante es si el dolor es un accidente en el camino o el destino final. Si dos personas se lastiman pero genuinamente quieren dejar de hacerlo, hay esperanza. Si el dolor es el objetivo… bueno, esa es otra historia.”

La sabiduría de Adrián era desarmante. Hablaba con la autoridad de quien había vivido lo que decía, no de quien regurgitaba clichés.

“Deben disculparme”, dijo Adrián finalmente, mirando su reloj. “Tengo una reunión con un cliente. Pero fue un verdadero placer conocerlos a ambos.” Se levantó y extendió su mano primero a Valeria, luego a Julián. “Julián, hablamos pronto para ese café que pendiente. Valeria, espero volver a verla.”

Cuando se fue, el café pareció más pequeño, más opresivo. Pero algo había cambiado. La presencia de Adrián había suavizado los bordes afilados de su conflicto.

“Es un hombre interesante”, comentó Valeria después de un momento.

“Sí. Parece… centrado.”

Valeria asintió. Tomó un último sorbo de su café frío. “Tengo que irme. Gracias por el dinero.”

“Valeria, espera.” Julián tomó una decisión. No usaría el perfume—no hoy. “¿Podemos vernos otra vez? Solo para hablar, como hoy.”

Ella lo miró por un largo momento. “Llámame en unos días. Veré cómo me siento.”

No era un sí, pero tampoco era un no definitivo. Era un tal vez, y en ese momento, un tal vez era más de lo que Julián había esperado.

Esa noche, de vuelta en casa de Luis, el sistema mostraba un progreso significativo:

[OBJETIVO PRINCIPAL PROGRESO: 15%]

[RELACIÓN CON VALERIA ACTUALIZADA: 38/100]

[PUNTOS DE CORNUDISMO GANADOS: 100]

[PUNTOS TOTALES: 255]

Julián había ganado cien puntos solo por la reunión con Valeria y la interacción con Adrián. El sistema claramente aprobaba el desarrollo.

Explorando más, encontró una nueva sección: “Personajes Clave”. Allí estaban listados:

[VALERIA MÁRQUEZ – ESPOSA]

[SOFÍA MÁRQUEZ – HIJA]

[ADRIÁN ??? – CONTACTO CLAVE]

Adrián estaba marcado como “Contacto Clave” con un símbolo especial. Julián hizo clic en su nombre:

[ADRIÁN ??? – NIVEL DE AMISTAD: 25/100]

[INFLUENCIA SOBRE VALERIA: 10/100]

[POTENCIAL PARA OBJETIVOS DEL SISTEMA: ALTO]

[RECOMENDACIÓN: FOMENTAR ESTA CONEXIÓN]

El sistema quería que Julián se acercara a Adrián. Y considerando lo mucho que Valeria parecía responder a él, quizás no era una mala idea.

Los siguientes días siguieron un patrón similar. Julián completaba misiones secundarias del sistema—buscar terapia (ficticia, pero el sistema lo aceptó), escribir una carta de disculpa a Valeria, comprar regalos pequeños para Sofía—mientras trabajaba en su nuevo empleo con Miguel.

El trabajo era tan bueno como Daniel había prometido. Buen salario, responsabilidades reales, el respeto de los trabajadores. Pero cada dólar que ganaba, cada cumplido que recibía, se sentía hueco comparado con la aprobación del sistema. Los puntos de cornudismo se estaban convirtiendo en su verdadera moneda de valor.

Valeria, por su parte, mantenía una distancia cuidadosa. Permitía que Julián llamara a Sofía cada noche, a veces se quedaba al teléfono unos minutos después, pero sus conversaciones eran superficiales, corteses. El dolor todavía estaba allí, justo debajo de la superficie.

Una tarde, cinco días después de su encuentro en el café, Julián recibió una llamada inesperada de Valeria.

“¿Hola?”

“Julián, soy yo.” Su voz sonaba extraña—tensa, pero no enojada. “Necesito un favor.”

“Lo que sea.”

“Es… el garaje. Quiero convertirlo en mi taller, como hablamos antes. Pero necesito ayuda para limpiarlo, para instalar algunos estantes.”

Julián contuvo la respiración. Era la primera vez que ella pedía algo que no fuera dinero. Era una oportunidad de estar cerca de ella, en su espacio.

“Claro. ¿Cuándo?”

“¿Mañana? Sofía se quedará en casa de mi mamá todo el día.”

“Perfecto. Llegaré temprano.”

“Gracias.” Una pausa. “Y Julián… por favor, no traigas… no hables de… ya sabes.”

“No lo haré. Prometo.”

Colgó. Notificación del sistema:

[OPORTUNIDAD DE AVANCE DETECTADA]

[MISIÓN ESPECIAL: AYUDAR A VALERIA CON EL TALLER]

[RECOMPENSA: 150 PUNTOS + HABILIDAD “MANOS HÁBILES” (NIVEL 1)]

[CONSEJO: USE ESTA OPORTUNIDAD PARA DEMOSTRAR SU VALOR SIN PRESIONAR]

Ciento cincuenta puntos eran sustanciales. Y la habilidad “Manos Hábilies” podría ser útil no solo para el taller, sino para su trabajo también.

Esa noche, Julián gastó 100 de sus 355 puntos en “Eliminación de Defectos Físicos Menores”. No estaba seguro de qué haría exactamente, pero quería verse lo mejor posible para mañana.

La transformación fue sutil pero notable. Al mirarse en el espejo, notó que las bolsas bajo sus ojos—acumuladas por semanas de estrés y noches de insomnio—habían desaparecido. Su piel lucía más clara, más sana. Incluso su postura parecía mejor, más erguida.

[PUNTOS DE CORNUDISMO: 255]

[ATRACTIVO FÍSICO ACTUALIZADO: 78/100]

No era una transformación radical, pero era un comienzo.

Al día siguiente, a las ocho de la mañana, Julián llegó a su casa. Sintió una punzada de nostalgia al verla—esta era su casa, el lugar donde había construido una vida, y del que había sido exiliado.

Valeria abrió la puerta. Llevaba ropa de trabajo—unos jeans viejos con manchas de pintura, una camiseta holgada, el cabello recogido en una cola de caballo desordenada. A Julián le recordó a los primeros años de su matrimonio, cuando trabajaban juntos en proyectos domésticos.

“Hola”, dijo ella, evitando su mirada. “Gracias por venir.”

“Gracias a ti por permitírmelo.”

Entró. La casa olía diferente—no peor, solo diferente. Como si su ausencia hubiera cambiado la química del lugar.

“Ya empecé a sacar cosas del garaje”, dijo Valeria, dirigiéndose hacia atrás. “Pero hay muebles viejos que son demasiado pesados para mí.”

“Yo me encargo.”

El garaje era un desastre—cajas apiladas con cosas que no habían usado en años, muebles rotos que siempre habían planeado reparar, herramientas oxidadas, y la eterna camioneta que apenas funcionaba.

Trabajaron en silencio al principio, Julián moviendo los muebles pesados mientras Valeria clasificaba el contenido de las cajas. La tensión entre ellos era palpable, pero también había una familiaridad reconfortante en trabajar juntos.

Después de una hora, Valeria rompió el silencio. “¿Cómo va el nuevo trabajo?”

“Bien. Me pagan bien. Los compañeros son correctos.”

“Me alegra.”

“¿Y tu negocio? ¿El pedido de Miami?”

“Terminado y enviado. La clienta quedó muy contenta. Dijo que recomendará mi trabajo.”

“Eso es excelente.” Julián sonrió genuinamente. “Siempre supe que tenías talento.”

Valeria lo miró brevemente, luego volvió a su trabajo. “A veces el talento no es suficiente. Se necesita suerte también.”

“Tú creas tu propia suerte.”

Ella no respondió, pero Julián notó una pequeña sonrisa en sus labios.

Al mediodía, habían limpiado la mitad del garaje. Valeria preparó sándwiches y jugo, y comieron sentados en cajas, rodeados del desorden.

“Pensé en poner los estantes aquí”, dijo Valeria, señalando una pared. “Y mi mesa de trabajo allí, bajo la ventana para tener luz natural.”

“Buena idea. Podemos pintar las paredes de blanco para reflejar más luz.”

“¿Podemos?” La pregunta salió antes de que pudiera detenerse, como si ya estuviera asumiendo que Julián estaría allí para ayudarla más allá de hoy.

“Claro. El fin de semana que viene, si quieres.”

Valeria asintió, pero no confirmó ni negó.

Después de comer, mientras Julián desarmaba un viejo armario que ya no servía, Valeria dijo de repente: “¿Recuerdas a Adrián?”

Julián se detuvo. “Claro. ¿Por qué?”

“Lo vi ayer. En el centro comercial.”

“Ah.”

“Estaba comprando herramientas. Me saludó, preguntó por ti.” Valeria hizo una pausa. “Es un hombre interesante.”

“Sí, lo es.”

“Me invitó a tomar un café. Para hablar.”

Julián sintió que su corazón se aceleraba. “¿Y fuiste?”

Valeria lo miró directamente. “¿Importa?”

La pregunta era una prueba. Julián podía sentirlo. Su habilidad de Persuasión Suave se activó, sugiriendo respuestas.

“Tu vida es tuya, Valeria. No estoy en posición de decirte con quién puedes o no tomar café.”

Ella pareció sorprendida por la respuesta. “No fui. Le dije que tenía prisa.”

Julián no supo si sentir alivio o decepción. La parte del sistema dentro de él quería que ella hubiera ido, que hubiera comenzado a desarrollar una conexión con Adrián. La parte que todavía la amaba como esposo se alegraba de que no lo hubiera hecho.

“Pero”, continuó Valeria, “me dio su número. Dijo que si alguna vez necesitaba consejo sobre cómo montar un taller, o… otras cosas.”

Julián asintió lentamente. “Adrián parece tener buena cabeza. Si su consejo puede ayudarte con tu negocio…”

“¿No te molesta?”

“¿Que hables con alguien que pueda ayudarte a tener éxito? No, Valeria. Quiero que tengas éxito. Mereces tener éxito.”

Las palabras parecieron afectarla. Bajó la vista, jugueteando con el borde de su sándwich. “A veces no te entiendo, Julián. Una parte de ti parece genuinamente querer lo mejor para mí. Y otra parte…”

“No termines esa frase”, dijo Julián suavemente. “Por favor.”

Terminaron de limpiar el garaje en silencio. Para las cinco de la tarde, el espacio estaba vacío, listo para ser transformado en el taller de Valeria.

“Gracias”, dijo ella cuando terminaron. “Realmente ayudaste.”

“Fue un placer.” Julián se secó el sudor de la frente. “¿Quieres que vuelva el fin de semana para pintar?”

Valeria lo miró, evaluándolo. “Sí. Si no tienes planes.”

“No tengo planes.”

Mientras se preparaba para irse, Valeria dijo: “Oye, Sofía quiere verte. ¿Podrías… venir a cenar algún día esta semana?”

La oferta fue tan inesperada que Julián casi no la creyó. “¿En serio?”

“Sí. Ella extraña tener a la familia completa en la mesa.” Valeria hizo una pausa. “Yo también, en cierto modo.”

Era la admisión más cercana a la reconciliación que había hecho hasta ahora. Julián sintió que los ojos se le llenaban de lágrimas.

“Me encantaría. ¿Cuándo?”

“¿Miércoles?”

“Perfecto.”

Cuando salió de la casa, el sistema explotó en notificaciones:

[MISIÓN ESPECIAL COMPLETADA: AYUDAR A VALERIA CON EL TALLER]

[RECOMPENSA: 150 PUNTOS + HABILIDAD “MANOS HÁBILES” (NIVEL 1) RECIBIDA]

[OBJETIVO PRINCIPAL PROGRESO: 35%]

[RELACIÓN CON VALERIA ACTUALIZADA: 52/100]

[INVITACIÓN A CENA DETECTADA – POSIBLE PUNTO DE INFLEXIÓN]

[RECOMENDACIÓN: PREPARARSE PARA LA CITA]

[PUNTOS TOTALES: 405]

Y luego, una notificación especial:

[EVENTO ESPECIAL DESBLOQUEADO: “LA CENA DE RECONCILIACIÓN”]

[DESCRIPCIÓN: ASISTIR A LA CENA FAMILIAR Y MANTENER UNA ATMÓSFERA POSITIVA]

[RECOMPENSA: 300 PUNTOS + OBJETO ESPECIAL “VELAS DE LA ARMONÍA”]

[REQUISITO: NO MENCIONAR TEMAS CONTROVERSIALES, NO USAR OBJETOS DEL SISTEMA DE MANERA OBVIA]

Trescientos puntos. Era la recompensa más grande hasta ahora. Y estaba a su alcance.

Esa noche, de vuelta en casa de Luis, Julián exploró su nueva habilidad. “Manos Hábilies” resultó ser exactamente lo que sonaba: una mejora en su destreza manual, su coordinación, su capacidad para trabajos detallados. Podía sentir la diferencia inmediatamente—sus movimientos eran más precisos, su sentido del espacio y la distancia más agudo.

Pasó los siguientes días en un estado de anticipación ansiosa. Compró un regalo para Sofía—un kit de manualidades avanzado—y otro para Valeria, aunque más pequeño: un delantal de trabajo de buena calidad, con bolsillos para herramientas.

El miércoles llegó finalmente. Julián se vistió con cuidado—ropa casual pero limpia, planchada. No usó el perfume del sistema, pero sí invocó conscientemente su habilidad de Persuasión Suave, preparándose mentalmente para la noche.

Llegó a las seis en punto, puntual como siempre. Valeria abrió la puerta. Se había arreglado más de lo usual—un vestido simple pero bonito, un poco de maquillaje que disimulaba las sombras bajo sus ojos. Sofía apareció corriendo detrás de ella.

“¡Papá!” La niña lo abrazó con fuerza.

“¡Hola, princesa! Mira lo que te traje.”

Sofía abrió el regalo y sus ojos se iluminaron. “¡Es perfecto! Ahora puedo hacer pulseras como mamá.”

“Exactamente.”

Valeria observó la escena con una expresión complicada—alegría por la felicidad de su hija, mezclada con la tensión de tener a Julián de vuelta en su espacio.

“La cena está casi lista”, dijo. “Pasa.”

La casa olía a comida casera—el aroma reconfortante de un sancocho que Valeria solo preparaba en ocasiones especiales. Julián notó pequeños cambios: flores frescas en un jarrón de la sala, las cortinas lavadas, un orden general que sugería un esfuerzo por hacer que la casa se viera bien para su visita.

Durante la cena, la conversación fue ligera, centrada en Sofía y sus historias escolares. Julián contó anécdotas apropiadas de su nuevo trabajo, evitando cualquier mención a sus actividades secretas o al sistema. Valeria participaba, pero de manera medida, como si estuviera probando las aguas de su interacción renovada.

Después de la cena, mientras Valeria lavaba los platos, Julián ayudó a Sofía con un rompecabezas nuevo. Desde la cocina, Valeria los observaba, y Julián podía sentir su mirada en él.

Cuando Sofía se fue a prepararse para dormir, Valeria y Julián se quedaron solos en la sala. El silencio era incómodo pero no hostil.

“Gracias por venir”, dijo Valeria finalmente.

“Gracias por invitarme.”

“Ella está muy feliz.”

“Yo también.”

Valeria jugueteó con el borde de su vestido. “Julián, tenemos que hablar de… lo que sigue.”

“Lo que tú quieras. Si necesitas más tiempo…”

“No, no es eso.” Ella respiró hondo. “No puedo vivir en este limbo indefinidamente. Tú viviendo con Luis, yo aquí con Sofía… no es sostenible.”

Julián asintió. “Entiendo.”

“Entonces… ¿qué hacemos?”

La pregunta flotó en el aire entre ellos. Julián podía sentir la interfaz del sistema pulsando en el borde de su percepción, esperando, evaluando.

“Podría… volver a casa”, sugirió cuidadosamente. “No como antes, no inmediatamente. Podría dormir en el sofá. Estar aquí para Sofía, ayudarte con el taller… y darte el espacio que necesitas.”

Valeria lo miró, sorprendida. “¿El sofá?”

“Sí. Hasta que tú decidas si… si puedo volver a nuestra habitación.”

“Eso podría tomar mucho tiempo, Julián.”

“Lo sé. Y estoy dispuesto a esperar.”

Valeria observó su rostro, buscando signos de insinceridad. “¿Y tus… hábitos?”

“Terminaron. Te lo prometo.”

Era una promesa que no estaba seguro de poder cumplir, pero en ese momento, la decía con toda la sinceridad que podía reunir.

Valeria miró hacia la ventana, reflexionando. “El sofá es incómodo.”

“Me da igual.”

Finalmente, asintió. “Está bien. Puedes volver. Pero con reglas.”

“Las reglas que quieras.”

“Primero: sin mentiras. Si preguntó algo, me dices la verdad, por más difícil que sea.”

“De acuerdo.”

“Segundo: acceso completo a tus dispositivos. Teléfono, computadora, todo.”

Julián sintió un pánico momentáneo—¿y el sistema? ¿Cómo ocultaría el sistema?—pero asintió de todos modos. “De acuerdo.”

“Tercero: terapia. Para ambos, por separado. Y posiblemente juntos después.”

“Sí.”

“Cuarto: si alguna vez vuelvo a encontrar algo como lo que vi… te vas para siempre. Sin discusión, sin segunda oportunidad.”

“Entendido.”

Valeria estudió su rostro por un largo momento. “¿De verdad puedes cumplir todo esto, Julián?”

“Haré todo lo posible.”

Ella suspiró, un sonido que parecía venir de lo más profundo de su ser. “Está bien. Puedes mudarte de vuelta mañana.”

La oleada de alivio que sintió Julián fue casi física. Notificaciones del sistema comenzaron a aparecer:

[OBJETIVO PRINCIPAL: RECONCILIACIÓN APARENTE CON VALERIA – COMPLETADO]

[RECOMPENSA: 500 PUNTOS + $1000 RECIBIDOS]

[EVENTO ESPECIAL “LA CENA DE RECONCILIACIÓN” – COMPLETADO]

[RECOMPENSA: 300 PUNTOS + OBJETO ESPECIAL “VELAS DE LA ARMONÍA” RECIBIDO]

[NUEVO OBJETIVO PRINCIPAL DESBLOQUEADO: FOMENTAR LA CONEXIÓN ENTRE VALERIA Y ADRIÁN]

[RECOMPENSA: 1000 PUNTOS + HABILIDAD “DETECCIÓN DE DESEOS OCULTOS” (NIVEL 2)]

[PUNTOS TOTALES: 1205]

Mil doscientos cinco puntos. Y un nuevo objetivo que, para la parte corrupta de Julián, era más emocionante que aterrador.

Cuando se fue esa noche, caminando hacia la casa de Luis bajo las estrellas, Julián no sintió la euforia que esperaba. Había recuperado el derecho a volver a su hogar, pero a un precio: había aceptado un contrato con un sistema que quería que su esposa se conectara con otro hombre. Y peor aún, una parte de él quería lo mismo.

Al día siguiente, Julián empacó sus cosas y volvió a casa. Valeria lo recibió con una formalidad que dolía, pero Sofía estaba eufórica.

“¡Papá vuelve a casa!” gritó, saltando de alegría.

“Sí, cielo, papá vuelve a casa.”

Valeria había preparado el sofá con sábanas y una almohada. Era un gesto práctico, no amoroso, pero al menos era un gesto.

Esa noche, acostado en el sofá que efectivamente era incómodo, Julián no pudo dormir. Escuchó los sonidos familiares de la casa—el crujido de las maderas, el zumbado del refrigerador, los suspiros lejanos de Valeria durmiendo en su cama, sola.

Su teléfono vibró. Un mensaje de Adrián: “Hola Julián. Espero que estés bien. Valeria me dijo que estabas ayudándola con el taller. Si necesitan herramientas o consejos, mi taller está abierto para ustedes.”

Julián leyó el mensaje varias veces. Adrián era amable, servicial, genuino. Exactamente el tipo de hombre que cualquier esposo querría como amigo de la familia. Y exactamente el tipo de hombre que el sistema quería que se acercara a su esposa.

Respondió: “Gracias, Adrián. De hecho, pintaremos el garaje este fin de semana. ¿Tienes recomendaciones para pintura resistente?”

La respuesta llegó casi inmediatamente: “Claro. Ve a la ferretería San José en La California. Pide la pintura epóxica blanca mate. Diles que Adrián el carpintero te envía, te harán un descuento. ¿Saben cuándo estarán trabajando? Me gustaría pasar a saludar si puedo.”

Julián sintió una mezcla de emoción y ansiedad. Adrián quería visitarlos. Quería ver a Valeria en su espacio, ver su taller, ofrecer su ayuda.

“Probablemente el sábado por la mañana”, respondió.

“Perfecto. Allí estaré.”

Julián bajó el teléfono. En la oscuridad del living, solo iluminado por la luz de la luna que entraba por la ventana, su interfaz del sistema brillaba suavemente:

[NUEVA MISIÓN: INTRODUCCIÓN FORMAL DE ADRIÁN EN EL ENTORNO FAMILIAR]

[RECOMPENSA: 200 PUNTOS]

[CONSEJO: PERMITIR QUE ADRIÁN Y VALERIA INTERACTÚEN NATURALMENTE. NO FORZAR LA SITUACIÓN.]

Julián cerró los ojos. Mañana sería otro día. Y el sábado, Adrián vendría a su casa. El sistema avanzaba, y él con él, más profundo en un camino del que ahora sabía que no había retorno.

Pero en ese momento, acostado en el sofá de su propio living, escuchando la respiración de su esposa dormida en el piso de arriba, Julián se preguntó por última vez si podía cambiar el curso. Si podía rechazar el sistema, destruirlo, volver a ser el hombre que Valeria había amado.

La interfaz pulsó suavemente, como si leyera sus pensamientos:

[RECORDATORIO: EL CONTRATO ES IRREVERSIBLE]

[EL SISTEMA ES AHORA PARTE DE TU ESENCIA]

[RECOMPENSA POR COOPERACIÓN: TODO LO QUE DESEAS]

[CASTIGO POR RESISTENCIA: PÉRDIDA DE TODO LO GANADO]

No había elección. O al menos, no había una elección que Julián estuviera dispuesto a hacer.

Se dio vuelta en el sofá incómodo, buscando una posición que le permitiera dormir. Afuera, un automóvil pasó por la calle, sus faros iluminando brevemente la sala antes de desaparecer en la noche.

Les dejo mi Patreon. Les recomiendo leer mis otras historias, en las cuales sí hice la mayor parte del trabajo yo, solo con consejos de IA y algunas cositas más.

Patreon: https://www.patreon.com/DaoistaOceanicoSupremo

Los precios de suscripción son muy baratos:

• Mínima: solo 1 dólar.

• Intermedia: 2 dólares.

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Ustedes lean mis fanfics y, bueno, espero que me apoyen económicamente. Sinceramente, la que más les recomiendo es “Madre en DC”. Esa es la que planeo que sea mi mejor obra.

Gracias por leer y por dedicar su valioso tiempo a estas cosas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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