Mis Tres Tesoros Más Preciados - Capítulo 26
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26: Chapter 26 ¿Hablas en serio?
26: Chapter 26 ¿Hablas en serio?
“¿Masoquista?”, cuestionó Eliza apretando los labios y añadió: “No, no lo soy.
Solo intentaba relajarme mientras escuchaba las noticias”.
Jay y Madeleine eran los nominados para el Golden Bull Award este año, así que era normal que la transmisión de radio estuviera inundada de noticias sobre ellos.
Aunque no le gustaba escucharlo, no le afectó mucho porque ya habían terminado hace mucho tiempo, pero en ese instante solo quería un ruido de fondo.
“Deberías superarlo”, mencionó Beau con el ceño fruncido.
“Superar que…”, comentó Eliza y antes de que pudiera terminar la oración, Beau agarró su muñeca y bajaron las escaleras.
“¿Qué estás haciendo?
¿A dónde me llevas?”, preguntó Eliza sorprendida mientras intentaba liberarse de su agarre.
Además, llevaba puesto su pijama de conejito y la mascarilla en el rostro.
Beau la metió al auto sin decir nada y empezó a conducir.
Eliza frustrada se sentó en el asiento del pasajero mientras miraba su reflejo por el espejo central y pensó: “¿Cómo puede sacarla de la casa de esa manera?”, se quitó la mascarilla y al ver que no había un basurero, lo arrugó con las manos y preguntó: “¿Qué estás haciendo?”
Beau aceleró sin decir nada y el auto se detuvo en la entrada de un hotel de cinco estrellas en Krine, luego con indiferencia dijo: “Baja del auto”.
Ya era muy tarde, Eliza estaba confundida e irritada al mismo tiempo, porque la razón de sacarla a la fuerza sin ninguna explicación …
¡¿Era porque quería tener s*x* con ella en un hotel lujoso?!
“Señor Valentine, no puede tratarme así”, dijo Eliza cubriéndose el pecho con ambas manos.
“Duermes en mi cama todos los días.
Si quisiera tocarte de manera inapropiada, lo habría hecho hace años”, comentó Beau mirándola con desdén.
Eliza lo pensó por un momento y tenía sentido, pero si no fue por s*x*.
¿Por qué la trajo aquí en medio de la noche?
“Sal del auto”, ordenó Beau y Eliza con el ceño fruncido no tenía otro opción más que obedecerlo, al bajar del auto, él la tomó del brazo y subieron las escaleras hasta llegar a una suite.
Entraron a la habitación y Beau se sentó elegantemente en el sofá, cogió el control remoto para encender la pantalla LCD que estaba en la pared, se empezó a transmitir unas imágenes de una cámara de vigilancia donde mostraban a Jay y Madeleine sentados en el sillón con la cabeza agachada mientras un hombre los gritaba.
A juzgar por el diseño de su habitación, también deberían estar en el mismo hotel, Eliza se quedó atónita mientras miraba la pantalla y luego expresó: “¿Qué rayos…?”
“Están justo al lado”, respondió Beau frotándose las sienes con frustración y continuó: “Ya que no puedes superar tu relación pasada, te estoy dando la oportunidad de desahogar tu ira contra Jay Carr.
Entra y haz lo que quieras con él: golpéalo, grítale, lo que sea que te haga sentir mejor”.
Eliza estaba atónita y pensó: “¿Fue esta la razón por la que la sacó tan tarde en la noche?”, apretó los labios con fuerza y agitó la mano diciendo: “Estoy bien, no necesito hacer eso”.
“¿Estás segura?”, cuestionó Beau entrecerrando ligeramente los ojos y continuó: “¿Quieres volver con él?”
El ambiente se puso un poco tenso y con una mirada amenazante, él agregó: “Deberías olvidarte de esa posibilidad”.
Eliza se quedó sin palabras porque no sabía que había hecho para que Beau llegara a esa conclusión.
Desde hace cinco años, cuando Jay le dijo sobre su aventura, ella ni siquiera podía verlo, así que hizo un gesto y dijo: “No te preocupes.
Aunque Jay se arrastré de rodillas y me ruega para volver con él, simplemente lo patearé donde más le duele”.
“Eso suena bien”, mencionó Beau satisfecho mientras la miraba con una sonrisa.
Eliza no esperaba que él hiciera todo lo posible para ayudarla a superar a su ex, se sentó al borde del sofá mientras bostezaba y pensó: “Tengo tanto sueño”, luego volteó a verlo para decirle: “Sr.
Valentine, ¿me ha hecho salir tan tarde solo por esto?”
“Braint me dijo que estabas pensando mucho”, respondió Beau frunciendo el ceño.
“¿Por eso me has traído hasta aquí?
¿Para darle una lección a Jay?”, preguntó Eliza y Beau hizo una pausa antes de responder: “Braint me dijo que te hiciera sentir mejor”.
Eliza no sabía qué decir.
¿Realmente pensó que esto funcionaría?
¿Que la violencia resolvería todo?
Miró a Beau asombrada, dio un leve suspiro y en broma dijo: “Señor Valentine, tengo curiosidad de algo.
¿Cómo se enamoró su ex esposa de alguien como usted?”
La expresión de Beau decayó cuando mencionó a la madre de Demarion y Braint, tras pensarlo un poco respondió con firmeza: “No es lo que piensas”.
Eliza estaba atónita, pero después entendió lo que quería decir, para alguien tan guapo como Beau no necesitaba hacer ningún esfuerzo, ya que las mujeres se acercaban a él solo para llamar la atención y si no fuera por esos desagradables rumores, tendría a muchas detrás suyo, entonces ella no habría tenido una oportunidad.
“Nunca estuvimos en una relación sana.
Además, le debo mucho”, dijo Beau.
Era la primera vez que hablaba de la madre de sus hijos y según el mayordomo, nunca estuvieron oficialmente casados.
“Ella está…”, asumió Eliza cautelosamente.
“Ella está muerta”, mencionó Beau desviando la mirada.
“Lo lamento…”, dijo Eliza suspirando con tristeza y aunque no le parecía apropiado seguir preguntando, no podía reprimir su curiosidad: “¿Puedo saber cómo falleció?”
“En un incendio”, respondió Beau cerrando los ojos para respirar hondo y continuar: “Desde que ella falleció, prometí nunca volver a casarme.
Pero…”
Él nunca pensó que habría alguien en este mundo lo suficientemente valiente como para ignorar todos los desagradables rumores y aparecer en su puerta.
No solo eso, los niños también estuvieron de acuerdo para que fuera parte de la familia, no estaba preparado para casarse con Eliza, pero por el bien de sus hijos haría lo que fuera y agregó: “A los niños les agradas mucho”.
Si no fuera por Eliza, no habría descubierto las personalidades de sus hijos y desde que se convirtió en su madrastra, Braint comenzó ser más sociable y Demarion era más fácil de tratar.
“Creo que también estaba destinada a conocer a los niños”, mencionó Eliza sonriendo.
Hace cinco años sufrió un aborto espontáneo debido a un accidente.
Sin embargo, Dios le regaló dos adorables hijos a pesar de las dificultades por las que pasó y juró amarlos.
“Yo también lo creo”, asintió Beau con la cabeza y ella no supo que decir.
De repente, el silencio invadió la habitación, estaba tan callado que podían escuchar claramente la respiración de cada uno.
“Jay, sé amable conmigo…
y deja actuar rudo…”, una voz coqueta resonó en la habitación de al lado.
Eliza levantó la vista inmediatamente y en la pantalla ya no estaba aquel hombre que debía darles una lección.
Ahora Madeleine y Jay estaban teniendo s*x* en el sofá.
Se sonrojó al escucharla gemir de placer y volteó para ver el rostro de Beau, pero ya estaba de pie.
Apagó la tele y la jaló por la espalda mientras salían del cuarto, entraron al ascensor en una posición extraña, era muy incómodo, así que intentó liberarse tocando accidentalmente el cuerpo de su esposo.
“No te muevas”, dijo Beau con una voz ronca y continuó: “Si no quieres que te toqué inapropiadamente, deberías dejar de retorcerte”.
Eliza hizo una pausa entendiendo lo que quería decir, sus mejillas se enrojecieron tanto que parecía un tomate y mordiéndose levemente los labios, gritó: “¡Tú…
bestia!”
Beau entrecerró los ojos, se inclinó y le mordió el lóbulo de la oreja diciendo: “Liberaré a la bestia que llevó dentro si sigues moviéndote”.
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