Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

Mis Tres Tesoros Más Preciados - Capítulo 37

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. Mis Tres Tesoros Más Preciados
  4. Capítulo 37 - 37 Chapter 37 Entendí mal la sorpresa del Sr
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

37: Chapter 37 Entendí mal la sorpresa del Sr.

Valentine 37: Chapter 37 Entendí mal la sorpresa del Sr.

Valentine La mente de Eliza estaba hecha un lío cuando terminó de hablar con Graciana.

Hace cinco años, cuando dio a luz, se había lastimado mucho el cuerpo y, por esa razón, había pocas posibilidades de que alguna vez pudiera volver a concebir.

Era imposible que tuviera un hijo de Beau en un año, incluso era casi imposible que pudiera tener uno dentro de dos años.

Sin embargo, Graciana tenía razón.

Muy aparte de cuán minúsculas fueran las posibilidades de quedar embarazada, ella tenía que mostrar que era sincera.

Después de tomar una ducha, Eliza miró su reflejo en el espejo y suspiró profundamente.

Esta noche ella realmente iba a tener que…

De tan solo pensar en eso, su rostro se puso de un rojo carmesí profundo y sintió como si su corazón estuviera a punto de salirse de su pecho.

No era que no se hubiera acostado con Beau antes, pero cuando lo hizo, ella había estado borracha y no podía recordar todo con claridad.

Pero ahora…

Eliza le dio unas palmadas a su cara sonrojada, salió del baño y después de dar vueltas y vueltas en la cama por un rato, sintió que se confundía aún más.

Al final, decidió llamar a Graciana, todavía seguía sonrojada.

“No creo que pueda hacerlo.

Encontraré otra forma de compensarlo”.

Graciana volteó sus ojos.

“Ustedes están casados.

¡Esta es la forma más directa de pagarle!

¡Él ha hecho todo eso porque es tu esposo!

Y como están casados, ¡entonces deberían hacer lo que hacen las parejas casadas!

Él está muy pasivo, así que debe estar esperando que tú tomes la iniciativa”.

Eliza la escuchaba en silencio.

“Además, no sientes repulsión por él.

¿No sientes curiosidad de descubrir si te ha curado del miedo que le tienes a los hombres?

¿Acaso él no te gusta?

¿O de repente crees que no te merece?”
Eliza agarró su teléfono con fuerza, se le había trabado la lengua.

Lo que Graciana le había dicho…

parecía tener sentido.

Pero…

“¿No sería incómodo si él no tiene intenciones de hacer eso?”
Graciana le ofreció otra sugerencia.

“Entonces llámalo.

Dile que tienes una sorpresa preparada para él y pídele que vuelva a casa pronto.

Si deja todo y te hace caso significa que él también está pensando en eso, pero si te dice que está ocupado, entonces probablemente no quiera hacerlo”.

Después de terminar su conversación con Graciana, Eliza quería llamar a Beau, pero se dio cuenta de que no tenía su número.

Pensó en bajar para preguntarle al mayordomo si lo tenía, y apenas abrió la puerta, se topó con Demarion, que estaba a punto de tocar.

El niño le entregó un teléfono.

“Mami, papi quiere hablar contigo”.

Ella respiró hondo y lo cogió.

“Sr.

Valen…

Cariño”.

Tuvo que cambiar su manera de dirigirse a Beau abruptamente.

“¿A qué hora volverás?

Yo…

tengo una sorpresa para ti”.

“Ya estoy en camino”.

La voz de Beau era un barítono profundo que era agradable al oído.

“Ya sé lo que preparaste”.

El rostro de Eliza se puso de color escarlata, incluso la punta de sus orejas estaban rojas.

Ella tartamudeó.

“T-tú…

¿Te enteraste?”
“Sí, y estoy muy contento”.

Había un toque de alegría en la voz de Beau.

“Pero te mantendré ocupada toda la noche.

¿Está bien?”
Eliza se quedó sin habla; no podía pronunciar ni una sola sílaba.

¿Toda la noche?

“Yo…

Sí”.

“De acuerdo”.

Él sonrió y luego le dijo: “Estaré en casa en 30 minutos.

Espérame en el estudio”.

¿La sala de estudio?

¿A él le gustaban esas cosas?

Eliza asintió mientras sentía que su cara estaba muy caliente.

“Okey…” Dijo y luego colgó.

Demarion inclinó la cabeza y la miró.

“Mami, ¿te sientes mal?

¿Por qué tienes la cara tan roja?”
“No pasa nada, estoy bien”.

Eliza le dijo antes de morderse el labio y devolverle el teléfono.

Luego regresó su habitación y cerró la puerta.

Las palabras de Beau resonaban en su mente.

“Estoy muy contento”.

“Te mantendré ocupada toda la noche.

¿Está bien?” “Estaré en casa en 30 minutos.

Espérame en el estudio”.

La voz profunda de Beau era encantadora y magnética.

Cada vez que ella recordaba lo que él le decía, su corazón latía con fuerza.

Finalmente, respiró hondo y sacó del armario un camisón que le quedaba muy ajustado.

Era un regalo de bodas que Graciana había elegido para ella; había querido comprarle un conjunto de lencería muy revelador, pero al final, debido a las fuertes objeciones de Eliza, terminó comprando un camisón que, si bien no era revelador, seguía siendo muy atractivo.

Cuando Beau estaba a cinco minutos de casa, Eliza se cubrió con una toalla y se coló en el estudio como una ladrona.

Era la primera vez que entraba en su estudio, que estaba elegantemente amueblado con un esquema de color en blanco y negro.

El estudio era espacioso y había una…

mesa de mármol negro.

Eliza se mordió el labio y se sentó en una silla.

Por alguna razón, ciertas escenas subidas de tono aparecieron en su cabeza y, por instinto, extendió la mano para tocar la superficie de la mesa.

Justo cuando se sentía angustiada por lo fría que estaba la mesa, escuchó el sonido de un auto que se detenía y luego el de una puerta que se cerraba.

Él estaba de vuelta.

Eliza se mordió el labio y se armó de valor para tirar la toalla a un lado.

Él había gastado mucho dinero para ayudarla a lidiar con Madeleine y Jay.

¡Esto era lo mínimo que podía hacer por él!

“Señor Valentine, ha vuelto”.

La voz del mayordomo sonó desde el primer piso.

Eliza estaba tan nerviosa que podía oír los latidos de su propio corazón, pero como era actriz, aún podía mantener la compostura.

Se sentó en la silla, adoptó una pose que pensó que parecería seductora y esperó a que entrara Beau.

Podía escuchar pasos acercándose desde las escaleras, pero…

¿por qué se escuchaban pasos de dos personas?

Eliza frunció el ceño, tal vez estaba muy nerviosa y su mente le estaba jugando una mala pasada, pero justo cuando inclinó su cabeza para oír mejor, se abrió la puerta del estudio.

Además de Beau, que era alto y robusto como siempre, había otro joven atractivo.

El mundo se quedó en silencio en el momento en que la puerta se abrió.

Eliza casi se cae de la silla.

¿Qué?

¿Qué estaba pasando?

¿Por qué había otro hombre detrás de Beau?

Eliza se quedó congelada mientras mantenía la misma postura de antes.

Los ojos de Beau se oscurecieron en el momento en que su mirada se encontró con el hermoso cuerpo de Eliza.

“¡Sal!” Él chasqueó.

Eliza se puso pálida, su rostro estaba tan blanco que parecía desprovisto de cualquier rastro de sangre.

¿Ella… lo había avergonzado?

Pero lo que le había dicho por teléfono…

¿No era esto lo que había querido decir?

Eliza aspiró aire por la nariz y bajó de la silla.

Se mordió el labio con torpeza y dijo: “Lo siento…”
Pero antes de que ella pudiera terminar de hablar, el hombre detrás de Beau se movió y le lanzó una mirada descarada a Eliza.

“¡La tía Eliza sí que es encantadora!”
Después de decir eso, Matthew se dio la vuelta y se fue.

La puerta de la sala de estudio se cerró de golpe.

Habían interrumpido de manera abrupta a Eliza mientras intentaba disculparse.

Miró hacia arriba, confundida, y posó su mirada hacia la dirección donde se había ido Matthew.

“Yo…”
“Señora Valentine”.

El hombre que estaba en la puerta se desabrochó la corbata con una sonrisa en los labios y se acercó a Eliza lentamente mientras irradiaba un aura abrumadora.

“Parece que no entendí bien tu “sorpresa””.

Le dijo mientras la apoyaba contra el escritorio.

“Demarion me envió la foto de un pescado estofado.

Pensé que esa era tu sorpresa”.

Su mirada recorrió el camisón de Eliza.

“Parece que la he subestimado, pues resulta que la Sra.

Valentine no me dará nada sino que, en cambio, me pedirá algo”.

Eliza estaba aturdida y, de pronto, se dio cuenta de lo que él había querido decir y se sonrojó en una fracción de segundo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo