Mis Tres Tesoros Más Preciados - Capítulo 49
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- Capítulo 49 - 49 Chapter 49 Quiero que seas mi mamá
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49: Chapter 49 Quiero que seas mi mamá 49: Chapter 49 Quiero que seas mi mamá Pronto el auto ya estaba entrando a la ciudad.
Como estaban entrando, pasaron por un rompemuelles y la cabeza de Eliza se resbaló a las piernas de Beau.
Siguieron pasando unos más y su cabeza se movía de arriba abajo con cada uno.
En medio de esto, Eliza se dio la vuelta y se acomodó mirando para adentro.
Sin embargo, algo le estaba presionando la nariz y con una mano trató de quitarlo de su cara.
—¡Para el coche!
—gritó Beau de repente, sonaba muy molesto.
El conductor frenó ni bien lo escuchó.
—Graciana —ordenó Beau—.
Cambiémos asientos.
Graciana, adormilada, soltó un bostezo mientras volvía la cabeza para verlo.
—¿Por qué?
—Solo hazlo —dijo con impaciencia—.
Vamos, levántate.
Graciana frunció el ceño, pero le hizo caso.
Cuando llego atrás y abrió la puerta, Beau dejó toda su amabilidad atrás y procedió a zarandear a Eliza para que se levantara.
—Despierta —ordenó.
Eliza abrió los ojos de mala gana, sin entender porque estaba siendo tratada así.
—¿Qué pasa?
—dijo con somnoliencia, pero al darse de frente con el regazo del hombre, se quedó callada con los ojos abiertos como platos.
¿Cómo había terminado aquí?
—Levántate —dijo el hombre gélidamente y con el ceño fruncido.
Eliza se demoró dos segundos en entenderlo, y comenzó a levantarse torpemente.
En el camino agarró algo que no debía y su rostro se puso de un flamante color rojo.
Lo soltó como si quemara y se sentó completamente derecha sin mirarlo.
Ahora sí estaba completamente despierta.
Beau no se inmutó y simplemente salió del auto.
Graciana subió después de él y la saludo con un pulgar arriba.
—Ah, que hermoso es estar casado.
Bien manejado, Eliza, tienes práctica, ¿no?
Eliza le lanzó una mirada fulminante, el sonrojo todavía fuerte en sus mejillas.
El coche llegó en ese momento al hotel.
—¡Muchas gracias, señor Valentine!
—agradeció la mujer.
Después de bajarse del auto con su enorme maleta, mientras se despedía de Beau, Graciana no desaprovechó la oportunidad de tomarse una selfie con él.
Eliza dejó escapar un largo suspiro de alivio por estar finalmente afuera.
El resto del camino había sido insoportable, pensó que se iba a asfixiar.
Graciana agarró su brazo y la comenzó a arrastrar adentro del hotel.
—Eliza, este es un hotel de siete estrellas, el mejor de la ciudad.
La verdad no hubiera podido pagar por un hotel tan lujoso, sino hubiera ganado esos boletos en el sorteo online del mes pasado.
¡Noventa por cierto de descuento!
Los dos siguieron caminando mientras conversaban, sin darse cuenta de que el coche seguía ahí.
El conductor avanzó hasta la entrada principal donde el gerente del hotel, el señor Williams, y una tropa de empleados lo esperaban.
—¡Señor Valentín!
¡Es un honor que nos visite!
—le saludó mientras le abría la puerta con una gran sonrisa servicial—.
Ya hemos preparado la mejor suite presidencial para usted.
—No me quedaré ahí esta vez —dijo Beau saliendo del coche—.
Necesito que busques en tu sistema a una persona, quiero la habitación al costado de ella.
—¡Sí,señor!
…
Graciana había reservado una habitación doble en el décimo piso.
Un botones las acompañó hasta el final del pasillo con su equipaje.
Una vez dejó todo adentro, se fue con una reverencia.
—¡Eliza, prueba la cama!
¡Son tan suaves!
—exclamó su amiga, mientras se echaba en una con los ojos cerrados y una sonrisa de oreja a oreja—.
¡Ah, los ricos definitivamente viven de otra forma!
¡Si tan solo pudiera quedarme lugeres así cada vez que me voy de vacaciones!
Eliza sacudió la cabeza, riéndose de las palabras de su amiga.
Comenzó a desempacar y se dio cuenta de que se había olvidado del bloqueador por apurarse ayer.
Después de comprobar que no estaba en ningún lado, se levantó y agarró su cartera.
—Voy al centro comercial que estaba al frente del hotel.
¿Vienes?
Graciana hizo un puchero.
—¡Quería que nos quedaramos hablando en la cama!
Eliza volvió a sonreír, su amiga nunca cambiaría.
Se despidió y en unos minutos, ya estaba al frente.
Después de comprar un bloqueador en la primera farmacia que encontró, pasó por el supermercado y notó que les quedaban solo una de sus papas favoritas.
Se acercó y ni bien sus dedos agarraron el paquete, una pequeña voz sonó detrás de ella.
—Señorita, ¿a usted también le gustan esas papas?
¡Son mis favoritas!
Eliza miró alrededor y se encontró con una adorable niña a su costado.
Tenía dos trenzas y un bonito vestido de tul.
Parecía una pequeña muñeca de porcelana.
Al verla, Eliza no pudo evitar recordar el sueño que había tenido la noche anterior.
La niña tenía un increíble parecido con la del sueño.
—¿Señorita?
—dijo la pequeña, mientras le jalaba del pantalón porque no había obtenido ninguna respuesta—.
Señorita, me las deja, ¿por favor?
Sus grandes ojos la miraban con tan ilusión que no tuvo el corazón para negárselo.
Agarró las papas y se las dio.
—Toma.
—¡Muchas gracias, señorita!
—dijo con deleite mientras sostenía el paquete cerca a su pecho—.
¡Es muy linda y amable, señorita!
Después de decirlo, se alejó corriendo y Eliza se quedó clavada en el mismo lugar, viendo como la silueta de la niña desaparecía detrás de otro pasillo.
Se llevó una mano al pecho, sin poder comprender que era lo que estaba sintiendo en ese momento.
Nunca había sabido el sexo de su bebé, pero si hubiera nacido, tendría la edad de esa pequeña.
Su bebé seguro también hubiera sido igual de tierna.
…
—Señor Benton —gritó una vocecita femenina.
La niña corrió hacia un hombre alto y le enseñó las papas.
El señor frunció el ceño.
—Liliana, ¿cuántas veces te he dicho que no debes comer comida chatarra?
—¡Esto no es comida chatarra!
—Liliana hizo un puchero y escondió el paquete entre sus brazos—.
Una bonita señorita me las dio.
No es mi sabor favorito, pero la señorita era tan bonita que lo usé como excusa para acercármele.
Julian Benton levantó una ceja detrás de sus enormes gafas de sol.
—¿Querías hablar con ella?
—¡Sí!
—gritó con emoción mientras se ponía de puntas para colocar las papas dentro del carrito.
Miró hacia arriba y le sonrió al hombre.
—Señor Benton, ¿no dijo que me daría un hermano mayor si conseguía una esposa?
¡Estoy aprendiendo a hablar con señoritas hermosas para poder ayudarle!
Este simplemente sacudió la cabeza con un suspiro.
—Primero, ya tienes cinco años.
Incluso si me caso ahora, no hay forma de que pueda darte un hermano mayor.
Segundo, ¿ya practicaste el piano hoy?
Veo que tienes mucho tiempo libre si estas preocupándote de cosas de adultos.
Liliana levantó los hombros y se quedó en silencio.
—Pero la señorita era muy hermosa.
Me gustaría que fuera mi mami.
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