Mis Tres Tesoros Más Preciados - Capítulo 52
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- Capítulo 52 - 52 Chapter 52 Cuídate
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52: Chapter 52 Cuídate 52: Chapter 52 Cuídate Eliza se bañó y se cambió de ropa.
Luego, tomó su mochila y siguió a Graciana.
Cuando estaban a punto de ir hacia el ascensor, se acercó a la habitación de al lado y tocó.
Quería avisarle a Beau que ya se iba.
Nadie le abrió la puerta, a pesar de que tocó varias veces.
Le extrañó que Beau no constestara, cuando estaba a punto de irse, vencida, la puerta se abrió, pero no reconoció al hombre que apareció.
Era un hombre alto y de buen aspecto físico.
Estaba aún en pijama y parecía fastidiado.
—¿Hay algo en lo que pueda ayudarte?
—dijo.
Eliza se quedó en blanco por un segundo.
Luego, comenzó a disculparse sin parar.
—Lo siento, me equivoqué de habitación.
El hombre la miró con frialdad y le cerró la puerta de golpe.
Eliza pensó que había escogido la habitación correcta, ayer no había visto bien el número de la habitación en su preocupación y ahora que había regresado a la suya, tampoco había reparado en el número.
Se cubrió la cara con las manos, avergonzada.
Había terminado molestando a un desconocido.
—Entonces, ¿ la habitación de Beau es la de la derecha?
—susurró.
En ese momento, se volteó y vio que Graciana tenía los ojos pegados a la puerta de la habitación equivocada.
—Eliza, ¡ese era Julian Benton!
—¿Quién?
—¡Julian Benton!
¡El mejor actor de todos los tiempos!
—Graciana agarró la mano de Eliza con entusiasmo—.
¡Vine en este viaje solo para verlo!
¡Él es el embajador del parque acuático por la temporada de Navidad!
Estos días tiene algunos eventos aquí.
Estaba tan emocionada que la voz le tembló un poco.
—¡Nunca pensé que Julian Benton sería mi vecino en el hotel!
Oh, por dios, se ve aún más guapo sin maquillaje.
Podría quedarme toda mi vida admirándolo.
Eliza puso los ojos en blanco.
—Claro —dijo sarcásticamente.
Ese Julian no era nada comparado con Beau.
Se soltó de Graciana y caminó a la habitación correcta.
Tocó dos veces y Noah apareció detrás con una sonrisa.
—Señora Valentine, ¿ha venido a cuidar al señor?
¡Sabía que volvería para cuidarlo!
¡Qué considerada!
Eliza se incomodó y no sabía cómo decirle la verdad.
—En realidad, venía para decirle que ya me estoy yendo al parque acuático…
Noah se desinfló un poco y abrió la boca para disculparse.
—Ten cuidado —dijo Beau desde adentro de la habitación.
Eliza vio que aún estaba en el sofá.
Sus piernas elegantemente cruzadas una sobre la otra, daba un aire sereno y lleno de majestuosidad.
El solamente verlo así hizo que su corazón comenzara a latir con fuerza.
Definitivamente, Beau era más guapo que Julian.
—Tú también debes cuidarte, querido.
¡No te esfuerces demasiado!
Después de decir eso, se fue con Graciana.
Noah dejó escapar un suspiro al verlas irse.
—Pensé que como estaba herido, la señora se quedaría con usted para cuidarlo, pero parece ser que me equivoqué.
El hombre recostado contra el sofá lo miró con indiferencia.
—No estoy tan mal para que ella tenga que cuidarme.
Además, quiero que salga más a menudo.
—Pero usted claramente esperaba que lo hiciera —dijo, frunciendo los labios.
Beau se congeló en su sitio con un documento en la mano.
Levantó la cabeza y entornó los ojos.
—¿Qué yo qué?
—Noah sintió el peligro inminente en sus palabras si no decía la respuesta correcta.
Agachó la cabeza y se disculpó.
—No nada, señor.
Satisfecho con la situación, Beau continuó leyendo el documento.
Noah lanzó un profundo suspiro.
El señor Valentine era muy testarudo para admitirlo, pero había estado soltero durante mucho tiempo, por supuesto que le hubiera encantado que su esposa lo cuidara.
…
El parque acuático estaba repleto de gente.
Graciana, con un bikini, se acercó a Eliza con dos botellas de agua.
—¿Por qué tienes puesta esa ropa de baño?
¿No dijimos que íbamos a usar bikinis juntas?
—preguntó con curiosidad.
Eliza miró su traje de baño de una pieza y tomó la botella.
—¿Qué tiene de malo lo que llevo puesto?
No todas las mujeres tienen que usar bikinis cuando van a la piscina.
Graciana hizo un puchero.
—¡Pero Eliza, es un desperdicio cubrirse cuando tienes una figura tan bien formada!
Eliza se rio, pero no le dijo nada.
La verdad es que su embarazo le había dejado con marcadas estrías en su vientre, sumado a eso, también tenía la cicatriz de la cesárea.
Mostrar su estómago no estaba en sus planes.
Pensar en eso también le hacía recordar que el médico en su momento le había dicho que su vientra estaba excepcionalmente grande, tanto así, que parecía que cargaba con trillizos.
Eliza se había reído con le médico y le había bromeado de que seguramente su bebé sería tan inteligente como si fuera tres niños en uno.
Sintió una punzada en su corazón y se colocó una mano sobre el pecho.
Respiró profundamente para calmar sus emociones, y sacudió la cabeza para alejar esos recuerdos infelices.
Con Graciana comenzaron a subir a todos los juegos del parque.
Se la pasaron subiendo y bajando, gritando y riéndose.
Al final del día, se subieron a todas las atracciones, y ya casi no había nadie.
Cuando salieron de la última, se fueron a cambiar a uno de los baños.
Se separaron y Eliza entró al que estaba en la izquierda, justo cuando estaba a punto de bañarse, una mujer entró al baño hablando por teléfono.
— Lo siento, no pude encontrar al objetivo de hoy.
Parece ser que no vino al parque— dijo y espero a que le respondieran del otro lado de la línea—.
No, no te preocupes.
El parque está vacío ahora, nadie puede oírme.
Al escuchar a la mujer, Eliza se congeló y comenzó a sudar frío.
Sus palabras sonaban muy sospechosas.
—Estoy segura de que lo apuñale anoche.
Debe estar herido, si no ha ido a un hospital a que lo sanaran, quiere decir que está descansando en el hotel.
He tratado de entrar, pero esta muy bien vigilado —dijo—.
¿Quieres que busque a la mujer que vino con él?
¿Cómo sabes que trajo a una?
Muy bien, envíame su foto.
Un nudo se le formó en la garganta a Eliza.
Si sus sospechas eran correctas, esa mujer estaba hablando de Beau y ella.
Ante la idea de que la mujer de afuera podría ser una asesina a sueldo, Eliza se abrazó a sí misma con fuerza.
Se acurrucó en la esquina de la ducha y no se atrevió a hacer ningún sonido.
La mujer de afuera seguía en su conversación.
En eso, la puerta del baño se abrió y la voz de Graciana sonó desde afuera.
—¡Eliza!
¿Ya terminaste de ducharte?
¿Por qué estás tardando tanto?
Ya hablé con mis padres y tú sigues ahí metida.
Oh, no, Graciana sería su muerte.
Eliza suspiró con impotencia.
La mujer se había quedado callada cuando la había escuchado.
—¿A quién estás buscando?
—preguntó con frialdad.
—A mi amiga —le respondió mientras comenzaba a tocar puerta por puerta—.
Eliza, ¿por qué tardas tanto?
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