Mis Tres Tesoros Más Preciados - Capítulo 80
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80: Chapter 80 ¿No es suficiente que seas mi esposa para ayudarte?
80: Chapter 80 ¿No es suficiente que seas mi esposa para ayudarte?
En este momento, el gerente miró de pies a cabeza a la mujer al lado de Beau.
Fue entonces cuando vio que llevaba un vestido azul marino sin espalda, tenía piel blanca, lucía un maquillaje ligero y elegante y tenía rasgos faciales realmente atractivos.
Luego de sentirse aturdido durante unos segundos, tartamudeó: “¿Eres… eres Eliza?”
Al ver que el gerente miraba a Eliza con detenimiento, Beau se quitó el abrigo y cubrió a su esposa.
Luego, la tomó entre sus brazos y dijo: “Claro que ella es Eliza.
¿O qué?
¿Creíste que mi esposa era fea y anticuada?”
Tras escuchar esto, el gerente quedó en estado de shock.
Evidentemente, la mujer suplente resultó ser mucho más hermosa de lo que imaginó.
Pensando en esto, rápidamente bajó la cabeza y respondió: “Lo siento.
No debí prejuiciar a los actores suplentes.
Simplemente no pensé que alguien tan hermosa como ella sería una suplente.
Ustedes se ven muy bien juntos…”
Pese a que se esmeró mucho por encontrar las palabras más adecuadas, su cambio de actitud repentino hizo que Eliza quisiera reírse a carcajadas.
No obstante, le pareció maleducado de su parte hacerlo, así que dijo: “Cariño, vamos arriba”.
Sin poder creer lo que acababa de escuchar, Beau bajó la mirada y preguntó: “¿Cómo acabas de llamarme?”
“Cariño…” respondió Eliza atónita.
No obstante, pronto reaccionó y, tras darse cuenta de lo que acababa de decir, sintió que se le cayó la cara de vergüenza.
Para variar, este era un lugar público.
De repente, su rostro se puso rojo y dijo: “Sr…
Sr.
Valentine, vamos arriba”.
Enseguida, Beau la miró profundamente, la abrazó y luego de subir varios escalones, dijo con voz suave y tierna: “Me gusta que me llames cariño”.
Al escucharlo, Eliza quiso cavar un hoyo y enterrarse viva.
De hecho, sentía que su cara ardía por tanta vergüenza.
Posteriormente, Beau se inclinó cerca de su oído y le dijo en voz baja: “De ahora en adelante, llámame así, pero solo cuando estemos en casa.
No quiero que otros hombres lo oigan”.
Después de decir esto, siguió caminando mientras la abrazaba.
En este momento, Eliza sintió como si estuviera caminando en las nubes.
Además, todas sus preocupaciones se despejaron y solo se enfocó en disfrutar del momento.
Cuando recobró el sentido, Beau ya la había llevado hasta el segundo piso.
En el salón del primer piso, la ceremonia de premiación había comenzado.
Al final de cuentas, pese a que el escándalo entre Jay y Madeleine había retrasado la hora de inicio, no fue motivo para cancelarlo.
Luego de que se anunciara el resultado, no fue sorprendente en absoluto.
Después de todo, era obvio que el premio al mejor actor se lo llevaría Julian.
Con respecto al premio a la mejor actriz, se lo llevó Zoey, quien recién se había incorporado a este mundo.
No obstante, dado que Eliza sabía que esta mujer era una artista del estudio de Julian, se puso en sobresaltos y sintió que algo andaba mal.
Enseguida, Beau tomó un sorbo de vino tinto y dijo: “Mi gente descubrió que Julian te ha estado investigando recientemente”.
“¿Investigándome?” preguntó Eliza atónita.
“¡Claro!
De no ser así, ¿por qué crees que de repente decidió asistir a la ceremonia?” preguntó Beau entrecerrando los ojos.
Luego, continuó: “La novata de su estudio no tiene ningún talento.
De hecho, aunque Madeleine haya quedado eliminada, ella definitivamente no habría obtenido el premio….
Después de lo que le pasó a Jay y Madeleine, se puso de pie para calmar la tensión del ambiente”.
Tras escuchar esto, Eliza se estremeció y dijo: “Entonces, Julian sabía que…”
“¡Así es!
Además, no creo que se haya sentado a tu costado por cortesía.
Debe haber algo detrás de eso” dijo Beau mientras dejaba el vaso.
En este momento, Eliza sintió que su corazón se enfrió y no dudó en que las disculpas de este hombre fueron realmente hipócritas.
“De ahora en adelante, no vuelvas a dirigirle la palabra.
Nadie hace nada mientras no haya algo de por medio” dijo Beau luego de mirar la expresión de Eliza.
“Está bien” asintió Eliza con la plena certeza de que Julian se aprovechó de su ingenuidad y se acercó a ella con otro propósito.
Posteriormente, se volteó para mirar a su esposo.
Aunque sintió que gracias a él las cosas salieron perfectas, dijo: “Si es cierto lo que dices, entonces ¿por qué me ayudas?
¿Hay algo detrás de tu buen corazón?”
“¿No es suficiente que seas mi esposa para ayudarte?” preguntó Beau mirándola fijamente.
Luego de unos segundos de silencio, Eliza lo tomó de la mano y dijo con rostro sonrojado: “Gracias, cariño”.
Al escucharla y sentir su piel delicada, Beau experimentó un sinfín de emociones que le hicieron perder los pensamientos tranquilos del principio.
Entonces, no le importó esperar hasta que la que ceremonia de premiación finalice e inmediatamente se levantó diciendo con voz fría: “Vamos a casa”
“¿Ahora?
¿No vamos a esperar a que termine la ceremonia?” preguntó Eliza un poco confundida.
“No” respondió él.
Sin perder tiempo, la agarró del brazo y la sacó con prisa.
No obstante, dado que Eliza llevaba tacones altos de cristal, no podía caminar rápido, así que, debido a la prisa con la que la llevaba, no pudo evitar tropezarse.
“Eres muy lenta” dijo Beau con expresión de disgusto.
Al instante, la ayudó a levantarse.
Presa del pánico, Eliza extendió el brazo y se apoyó en el cuello de su esposo.
En este momento, Beau sintió que la fragancia de Eliza se apoderó de él instantáneamente, así que la sostuvo con más fuerza y caminó aún más rápido.
Para sorpresa de la mujer, no la llevó a casa, sino a la suite del último piso del Glacier Hotel.
Tan pronto como llegaron, él abrió la puerta de una patada y la arrojó sobre la cama.
Enseguida, ella dijo: “Bueno, quisiera darme una ducha primero”.
“Entonces nos ducharemos juntos” respondió él mientras se quitaba la corbata.
Luego, la cargó y la llevó hacia la bañera.
“¡Espera!
¡Mi vestido!” exclamó Eliza.
Al final de cuentas, pese a que estaba a punto de perder la cabeza, no olvidó que su vestido valía mucho dinero, así que decidió no arruinarlo.
Mientras intentaba sacárselo con cuidado, accidentalmente, rozó la cicatriz que llevaba desde su nacimiento.
“Esto es…” dijo Beau mientras palpaba la cicatriz.
Dado que ellos ya estaban casados, Eliza sintió que no valía la pena seguir ocultándolo.
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