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Mis viejas historias - Capítulo 17

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  4. Capítulo 17 - 17 Un verdadero lord gremory 3
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17: Un verdadero lord gremory 3 17: Un verdadero lord gremory 3 El salón del trono estaba sumido en una penumbra rojiza, iluminado apenas por las brasas chisporroteantes en el enorme hogar de piedra.

Zachary, sentado en el trono de lord Gomory, comía despreocupadamente mientras sus hombres reían y bebían a su alrededor.

La atmósfera era tensa, cargada de una calma artificial que sólo existía porque sus enemigos ya no vivían para desafiarla.

El trono era imponente, hecho de madera oscura y decorado con tallas de lobos y espinas que evocaban la brutalidad de los Gomory.

Pero ahora, ese símbolo de poder pertenecía a Zachary, quien lo ocupaba con una naturalidad inquietante, como si siempre hubiese sido suyo.

Sus botas descansaban despreocupadamente sobre un escabel forrado de terciopelo carmesí.

Mordía un trozo de carne sazonada, bebiendo ocasionalmente de una jarra de vino oscuro mientras escuchaba las historias de sus hombres.

“Es nuestra última noche aquí,” comentó Zachary de repente, su voz cortando las conversaciones como una espada.

Los hombres se callaron de inmediato y lo miraron con atención.

“Mañana partimos al castillo de los Boreas.

Mi tío ha enviado refuerzos.

No importa si están con los rebeldes o no…

si se interponen, terminarán como los Gomory.” Hubo un murmullo de asentimiento entre los soldados, una mezcla de admiración y temor.

Zachary había demostrado ser un líder implacable, alguien que no dudaba en tomar lo que consideraba suyo.

Terminó su comida y se puso de pie.

La sala quedó en silencio mientras él caminaba lentamente hacia la gran mesa donde sus hombres celebraban.

Sus pasos resonaban en las losas de piedra.

Al llegar al centro del salón, señaló con un dedo a uno de sus subordinados.

“Tú,” dijo con voz firme.

“Tráeme a una de las mujeres.

Quiero disfrutar esta noche antes de partir.” El hombre asintió rápidamente y salió de la sala.

No hubo preguntas, ni vacilaciones.

Todos sabían que las órdenes de Zachary eran absolutas.

Mientras esperaba, Zachary regresó al trono y se reclinó, su mirada fija en las llamas del hogar.

El subordinado regresó con rapidez, empujando suavemente a una mujer delante de él.

Ella caminaba con pasos inseguros, su mirada baja, atrapada entre el temor y la resignación.

Sus cabellos marrones caían en mechones desordenados alrededor de su rostro, enmarcando unos ojos oscuros que brillaban con una mezcla de miedo y desafío reprimido.

Su piel, de un tono cálido y ligeramente moreno, reflejaba la dureza de una vida de trabajo, pero su figura, voluptuosa y pronunciada, llamaba la atención de inmediato.

Vestía una camisa verde ajustada que acentuaba su pecho generoso, mientras que una falda marrón y desgastada se ajustaba a sus amplias caderas la tela mostraba signos de desgaste.

El hombre la empujó un poco más hacia el frente hasta que ella quedó a unos pasos del trono.

Zachary la observó con detenimiento, recostado en el asiento con un aire de desinterés calculado.

Dejó que su mirada vagara lentamente desde su rostro hasta su cuerpo, evaluándola como si fuera una pieza más de los trofeos que había conquistado.

“¿Tu nombre?” preguntó Zachary con voz profunda, sin apartar la vista de ella.

“M-Mirena,” dijo con un hilo de voz, sus manos temblando mientras se apretaban contra su falda.

Con un gesto de la mano, Zachary dirigió su atención a su subordinado.

“Retírate.

No necesito más de ti esta noche.” El hombre asintió con rapidez, inclinando la cabeza antes de dar un par de pasos hacia atrás y abandonar la sala sin atreverse a cuestionar la orden.

Ahora, el silencio era más pesado, solo roto por el crujido de la madera del fuego que ardía en la gran chimenea del salón.

Zachary se puso de pie, su figura imponente eclipsando la de Mirena.

La miró una vez más, esta vez con una sonrisa apenas perceptible, y extendió una mano hacia ella.

“Ven conmigo,” ordenó en un tono más bajo, pero igual de autoritario.

Sin alternativa, Mirena dio un paso hacia adelante, con el rostro tenso pero evitando que el miedo se reflejara demasiado en sus ojos.

Zachary no esperó; tomó su muñeca con firmeza, pero sin rudeza, y la guió fuera del salón, atravesando los pasillos oscuros del castillo.

El eco de sus pasos resonaba en las paredes de piedra mientras subían hacia las habitaciones superiores.

Finalmente, se detuvieron frente a una puerta robusta de madera, decorada con grabados que reflejaban el poder de quienes habían gobernado allí antes.

Zachary abrió la puerta con un empujón decidido, revelando una habitación amplia con un gran lecho en el centro, cubierto por sábanas de terciopelo rojo.

Sin soltar su muñeca, la llevó al interior y cerró la puerta detrás de ellos, dejando que la pesada madera se cerrara con un golpe seco que resonó en el silencio del castillo.

– más tarde – Zachary Despertándose miró a su derecha donde estaba la chica que había tomado la noche anterior viendo su cuerpo le dio ganas de tomarla otra vez pero se resistió decidiendo recordar su nombre planeando tomarla como un amante le gustó sexo con la chica después de todo, era un heredero de un lord era como un para un noble tener amantes y quería agregarla en su harem después de todo él ya tenía amantes, igualmente todos los lord tenían harem y el era la excepción después de pensar en eso se levantó y empezó a vestirse, poniéndose su armadura y colocando ambas espadas a su costado red Scarlet (su Espada ancestral) y Dark blade (la Espada ancestral de los Gomory) esta última que decidió quedarse ya no había nadie para reclamar la espada Zachary despertó con el sol colándose a través de las rendijas de la ventana, iluminando su rostro con una tenue luz dorada.

Al abrir los ojos, miró hacia su derecha, donde la mujer que había tomado la noche anterior yacía dormida.

Sus pensamientos volvieron rápidamente al deseo que había experimentado con ella.

Su cuerpo aún caliente de la pasión de la noche anterior, y aunque estaba tentado a seguir disfrutando de su compañía, se contuvo.

Suspiró mientras se levantaba de la cama, moviéndose con una calma calculada.

Se puso de pie junto a la cama y comenzó a vestirse.

Primero, sus botas de cuero, seguidas de las piezas de armadura, cada una colocada con precisión.

Cuando terminó de ponerse la armadura, colocó sus dos espadas a su costado, sintiendo el peso familiar de la Red Scarlet y la Dark Blade.

La Red Scarlet, su espada ancestral, la que había sido transmitida por generaciones en su familia, se apoyó junto a su costado derecho, mientras que la Dark Blade, la espada que había tomado de los Gomory, descansaba en su lado izquierdo.

Miró la espada de los Gomory durante un momento, su mente dando vueltas en la idea de que ya no había nadie que pudiera reclamarla.

“Es mía ahora,” pensó con una ligera sonrisa de satisfacción.

La espada ya no tenía dueño, ni reclamos.

Era parte de su poder.

Con un último vistazo a la cama y a la mujer dormida en ella, Zachary salió de la habitación.

Saliendo vi a mis hombres, comiendo algunos de ellos, aún en el suelo en el gran centro, donde habían festejado estos últimos días.

Cuánto salió algunos de los lord que habían venido con él, se levantaron junto a sus hijos y se arrodillaron.

Preparen a los hombres y los caballos y barcos, los iremos en media hora, dije asegurándome que mis órdenes sean procesadas por estos.

– más tarde – El aire frío del amanecer golpeaba con fuerza mientras Zachary cabalgaba sobre la espalda de su familiar, un imponente lobo demoníaco de pelaje blanco como la nieve y ojos amarillos que brillaban con un aura intensa.

Los movimientos del lobo eran fluidos y veloces, como si deslizara su enorme cuerpo sobre el terreno, dejando atrás a los hombres de Zachary que lo seguían en una formación ordenada.

A pesar de la velocidad, el grupo avanzaba con una disciplina implacable, cada soldado con la vista fija en su líder.

Según los cálculos de Zachary, en pocos días alcanzarían el campamento principal donde su tío Zeoticus, junto con varios lord vasallos y aliados como la familia Phenex, se habían reunido para coordinar el ataque final.

Había oído sobre el compromiso entre Rias Gremory, la heredera principal, y Riser Phenex, el tercer hijo de la poderosa familia Phenex.

Aunque este acuerdo fortalecía la alianza entre ambas casas, su padre había estado furioso, deseando haber sellado un compromiso entre Zachary y Rias para asegurar el liderazgo completo de la familia Gremory.

Sin embargo, su tío Zeoticus había sido más rápido, pactando la unión antes de que los jóvenes siquiera nacieran.

A Zachary no le importaba.

Él estaba seguro de su posición como heredero de la Ciudad del Norte.

Cuando finalmente alcanzaron el campamento, la vasta extensión de tiendas y estructuras temporales revelaba la magnitud de la fuerza reunida.

Los estandartes rojos con el emblema de los Gremory ondeaban junto a los dorados de los Phenex.

Zachary desmontó de su lobo, dejando que su familiar esperara en las afueras del campamento mientras él avanzaba, seguido de sus hombres.

Con una mirada afilada, llamó a un sirviente cercano y exigió que lo guiara al pabellón principal donde estará su tío y los otros lord.

Dentro del pabellón, la atmósfera era tensa pero controlada.

Su tío Zeoticus Gremory presidía la reunión, acompañado de varios lord vasallos, incluido Lord Derfall Phenex, y su segundo hijo, Ramsay Phenex, quien lideraba las legiones de su padre.

Los hombres discutían en voz baja, analizando mapas y movimientos tácticos cuando la figura de Zachary irrumpió en la tienda.

Los presentes alzaron la mirada, observando al joven con curiosidad y respeto.

Zeoticus se enderezó en su asiento y le ofreció un leve asentimiento.

“Zachary, has llegado.

¿Cómo fue con los Gomory?” Zachary se adelantó unos pasos, colocándose frente a la mesa.

Con un movimiento decidido, desenvainó la Dark Blade y la colocó sobre la superficie de madera, dejando que la oscura espada ancestral de los Gomory hablara por él.

“Los Gomory han sido exterminados,” dijo con calma, sus ojos recorriendo a los lord presentes.

“Tomé su espada como prueba de nuestra victoria.

Ya no representan una amenaza para la familia.” Un murmullo recorrió la sala.

Algunos lord se miraron entre sí, turbados por la frialdad y determinación de Zachary, mientras otros asentían con aprobación, reconociendo su éxito como una demostración de la fuerza de los Gremory.

Sin más preámbulos, la reunión continuó, los lord retomando sus discusiones “Este bastardo ha ido demasiado lejos,” comentó un lord de edad avanzada, frunciendo el ceño.

“¿Cómo se atreve a desafiarnos, y tomar uno de nuestros castillos como si fuera suyo?” Otro lord, más joven, se cruzó de brazos, visiblemente molesto.

“¿Y qué ha hecho Sirzechs?

El demonio más fuerte de todos.

¿Por qué no hace nada?

En vez de enviarnos a nosotros a hacer el trabajo sucio, se queda callado, dejándonos manejar la situación.” Zachary observó en silencio, mientras los lords continuaban su discusión.

Sabía que la falta de acción de Sirzechs había generado frustración en muchos, especialmente en aquellos que esperaban que el rey de los demonios tomara medidas más firmes para sofocar la rebelión.

El peso de la expectativa recaía sobre él, pero Sirzechs había tomado una postura prudente, y algunos de los lords comenzaban a perder la paciencia.

“Mi hijo es un hombre de honor,” intervino Zeoticus, cuya presencia en la sala emanaba autoridad.

Su voz firme cortó la discusión, haciendo que todos los lords guardaran silencio y centraran su atención en él.

“Pero no olvidemos que, en su momento, Sirzechs tuvo que renunciar a su apellido familiar al asumir el título de Lucifer.

Y no solo eso saben perfectamente que, si mi hijo actuara directamente, cierta parte del Consejo Demoníaco no estaría contento.” Hubo un murmullo entre los lords, algunos inclinando la cabeza en señal de comprensión, mientras otros permanecían tensos.

Zachary notó cómo las palabras de su tío, aunque directas, tocaban un tema delicado que pocos querían mencionar.

El Consejo Demoníaco actual estaba compuesto en su mayoría por ancianos que habían vivido desde los inicios de la especie demoníaca.

Muchos de ellos aún mantenían lealtad hacia el Lucifer original y su linaje directo.

Esta devoción hacia el antiguo régimen significaba que los nuevos Maou incluido Sirzechs enfrentaban una oposición velada.

El consejo miraba con recelo cualquier acción que pudiera interpretarse como una consolidación de poder por parte de los nuevos líderes.

Por esta razón, Sirzechs debía actuar con cuidado, evitando provocar a esos ancianos conservadores, cuya influencia seguía siendo considerable.

“Sirzechs está limitado por las cadenas del consejo, cadenas que ninguno de nosotros puede romper fácilmente.

Sin embargo, eso no significa que no tengamos los medios para resolver este problema.

Esa es precisamente la razón por la que estamos aquí.

Nosotros haremos lo necesario para preservar el orden y proteger nuestras tierras.” La conversación cambió de tono cuando Zeoticus comenzó a detallar los planes para retomar el castillo que Luvi Satanachia había tomado.

Según los informes, el castillo se encontraba en una isla estratégica, parte del territorio que antes pertenecía a la familia Boreas.

La ubicación lo hacía difícil de asediar, pero también significaba que los rebeldes estaban aislados, con limitadas rutas de escape.

“Nuestro objetivo,” explicó Zeoticus, señalando un mapa extendido sobre la mesa, “es tomar el castillo, eliminar a los rebeldes y, si es posible, rescatar a cualquier miembro sobreviviente de la familia Boreas.

Zachary continuó escuchando los planes con atención mientras su tío y los demás lords discutían estrategias para retomar el castillo.

Cuando finalmente la reunión llegó a su fin, se dispuso a retirarse, pero Zeoticus lo detuvo con un gesto.

Junto a su tío se encontraban lord Derfall, su hijo Ramsay y un joven de menor estatura, aunque con una complexión alta para su edad.

Su parecido con los otros dos hombres era innegable cabello rubio, ojos azules, rasgos refinados y una presencia que delataba su linaje noble.

“Zachary, te presento a lord Derfall y a sus hijos,” dijo Zeoticus con voz firme.

Zachary estrechó la mano de Derfall y luego de Ramsay con un asentimiento cortés.

Cuando su mirada se posó en el más joven, su tío continuó.

“Este es Riser, el tercer hijo de lord Derfall y el prometido de mi hija.” Zachary observó al muchacho con más atención.

A pesar de su juventud, tenía la mirada orgullosa y segura, con la altivez característica de los Phenex.

“Estoy impresionado con lo que has hecho en este conflicto, joven,” comentó lord Derfall, con una sonrisa de aprobación.

“Me gustaría que tomaras a mi hijo Riser como tu escudero.” Los ojos de Zachary se abrieron ligeramente por la sorpresa.

No esperaba tal petición, pero la aceptó sin dudar.

“No habrá ningún problema con eso, mi lord,” respondió con tranquilidad.

Lord Derfall sonrió satisfecho, mientras Riser levantaba la barbilla con orgullo, aunque en su mirada había cierto atisbo de desafío.

Zachary supo en ese instante que tendría que poner a prueba a su nuevo escudero.

– más tarde – Zachary se acomodó en su asiento junto a sus hombres, quienes conversaban entre ellos y bebían sin preocupaciones.

Tomó una botella de alcohol y la destapó con calma antes de fijar su mirada en el joven rubio que sostenía sus cosas con cierta incomodidad.

“¿Has matado a alguien antes, chico?” preguntó Zachary de manera directa, tomando un trago.

Riser titubeó, evitando su mirada.

“Mmm…

n-no, ser Zachary,” respondió con cierta dificultad.

Zachary chasqueó la lengua y apoyó la botella sobre la mesa.

“Tendremos que cambiar eso.” Su tono no fue cruel, sino decidido, como si simplemente estuviera afirmando un hecho inevitable.

Riser tragó saliva, sin saber cómo responder, pero no dijo nada.

Zachary volvió a beber, observando el fuego de la hoguera parpadear en la noche.

“Después de esto, vendrás conmigo a mi hogar.

Es mejor que ensucies tus manos ahora que en otro momento.” El joven Phenex asintió con rigidez, comprendiendo que no había lugar para objeciones.

“¿Tienes algunas piezas en tu nobleza, chico?” preguntó Zachary, desviando la conversación.

Riser pareció relajarse un poco al tocar un tema familiar y asintió.

“Tengo una reina.

Es una demonio de clase media, pero tiene un gran talento con la magia de fuego.” “Entendido.

Tráela contigo.” ordenó Zachary con simpleza.

Riser abrió los ojos, sorprendido por la decisión repentina, pero finalmente asintió en silencio.

La noche continuó.

Fin del capítulo Vayan a mí, patreo n.com/Izana567 si me quieren apoyar estaré subiendo capítulos más temprano y haciendo videos de mis fic el formato de video y si no quieres pagar para la membresía pueden seguir mi patreon por gratis planeo cuando tenga suficientes miembros empezar votos para diferentes historias.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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