Mis viejas historias - Capítulo 41
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- Capítulo 41 - 41 A True Morningstar 2
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41: A True Morningstar 2 41: A True Morningstar 2 Sirzechs creó una esfera del poder de la destrucción y la lanzó contra Daemon.
Este, sin inmutarse, lanzó una bola de fuego que consumió el poder de la destrucción, aumentando su potencia.
Sirzechs tuvo que esquivar el ataque con toda su velocidad, apenas lográndolo.
Sin embargo, inmediatamente después, Daemon creó una esfera de color azul en su mano izquierda y la lanzó con rapidez, golpeando a Sirzechs en el pecho.
La esfera comenzó a rotar, causando daño adicional.
El impacto fue tan fuerte que Sirzechs cayó al suelo, con marcas visibles en su pecho.
Daemon, sin darle mayor importancia, se alejó del pelirrojo.
“Patético,” dijo Daemon con desdén.
“La familia Gremory ha caído en desgracia si te tienen a ti como heredero.
Tus habilidades mágicas son mediocres.
Solo eres bueno usando el poder de la destrucción, y la única razón por la que eres un usuario decente es por tu poder demoníaco, que es más alto que el normal.
Como mago, eres mediocre.
No has usado ninguna magia excepto el poder de la destrucción.
Ni siquiera eres un espadachín, como es común entre los Gremory masculinos.
Usas pura magia, pero no eres un Gremory digno, ni un Bael, que son los perros más grandes de mi padre.” Entre los otros demonios, un hombre de pelo blanco frunció el ceño, pero sabía que no podía decir nada.
Una sola palabra en contra del hijo de su rey no solo pondría en riesgo a su clan, sino también al Clan Gremory.
Sirzechs era una de las piezas que planeaba usar para ganar poder en el inframundo, pero podía esperar otros veinte mil años.
No sería un problema para él.
Sirzechs, al escuchar las palabras de Daemon, apretó los puños con furia.
Liberó todo su poder de la destrucción, tan fuerte que destruyó el suelo y la barrera de fuego que Daemon había creado.
Sin embargo, antes de que pudiera expulsar más poder, se detuvo.
Su cuerpo se sacudió, y escupió sangre negra por la boca.
Al mirar hacia abajo, vio que su pecho había sido atravesado por una cuchilla de color negro.
“Muere, sucia basura,” dijo Daemon, inyectando energía oscura en la cuchilla y destruyendo parte del pecho de Sirzechs.
El cuerpo del pelirrojo cayó al suelo, y la barrera de fuego se disipó.
Zeoticus y su esposa corrieron hacia donde yacía su hijo.
“¡Por favor, alguien ayude a mi hijo!
¡Aún está con vida!” gritó Zeoticus.
Muchos de los presentes sintieron lástima por los padres, aunque algunos los consideraban patéticos.
Daemon fue uno de ellos.
“Imbécil,” murmuró Daemon.
“Lo he mandado a la muerte, como a ti.” Pero antes de que pudiera terminar su frase, su padre se separó de Lilith y sonrió.
“Mocoso Phenex,” dijo Lucifer, señalando a Lord Phenex.
“Cúralo con esas lágrimas que tienes.” Lord Phenex obedeció rápidamente.
Sacó un frasco que contenía un líquido rojo y lo vertió sobre la herida de Sirzechs.
La herida comenzó a curarse lentamente.
“Esto no lo curará por completo,” dijo Lord Phenex a su amigo Zeoticus, quien asintió con la cabeza.
“Pero al menos lo estabilizará.” Daemon, visiblemente enojado, dirigió su mirada hacia su padre.
Lucifer solo le sonrió, lo que hizo que los ojos de Daemon se tornaran rojos mezclados con negro, antes de volver a su azul eléctrico habitual.
“Mi padre va a pagar por esto,” pensó Daemon.
“O al menos quería ver si tenía algún interés en esta basura, o si solo lo hizo para molestarme.” Con un suspiro, Daemon creó un círculo mágico y se fue directamente a su fortaleza, llevándose consigo a Grayfia.
Al llegar a su habitación, lanzó a Grayfia sobre la cama.
Ella emitió un gemido cuando Daemon comenzó a arrancarle la ropa.
-más tarde- En la siguiente mañana, Daemon despertó junto a Grayfia, quien aún tenía su miembro en su interior.
Lo sacó lentamente, y un poco de semen espeso salió, aunque aún quedaban partes secas de su esperma.
“Tendrás que bañarte más tarde,” pensó Daemon.
Después de desayunar, aún estaba molesto por lo ocurrido con el pelirrojo.
Normalmente, Sirzechs habría sido ejecutado por atacar a un miembro de la familia de los Reyes Demonios, pero como su padre había permitido que lo curaran, era una manera indirecta de decir que su ejecución había sido cancelada.
Lo único que no lo hacía feliz era saber que aquella lágrima de Phenex no curaría su núcleo mágico.
Había ido directo al núcleo, por si acaso algo así sucedía.
“Ya no podrá hacer magia,” pensó Daemon.
“Quería verlo morir en el campo de batalla.
Un daño al núcleo mágico sería grave para un demonio, pero no algo de lo que debamos preocuparnos demasiado.
Los cuerpos de los demonios son más resistentes y fuertes.
Podrían llegar a la clase Ultimate solo usando su cuerpo físico.” Pero Daemon sabía cómo era el mundo.
“No sería su cuerpo lo que lo destruiría.
Intentaría usar magia, solo para darse cuenta de que ya no puede.
Algo así lo llevaría a la depresión.
Terminaría siendo solo un lord normal, en vez de ser el guerrero que le prometieron ser después de su nacimiento.
Con el poder demoníaco que tenía, claramente tenía potencial.” Eso le provocó una pequeña sonrisa.
Actualmente, estaba comiendo un pollo, claro, este pollo estaba hecho con la carne de un Phenex, pero eso era solo su secreto.
Estaba terminando su comida cuando una sirvienta entró.
“Lord Daemon, Lady Chysis ha venido a ver si está bien,” anunció la sirvienta.
“Déjala entrar,” dijo Daemon.
Una mujer pelirroja entró en la habitación.
Tenía un cuerpo voluptuoso, como era común entre los demonios de alta clase, con unos pechos grandes, más de lo habitual, y un trasero igualmente impresionante.
Sus ojos azules brillaban con determinación, y llevaba un vestido rojo que mostraba parte de su escote.
Esta mujer era Chysis Gremory, la madre de Zeoticus.
Ella se arrodilló frente a Daemon.
“Por favor, mi señor, cure a mi nieto,” suplicó la mujer.
Daemon se sintió un poco sorprendido.
Chysis era una de las pocas demonios de clase alta que había mandado grandes fondos a su clan cuándo era tiempo de impuestos qué obtuvo su interés.
Solo por ella, Daemon consideró escuchar su petición.
Y ahora, la misma mujer se arrodillaba frente a él para pedirle que curara a su “miserable” nieto.
“Me atacó, y ahora esperas que lo cure con mi sangre,” dijo Daemon con sarcasmo.
“No me hagas reír, mujer”.
La sangre Morningstar tiene un poder curativo capaz de sanar a cualquier demonio, incluso aumentando sus fuerzas.
“Se lo suplico, mi señor.
Haré lo que sea,” dijo la mujer.
Esas palabras hicieron que Daemon sonriera con malicia.
“Levántate,” ordenó.
Chysis obedeció, levantándose lentamente.
Daemon se acercó a ella y la besó.
Ella intentó rechazarlo al principio, pero luego recordó por qué estaba allí y aceptó el beso.
Su beso se volvió más intenso, sus manos a masajeando el cuerpo de Chysis lentamente empezó a remover su ropa por las siguientes horas, el demonio más joven, disfrutar el cuerpo de la demonio más vieja convirtiéndola en una de sus pequeñas perras.
-más tarde- Horas, después, después de divertirse con la pelirroja mayor está estando en una enorme cama en la habitación Daemon que había dejó un frasco de su sangre arriba de una mesa cercana.
En ese momento, Daemon estaba meditando en una sala extraña, repleta de objetos sumamente peculiares y únicos que desprendían grandes auras de poder mágico de distintos tipos.
Era un lugar que haría babear a cualquier demonio que lo viera, pues se trataba de la tesorería personal de Daemon, donde guardaba los objetos mágicos más poderosos del inframundo.
Lo sorprendente era que, mientras meditaba, un aura morada emanaba de su cuerpo, cubriendo el lugar.
Los objetos parecían reaccionar a esta energía, y lentamente, la magia en ellos se volvía corrosiva, cambiando su aura por una más oscura.
Cerca de él se encontraba Grayfia, rodeada por un círculo mágico de protección junto a varios sellos de refuerzo, para evitar que la magia de Daemon la afectara.
El objetivo de su amo era ver el alcance de su magia y los efectos que tendría en objetos de gran poder.
Por eso estaban en este lugar, una de las muchas habitaciones de la tesorería del clan, liberando pequeñas cantidades de poder mágico del vacío.
Grayfia se limitaba a observar el pequeño experimento de su amo.
Notó cómo las armas que estaban en el lugar empezaban a cambiar lentamente, captando su atención.
Las armas, antes llenas de poder demoníaco, ahora tenían un aura que era una mezcla entre morado y rojo oscuro.
El poder mágico en las armas se sentía diferente, disminuyendo rápidamente, como si algo lo estuviera devorando, y siendo reemplazado por una extraña energía similar a la magia de Daemon, pero con un ligero toque diferente.
El metal, antes fino y sumamente hermoso, empezaba a corromperse.
Pasó de ser una pieza exquisita a algo sencillamente corrosivo.
Ahora, el metal parecía extraño, diferente de cierta forma, y emitía una aura que indicaba que no se debía tocar a menos que quisieras arriesgarte a descubrir las consecuencias.
Tras unos segundos, Daemon dejó de liberar su aura, sonriendo al ver las armas.
Se acercó a uno de los muchos tesoros y se agachó para recoger una cuchilla.
El metal, antes de un plateado brillante, ahora era de un tono más oscuro.
De la cuchilla salió una ligera neblina oscura, que la cubrió, haciendo que obtuviera un color aún más tenebroso.
Pero la cuchilla no duró mucho.
De un momento a otro, el filo se rompió, y el metal se deshizo en pequeños pedazos, destruyendo el arma por completo.
“Mierda”, gritó Daemon, tirando lo que quedaba de la cuchilla al suelo.
Grayfia solo suspiró.
Daemon había intentado infundir sus armas con su magia extraña, pero cada vez que lo intentaba, el arma terminaba siendo destruida por el mínimo contacto con su poder.
Daemon había nacido con una magia exageradamente corrosiva.
Debido a esto, era incapaz de usar magia de curación, y su control de la magia era mediocre en el mejor de los casos.
Sin embargo, contaba con magia de refuerzo.
Podía reforzar su cuerpo sin hacerse daño, ya que era inmune a su propia magia.
Pero cuando intentaba reforzar un arma, esta siempre terminaba rompiéndose unos segundos después de ser infundida con su poder.
Había pensado en conseguir una espada personalizada, pero no había buenos herreros en el inframundo.
Además, no podía ir a otra facción, ya que actualmente los demonios estaban en guerra con los ángeles y los caídos.
Con un gesto de irritación, Daemon chasqueó la lengua, frustrado por la situación.
– Sirzechs – Sirzechs estaba despertando.
Habían terminado de realizar una operación en su cuerpo, y la atmósfera en la habitación era tensa.
Todos los presentes esperaban ansiosos alguna señal de que estuviera bien.
“Sirzechs, ¿estás bien?”, preguntó Zekram Bael, su antepasado y uno de los miembros más antiguos y respetados de la familia Bael.
Zekram no era el único en la habitación; también estaban el resto de los miembros más cercanos de la familia, incluyendo, sorprendentemente, su abuelo Magnus Bael y su abuela, quienes observaban con atención.
Sirzechs no dijo nada al principio.
Solo miró a su alrededor, fijando su mirada en cada uno de los presentes.
Cuando sus ojos se encontraron con los de su abuela, notó que ella también lo observaba con una expresión extraña, como si algo en él hubiera cambiado.
“¿Estás bien, Sirzechs?”, preguntó Venelana, su madre, con voz preocupada, acercándose un poco más a él.
“Sí, me siento increíble”, respondió Sirzechs finalmente, su voz tranquila pero con un tono que transmitía una energía diferente, como si algo en su interior hubiera despertado.
Nadie en la habitación, excepto una persona, notó el pequeño detalle que delataba el cambio en Sirzechs: una pequeña llama de color negro y rojo que brilló fugazmente en sus ojos antes de desaparecer.
Chysis, quien también estaba presente, observó todo en silencio.
“Tendré que decirle a lord daemon sobre esto”, pensó para sí misma, considerando las implicaciones de lo que acababa de presenciar.
Sabía que algo significativo había ocurrido, algo que iba más allá de lo que cualquiera en la habitación podía comprender en ese momento.
Zekram, por su parte, solo sonrió.
Era una sonrisa que transmitía tanto orgullo como intriga.
“Asumió el poder de la destrucción”, murmuró para sí mismo, como si estuviera confirmando algo que ya había sospechado.
Sabía que Sirzechs había enfrentado a un Morningstar, y que ese enfrentamiento había desencadenado algo en él.
Su arma, ya de por sí letal, ahora se había vuelto aún más peligrosa, como si hubiera absorbido parte de la esencia de aquel combate.
La habitación permaneció en silencio por unos momentos, todos procesando lo que acababan de presenciar.
Sirzechs, por su parte, parecía estar absorto en sus propios pensamientos, como si estuviera explorando las nuevas sensaciones que ahora habitaban en su cuerpo.
Finalmente, rompió el silencio.
“No se preocupen”, dijo, su voz firme y calmada.
“Estoy bien.
De hecho, me siento más fuerte que nunca”.
Fin del capítulo Vayan a mí, patreo n.com /Izana567 si me quieren apoyar estaré subiendo capítulos más temprano y haciendo videos de mis fic el formato de video y si no quieres pagar para la membresía pueden seguir mi patreon por gratis planeo cuando tenga suficientes miembros empezar votos para diferentes historias.
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