Mis viejas historias - Capítulo 51
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- Capítulo 51 - 51 El rey de los seis ojos 6
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51: El rey de los seis ojos 6 51: El rey de los seis ojos 6 -Victoria- La Santa de Orum, Victoria, despertó entre sombras.
Un escalofrío recorrió su columna al sentir la fría superficie de metal contra su espalda.
No tardó en comprender dónde estaba: una jaula.
No una común.
Era una de esas jaulas profanadas por el Culto, aquellas usadas para encerrar a los Poseídos los herejes, los malditos.
Era imposible.
Ella no era una hereje.
Ella era una santa de la diosa Beatriz.
¿Entonces por qué…?
Sus pensamientos eran un remolino.
¿Por qué me abandonaste, mi diosa…?
La escena de su derrota se repetía en su mente como una pesadilla sin fin.
El artefacto viviente, ese monstruo con ojos brillando detrás de una máscara de calavera, la había humillado con una facilidad inhumana.
No solo rompió su carne.
También su fe.
“En el instante en que sentí su aura…
dudé.” Victoria cerró los ojos con fuerza, apretando los puños mientras murmuraba oraciones.
No por fuerza.
Por perdón.
Pero la diosa no respondía.
La luz cálida y reconfortante que la había acompañado durante toda su vida…
ahora estaba ausente.
En su lugar, solo había el frío de las cadenas y el murmullo distante de una vela parpadeante.
Fue entonces cuando él entró.
Gargon.
Vestía igual que cuando se enfrentaron: su máscara de calavera, sus túnicas negras con detalles de oro ensangrentadoy sus ojos que ardían con una inteligencia cruel.
Detrás de él, el anciano que estaba con él antes cerró la puerta de la cámara con un sonido seco.
Estaban solos.
Veo que ya despiertas, Santa Victoria.
Ella no respondió.
Solo lo miró con una mezcla de odio y vergüenza.
No temas, continuó, caminando alrededor de la jaula.
No estoy aquí para torturarte…
aún.
Hoy quiero hacer algo más peligroso: mostrarte la verdad.
Con un gesto de su mano, uno de los estantes cercanos se abrió con un chasquido.
Varias carpetas, pergaminos y libros antiguos flotaron en el aire y se colocaron ante la jaula, como si fueran un altar de blasfemias.
¿Sabes qué es esto?
preguntó, tomando un manuscrito.
Victoria reconoció el sello: un emblema sagrado de la Iglesia.
¡Robaste textos sagrados!
Abrió una de las carpetas.
Viejos informes escritos en sangre, sellados por inquisidores desaparecidos, hablaban de experimentos.
Humanos condenados a la posesión demoníaca…
por voluntad de la propia Iglesia.
La posesión demoníaca no es una maldición espontánea.
Es el resultado de rituales antiguos.
La Iglesia necesitaba mártires para justificar sus cruzadas.
Y si no los encontraba…
los creaba.
Victoria palideció.
No podía ser verdad.
No…
no…
¡Mentiras!
¡Mentiras de un hereje!
¿Mentiras?
Entonces, explícamelo.
Tiró a través de los barrotes una carta manchada de vino, escrita por el Cardenal Mathor.
“Sujeto N°12 mostró resistencia.
“Necesitamos más niños de las aldeas del sur”.
¿También escribió esto un demonio?
Ella lo leyó…
una, dos, tres veces.
Las palabras no cambiaban.
No…
¡No puede ser!
¡El cardenal Mathor fue un santo!
¿Lo fue?
También fue el fundador de la Orden del Blanco.
¿Sabes qué hacían?
Transformaban niños en fanáticos y experimentaban en estos mismos.
Gargon le lanzó otro pergamino.
Esta vez, una serie de dibujos anatómicos de poseídos, con firmas clericales.
Victoria dejó caer el documento.
Lágrimas cayeron por sus mejillas.
Y así la Iglesia de Beatriz mantuvo el equilibrio del reino.
Fabricando demonios para tener algo contra qué luchar.
¡Basta…!
gimió Victoria.
¡Por favor…
det ¿Ahora pides piedad?
¿Dónde estaba tu misericordia cuando nuestros hermana fueron quemados como herejes?
¿Cuándo nuestras familias desaparecieron sin juicio, acusadas de albergar “oscuridad” en sus corazones?
No todo puede ser verdad…
La diosa…
la diosa me hablaba…
¿Te hablaba?
¿O solo escuchabas lo que querías oír?
Silencio.
Voy a darte tiempo.
Lee estos documentos.
Reza si lo deseas.
Si tu diosa responde, me lo harás saber.
Pero si el silencio continúa…
Gargon se inclinó hacia ella, su máscara reflejando la luz de la vela.
Entonces aceptaremos que tus plegarias jamás llegaron al cielo…
porque nunca hubo uno.
Y se fue.
Victoria se quedó sola.
Con los documentos.
Y por primera vez desde que era niña…
no supo qué creer.
-Lucerys Qoherys (Gargon)- Saliendo de la habitación, sólo sonríe.
Muchos de los documentos que le había dado en realidad eran reales, pero algunos había creado dado que los bastardos de la iglesia no dejaban documentos que los conectaran al culto, como el culto tenía documentos por todos lados sobre su existencia.
Reclutar a Victoria sería la mejor ruta.
A pesar de que le superaba el poder, su nivel de poder era más alto que el de todos sus guerreros y la mayoría de guerreros en el reino.
Dado eso y que mi pequeño ejército de chicas que rescaté de la posesión demoníaca está aumentando de tamaño cada mes, y bajo la nariz del culto, Victoria sería una gran adición a este grupo.
Teletransportándome a una de mis otras bases, en vez de parecerse a una base militar, pareciéndose a una casa, tuve que esquivar una patada.
Oye, imbécil, ¿de dónde venía la voz de la persona que intentó golpearlo?
Hola a ti también, Rumi, dije mirando a una joven morena, enfrente de mí; su cabello era de un color blanco y tenía dos grandes orejas de conejo donde deberían estar sus orejas.
Una beastkin que había sido infligida con la posición demoniaca, después de retirar una parte de la posesión, la curó de esta.
Había aprendido cómo hacer esto, después de que la primera vez que había experimentado con esta lo había hecho accidentalmente con su primer poseído.
“Rumi”, ambos movieron la cabeza para ver a una peli negra, sus ojos siendo de un color carmesí y estaba mirando a Rumi con una cara fría, haciendo que se estremeciera ligeramente.
Está bien, Ultear, no me ofendí, dije inmediatamente; ella cambió su expresión.
Ultear es mi primer experimento y la primera persona que curé con posesión demoníaca.
Después tuve que responderle todas sus preguntas, dado que no quería simplemente matarla después de que la cure.
Le había contado todo sobre el culto; al final, a su sorpresa, ella decidió quedarse al lado de todo eso.
Ella ahora vivía en esta base donde ella, junto a las demás chicas que curó de la posición demoníaca, se quedaba.
Y le había enseñado a Ultear simplemente lo básico que conocía sobre la magia, y ella pudo dominar su propia mágica muy bien, sorprendiéndolo.
Dado eso, decidió estudiarla y descubrió que ella había aumentado sus reservas exageradamente después de curarla de la posesión demoníaca.
Y ella no era la única; igualmente todas las demás igualmente recibían un gran aumento en sus reservas mágicas.
Después de eso, puso más interés en estas chicas, decidiendo enseñarles a algunas cómo usar las espadas y a todas cómo usar su magia más eficientemente.
No planea usarlos en el futuro, como un tipo de arma o algo parecido, pero aprendiendo sobre ese momento en su energía mágica lo fascinó, y ahora le gustaría ver si algunas de ellas podrían superar sus expectativas.
Tal vez podría encontrar uno igual entre ellas.
Tal vez era arrogante, pero se consideraba muy fuerte, considerando que nunca había conocido a alguien que podría llegar a su nivel en cualquiera de sus especialidades.
Con eso en mente continuó su camino, siendo seguido por las dos jóvenes.
Caminando y entrando en una gran sala, donde miró a un grupo de entre 95 chicas entrenando, cada una usando una simple camiseta que enseñaba su estómago y unos pantalones cortos que enseñaban los culos de las chicas.
Dado eso, decidió mover su mirada a otro lado, cayendo en la mujer entrenando a estas chicas.
La mujer, como la mayoría de mujeres en esta base, era hermosa, con el pelo de color negro, largo, y unos ojos de color carmesí.
Está usando una ropa, si me larga la suya y Ultear, una gabardina negra, cubriendo su cuerpo completamente.
Su nombre era Yor, una de las pocas mujeres mayores que había encontrado su edad; ahorita debería ser de 18 años y pertenecía al Imperio Velgalta.
Era la segunda persona que había curado con la posesión demoníaca.
En el momento en que ella me notó, ella gritó para que todas se detuvieran; cuando ella se detenía, ellas inmediatamente se arrodillaban junto a Yor.
Yo, por mi parte, me sentí un poco incómodo, dado que hacían esto cada vez que aparecía.
“Lord Gargon, bienvenido”, dijeron todas en coro.
-más tarde- Regresando a su base central una lástima que tendría que contarte con Bishop Drake un hombre de la iglesia mandado a reunirse con él.
En nombre de la Ciudad Santa de Orum, le ofrezco nuestras más sinceras disculpas, Lord Gargon.
La Santa actuó por su cuenta sin nuestra aprobación.
Que actuara por su cuenta o no no cambia el hecho de que usted es el auditor que no logró controlarla.
Necesitaría mucho más que una simple disculpa.
¿¡Te atreves!?
¡Ni siquiera el Culto se atrevería a usar ese tono con nosotros!
¿De verdad?
Entonces dejaré de suministrar mis Pseudo-Artefactos a la Iglesia cuanto antes.
El Gargon lanza su amenaza.
Al darse cuenta de que enfadar al único proveedor conocido de las armas encantadas no es buena idea, ya que podría hacer que sus rivales, tanto en la Iglesia como en el Culto, lo superen rápidamente en fuerza militar y, con ello, en influencia política, si el Gargon deja de suministrarle armas encantadas, el Obispo cambia rápidamente de tono.
¡N-No!
Eso es…
¡De acuerdo!
¿Qué quieres a cambio del Santo?
Je, je, je.
Ser el único proveedor de algo me da mucho poder.
¡Viva el monopolio!, pensó el Gargon.
“Además del pago en oro por cada uno de mis muertos, exijo 100 personas de Orum.
Quiero a tus paladines.” “¿¡Qu-Qué!?
¡Eso es absurdo!” “Entonces me quedaré con el Santo y dejaré de proveer a la Iglesia con mis armas.” “¡Espera!
Tengo algo…
un nombre que te interesará.
¡El nombre de la persona que manipuló al Santo para que te atacara!” Dice el Obispo, aún negándose a asumir la culpa.
“Un nombre solo no me satisface.” Dice el Gargon, pues ahora mismo le traen sin cuidado los nombres.
“¡Ah!
¡Sí!
Entiendo.
Supongo que ya te habrás dado cuenta de que fue Sir Gaunt quien lo hizo para eliminarte.” ¿E-Entonces qué te parece esto?
¡Te ayudaremos a tomar represalias socavando su posición en el Culto!
¡Y te pagaremos lo que quieras en oro!
¡Por favor!
¡No podemos permitirnos perder tantos paladines!
¿Qué pensaría el público si 100 paladines desaparecieran de repente?
Un trato suficiente a ojos del Gargon por ahora.
“Hmph.
Te la devolveré después de que demuestres algún resultado socavando la posición de Sir Gaunt en el Culto y después de que pagues el oro que me debías.” “¡M-Muy bien!
¡Acepto!” Mientras se retiraba, me borré en mi mente la pequeña santa era mía pero la iglesia serías útil hasta que se den cuenta que no planeó reclamarle a mi santa.
-???- En la oficina del subdirector de la Real Academia de Espadas Mágicas de Midgar, un anciano de aspecto enfermizo lee una carta de la Iglesia, concretamente del Obispo Drake, y su contenido lo enfurece.
“Así que el Santo no logró eliminarte e incluso lo tomaste como rehén.
Te aplaudo, Gargon.
Eres un enemigo aterrador.
Con su Santo a tu merced, has conseguido poner a la Iglesia en mi contra.
Ahora mis movimientos están bajo escrutinio y tendré menos fondos y hombres.
Mmm.
No importa.” El anciano saca algo de su bolsillo y lo mira con una sonrisa malvada.
Es un Artefacto con forma de globo ocular.
“Cuando mis planes den fruto y recupere mi poder y mi merecido lugar en las Rondas, serás el primero en morir, Gargon.
Y ese traidor del Obispo Drake será el siguiente.
Me aseguraré de ello.” Fin del capítulo
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