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Mis viejas historias - Capítulo 53

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  4. Capítulo 53 - 53 El Rey de la destrucción - alternativo
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53: El Rey de la destrucción – alternativo 53: El Rey de la destrucción – alternativo En las calles del territorio principal de los Gremory, en uno de los vecindarios más pobres de la ciudad, se podría ver un pelirrojo enfrentándose a una criatura.

El nombre del pelirrojo era Alexander Gremory; esquivó el hacha gigantesca de una bestia rebelde de tres brazos.

El arma, tan grande como él, se estrelló contra el suelo, partiendo la roca negra en dos.

El demonio rugió, su aliento fétido llenando el aire.

Alexander se preparó para contraatacar.

Su mano, enguantada en cuero negro, se cerró alrededor del brazo musculoso de la criatura.

No fue la fuerza física lo que hizo gritar al monstruo, sino el sonido sibilante de la energía corroyendo su carne.

Un humo negro y pestilente comenzó a elevarse donde la piel de Alexander tocaba la suya.

El [Poder de la Destrucción] fluía de él de forma natural, un veneno letal que desintegraba la esencia vital de su enemigo.

“Patético”, murmuró Alexander, su voz fría y clara a pesar del estruendo de la batalla a su alrededor.

Antes de que la bestia pudiera reaccionar, la mano libre de Alexander se alzó.

Una esfera de energía carmesí oscuro, con núcleos de negrura absoluta, se materializó sobre su palma.

La empujó directamente contra el torso de la criatura.

La esfera de destrucción se expandió lentamente, consumiendo carne, hueso y armadura sin un solo sonido.

La bestia ni siquiera tuvo tiempo de gritar.

Simplemente dejó de existir, su forma borrada de la realidad como si nunca hubiera estado allí.

Solo quedó un cráter en el suelo.

“Eso fue aburrido” comentó Alexander mientras se acomodaba de vuelta uno guantes negros.

Cada vez que quería distraerse iba a pelearse con cualquier persona que se encontrara lástima amente este demonio, era débil, apenas llegando a la clase media.

De repente, un círculo mágico de color rojo, apareció cerca de su oído, escuchando una voz femenina saliendo de este círculo.

“Lord Alexander dónde está la fiesta de su hermana ya está apunto de empezar” la voz venía de su reina.

“Estoy en camino Albedo” dijo Alexander mientras creaba un círculo mágico de un color rojo teletransportándose.

-más tarde- Se podía ver a una gran sala, se podía ver a varios demonios de clase alta reunidos, mientras se podía ver a dos demonios en específico a punto de concluir con lo que parecía ser su boda.

En el altar se encontraba Rías Gremory, heredera del clan Gremory, y Riser Phenex, tercer hijo de la casa Phenex.

Mientras Rías mostraba una mirada triste, Riser tenía una sonrisa de oreja a oreja mientras miraba a Rías como un león miraría a un trozo de carne, ansiando poner sus manos en ella.

Después de todo, eso era lo que había anhelado todos estos años, y finalmente, después de ganar un Rating Game, estaba tan cerca de tener a la heredera Gremory en su cama que casi podía saborearla.

Todos los miembros presentes de la nobleza de Rías estaban tristes por su ama y pensando en qué les tocaría ahora, ya que con Riser como esposo de su ama, su futuro era incierto y era mejor no pensar en ellos, ya que seguramente no la pasarían nada bien, en especial las mujeres como Akeno, Asia o Koneko.

Por otro lado, la nobleza de Riser tenía una sonrisa triunfante, a excepción de su hermana, que miraba con algo de tristeza y empatía a la heredera Gremory.

Sirzechs Lucifer, el rey demonio más fuerte del Inframundo, estaba apretando los puños, esperando a que su última oportunidad de salvar a su hermana no fallara.

Él había pedido a su reina que llevara un sello de teletransportación al peón de su hermana para que llegara a la fiesta y enfrentara a Riser por la mano de Rías.

Esperaba que el peón pudiera ganar y liberar a su hermana menor del compromiso arreglado que sus padres habían hecho.

A su lado, su mejor amigo, Ajuka Belcebú, uno de los 4 Maous del Inframundo, estaba dándole apoyo emocional y se encargaba de que el Lucifer no interfiriera, ya que él era el único demonio capaz de pelear contra Sirzechs y detenerlo de ser necesario.

Issei había sido derrotado por Riser con mucha facilidad, dejando al peón de Rías en un estado deplorable.

Sirzechs, igual que Rías, veía cómo la última esperanza para liberar a la heredera Gremory se desvanecía.

Y Riser sonreía con arrogancia ante su victoria.

Riser, tomando del cuello a Issei, habló.

“En serio creíste que un patético de clase baja como tú podría derrotar a un demonio de sangre pura como yo”, dijo el rubio, mirando al castaño mientras una de sus manos se volvió fuego, formando una bola de fuego.

Antes de que Riser pudiera seguir burlándose de Issei y lastimando el poco orgullo que le quedaba, se escuchó una voz que hizo a todas las personas que conocían al dueño de la voz abrir los ojos.

“En serio creíste que un patético de clase baja como tú podría derrotar a un demonio de sangre pura como yo”, escupió Riser, La mirada de Rias se nubló, las últimas chispas de esperanza se extinguían en sus ojos azules, igual que el aura de su amado peón.

Sirzechs, a un lado, tenía los nudillos blancos de apretar los puños, la energía de la destrucción bullendo bajo su superficie controlada, contenida solo por la mano firme de Ajuka en su hombro.

Fue en ese preciso instante, cargado de fatalidad, cuando una voz cortó la atmósfera como una cuchilla afilada.

“Parece que me he perdido el espectáculo principal.

Qué…

decepcionante.” Todos los ojos se volvieron hacia la entrada.

Allí, de pie con una postura despreocupada pero impecable, estaba un joven.

Su cabello era del mismo rojo carmesí que el de Rias, pero sus ojos, de un azul verdoso penetrante, escudriñaban la escena con desdén.

Vistía un traje negro impecable, con guantes de cuero que parecían absorber la luz a su alrededor.

“¿A-Alexander?” La voz de Venelana se pudo en la sala.

Sirzechs contuvo el aliento, sus ojos se abrieron de par en par.

“¿Hermano?” Rias miró al recién llegado, su mente tratando de procesar la imagen de su hermano mayor que solo tenía algunos recuerdos de su infancia, el heredero de su padre que desapareció del Inframundo hacía una década.

“Vuelvo al Inframundo después de haberme ido a entrenar unos años y cuando llego, lo primero que veo es a un demonio con más arrogancia que poder, burlándose de un recién reencarnado sin experiencia y que lleva menos de un mes consciente de lo sobrenatural…

Te has rebajado mucho más de lo que creía, Riser”, dijo Alexander.

“Si no es el cobarde que escapó del inframundo” dijo riser mientras sus llamas aumentaron en el intensidad.

Alexander ignoró por completo a Riser.

Sus ojos se posaron primero en Sirzechs, con una leve inclinación de cabeza que era todo menos un saludo respetuoso.

Luego, su mirada se dirigió a Rias, y por un fugaz instante, algo se suavizó en su fría expresión antes de endurecerse de nuevo.

Finalmente, observó a Issei, colgando como un trapo roto del puño de Riser, y su desdén se intensificó su mirada, volviendo al rubio estúpido.

“Cobarde es una palabra fuerte para alguien que se jacta de golpear a un demonio apenas reencarnado menos de un mes”, dijo Alexander simplemente.

“Deja al chico.

Tu pelea, si es que se le puede llamar así a esta farsa, es conmigo ahora.” Riser soltó una risa forzada, pero la duda ya se había filtrado en sus ojos.

Dejó caer a Issei, que se desplomó en el suelo con un gemido.

“¿Contigo?

¿Y por qué iba a molestarme?

No eres nadie.

La heredera Gremory es mía por derecho de victoria.” “Padre,” dijo Alexander, sin apartar la mirada de Riser, dirigiéndose a su padre, que observaba la escena con una mezcla de shock.

“¿Padre este es el mejor partido que pudiste encontrar para asegurar el futuro de nuestro clan?

Esta rata de la casa Phenex y su familia de malditos pájaros,”.

Insultar a Riser era una cosa; insultar abiertamente al Clan Phenex y al acuerdo político entre dos casas nobles era otra muy distinta.

“¡Tú insolente…!” rugió Riser, y esta vez no lo detuvo nadie.

Envió una lanza de fuego directamente al corazón de Alexander.

Alexander no se inmutó.

Alzó su mano enguantada.

La lanza de fuego, capaz de reducir a cenizas a un demonio de clase alta, se estrelló contra su palma y simplemente…

se desintegró.

Usando el poder de la destrucción, cubrió su cuerpo con la esencia de la destrucción de el poder de los bael destruyendo la lanza con una barrera invisible.

“Como dije,” murmuró Alexander, cerrando el puño lentamente.

“Decepcionante.” La mirada de Riser se llenó de incredulidad y luego de furia.

“¡¿Qué?!

¡Eso es imposible!” “Como dije,” murmuró Alexander mirando directamente a riser que inmediatamente empezó a tirarle bolas de fuego cada una de ellas, siendo destruida “Decepcionante.” Fwoosh…

Fwoosh…

Fwoosh…

Fwoosh…

Fwoosh…

Fwoosh…

Fwoosh…

Fwoosh…

Fwoosh…

Fwoosh…

Fwoosh…

Fwoosh…

Fwoosh…

Fwoosh…

Fwoosh…

Fwoosh…

Fwoosh…

Fwoosh…

Fwoosh…

Fwoosh…

Fwoosh…

Fwoosh…

Fwoosh…

Fwoosh…

Cada “fwoosh” era un clavo más en el ataúd de la confianza de Riser.

Su respiración se volvió jadeante, sus ataques más desesperados y menos precisos.

La audiencia observaba, paralizada, el espectáculo surrealista.

Riser era uno de los jóvenes demonios más poderosos de su generación, estaba vaciando su reserva de poder contra un hombre que ni siquiera consideraba el esfuerzo digno de levantar una mano.

“¡¿Qué eres?!”, gritó Riser, finalmente deteniéndose, el brazo que generaba las llamas temblando visiblemente.

“El verdadero heredero de Gremory.

Y parece que alguien necesita enseñarte tu lugar junto a a tu patética casa.” Dijo Alexander, simplemente mientras rayos rojos empezaron a cubrir su cuerpo y rápidamente en un parpadeo, desapareció, sólo para que apareciera atrás de riser.

Riser no tuvo tiempo de gritar.

Sus ojos se abrieron de par en par, mirando con incredulidad el brazo de Alexander que había atravesado su pecho como si fuera mantequilla.

La mano enguantada de Alexander emergió por su espalda, empuñando un órgano que aún palpitaba grotescamente su corazón.

Con un desprecio absoluto, Alexander retiró el brazo, arrancando el corazón y partiendo literalmente el torso de Riser por la mitad.

El cuerpo mutilado del Phenex fue arrojado hacia un lado como un trapo sucio, chocando contra una columna y dejando un reguero escarlata a su paso.

Un coro de gritos ahogados y vomitos llenó el salón.

Asia se desmayó.

Akeno llevó una mano a la boca, sus ojos brillaban con una mezcla de horror y una oscura fascinación.

Koneko permaneció inmóvil, pero su respiración se aceleró.

Sirzechs observaba, con los ojos muy abiertos.

Pero dado hacer un Phenex riser empezó a regenerarse en segundos, Riser jadeó, volviendo a la vida, su rostro una máscara de agonía y terror puro.

Pero Alexander ya estaba allí.

Antes de que Riser pudiera siquiera incorporarse, el puño de Alexander, ahora envuelto en un aura de rayos carmesí.

Huesos de la nariz y la mandíbula se hicieron añicos.

Riser fue lanzado hacia atrás, pero Alexander era más rápido.

Apareció detrás de él como una aparición, su pierna, también cubierta de la electricidad, golpeándole la espalda y enviándolo de vuelta al centro de la sala.

Alexander se movía como un relámpago carmesí, destrozando a Riser una y otra vez con una violencia espantosa.

Huesos rotos, miembros arrancados, órganos pulverizados.

Cada cada vez que Riser se regeneraba, el proceso se volvía más lento y lento.

Al final riser sólo se quedó en el suelo, incapaz de moverse dado al dolor en todo su cuerpo, haciéndolo incapaz de ser cualquier cosa, mientras Alexander ponía su pie arriba de la cabeza de riser.

Alexander se alzaba sobre el amasijo informe que era Riser Phenex.

Su traje impecable no tenía una sola mancha, un contraste obsceno con la carnicería a sus pies.

Con movimientos deliberadamente lentos, colocó la suela de su bota negra sobre la cabeza de Riser, que yacía boca abajo en un charco de su propia sangre.

“Tu regeneración se está agotando.

Tu orgullo está hecho añicos.” Hizo una pausa, permitiendo que el peso de sus palabras, y de su bota, se hundieran.

“Así que te haré una pregunta simple, y solo una vez.

Una oportunidad de conservar lo poco que te queda de dignidad.” Inclinó ligeramente el cuerpo, como si examinara un insecto particularmente repulsivo.

“Te rindes, y anulas este estúpido contrato de boda por voluntad propia, o continuaremos hasta que no podrás regenerarte, y perderás tu vida aquí y ahora” dijo Alexander, mientras ponía más presión en su bota.

Todos los ojos estaban clavados en Riser.

Su familia, antes triunfante, estaba paralizada por el terror.

Su padre, Lord Phenex, tenía el rostro pálido, sabiendo que cualquier movimiento suyo podría significar que Alexander cumpliera su amenaza.

Riser intentó hablar, pero solo salió un burbujeo de sangre.

Sus ojos, llenos de un dolor insondable y miedo, se encontraron con los fríos ojos azul-verdosos de Alexander.

Riser logró mover la cabeza, un milímetro, en lo que podía interpretarse como un asentimiento.

Un sonido gutural, apenas audible, escapó de sus labios destrozados.

“S…

s…

sí…

Yo…

me rindo…” Alexander mantuvo su pie en su lugar un segundo más, un recordazo final de quién tenía el control.

Luego, con el mismo desdén con el que había aparecido, lo retiró.

“Sabia decisión,” dijo simplemente.

Luego, se volvió hacia sus padres, ignorando por completo el cuerpo maltrecho de Riser que comenzaba, lentamente, a regenerarse una vez más.

Ambos apareciendo de vuelta en la fiesta con los demás que habían mirado el combate.

Sus ojos no buscaron a sus padres, ni a Sirzechs.

Se clavaron directamente en Rias, que lo observaba con una mezcla de shock, incredulidad y un atisbo de esperanza renaciente que luchaba por abrirse paso entre el horror.

“Hermana,” dijo Alexander, y por primera vez de su llegada, su voz perdió un poco de Frialdad.

“Parece que llegué a tiempo para que el Inframundo cometiera un error catastrófico al subestimarte a ti…

y a nuestro nombre.” Su mirada se desvió por un instante hacia el destrozado Issei, siendo atendido por Asia.

“Y parece que también a tiempo de salvar a un…

entusiasta, si no competente, servidor tuyo.

Tu elección de piezas es…

interesante.” “Muy bien en verte Hermano” dijo rias mientras miraba a Alexander éste, siendo abrazado por su madre y su padre caminando hasta junto su otro hermano.

Fin del capítulo Otra versión de el [rey de la destrucción] si está más cercana a la original pero con algunos cambios 1, siendo que Alexander no es un psicópata (por lo menos no tanto y no odia a su familia o algo parecido) simplemente se fue del inframundo para entrenar sus poderes y 2 su nobleza será diferente en esta versión.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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