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Mis viejas historias - Capítulo 62

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Capítulo 62: El hijo de la destrucción (one shot)

Algunas personas nacen bendecidas, a pesar de esas afirmaciones ridículas de que todos llegamos a este mundo como iguales.

Algunos nacen en familias ricas y poderosas, con ventajas desde el primer momento. Otros nacen con un maná tan poderoso que pueden deformar la realidad a su antojo. Algunos más simplemente tienen un talento natural para las artes físicas: rápidos, fuertes, con cuerpos imponentes que no necesitan entrenamiento.

Y luego estoy yo… que nací con las tres cosas.

No es sorprendente, considerando quiénes son mis padres. Todos los miembros del Gremio tienen hijos poderosos, pero incluso entre ellos, yo destaco.

Mi padre es posiblemente el demonio más fuerte del Gremio, sin contar a los fundadores que son demonios, claro, y es el mayor usuario del poder de la destrucción de toda la creación. Lo conocen como la Destrucción misma.

Excluyendo a los fundadores, sólo mi tío Sebastián y Lord Zeldris pueden competir con él, tal vez también Lord Marcus, aunque ni mi padre está seguro de eso.

Y luego está mi madre, que básicamente es la versión femenina de mi padre. Tiene exactamente el mismo nivel de poder, así que entre todos mis hermanos, yo soy el más fuerte. Solo Crimson y Carmine, los gemelos, podían compararse conmigo… hasta que superé sus poderes hace años.

En un multiverso donde la ley del más fuerte es la ley universal, ser una de las más fuertes debería haberme hecho feliz. Después de todo, no hay nada ni nadie que no pueda vencer, ya que solo mi madre o padre es más fuerte que yo, y me deja hacer lo que me plazca gracias a mi poder.

¿Entonces por qué estoy tan aburrida?

“¿Estás segura de esto?”, pregunta mi madre, con sus ojos grises mirándome desde su trono.

El trono estaba hecho de lo que parecía un material parecido a huesos de color negro y igualmente el trono tenía impuesto partes marcadas en rujas que brilla ligeramente rojo.

Con su pelo rojo llameante y su ceño fruncido casi permanente, está usando una armadura negra, completamente cubriendo su cuerpo, no enseñando abajo de esta su gran figura.

“Lo haré. Voy a salir a hablar con mi padre”, acepto, haciéndola detenerse mientras me mira fijamente, antes de que su ceño se ablande brevemente y me regale una sonrisa orgullosa.

“Muy bien, si esto es lo que deseas, que así sea. No regreses hasta que seas lo suficientemente fuerte para superar las pruebas. Puede que seas mi hijo predilecto, pero si regresas débil, morirás como los demás”, advierte Alexandra, haciéndome asentir.

Sé cómo funciona este mundo y sé a qué estoy renunciando.

“Lo haré, madre”, digo con seguridad, haciéndola sonreír cálidamente.

“Te extrañaré, al igual que las chicas de este mundo sospecho”, dice Alexandra con una risita cómplice. “Pero quizás esto sea lo mejor, y volverás a el imperio más fuerte de lo que te fuiste. Ya veremos. Adiós, Jr”. “Yo también te extrañaré, adiós, madre”, le digo con una ligera reverencia. Aunque sea mi madre, sigue siendo la reina de este mundo y merece el respeto que se merece.

Principalmente porque si no se lo muestro, lo tomará como un desafío y no es una batalla que pueda ganar.

Echando un último vistazo a mi alrededor, le hago un último gesto con la cabeza mientras me teletransporto fuera del mundo en el que crecí, apareciendo frente a una enorme palacio negro.

No es que nunca vuelva a ver ese mundo, pero sospecho que pasará mucho tiempo antes de que pueda regresar. No pasa nada, esto es básicamente un viaje de entrenamiento.

Al entrar en el palacio, las enormes puertas se abren sin necesidad de tocarlas mientras camino hacia una sala del trono diferente, una que parece mucho más tradicional, incluso con el aire de señor oscuro que transmiten las cadenas, las jaulas y los picos.

Mi padre es un poco dramático, recostado en su trono con docenas de mujeres a su alrededor, mirándome con ojos rojos y divertidos.

Heredé su pelo rojo (cómo mi madre) y sus ojos rojos, aunque mi estilo de vida activo al aire libre me ha dejado con un cuerpo más bronceado que su piel blanca y pálida. También soy más grande que él, con músculos mucho más grandes, pero sin duda es ridículamente más fuerte que yo. Mi pelo también es mucho más rebelde que el suyo, y me llega más abajo de los hombros.

“Oye, viejo”, le digo, viéndolo despedir a sus chicas con un gesto de la mano.

“Decidiste seguir adelante después de todo, ¿eh?”, pregunta Alexander senior con una sonrisa perezosa, haciéndome asentir. “Lo he preparado todo como me pediste, y esta es tu última oportunidad para echarte atrás. ¿De verdad estás seguro de que quieres seguir adelante con esto? Si es así, no aceptaré ninguna duda.”

“Pero sí, estoy seguro, viejo”, digo, haciéndole negar con la cabeza con una sonrisa. “Esto es lo que quiero”.

“Estás qué quieres que elija tu primer mundo” preguntó su padre haciendo que asintiera la cabeza.

“Seguro que eliges algo lo suficientemente entretenido para mí”, le digo simplemente, haciéndole encogerse de hombros.

“Tienes algo de razón pero para que sepas modifique el mundo para hacerlo más entretenido” asintió su padre.

“Bueno, ahora ya no puedo decirte que elijas, otro mundo llorarías si tuvieras que esforzarte por una vez y se desperdiciara”, le digo, haciéndole encogerse de hombros.

Papá es bastante tranquilo; no le importa demasiado si le faltan al respeto, (por lo menos no le importa si es alguien del gremio o uno de sus hijos o amantes). De hecho, es un buen padre, aunque rehúye la responsabilidad como la peste.

También es el mejor facilitador para sus hijos, dispuesto a dejarles hacer prácticamente todo lo que quieran, sin importar si es buena idea o no.

“Bueno, entonces estoy listo cuando tú lo estés. Solo un aviso, esto va a ser un desastre”, dice su padre con naturalidad.

“Ya me lo imaginaba, pero estoy listo”, digo, con una sonrisa cariñosa pero divertida.

“En ese caso, diviértete, mocoso, y trata de no tomarte las cosas demasiado en serio. Te veo cuando termines tu primer mundo”, dice su padre, chasqueando los dedos y mi visión se oscurece.

Cuándo hablé con mi padre, preguntándole si podría unirme a gremio, me preguntó mis razones y eran simples. Quería un Multiverso para mí mismo. En el momento que nací todos los enemigos peligrosos de los Multiverso de mi madre y padre fueron eliminados por ellos hace mucho tiempo.

De eso nunca tuve ningún combatiente suficientemente digno, para enfrentarme los únicos, siendo mis padres, y en uno de mis hermanos, (y posiblemente en unos miembros del gremio pero intentaba no interactuar con ellos, dado a política interna del gremio más que otra cosa) y todos los seres cósmicos de ambos Multiverso fueron asesinados o son miembros de los harem de sus padres.

Dado eso le pregunto a su padre, si podría reservarle un espacio para convertirse en un nuevo miembro del gremio, y el aceptó.

Abrí los ojos lentamente, permitiendo que la luz del nuevo mundo se filtrara por mi visión. Me encontraba en medio de un enorme bosque, los árboles altos y viejos formaban un techo natural que dejaba pasar solo fragmentos de luz. El aire estaba cargado de energía… y algo más.

Cerré los ojos por un momento y me concentré. Extendí mis sentidos, sintiendo cada rincón del planeta. Presencias. Muchas. La mayoría débiles, irrelevantes. Pero entre todas, algunas destacaban. No eran monstruos ni entidades cósmicas, pero sí lo suficientemente fuertes como para despertar algo de interés.

Sonreí.

“Al menos no va a ser completamente aburrido”, murmuré para mí mismo.

Me crucé de brazos, observando el cielo por entre las hojas.

“Ahora… ¿qué debería hacer?”, me pregunté, más curioso que preocupado. Lo primero sería entender este mundo, antes de tomar cualquier decisión. No era idiota. Podía ser arrogante, sí, pero no estúpido. Y si planeaba divertirme en este viaje, más me valía saber con qué estaba jugando.

-más tarde-

Tras salir del bosque, descubrí que la ciudad más cercana estaba a unos días de distancia caminando. Nada complicado para mí, claro. Podía estar ahí en minutos si usaba mi velocidad real… pero decidí no hacerlo. No por ahora.

Así que me dirigí al pueblo más cercano.

Usé mi magia demoníaca de control mental para sacar información de la gente. No me detuve con uno o dos… terminé interrogando entre setenta y cinco y noventa personas. Algunos resistieron más que otros, pero al final todos cantaron.

Aprendí que este mundo era uno de esos donde los humanos, por algún motivo, obtenían poderes. No reconocía a ninguno de los mencionados, pero seguían repitiendo nombres como “Liga de la Justicia”, “Superman”, “Wonder Woman”, “Batman”…

Robé un teléfono de uno de esos humanos comunes y corrientes, y comencé a investigar por mi cuenta. El acceso a información aquí es absurdamente fácil. La mayoría de los héroes estaban incluso registrados en algo llamado “Wikipedia”.

Fue entonces cuando encontré algo que captó mi atención: Gotham City.

Una ciudad llena de crimen, corrupción, caos… un lugar podrido hasta la médula. Y aun así, según todo lo que leía, un solo hombre sin poderes mantenía a raya a gran parte de la escoria. Sonreí. Eso sí sonaba interesante.

Sentado en una banca cercana, decidí que era hora de cambiar mi estilo. Mi armadura habitual oscura, infernal, con runas que brillaban débilmente en rojo llamaría demasiado la atención aquí. No necesitaba ser sutil, pero sí práctico.

La reemplacé por algo más mundano: una camiseta negra, encima un suéter del mismo color, jeans de mezclilla azul oscuro, y unos zapatos negros con detalles rojos. El pobre bastardo al que le robé la ropa definitivamente tenía buen gusto. Hasta olía bien.

“Definitivamente necesitaba un lugar para quedarme”, pensé, mientras echaba un vistazo alrededor.

Fue entonces cuando la vi.

De pie frente a una pequeña cafetería, una mujer llamaba mi atención de inmediato. Cabello liso y negro, ojos oscuros, y una figura que dejaba poco a la imaginación, a pesar del traje de negocios que intentaba, sin éxito, ocultarla.

Sonreí.

Sí, definitivamente acabo de encontrar mi nuevo hogar.

-más tarde-

Me levanté de la enorme cama con una sonrisa perezosa en el rostro, estirando los brazos mientras el sol se filtraba por las cortinas. A mi lado, aún dormida, estaba mi primera adquisición en este mundo. Su nombre era Jennifer.

Le di una nalgada firme, disfrutando del suave sonido que hizo contra su piel. Se revolvió apenas, murmurando algo incomprensible, pero no se despertó. La pobre estaba agotada… no la culpaba.

Jennifer trabajaba en una de las ramas corporativas de LexCorp. Una mujer con clase, posición… y una cuenta bancaria que eliminaba cualquier necesidad de preocuparme por dónde quedarme. La había conocido la noche anterior. Una mirada, unas palabras, un poco de magia demoníaca sutil, y ya estaba mía.

Nada mal para mi primer día.

Caminé desnudo hasta una esquina de la habitación donde una computadora descansaba sobre un escritorio de diseño elegante. Me senté frente an ella, encendí la máquina con un gesto de mi mano y comencé a revisar la información que había recopilado hasta ahora.

-más tarde-

Sonreí para mí mismo, recostado con comodidad en mi trono. Estaba hecho de un material similar al oro, aunque mucho más resistente. Desde allí observaba la pantalla frente a mí, donde diferentes medios de hablando sobre un tema que le interesaba.

Mi nueva organización era el tema de conversación en todas partes.

Después de una investigación lenta y meticulosa, decidí moverme directamente a Gotham.

Empecé por lo bajo, eliminando mafias pequeñas y pandillas insignificantes, absorbiéndolas poco a poco. Recluté a los superhumanos útiles; a los que se negaron, simplemente los maté y usé mi técnica maldita: Soul Chain.

Absorbí sus poderes, sus recuerdos, sus habilidades.

En cuanto a los humanos… como el Pingüino, Máscara Negra, y otros líderes criminales, no gasté mi magia, usándola en ellos. Les robé todo. Fortunas, propiedades, contactos. Convertí sus propios imperios en piezas para el mío.

Y mientras tanto, fui esculpiendo otra cara ante el público.

Adquirí propiedades públicas, abrí refugios, repartí comida, organicé eventos de caridad. Me presenté como un joven empresario carismático y filántropo que sólo quería “ayudar a reconstruir Gotham desde dentro”. Me volví el favorito de los noticieros, de los huérfanos, de las madres solteras y de los políticos que sabían a quién debían lamerle las botas.

Ahora, desde la cima de mi enorme penthouse, con vista privilegiada a la ciudad, contemplaba mi obra.

Y no solo eso… podía sentirlo. Él me observaba.

El murciélago.

Me di cuenta de su presencia incluso antes de que cruzara la línea del horizonte de mi penthouse. Aún así, fingí sorpresa cuando la figura oscura apareció, caminando desde las sombras con esa típica teatralidad suya.

¿Quién eres? gruñó Batman sin preámbulos, con voz grave, lanzándome una carpeta a los pies. He buscado todo sobre ti. No existe ningún registro. No hay acta de nacimiento, historial médico, educativo… nada.

Me limité a sonreír mientras tomaba la carpeta y hojeaba los documentos sin ningún apuro.

Oh, murciélago… estás frustrado. Se nota dije con un tono calmado, divertido incluso.

Entonces arrojó tres fotos sobre la mesa.

Tres mujeres, Selina Kyle, Harleen Quinzel, Pamela Isley.

Las tres saliendo de lo que parecía una clínica privada. Y los papeles médicos lo confirmaban: estaban embarazadas.

Las tres viven en la misma casa añadió con los dientes apretados. Esa fue la pista que me llevó a ti.

¿Y qué esperabas encontrar? repliqué, cruzando una pierna sobre la otra mientras dejaba la copa de vino sobre la mesa.

Murciélago dio un paso al frente, y sin mediar palabra, intentó golpearme. Fue rápido, preciso… para un humano. Pero para mí, todo se movía en cámara lenta.

Lo atrapé por el cuello con una sola mano, levantándolo del suelo como si fuera un niño desobediente.

Ese fue tu error, murciélago. Pensar que soy un simple humano con dinero e inteligencia. Qué decepción murmuré, apretando apenas, lo suficiente para que le faltara el aire, sin matarlo.

Mi poder se activó sin que él pudiera resistirse.

En cuestión de segundos, el Caballero Oscuro ya no era más que otro peón en mi tablero.

Y no fue el último.

Poco a poco, todos los miembros de su “familia” cayeron ante mí. Uno tras otro, bajo mi influencia sutil y firme. Bárbara Gordon fue la primera. Inteligente, astuta… y demasiado vulnerable cuando su mentor desapareció. Luego Katherine Kane, la orgullosa Batwoman…después los demás…

Ambas resistieron al principio. Lo suficiente para divertirme. Pero eventualmente, como todos, se rindieron.

Ahora vivían conmigo. Y estaban embarazadas.

Todo se había alineado a la perfección. La Ciudad del Murciélago ya no era de él.

Era mía.

Y lo mejor… apenas comenzaba.

-más tarde-

El observaba con una sonrisa tranquila, aunque sus ojos brillaban con una mezcla peligrosa de orgullo y ambición.

Frente a él, en una pequeña cápsula de vidrio refrigerado, yacía la primera pastilla. Del tamaño de una uña, de un rojo oscuro con vetas negras pulsando como si tuviera un corazón latente. El fruto de semanas de trabajo forzado, ajustes genéticos y experimentación con su propia sangre.

Es perfecta murmuró, girando la pastilla entre sus dedos mientras Mr. Freeze, aún temblando ligeramente, lo observaba en silencio desde su cápsula de contención.

La voz metálica del científico interrumpió el momento de contemplación.

La estabilización tomó más de lo que esperaba… pero es viable. La sangre que me diste reacciona con los núcleos mágicos sintéticos. Esta pastilla puede otorgar a un humano corriente un fragmento de tu poder. Temporalmente… pero con efectos devastadores.

El soltó una carcajada baja.

¿Temporal? No importa. Lo que importa es que funciona. Que cualquiera que tome esto será más que humano. Serán míos.

Miró a Freeze como si fuera un perro bien entrenado.

Bien hecho, esclavo. Muy bien hecho.

Sin esperar respuesta, el caminó hacia el ventanal de su laboratorio subterráneo, contemplando la ciudad bajo él.

Comenzaremos la producción en masa de inmediato.

-más tarde-

Desde lo alto de la torre más alta de Star City, observé mi obra.

Star City ahora era mía. Igual que Gotham.

Moví ligeramente la cabeza, y mis ojos se posaron sobre el patético estado de Oliver Queen.

El gran Green Arrow… ahora reducido a un simple perro encadenado a mis pies.

Sus muñecas estaban atadas con cadenas hechas de un metal especial, templado con magia. No podía moverse. No podía escapar. Apenas podía respirar con dignidad.

¿Qué se siente, Queen? pregunté con una sonrisa burlona. ¿Ver cómo todo por lo que luchaste ahora me pertenece?

La puerta de la habitación donde estaban, se abrió de esta saliendo una mujer que ambos conocían. Dinah Drake. La orgullosa Black Canary.

Ya no vestía su traje negro de batalla ni su chaqueta de cuero. Ahora llevaba algo mucho más… revelador. Su piel bronceada relucía bajo las luces, y su cuerpo estaba expuesto casi por completo. Solo una mínima tela cubría sus partes íntimas, pero no ocultaba la marca sobre su vientre.

Una marca negra, con forma de corazón y alas, justo arriba de su útero.

Dinah… susurró Oliver con horror en sus ojos al verla caminar hacia mí, segura, tranquila… rota.

Ella no respondió. Solo se arrodilló junto a mi trono improvisado, con una mirada vacía y al mismo tiempo satisfecha. La marca en su vientre brillaba con un leve resplandor carmesí. Dentro de ella, ya crecía mi sangre.

La tomé antes que a ti le dije a Queen, disfrutando del momento. Quería que lo vieras. Quería que supieras que hasta tu más grande amor, tu otra mitad… eligió servirme antes que morir contigo.

El dolor en sus ojos fue delicioso.

Extendí una mano hacia él, y en un instante, mi poder lo envolvió. Lo que le hice al Murciélago, lo que hice a tantos otros… ahora se repetía.

Oliver gritó. Peleó Resistió.

Pero al final, todos caen.

-más tarde-

Mientras Talia al Ghul se encontraba sentada sobre mis piernas, su trasero se movía con lentitud y presión, amasando con descaro mi entrepierna. Estaba en mi trono dorado, uno de mis tesoros que pertenecían en mi tesorería, mientras observaba cómo los antiguos miembros de la Liga de Asesinos eran capturados, encadenados, y algunos, inyectados con sangre de demonio para fortalecerlos.

Cuando descubrí la existencia de la Liga gracias a los recuerdos del murciélago, mi primera intención fue erradicarla por completo. Pero cambié de opinión.

Serían carne de cañón útil.

Ra’s al Ghul yacía encadenado con grilletes forjados en magia oscura, ojos en blanco, la mente completamente vaciada. Había tomado cada recuerdo, cada pensamiento útil de su viejo cerebro y los había absorbido. Su conciencia se desintegró ante la fuerza de mi voluntad.

Gracias a él y al murciélago ahora tenía una visión casi absoluta de este mundo.

Metí el cuerpo inerte del viejo en mi espacio dimensional una extensión mágica de mí mismo donde guardo mis pertenencias.

Talia aún no decía nada, pero seguía moviendo las caderas. Podía sentir la tensión en su cuerpo, el rencor latente, la repulsión por lo que ahora era. Pero no importaba. Eventualmente, la rompería. Como a todas las demás.

Puse mis manos sobre su trasero y, con un simple gesto, nos teletransporté, dejando an mis nuevos siervos en lo que alguna vez fue la sagrada base de la Liga de Asesinos.

-más tarde-

Los dioses alrededor del Olimpo se alertaron cuando escucharon un estruendo cerca del dominio de Artemisa, pero este no se escuchó como uno de dioses entrenados, lo cual no hacían o luchando, sino en forma de un ataque descuidado y hostil que estremeció la tierra, llamando su atención.

La diosa Artemisa, al prácticamente suceder El Estruendo cerca de su dominio, no demoró mucho en aparecer junto a un pelotón de sus cazadoras a su espalda para tratar con lo que sea que causó ese estruendo.

Artemisa frunció el ceño cuando vio un cráter algo grande y profundo en el lugar que parecía que había sido limpiado.

¿¡Quiénes son!?… demandó con voz imponente y poderosa la diosa de la caza.

Alexander vio con interés a la sexy chica ante él; tenía un hermoso cabello rubio rojizo, ojos azul claros pero feroces y una buena complexión física como la de una luchadora. Vestía un equipo de batalla con algunas partes descubiertas, mostrando su cremosa piel blanca; tenía un arco dorado, por lo que notó, al igual que su redil de mujeres detrás de ella, pero las de ellas eran normales, con unas pocas teniendo algunas espadas. Él las señaló a todas como sexys a su forma y esa mirada feroz.

El cielo se volvió de un color rojo y de este un agujero negro se abrió, pareciendo como si el cielo mismo se rompiera. De la grieta, una gran cantidad de criaturas humanoides salieron de estas criaturas, teniendo la presencia de un murciélago humanoide con escamas de dragón por su cuerpo de las criaturas.

Rápidamente golpeó a la diosa en la cara, haciendo que se desmayara, y la absorbió en un portal creado por él rápidamente. Hizo lo mismo con su grupo entero de cazadores, noqueándolas rápidamente.

No, toda la distancia, un grupo de lo que podría sentir tenían negado, entonces posiblemente sería un grupo de dioses, y pudo notar que uno de ellos no estaba contento más que los otros.

De un gran parpadeo. Enfrente de él, aparecieron cuatro figuras. El que lo estaba mirando, conoció y con rabia. Era un hombre muy atractivo, con el pelo largo y rubio, piel bronceada y ojos dorados como el sol, con pestañas del color de su pelo. Suele llevar su atuendo habitual en combate, salvo en el caso de su armadura. Su atuendo incluye una larga capa blanca sujeta por su accesorio dorado y una falda de gladiador de dos piezas de color naranja rojizo con estampados dorados que comienzan desde abajo.

El otro hombre que estaba junto a él tiene ojos verdeazulados y lleva múltiples accesorios dorados. Lleva un casco dorado con alas y botas aladas.

El más grande del grupo era un hombre alto y musculoso con cabello largo y puntiagudo de color naranja. Lleva una hombrera derecha y un peto de tiro con arco. Su brazo izquierdo luce un brazalete dorado adornado que cubre su bíceps. También lleva una falda escocesa de piel de león, un cinturón de campeón y sencillas sandalias de cuero. Tiene un tatuaje rojo de diseño desconocido que recorre su torso desde el hombro derecho hasta la parte inferior izquierda del abdomen. Sus ojos son azules.

La última persona era mujer, tiene una altura alta y esbelta, con un físico atlético y elegante. Tiene la piel bronceada, un hermoso cabello castaño claro recogido y ojos color avellana. Ella estaba vestida con una armadura gris.

“Monstruo” escupió el que asumía que era apolo con voz grave. Has osado atacar a nuestra hermana Artemisa… y a sus cazadoras. Si buscas la guerra con el Olimpo, la has encontrado.

Monstruo escupió con voz grave. Has osado atacar a nuestra hermana Artemisa… y a sus cazadoras. Si buscas la guerra con el Olimpo, la has encontrado.

“Te atreves a burlarte de Apolo en su propia hogar en nuestro hogar” dijo el que asume que era Heracles.

“Devuélvenos a Artemisa y a nuestras cazadoras ahora, y quizás consideremos no arrancarte el alma en pedazos” dijo la que asumía era Atenea.

Alexander rió suavemente, dejando la copa flotando en el aire. Se levantó de su trono dorado, su figura eclipsando la luz del sol. Su energía demoníaca se liberó en ondas oscuras que hicieron temblar las columnas del Olimpo.

¿Artemisa? dijo en tono despreocupado. “Oh, está bien… conmigo. Dormida, pero bien. Es mía ahora. Igual que sus pequeñas cazadoras”.

Los ojos de los dioses ardieron de furia, especialmente los de Apolo.

Alexander dio un paso al frente, cruzando los brazos.

“Voy a ser claro no vine a pedir permiso ni a jugar a sus reglas. Vine a tomar lo que quiero. Y hasta ahora… sonrió, con un brillo de locura y placer en la mirada el Olimpo me ha dado buenos regalos”.

Un silencio pesado se apoderó del lugar, roto solo cuando el coloso de cabello anaranjado dio un rugido y desenvainó una espada divina, la hoja brillando con energía divina.

¡Entonces los dioses del Olimpo te darán la única cosa que mereces… la muerte!

El coloso rugió y cargó como un toro, su espada ardiendo en llamas sagradas. Cada golpe era capaz de partir montañas, pero Alexander lo esquivaba.

Con un solo puñetazo, Alexander rompió la espada divina. Hércules lo miró horrorizado justo antes de que una cadena negra lo envolviera y lo elevara en el aire. Alexander saltó, atravesando su pecho con una mano envuelta en energía demoníaca, arrancando su núcleo divino.

El cuerpo del campeón cayó pesadamente, mientras Alexander absorbía su fuerza, sintiendo cómo sus músculos se endurecían y su poder físico superaba incluso al del semidiós más fuerte.

Hermes fue el segundo en moverse, desapareciendo en un destello de velocidad. Apareció detrás de Alexander, su daga buscando su cuello. “Demasiado lento” susurró Alexander, atrapando la muñeca del dios antes de que la hoja lo tocara. Con un movimiento brutal, lo estrelló contra el suelo, rompiendo mármol.

Hermes intentó huir, pero cadenas negras brotaron del suelo, envolviéndolo como serpientes. Alexander clavó su mano en el pecho del dios, extrayendo una esfera de luz dorada que palpitaba con energía divina. Hermes gritó cuando su poder fue drenado, hasta quedar inerte.

Apolo, enfurecido, desató una lluvia de flechas solares, cada una capaz de incinerar ciudades enteras. El cielo se volvió un infierno dorado, pero Alexander levantó una mano y todo el fuego fue devorado por un portal negro.

“Lindo espectáculo de luces” se burló Alexander. “Ahora te mostraré el mío”.

Con un gesto, invocó una esfera de energía roja y negra del tamaño de un sol pequeño. La lanzó contra Apolo, quien intentó repelerla con su poder, pero fue inútil.

Alexander lo tomó por el cuello, levantándolo como si fuera un muñeco, y absorbió su poder hasta que su brillo se extinguió. Su piel se volvió más cálida, y sus ojos brillaron con un fulgor dorado mezclado con rojo.

La única que quedaba era Atenea alejada del combate mientras observaba y planeaba en cómo vencerlo.

Eres más lista que ellos dijo Alexander. Sabes que no puedes ganar.

En un instante, apareció frente a ella. Atenea intentó blandir su lanza, pero Alexander desarmó el arma con un simple toque. La tomó del mentón, obligándola a mirarlo a los ojos.

La diosa, inmediatamente se desmayó su cuerpo, cayendo al suelo.

Con un gesto, abrió un portal rojo y absorbió los cuerpos debilitados de Hermes, Hércules y Apolo. Su energía divina fue sellada en orbes oscuros que giraban alrededor de él como planetas.

Alexander tomó a Atenea por la cintura, atrayéndola hacia él mientras el Olimpo ardía en el horizonte.

-Más tarde-

Alexander emergió de un portal rojo sobre las nubes, sus orbes oscuros girando a su alrededor como planetas malditos. Sus pasos resonaban como truenos mientras cruzaba los pasillos de mármol, decorados con oro y fuego.

En la gran sala del trono, los dioses restantes aguardaban. La tensión era palpable.

Ares fue el primero en rugir, lanzándose con un hacha de guerra bañada en sangre divina.

Alexander ni siquiera se movió. Una cadena surgió del suelo, atravesando el pecho de Ares antes de que el dios pudiera blandir su arma. Lo levantó como un muñeco y, con un movimiento seco, arrancó su núcleo divino. Ares gritó una última vez antes de ser absorbido. La esencia de la guerra fluyó por las venas de Alexander, su mirada brillando con un nuevo fulgor carmesí.

Hefesto intentó aprovechar la distracción, lanzando un martillo ardiente forjado en el núcleo de un volcán. Alexander extendió una mano, detuvo el arma en el aire y la aplastó como si fuera de cristal. “Patético…” murmuró antes de aparecer frente al dios herrero y hundir su mano en su pecho. Otro orbe dorado se apagó, y el poder de la forja eterna se unió a su arsenal de habilidades.

Poseidón rugió, invocando un tsunami que partió el suelo del Olimpo, mientras relámpagos caían en todas direcciones. La furia del mar y del cielo se desató al unísono cuando Zeus se unió al ataque, blandiendo su rayo maestro, un poder capaz de desintegrar galaxias.

Alexander solo sonrió. Con un gesto, invocó un portal de oscuridad que devoró la ola. Las cadenas negras salieron disparadas, atrapando los relámpagos y redirigiéndolos contra sus dueños. En un parpadeo, apareció entre ambos dioses, golpeando a Poseidón con tal fuerza que su tridente se rompió en mil pedazos. Con la otra mano, agarró a Zeus del cuello, atravesando su pecho con energía demoníaca.

Los dos grandes dioses cayeron de rodillas, debilitados, mientras cadenas imbuidas con energía demoníaca los envolvían, aprisionándolos como bestias derrotadas. Sus rugidos de cólera se ahogaron cuando Alexander absorbió parte de sus núcleos divinos, dejándolos vivos únicamente para contemplar su humillación eterna.

Alexander avanzó hasta el trono de Zeus, ahora vacío y sin dueño. Se sentó, dejando que las cadenas negras se extendieran por toda la sala, convirtiéndola en su dominio.

-Más tarde-

El inframundo no fue tan difícil en tomar después de tomar el Olimpo gracias a las habilidades que había tomado me fue fácil ir entre el inframundo y derrotar a todos los dioses que necesitaba vencer, tomando sus poderes.

Ahorita mismo estaba sentado en el trono del inframundo, viendo a un Hades en el suelo, su cuerpo cubierto con mis cadenas.

Mientras su esposa me estaba dando una mamada, viéndome con puro afecto después que le rompí mentalmente.

Levantándome del trono, saqué mi entrepierna de entre la boca de Perséfone, dirigiéndome a Hades antes de meter mi mano en su pecho, absorbiendo su poder completo.

-Más tarde-

Zeus y Poseidón abrieron los ojos, ambos aúnsintiéndose débiles, dado el enfrentamiento que habían tenido, pero cuando los abrieron se sorprendieronpor lo que estaban mirando.

Actualmente, el bastardo que había invadido el hogarestaba teniendo una orgía con todas las diosas del Olimpo, incluyendo con las esposas de ambos.

Pero ambos diosesnotaron la marca en el estómago de cada una, pero eso aún no tuvo su rabia, por ver el placer viniendo de esas perras traidoras.

La orilla continúa por varias horas, hasta que la última de los grupos de dioses se desmayó arriba del pelirrojo bastardo. Este lentamente salió, se fue de la cama y se acercó donde ellos estaban.

“Disfrutaron mis lindos cornudos”, dijo la pequeña Mierda con arrogancia, pero antes que cualquiera de los dioses mayorespudiera decir algo, ambos tuvieron que suprimir un grito, dado que sospechas fueron rotos, y un brazoestaba atravesando sus pechos.

“Solo quería hacerles ntr antes que tomara sus poderes” fueron las últimas palabras que escucharon.

-más tarde-

Después de tomar el Olimpo no fue difícil en someter a las amazonas. Después de agregar a cada una el mi harem la noticia llegó a Diana ella dirigiéndose a la isla.

Me hubiera gustado decir que nuestra pelea fue algo difícil por mi parte, pero no a este punto decidí simplemente dejar de jugar con mis oponentes la derrote fácilmente.

Después la tomé como todas las demás, pero esto agarró la atención de todo el mundo, especialmente de todos los meta humanos en este planeta, por fin, revelándome en a mundo.

A este punto mi ejército ya estaba formado, ya no había punto en fingir. Dejando a mi ejército de diablos salir, empezaron a tomarse ciudades y yo como un buen rey ya empecé a dividir las tierras de las nuevas familias nobles que vivirían en estas.

No ayudo que darkside había decidido invadir la tierra. Lo que quedaba de la liga de la justicia decidieron lidiando con darkside.

Sólo a algunos héroes decidiendo concentrarse en mi y mi ejército. Jugaría con los teen titans quería ver si ellos podrían darle un verdadero reto, y si no bueno, siempre se podría divertir con las mujeres y después con ayuda de Raven invocar a su padre, para en verdad empezar una batalla entre demonios.

-Raven-

El humo se levantaba de lo que quedaba del campo de batalla. Edificios destrozados, llamas carmesí devorando el cielo y el suelo marcado por cicatrices negras de energía demoníaca.

Raven, temblando de cansancio, abrió los ojos apenas para ver a sus amigos. Cyborg, destrozado algunas de sus partes mecánicas, completamente arrancadas de su piel, sacando sangre de las heridas. Beast Boy estaba en el suelo, una de sus piernas, completamente arrancada, mientras lentamente empezó a volver a su humana, después de transformarse en un mono. Starfire, por su parte estaba en cadenas amarrándola corona magia, extraña, que nunca había visto. Wally fue el único de ellos, que aún estaba en pie, su cuerpo cubierto de electricidad azul.

Y allí estaba él.

Alexander Marcus Gremory el hombre que ahora se estaba llamando un rey demonio y que poseía un ejército de demonios enorme, junto que ahora era el rey del Olimpo derrotando a los dioses del panteón griego.

Wally antes que se pudiera mover, Alexander se movió enfrente de él y lo agarró del cuello, cerrando los ojos, no vio cuando Alexander le rompió el cuello a su amigo, y absorbió su energía, volviendo su cuerpo en polvo, mientras una electricidad carmesí empezó a cubrir el cuerpo de Alexander.

Ahora tiene la Speed Force.

Y en ese momento, sus ojos se movieron a ella, haciéndola que se moviera incómodamente mientras intentó crear un hechizo, sólo para que fallara.

Antes que podría mover, y intentar otra cosa, su cuello, fue rápidamente agarrado por Alexander “tú pequeña, Raven… serás la llave para abrir las puertas del infierno y traer a tu padre”.

-más tarde-

Las cadenas rituales de obsidiana se hundían en la piel de Raven, mientras el círculo demoníaco ardía con runas rojas y negras. El aire estaba cargado de energía, tan densa que parecía aplastar los pulmones de cualquiera que aún respirara cerca.

El momento ha llegado, Raven. Abre las puertas.

Ella gritó, sus ojos tornándose negros con pupilas rojas brillantes mientras su cuerpo se arqueaba. Desde el abismo emergieron voces, risas, gritos de odio y hambre. Una grieta carmesí se abrió tras de ella y de allí comenzó a salir la esencia misma de Trigon, un torrente de energía negra con matices púrpura que se incrustaba en su cuerpo.

Sus alas demoníacas estallaron desde su espalda, cuernos curvados surgieron de su frente, y su voz se volvió un coro de miles al gritar.

Y por fin, atendió el propósito de este ritual, ese bastardo hermoso pelirrojo, quería que absorbiera el poder de su padre.

Pero no solo absorbió a su padre. Una tras otra, las presencias de sus hermanos demoníacos fueron arrancadas de las profundidades. Las almas de sus hermanas, de sus clones, de todos los fragmentos del linaje de Trigon, se fundieron en su ser.

El suelo se quebró cuando extendió su mano hacia Alexander, lanzando un maremoto de oscuridad pura, más vasta que la noche. La magia se retorció para devorar incluso la luz carmesí de sus llamas. Por primera vez, el aire vibraba con un poder comparable al suyo.

Pero Alexander sonrió.

En un parpadeo, apareció frente a ella, su cuerpo envuelto en electricidad roja, atravesando la oscuridad como si fuera humo. Su mano chocó contra el pecho de Raven y la energía de la Speed Force se mezcló con sus cadenas malditas, encerrando a la demonio recién ascendida como si fuera una presa atrapada.

“Incluso más poderosa que tu padre. Pero aún eres mía”.

Con un movimiento, la aplastó contra el suelo, rompiendo la tierra bajo ellos sufrimiéntola con su poder abismal.

Ella rugió, pero las cadenas se cerraron con más fuerza, drenando lo que quedaba de su furia.

Alexander bajó la vista, acariciando su rostro mientras ella lo miraba con odio.

-Alexander-

Ahora, con la Speed Force y mi nueva reina no me tomo mucho tiempo en conquistar este mundo, junto a destruir a todos los dioses de esta mundo, absorbiéndolos y agregándolos a su poder, junto tomando a las diosas que quería y dejando vivir a los dioses, que no decidieron retarlo, y que aún le eran útiles sentado en un trono en que una vez fue apokolips.

Su poder llegó a tan grados que ahora podría llamarse usar conceptual verdadero, dado a representar varios conceptos en este universo, y en muchos más si en verdad mente lo quisiera, podría empezar a mandar mi esencia por el cosmos, aumentando mi influencia por otras realidades.

Ideas perversas, empezaron a aparecer en mi mente, pero la aparición de mi padre me hizo que me calmara. Tal vez existía como el concepto de la muerte, guerra, naturaleza, vida, evolución, maldad y mucho más en este universo pero eso me hizo entender que el nivel entre yo y mi padre, en realidad nunca podría ser superado o por lo menos no en el corto plazo si yo era un pez grande, entonces mi padre sería un puto Leviatán del tamaño de varios planetas llenos de agua.

“Cómo estás muchacho” exclamó mi padre mientras me pegó ligeramente el hombro, haciendo que tuviera que suprimir un grito de dolor, dado al golpe que me dio mi padre que dolió como una perra.

“H-hola padre” dije mientras me levantaba de mi trono, observando a mi padre “bueno, creo que es tiempo que te dé esto, bienvenido a la fundación hijo mío, y ahora ten acceso a tu propio Multiverso” yo en ese momento sentí como mi cerebro, fue conectado a un Network, donde pude sentir que ahora tenía acceso a varias tierras y universos que antes no tenía acceso.

“Disfruta esta nueva libertad hijo mío” dijo mi padre mientras desaparecía en polvo rojo, dejándolo en su sala del trono con este nuevo poder.

Definitivamente disfrutaría, explorando el cosmos.

Fin del oneshot

Joder, esta fue una idea que quise hacer, pero dado que aún no he terminado [rey de la destrucción] decidió hacer esto en vez.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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