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Mis viejas historias - Capítulo 81

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  4. Capítulo 81 - 81 El Rey de los remolinos 4
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81: El Rey de los remolinos 4 81: El Rey de los remolinos 4 La silueta del gran barco se recortaba contra el horizonte, su casco oscuro surcando las aguas tranquilas que rodeaban la olvidada isla de Uzushiogakure.

Sobre su mástil, la bandera del Imperio del Oeste.

De la embarcación descendió una única figura: Naruto.

No vestía sus habituales galas imperiales, sino un sobrio doblete rojo y pantalones negros.

Apenas sus botas pisaron la arena de la playa, una sensación extraña lo invadió.

Una pesadez se apoderó de sus miembros y sintió cómo sus vastas reservas de chakra comenzaban a drenarse a un ritmo alarmante.

Deteniéndose en seco, alzó la vista hacia el cielo despejado, sus ojos azules, escudriñaron el entorno.

Un sello de gran escala, dedujo al instante, cubriendo toda la isla.

Diseñado para absorber el chakra de cualquier intruso.

Se preguntó si era una reliquia de antes de la Segunda Guerra Mundial Shinobi, o si algún sobreviviente hábil lo había activado durante la invasión que borró a Uzushiogakure del mapa.

Sin embargo, una sonrisa casi imperceptible se dibujó en sus labios.

La desventaja de los shinobi de las Naciones Elementales era su dependencia absoluta del chakra.

Sus años en el Oeste le habían enseñado que existían otras energías.

Concentrándose, sintió cómo la magia que ahora fluía por sus venas compensaba el drenaje, manteniendo sus reservas estables.

Este sello, una barrera formidable para cualquier otro, para él era solo una molestia menor.

Reanudó su marcha, adentrándose en lo que una vez fue una gran civilización.

La naturaleza había reclamado su territorio con voracidad; enredaderas estrangulaban los restos de edificios y árboles brotaban entre las grietas del pavimento.

Fue entonces cuando algo captó su atención.

A lo lejos puedo ver a una enorme mansión no pareciendo ser afectada por el tiempo, viéndose en imperfecta condición.

Aceleró el paso, su movimiento era tan rápido que la estela de aire que dejaba a su paso hacía temblar los precarios restos de otras construcciones, derribando con un susurro lo que el tiempo había dejado en pie.

En segundos, estuvo frente a la mansión.

De cerca, la ilusión de perfección se desvaneció.

El polvo lo cubría todo, las telarañas colgaban como cortinas grotescas y la suciedad se acumulaba en cada rendija.

Pateó la puerta principal, haciéndola saltar de sus bisagras con un crujido seco.

El aire era espeso y olía a madera vieja y abandono.

Su mirada se posó en el suelo del recibidor, donde varias espadas y armas cortantes yacían clavadas en las tablas.

El lugar le recordaba vagamente a la residencia del Tercer Hokage, pero en lugar del símbolo de la hoja de Konoha, el remolino rojo de Uzushiogakure estaba grabado y pintado en paredes, muebles y objetos, un recordatorio constante del clan que aquí pereció Exploró metódicamente cada estancia: salones vacíos, dormitorios con camas hechas pero cubiertas de polvo, una biblioteca con estantes vacíos y pergimos deshechos.

Finalmente, solo quedaba una puerta por abrir, al fondo de un corredor.

Por su ubicación y robustez, intuía que era el estudio del antiguo patriarca de este lugar.

Colocó una mano en la superficie de madera maciza de la puerta.

Esta vez, no la derribó.

La empujó suavemente, y con un gemido largo y penoso, cedió, revelando la oscuridad que guardaba en su interior.

Naruto cruzó el umbral, sus ojos ajustándose a la penumbra del estudio.

Allí, sentado tras un escritorio macizo tallado con remolinos, había un hombre.

Su cabello era una cascada roja que le llegaba más allá de los hombros, tan vibrante como el símbolo de su clan.

Una barba carmesí, espesa y bien cuidada, enmarcaba un rostro de facciones nobles.

Sus ojos, de un violeta intenso y penetrante, lo observaban con una calma desconcertante.

Usaba una armadura negra samurái compartes de color rojo.

El hombre ofreció una sonrisa débil, casi melancólica.

“Supongo que no eres un intruso, chico”, dijo él hombres, simplemente.

Naruto no respondió de inmediato, sus agudos sentidos analizando la presencia ante él.

“Solo eres un remanente.

Los últimos vestigios del chakra del original, ¿verdad?” La sonrisa del hombre se ensanchó.

“De hecho.

Soy solo lo que quedaba de mí antes de morir defendiendo mi hogar de aquellos que juraron ser nuestros aliados”, explicó, con un destello de amargura cruzando su rostro.

“Después de colocar el sello en esta isla, un esfuerzo final que debería haber drenado la vida de cualquier intruso…

pero supongo que hay una razón por la que pudiste hacerlo aquí ileso”.

“Durante casi treinta años, he esperado.

Esperé que uno de los nuestros regresara para reclamar lo que queda de nosotros en esta isla.

Me hace inmensamente feliz saber que al menos uno de la sangre de Uzumaki no solo sobrevivió, sino que ha florecido con un poder tan magnífico”.

El hombre levantó una mano.

Desde su palma, se materializó una esfera de rojo intenso, brillante como una gema de sangre.

La esfera se disparó directamente hacia el pecho de Naruto, demasiado rápido para esquivar, pero ni siquiera lo intentó.

No sintió ninguna hostilidad en él.

La esfera se hundió en su torso.

Su visión se difuminó, los contornos del estudio se desvanecieron en parches de color y luego en una oscuridad total.

Sus rodillas se doblaron, y su cuerpo, privado de toda conciencia, se derrumbó fuertemente sobre el polvoriento suelo de madera, mientras el resto del último patriarca de Uzushiogakure comenzó a transferir su conocimiento, sus recuerdos y la verdadera historia de su caída.

-???- Treinta años.

Tres largas décadas habitando este limbo entre la vida y la muerte, anclado en las ruinas de todo lo que una vez amó y gobernó.

Finalmente, incluso la decepción se desvaneció, dando paso a una resignación serena y sombría.

Él esperó.

Esperó a que los últimos vestigios de su chakra se disiparan por completo, liberándolo finalmente de su eterna vigilia, permitiendo que su espíritu se uniera a los de sus antepasados, dejando que la isla y su trágica historia se perdieran para siempre en las nieblas del tiempo.

Pero entonces llegó este joven y, por fin, pudo lograr su propósito, dándole todo el conocimiento de su familia y el control completo de la isla.

Desvaneciéndose lentamente, el último Uzushiokage convocó un libro de un sello en el escritorio, dejándolo fuera de la mansión.

Lo que una vez había sido una aldea completamente destruida se estaba reconstruyendo lentamente, trayendo de vuelta la aldea que había sido destruida después de la aniquilación de su clan.

Con su acto final, el último Uzushiokage se disolvió en partículas blancas, dejando al último de su clan inconsciente en el suelo.

-Naruto- Abriendo los ojos, sintió un intenso dolor en su cabeza, recuerdos de técnicas y conocimiento apareciendo en su mente disipando esos recuerdos se levantó sus ojos, escaneando la habitación que ahora estaba más limpia, y en perfecto estado, y por fin notó que el hombre ya no estaba aquí.

Supongo que ya terminó usando todo el chakra que tenía, pensó no dejándole mucha importancia Al final del día, el hombre sólo era chakra y no valía concentrarse en un hombre muerto.

Pero noto algo un cierto libro en el escritorio la portada decía [Registro de los uzumaki] sólo era una lista de los actuales miembros vivos del Clan, enseñándolo a él como el actual lord uzumaki.

Había sacado más de lo que quería de este viaje qué resto de su viaje sea similar.

-Koyuki Kazahana- Mientras me sentaba en mi nuevo asiento, observo mi alrededor, la gran sala llena de asientos, cada persona sentada, siendo un gobernante importante; después de todo, actualmente estaba en el oeste, en el Consejo de los gobernantes, una reunión comandada por el emperador para reunir a todos sus vasallos.

Incluyéndola a ella, cuando se fue la proposición del emperador, en volverse una de sus esposas para unirse al imperio a cambio, cuando la guerra eventual entre las naciones elementales y el imperio del oeste suceda, su país sería protegido.

Si no hubiera subido que Naruto era el emperador, aún hubiera aceptado, dado que un hombre con 700 esposas y 5000 concubinas no es un hombre que tendría todo el tiempo para concentrarse en sus mujeres; entonces no tendría que preocuparse sobre simplemente ser una máquina de cría para el emperador.

Cerca de su asiento, pudo ver a otros líderes de diferentes países elementales.

Vio a la Sacerdotisa Shion, que gobierna el país de los demonios; la chica era una belleza, entonces no fue difícil saber la razón por la que ella le fue ofrecida a unirse al imperio como a ella.

También puedo ver al nuevo Daimyō del país de las olas, Tazuna.

Y ellos dos no fueron los únicos; más países pequeños como los suyos igualmente sus daimyō habían aceptado unirse al imperio.

De repente, un silencio absoluto cayó sobre la congregación.

Una puerta lateral se abrió y entró el Primer Emperador de Occidente.

Vistió un kimono negro de seda, bordado con dragones dorados que se enroscaban alrededor de su torso.

En su cabeza descansaba una corona simple pero intimidante de metal oscuro, con un solo rubí del tamaño de un huevo en el centro.

“Bienvenidos, gobernantes de mi imperio, habéis venido desde los confines de este mundo unificado porque sois lo suficientemente sabios para reconocer el curso de la historia.

Sois los pilares sobre los que se construye un futuro sin las guerras sin sentido y la codicia mezquina que durante siglos han devastado estas tierras.” “Pronto, tendremos…

invitados.

Emisarios de las llamadas Grandes Aldeas Shinobi, ancladas en el pasado al otro lado del muro.

Creen que su poder es absoluto, que su manera de vida es la única.

Les hemos extendido una invitación para un torneo, un evento donde podrán presenciar de primera mano la fuerza que ahora rige este mundo”.

Una ola de susurros recorrió la sala.

Muchos de los gobernantes más pequeños palidecieron visiblemente.

“Las Grandes Aldeas enviarán a sus orgullosos shinobi, confiados en sus jutsus y su tradición.

Quiero que vean, quiero que entiendan, que el poder que ahora gobierna este mundo trasciende su comprensión.” “Enviadme a vuestros mejores.

Dejad que el mundo vea la diversidad y la fuerza del Imperio Unificado”.

Un coro de asentimientos y murmullos de afirmación llenó la sala.

Fin del capítulo

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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