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Mission Taimanin [ES] - Capítulo 34

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  4. Capítulo 34 - 34 Extra Las hermanas Oni - Parte II
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34: Extra: Las hermanas Oni – Parte II 34: Extra: Las hermanas Oni – Parte II “Plaza central de la Academia Seishou – Mediodía” El sol golpeaba fuerte sobre el campo deportivo de la academia Seishou, pero el aire estaba cargado de un silencio pesado.

Más de mil estudiantes formados al frente de una plataforma elevada de madera reforzada con metal transmutado.

En el centro, se encontraba Hammer, vestido con su uniforme de director y a su lado algo alto envuelto en una sábana que parecía moverse.

Con un solo chasquido, la sábana cayó revelando su interior.

Ahí se encontraba Tomo, atrapada en una cruz de San Andrés de roble, con argollas de metal que palpitaban sutilmente, como si respiraran.

La oni roja estaba semidesnuda, solo llevaba su tanga negra de una sola pieza que apenas cubría sus pezones y abdomen.

Ella no luchaba contra las cadenas; las aceptaba con una expresión seria, casi orgullosa.

—Esto es una advertencia —anunció Hammer con voz clara y resonante, sin necesidad de micrófono —Kira, la hermana menor de Tomo, ha causado daños graves y roto todas las reglas de la academia.

Como responsable de su ingreso y como líder de las pandillas que no supo controlar a su familia, Tomo asumirá el castigo público.

Hammer sacó un flogger largo de cuero trenzado con puntas finas, el mismo que había usado en privado con Tomo incontables veces.

Los estudiantes murmuraron.

Algunos miraban horrorizados; otros, con curiosidad malsana.

El Club Ninja, incluida Sakura en primera fila, observaba en silencio convencida de que el “castigo” de Hammer era justo.

Hammer levantó el flogger.

—Cada golpe es por cada infracción documentada.

Tomo lo soportará todo.

Y si Kira está entre la multitud… que vea lo que cuesta desafiar la autoridad de esta academia.

El primer azote cayó con un chasquido seco.

Las fibras de cuero mordieron el abdomen musculoso de Tomo.

La piel roja se abrió en una línea blanca que inmediatamente se cerró gracias a su regeneración.

Tomo soltó un gemido ronco, mitad dolor, mitad placer.

Su cuerpo se arqueó contra la cruz, rebotando las tetas con el impacto.

—Uno —contó Hammer con calma.

Segundo azote.

Esta vez en los muslos.

La cadena de su cintura tintineó.

Tomo apretó los dientes, pero una sonrisa se dibujó en su rostro, algo que Hammer tapó con su cuerpo para que nadie se diera cuenta de que lo estaba disfrutando.

—Demonios, Tomo —dijo en voz baja—.

Se supone que debes estar sufriendo.

Tomo asintió con la cabeza.

—Tres… cuatro… cinco… Los golpes eran metódicos, no brutales al principio.

Hammer tenía que hacer que durara, quería que todos vieran cómo el cuerpo de Tomo se enrojecía, cómo aparecían las marcas rojas en su piel, cómo sus gemidos se volvían más profundos y más entrecortados, cómo su sudor corría por su abdomen marcado empapando su tanga.

Los estudiantes empezaron a susurrar.

Algunos se removían incómodos; otros, los más pervertidos, no podían apartar la vista.

En algún punto entre el golpe quince y veinte, una figura se abrió paso entre la multitud.

La oni menor, Kira, avanzó con pasos furiosos hacia el escenario.

Ella vestía unos shorts negros rotos, camisa blanca anudada que dejaba ver su abdomen curvilíneo, un moño alto blanco que sostenía su cabello y en su mano derecha sostenía un bate de metal reforzado con alambres de púas, el mismo que había usado para “desmantelar” el culto Nueva Generación y apalear a otros estudiantes.

Kira se paró en frente, sus ojos amarillos ardían y con un grito dijo.

—¡Alto!

—voz cortante como cuchillo—.

¡Ya fue suficiente, maldito director!

Hammer detuvo el siguiente golpe a medio camino.

Giró la cabeza lentamente hacia ella, su aura intimidatoria se activó, intimidando a todos, pero ella parecía resistirlo.

Tomo levantó la mirada, jadeante, y sonrió con dientes afilados.

—Hermana… llegaste… —Kira.

Justo a tiempo —dijo Hammer —Ya es momento de que te… Kira corrió hacia la plataforma, saltó con agilidad de oni y, en un movimiento fluido, golpeó su bate directamente contra la cabeza de Hammer.

El impacto fue brutal.

Un crujido seco resonó en el campo deportivo.

El cráneo de Hammer se hundió visiblemente en el bate, sangre salpicó sobre la cruz de San Andrés y la cara de Tomo, y el cuerpo del director cayó al suelo con el bate aún pegado a la cara.

Auch, eso debió doler.

El campo se llenó de un silencio absoluto, los estudiantes retrocedieron y Sakura se llevó las manos a la boca.

Y Kira, la oni menor, sonrió como una psicópata lamiendo la sangre que salpicó en su cara.

Craso error.

El cuerpo de Hammer se levantó, los huesos de su cabeza crujieron al recolocarse, la sangre retrocedió como si tuviera vida propia menos la que Kira lamió.

El cráneo se reformó en segundos.

—Error fatal, pequeña oni —dijo Hammer con voz baja, peligrosa—.

Acabas de golpear al director delante de toda la academia y además… Kira lo golpeó nuevamente reventándole media cabeza, luego lo golpeó otra vez y otra vez como si su cabeza fuera una piñata hasta que finalmente lo tiró al suelo y lo golpeó con tanta fuerza que literalmente destruyó toda su cabeza.

Kira retrocedió un paso, algo cansada, Hammer se levantó regenerando su cabeza aunque esta vez con algo de furia ya que lo habían interrumpido dos veces.

La oni menor estaba sorprendida, pero aún mantenía una expresión furiosa.

Hammer dio un paso adelante.

—Ya me cansaste niña, ahora… vamos a hablar de verdad.

Tomo soltó una risa ronca desde la cruz.

—Jefe… no seas muy duro con ella… al principio.

Hammer no respondió, solo arremetió contra Kira con la fuerza de sus puños.

Kira atacó, pero con un movimiento fluido, casi perezoso, Hammer levantó el brazo izquierdo y bloqueó el swing del bate de Kira con el antebrazo desnudo.

El metal reforzado con púas chocó contra su piel como si hubiera golpeado una viga de acero.

Hammer sonrió, una sonrisa lenta y fría que no llegaba a sus ojos rojos.

—Interesante.

Tienes fuerza.

Pero no destresa.

Kira rugió y giró el bate en un arco amplio, buscando el costado de Hammer.

Él no esquivó.

Simplemente transmutó su mano derecha y atrapó el mango del bate en pleno vuelo, deteniéndola en seco.

Los músculos de su antebrazo se tensaron bajo la chaqueta, venas rojas brillando por un instante.

Kira tiró con toda su fuerza, pero el bate no se movió ni un centímetro.

—¡Suelta…!

—gruñó con los dientes apretados.

Hammer inclinó la cabeza.

—No.

Con un tirón seco, arrancó el bate de las manos de Kira y lo lanzó por encima de su hombro.

El arma giró en el aire y se clavó en el suelo de la plaza a varios metros, vibrando como una flecha clavada.

Los estudiantes retrocedieron aún más.

Algunos gritaban, otros grababan con sus dispositivos que rápidamente Sakura y los miembros del club ninja confiscaron.

Hammer dio un paso adelante.

Kira retrocedió instintivamente, pero luego se plantó firme.

—Tú… —gruñó—.

¿Qué carajos eres?

Hammer no respondió.

Solo extendió la mano derecha, dedos abiertos como garras.

Kira cargó de nuevo, esta vez sin arma, puños cerrados para un golpe directo al pecho.

Hammer la dejó acercarse, y cuando ella lanzó el puñetazo, él la esquivó con un paso lateral mínimo, giró y la golpeó en la espalda con la palma abierta.

El impacto fue como un martillo.

Kira voló hacia adelante, estrellándose contra la plataforma de madera.

La estructura crujió, pero no se rompió.

Kira se levantó jadeante, tosiendo, pero su regeneración ya cerraba cualquier daño interno.

—No te atrevas a tocarme como si fuera una niña —escupió, voz temblando de rabia.

Hammer rio bajo.

—Pero lo eres.

Una niña rebelde que necesita disciplina.

Kira atacó de nuevo, esta vez con una patada alta apuntando a la cabeza.

Hammer bloqueó con el antebrazo, el impacto resonó como metal contra metal.

Ella encadenó con un puñetazo al abdomen; él lo detuvo con la palma, giró su muñeca y la tiró al suelo con un movimiento fluido de judo.

Kira rodó, se levantó y cargó una vez más.

Hammer suspiró, como si estuviera aburrido, y esta vez se dejó golpear.

El puño de Kira impactó su pecho.

Un crujido seco, pero no de huesos de Hammer… de los nudillos de Kira.

Ella retrocedió, con la mano temblando mientras se regenera lentamente.

—Imposible… —murmuró.

Hammer avanzó.

—Tu turno de aprender, oni.

Hammer la golpeó con un uppercut suave al mentón, levantándola del suelo un metro, para luego agarrarla de la pierna y estrellarla de cara contra el suelo.

Kira estaba medio aturdida, así que Hammer se agachó junto a ella y le dio una nalgada firme en su culo para despertarla.

—Mal comportamiento —dijo con voz paternal—.

Muy mal.

Kira se ruborizó bajo su piel roja, furia y vergüenza mezcladas.

Se levantó de un salto y luego cargó con todo.

Hammer esquivó, la dejó pasar y le dio otra nalgada al pasar.

—Otra vez.

Intenta mejorar.

Kira giró, atacando con una ráfaga de puños y patadas.

Hammer bloqueo, esquio y contraataco con palmadas leves en el abdomen, los muslos, incluso una en las tetas que la hizo jadear.

No la hería gravemente, solo la humillaba, tratándola como una niña en una pelea de entrenamiento.

Los estudiantes restantes, los que no huyeron, murmuraban.

Tomo, aún en la cruz, reía por lo bajo.

Kira jadeaba, exhausta, humillada.

—Basta… basta de juegos… Hammer sonrió.

—De acuerdo.

Hammer extendió la mano derecha, dedos abiertos, una descarga de energía eléctrica crepitó entre sus dedos.

Kira cargó una última vez, pero Hammer chasqueó los dedos y un trueno cayó del cielo fulminando a Kira de un impacto directo.

El rayo la envolvió, electrocutándola en el lugar, su cuerpo convulsionó, humo saliendo de su piel roja, cuernos brillando.

Ella gritó y cayó de rodillas.

Hammer se acercó.

—Y eso fue solo un aperitivo.

Kira levantó la cabeza, ojos amarillos ahora inyectados en rojo sangre.

Su piel escarlata se oscureció a un tono casi rojizo ardiente, músculos hinchándose visiblemente, cuernos creciendo un poco más, sus dientes se afilaron en colmillos largos, y un aura salvaje, hambrienta, emanaba de ella.

—Ah…?

—Hammer lo sintió de inmediato.

Borrando la sonrisa de su rostro.

Kira rugió, un sonido inhumano, gutural.

Su cuerpo creció ligeramente, sus músculos se definieron aún más y sus venas se marcaron en su piel.

Con un empujón salvaje, la oni se liberó, giró y lanzó un puñetazo que hizo crujir el aire.

Hammer lo bloqueó, pero esta vez retrocedió dos pasos.

El suelo bajo sus pies se quebró y cuando Kira gritó.

—¡Te voy a destrozar!

Fue en ese momento que Hammer aplicó una técnica de aikido que redirigió el golpe de Kira hacia un lado, mandala lejos hasta estrellarse contra el nuevo gimnasio de la academia, que apenas tiene una semana de funcionamiento.

Hammer se limpió una gota de sangre de la comisura de la boca y miró hacia Tomo, aún encadenada.

—¿Qué acaba de pasar, Tomo?

Tomo levantó la cabeza, jadeante por los azotes anteriores, y sonrió con malicia.

—Rakshasa, Jefe.

—¿Rakshasa?

—La forma oni más poderosa del mundo demoníaco, capaz de competir contra los mayores poderes del inframundo y someter a los demonios más poderosos.

—Y me lo dices ahora.

—Nunca preguntaste, Jefe.

Y yo también lo soy.

Pero eres tan despistado que nunca te diste cuenta.

Hammer parpadeó, genuinamente sorprendido por un segundo.

Luego sonrió más amplio.

—Vaya.

Eso explica mucho.

Kira volvió a la carga con furia.

Por lo Hammer, decidió acabar con esto, desenvainó una katana que apareció de la nada, con la hoja brillante de energías azules.

—Arte Mortal, magia de viento —dijo, cambiando a modo serio —Tormenta Afilada.

Hammer giró la espada en un arco amplio.

El aire se llenó de cuchillas de viento cargadas de electricidad, envolviendo a Kira en un torbellino cortante.

Ella rugió, intentando romperlo con fuerza bruta, pero las cuchillas la cortaban una y otra vez, agotando su regeneración.

El torbellino duró un minuto eterno y cuando finalmente se cuando se detuvo el giro, Kira cayó de rodillas, con el cuerpo lleno de cortes cerrándose lentamente, su aura Rakshasa desvaneciéndose, ropa hecha un jirón, shorts rasgados, cuerpo expuesto y marcado por las cuchillas de viento.

Hammer se acercó lentamente, envainando nuevamente su katana en lo que parecía una vaina invisible que lo hizo desaparecer.

—Terminó el juego, pequeña.

Kira cayó al suelo, completamente inconsciente.

—¡Se terminó el espectáculo!

—gritó Hammer —.¡Todos regresen a sus aulas!

Los estudiantes obedecieron las órdenes de su director y se fueron, dejando el campo deportivo completamente vacío.

Hammer levantó la mano y chasqueó los dedos, las cadenas de Tomo se soltaron y la oni mayor fue liberada.

—Vamos, Tomo, tengo que hablar contigo y con tu hermana… en privado.

Hammer agarró a Kira por el brazo y la levantó sin esfuerzo, luego apareció un portal que los llevó al departamento compartido de Hammer.

“Departamento privado de Hammer – Academia Seishou, tarde” La puerta se cerró con un chasquido pesado.

El departamento de Hammer era un espacio amplio y austero, paredes de piedra pulida, runas tenues que absorbían el sonido, una cama king-size con sábanas oscuras y una cruz de San Andrés de entrenamiento similar a la del campo deportivo.

Hammer arrojó a Kira sobre la cama.

La oni aterrizó de espaldas, jadeando, aún inconsciente por la Tormenta Afilada.

Sus cortes ya se habían cerrado gracias a la regeneración Rakshasa que aún latía en su interior, pero su ropa estaba hecha jirones, la camisa anudada colgaba en tiras, los shorts rotos apenas cubrían su entrepierna, y su moño alto se había deshecho por completo, dejando su cabello blanco suelto y desordenado.

Tomo entró detrás, ya liberada de sus cadenas y con una expresión de orgullo y excitación contenida.

Caminó con paso seguro y se arrodilló junto a Kira, una mano posesiva en su hombro.

—Despierta, hermanita… el Jefe quiere hablar contigo.

Hammer chasqueó los dedos.

Una pequeña descarga de energía recorrió el cuerpo de Kira.

Ella abrió los ojos de golpe, incorporándose de un salto lista para pelear.

Rápidamente Hammer la somete con facilidad, aún estaban débiles por la batalla, pero la oni menor lo estaba aún más.

—Tradición oni roja —dijo con voz baja, casi ceremonial —El vencedor reclama a la hembra derrotada.

Te vencí en combate público.

Te humillé.

Ahora… me perteneces.

Kira levantó la cabeza de golpe, mostrando sus dientes afilados.

—No soy una hembra cualquiera —escupió —No soy como ella —señaló a Tomo —Yo no me arrodillo ante nadie.

Ni ante ti… ni ante mi padre.

Hammer se acercó despacio, se agachó frente a ella y le tomó la barbilla con dos dedos, obligándola a mirarlo.

—¿Conque problemas con papi no es así?

—preguntó —¿Kurogane el Devorador?

Kira escupió a un lado.

—El mismo.

El bastardo que nos engendró y nos abandonó.

Secuestró a nuestras madres, nos usó como experimentos y se fue.

Lo odio… pero lo entiendo.

Es el más fuerte.

Por eso planeo volver al clan algún día.

No para matarlo… sino para someterlo.

Reclamar el liderazgo.

Y reclamar a mis hermanas —Kira miró a Tomo con intensidad y algo de vergüenza —Oh, así que de esas tenemos.

Tomo soltó una risa baja, casi tierna, y apretó el hombro de Kira.

—Siempre supe que eras ambiciosa, hermanita —dijo Tomo —Pero el Jefe ya me reclamó.

Y no hay vuelta atrás.

Kira intentó liberarse del agarre de Hammer, pero él la mantuvo firme.

Ella intentó morderle la mano.

Hammer no se inmutó; solo apretó más su agarre.

—Tradición es tradición —dijo —Te derroté.

Te humillé delante de todos.

Ahora me perteneces.

Hamme la levantó y la arrojó contra la cama.

Kira forcejeó, pateando, arañando, pero Hammer la inmovilizó con facilidad.

Le arrancó los restos de shorts y camisa de un tirón, dejando su cuerpo curvilíneo expuesto, piel roja brillante, abdomen marcado, tetas firmes y caderas anchas.

Hammer se desabrochó los pantalones, liberando su miembro erecto, venas palpitando con energía demoníaca.

—No… —gruñó Kira, pero su voz temblaba —No me rendiré.

La verga de Hammer entró de un solo empujón profundo.

Kira soltó un alarido que se transformó en gemido ahogado.

Su interior era caliente, apretado y resistente.

Hammer comenzó a moverse con ritmo implacable, con cada embestida golpeando su útero, haciendo que sus tetas rebotaran y que lágrimas de rabia y placer se mezclaran en sus mejillas.

Kira forcejeó al principio, mordiendo, arañando la espalda de Hammer.

Pero con cada embestida, su resistencia se quebraba un poco más.

Ella no lo sabía, pero cuando lamió la sangre de Hammer, instintivamente se condenó, de la misma forma que Tomo ella comenzó a sentir deseos por más ya que esa sangre, que en realidad es mi sangre, había despertado sus poderes de Rakshasa.

Algo que solo lo sabremos vosotros y yo.

Cuando los fluidos demoníacos de Hammer comenzaron a filtrarse en su interior, adictivo y quemante, su voluntad de guerrera comenzó a apagarse gradualmente mientras comenzaba a temblar.

Tomo se acercó a ella, acarició su cabello blanco con ternura posesiva.

—Shh… hermanita… déjate llevar.

El Jefe es mejor que nuestro padre.

Mucho mejor.

Kira jadeó, ojos vidriosos.

—No… no voy a… —pero su voz se quebró en un gemido cuando Hammer aceleró.

—¡Oh…!

¡Me vengo… me vengo… me vengo…!

¡Aaaarrrghhh…!” El clímax llegó rápido y brutal.

Kira se arqueó, chorros de fluido escaparon de su cuerpo convulsionando.

Hammer eyaculó con fuerza dentro de ella, llenándola por completo, incluso goteando el exceso por su cuerpo, marcándola con su esencia especial.

Kira colapsó, jadeando y con la mirada perdida.

No estaba completamente rota… aún quedaba desafío en sus ojos.

Pero su cuerpo ya había cedido, obedeciendo la tradición de los onis rojos impresa en su naturaleza.

Hammer se retiró despacio, dejando que Kira quedara temblando sobre las sábanas.

—Espero que hayas aprendido tu lección —dijo Hammer con voz calmada—.

Ahora… descansa.

Se acercan los exámenes, oni menor, y tienes que estudiar.

Tomo sonrió, acariciando la mejilla de Kira.

Ella cerró los ojos, exhausta, murmurando algo inaudible.

—Hm… ¿Qué pasa Tomo?

—Kira no es la oni menor, Jefe, sino la del medio.

—¿Qué, tienes otra hermana?

—Sí, pero ella todavía es muy joven para la academia.

Así que no te precipites Jefe, a no ser que quieras veinte años en la cárcel.

Hammer lo pensó, síntomas claros de que debe tomarse un descanso de sus labores o su mente se pudrirá con pensamientos degenerados.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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