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More than just humans - Capítulo 28

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  4. Capítulo 28 - 28 Sebastián es Sellado
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28: Sebastián es Sellado 28: Sebastián es Sellado Sebastián, cubierto por una oscuridad cósmica, contempló el cielo mientras una energía negra brotaba de su cuerpo.

Vio llegar a Kuseremo, Minara, Coyuro, Yuzata, Fugotsu y Balero, todos reunidos para intentar detenerlo.

Sebastián juntó las manos y murmuró, casi como un suspiro de condena: —Domo de la muerte… Una cúpula negra se materializó, cubriendo toda la casa de Michael y el bosque circundante.

En su interior, calaveras flotantes surcaban el aire, lanzando miradas fulminantes.

Adán, con voz urgente, advirtió a Minara y Coyuro: —Minara, Coyuro, no intenten calmarlo.

El que está frente a ustedes no es Sebastián.

Minara y Coyuro, sobrecogidos, avisaron al resto del grupo.

Pero la batalla comenzó sin tregua.

Sebastián atacó primero a Kuseremo con un golpe devastador, pero Kuseremo, hábil, lo esquivó y respondió con una patada.

La pierna se partió ante la dureza inhumana de Sebastián, pero Kuseremo se regeneró al instante.

Intentó moldear el cuerpo de Sebastián, pero nada funcionó.

Un golpe brutal lo lanzó contra un árbol.

Meretori, que observaba desde ese árbol, atrapó a Kuseremo y le susurró: —No mires las calaveras… morirás si las ves.

Kuseremo cayó inconsciente, y Meretori lo dejó a salvo antes de volver al combate: —¡Protéjanse!

Los golpes de Sebastián los debilitan.

Kuseremo ha caído.

El caos siguió.

Minara esquivó un golpe de Sebastián por milagro.

Adán intentó sujetar los brazos de Sebastián para que Minara pudiera reaccionar, pero Minara dudó al recordar a su hijo adoptivo.

Coyuro intervino, pero Sebastián arrojó a Adán y Coyuro lejos con una sola embestida.

Sin detenerse, Sebastián lanzó una patada a Minara, pero Fugotsu formó un agujero negro para interceptarlo.

Sebastián, lejos de ser absorbido, aplastó el agujero negro con las manos desintegrándolo.

A continuación, Sebastián venció a Fugotsu y a Meretori, lanzándolos por los aires.

Tomó la katana de Yuzata y se la clavó en el hombro, luego noqueó a Minara, dejándola tendida en el suelo.

El domo desapareció y un grupo de cien personas intentó detener a Sebastián, pero los acabó uno por uno.

Se dirigió, impasible, hacia la casa de Michael, observando los cuerpos caídos, hasta que un rayo impactó frente a él.

De la luz descendió una figura con seis alas, rostro cubierto y armadura dorada.

—Soy Jofiel, arcángel.

Sebastián guardó silencio y atacó con una esfera negra que Jofiel cortó al instante, provocando una explosión y una lluvia de polvo oscuro.

Jofiel, incansable, atacó el aire, pero Sebastián lo sorprendió con un golpe en la pierna.

El arcángel reaccionó, intentando clavar su espada en la espalda de Sebastián, pero la hoja se rompió.

Jofiel arremetió y finalmente logró derribar a Sebastián, quien cayó desmayado.

El arcángel transmitió un mensaje urgente: —¡Miguel, Metatrón, apúrense!

Se ha desmayado, pero si despierta no podré contenerlo.

Cerca, Miguel y Metatrón, dos arcángeles, persiguieron a Vanessa.

Metatrón se acercó con amabilidad: —Señorita Vanessa, le rogamos nos acompañe.

Muy pronto entenderá por qué.

Vanessa, nerviosa y con lágrimas en los ojos, aceptó.

Al llegar, vieron que Sebastián despertó y atacó de nuevo a Jofiel.

Miguel y Metatrón lograron sujetarlo.

Jofiel le propinó un golpe en la cara, rompiendo parte de la masa cósmica y dejando ver el rostro de Sebastián por primera vez.

Sebastián, aturdido, reconoció a Vanessa entre la multitud.

El sentimiento lo dejó en shock; la masa cósmica volvió a cubrir su rostro y endurecer su cuerpo.

Entonces cayeron tres rayos más.

Un serafín y dos apóstoles llegaron, sellando el peligro: —Sellate, caja de la tierra.

Dos piedras se fusionaron formando una caja que aprisionó a Sebastián.

Metatrón tomó la caja y la entregó a Vanessa.

El serafín elevó a los derrotados y pronunció solemne: —Sebastián ha sido sellado hasta el 25 de diciembre de este año.

Hagan lo que sea necesario para que, cuando despierte, no los destruya.

Recuerden, lo que pelea no es él, no es humano ni espíritu conocido.

Todos asintieron.

Arcángeles, apóstoles y serafín desaparecieron.

Vanessa, sollozando, acarició la caja donde había quedado sellado Sebastián, mientras Michael observaba desde las sombras, disfrutando de la devastación lograda.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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