More than just humans - Capítulo 29
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- Capítulo 29 - 29 Búsqueda y muerte
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29: Búsqueda y muerte 29: Búsqueda y muerte Han pasado 32 días desde que sellaron a Sebastián en la caja.
Nadie ha movido un dedo para evitar la catástrofe cuando el sello se rompa y lo libere, destruyéndolo todo a su paso.
En la casa de Michael, Vanessa conversa con Meretori sobre Sebastián.
El aire huele a madera vieja y té frío.
—¿Dónde dejo la caja, Meretori?
—pregunta Vanessa, con la voz apagada y los ojos bajos.
—Dámela a mí —responde Meretori, forzando una sonrisa alegre.
Al notar la tristeza en su rostro, frunce el ceño.
—¿Qué te pasa?
—Nada…
Solo estoy un poco triste —murmura ella, jugueteando con el borde de su manga.
—¿Por Sebastián?
—insiste Meretori.
—Sí —admite Vanessa, bajando la mirada.
Meretori suspira, molesto.
—Primero, ¿por qué aceptaste dejarlo solo porque Michael te lo dijo?
Pensaste que se haría más fuerte y salvaría a más gente, ¿verdad?
—Creí que funcionaría…
—susurra ella, con voz temblorosa.
—No debiste, Vanessa.
Esa fue una de las manipulaciones de Michael.
Solo le importa su organización…
y él mismo.
Meretori le ordena descansar y toma la caja.
Vanessa obedece, exhausta.
En la oficina de Michael, arroja la caja sobre el escritorio con furia.
—¡Ahí tienes a Sebastián!
¿Eso es lo que querías, eh?
—No solo eso —responde Michael con calma fría—.
Quería que fuera más fuerte.
Y veo que falló.
—¡Por Dios, eres un estúpido!
—gruñe Meretori, saliendo furioso.
Meretori apenas cruza la puerta cuando entra Yuzata.
Con un movimiento rápido y letal, apuñala a Michael.
La sangre brota de su boca mientras agoniza.
—Dile a Meretori que Paola será la nueva jefa.
No sientas culpa, Yuzata…
Yo me lo merecía.
Michael exhala su último aliento.
Yuzata arrastra el cuerpo al cementerio cercano, lo entierra bajo la luna pálida y regresa.
Se lava las manos en el banco, pero la culpa lo carcome.
Golpea el espejo del baño, astillándolo; un hilo de sangre corre por su vendaje en el hombro.
Meretori se acerca, oliendo a tierra húmeda.
—Muchacho, reposa.
Te dañarás más la herida.
No sientas culpa por matar a Michael; se lo merecía.
Yuzata se venda la mano ensangrentada.
—Michael dijo que Paola será el nuevo líder.
—¡Paola!
¡Es increíble como jefa!
—exclama Meretori, emocionado.
—Habla más bajo —refunfuña Yuzata, irritado por el grito—.
¿Quién es esa Paola?
—Paola tiene 25 años.
Adán, cuando su espíritu estaba en mi cuerpo, le dio inteligencia superior, fuerza física y liderazgo impresionante.
Será perfecta.
Solo hay que encontrarla.
—Vamos, entonces —dice Yuzata, decidido.
Le dicen a Vanessa que se quede descansando de verdad.
Al salir, encuentran a Kuseremo.
—¿Y los demás?
—pregunta él.
—Se fueron.
Si quieres, vete tú también —responde Meretori.
Siguen caminando.
Una figura humana completamente negra emerge de las sombras.
Meretori aplaude; la silueta se disuelve como humo.
—Recuerda, Yuzata: no todas las figuras negras son humanas —le advierte, serio.
Yuzata anota en su libreta raída.
—Ok.
Sigamos.
Entran al bosque oscuro, ramas crujiendo bajo sus pies, hasta llegar a la ciudad vacía, con calles silenciosas y un viento gélido.
Van a la casa de Sebastián.
Abren la puerta; Minara descansa en el sofá, exhausta.
—Hola —saludan.
En los cuartos, Hana ha despertado, con Alexandra a su lado.
—¿Y Sebastián?
—pregunta Hana, incorporándose.
—Salió —responde Alexandra, susurrando para sí: *Él estaría muy feliz…* Preguntan por los demás.
Minara suspira.
—Todos en el hospital.
Les dejan dinero y siguen al centro.
La ciudad parece un fantasma.
Una sombra se materializa: Yunhame, con una sonrisa sádica.
—¿Qué tal, hijos de puta?
—¿Qué quieres?
—gruñe Meretori.
—Pelea conmigo el 26 de diciembre.
La guerra la pospongo al 30, para curarme esta herida que me hizo el mocoso de Sebastián.
Meretori asiente para quitárselo de encima.
—Está bien.
Ahora lárgate.
Yunhame se va riendo.
De pronto, la gente reaparece como por arte de magia.
Llegan a una casa de dos pisos y tocan.
Una voz dice: “Pasen”.
—¡Paola!
—grita Meretori.
Ella baja emocionada del segundo piso y se lanza a abrazarlo.
—¡Meretori!
—¿Cómo te ha ido?
—pregunta él, sentándola con gentileza.
—Mal —confiesa, pálida—.
Un demonio me atormenta.
Casi muero.
—¿Qué demonio?
¿Cómo se llama?
—El Demonio de la Destrucción, conocido como Mal Absoluto.
—No lo conozco, pero te ayudo si aceptas ser jefa de la organización de un amigo.
Te explico después.
Paola acepta.
—¿Y él quién es?
—señala a Yuzata.
—Mi estudiante.
Me ayudará —responde Meretori.
Yuzata lo mira molesto.
Fuera, una figura roja observa la casa con ojos llameantes.
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