Leer Novelas
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
Avanzado
Iniciar sesión Registrarse
  • Completadas
  • Top
    • 👁️ Top Más Vistas
    • ⭐ Top Valoradas
    • 🆕 Top Nuevas
    • 📈 Top en Tendencia
  • Configuración de usuario
Iniciar sesión Registrarse
Anterior
Siguiente

More than just humans - Capítulo 31

  1. Inicio
  2. Todas las novelas
  3. More than just humans
  4. Capítulo 31 - 31 Llave
Anterior
Siguiente
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo

31: Llave:) 31: Llave:) Meretori se quedó mirando fijamente al demonio durante unos segundos.

Luego, con un solo movimiento preciso, lo eliminó.

El cuerpo se desintegró y, desde lo alto de la cueva, cayó una pequeña llave que brillaba con una luz dorada y blanca.

Meretori la tomó con curiosidad.

—Bonita llave… La voy a guardar para mi colección —murmuró, guardándola en el bolsillo.

Salió de la cueva junto a Yuzata.

Ambos estaban cansados, cubiertos de polvo y con la ropa manchada.

Decidieron regresar a la casa de Sebastián para descansar.

Cuando llegaron, tocaron la puerta y Minara apareció, medio dormida.

—Minara, ¿podemos quedarnos aquí esta noche?

—preguntó Meretori, con voz agotada.

—Sí… claro —respondió Minara, frotándose los ojos—.

Busquen un cuarto vacío.

Ya casi dormidos, Meretori y Yuzata entraron a una habitación libre.

Yuzata se dejó caer en la cama sin pensarlo dos veces.

Meretori, en cambio, se acomodó en el suelo con una manta fina.

—Algún día me tocará cama… —bromeó antes de cerrar los ojos.

**Al día siguiente** Los primeros rayos de luz se filtraron por la ventana.

Meretori se levantó, estirándose, y pateó suavemente la cama.

—Despierta, Yuzata.

Tenemos que irnos.

Yuzata se incorporó con mala cara, pero obedeció.

Bajaron, se despidieron de Minara y salieron de la casa de Sebastián.

En el camino de regreso a la casa de Michael, compraron algo de comida en un puesto callejero y se sentaron en un banco de una plaza, rodeados de gente que caminaba sin saber nada de lo que había ocurrido.

Mientras comían, Yuzata rompió el silencio: —Oye, Meretori… ¿por qué Sebastián se puso así?

Meretori se quedó pensando un momento, mirando el cielo.

—Es porque, además de que Vanessa lo dejó, sintió un odio enorme hacia Yunhame, que se estaba riendo de él en ese momento.

Todo eso se mezcló dentro de él —explicó—.

Lo que llamamos “masa cósmica” en realidad no es una masa cósmica… Es más complicado.

En conclusión, Yuzata, es difícil de explicar.

Yuzata ya había terminado de comer.

Miró sus manos, algo preocupado.

—¿Eso me puede pasar a mí?

Meretori casi se atraganta.

—No, no.

A tu edad no te va a pasar nada de eso —dijo, señalándolo con el palillo—.

Tu tienes 28, casi 30.

Eso solo puede pasarle a alguien que tenga el espíritu de Adán y, además, sentimientos inestables además tiene que ser menor de 25 años por eso Sebastián en ese momento le pasó eso.

Aunque, para ser sincero, Sebastián no tiene sentimientos débiles… Solo que es peligroso cuando se mezclan dos emociones muy fuertes a la vez.

Yuzata suspiró, un poco más tranquilo.

—Entiendo… Bueno, ya terminamos.

¿Vamos?

—Vamos, pues —respondió Meretori, levantándose y tirando la basura en un bote cercano.

Caminaron de regreso a la casa de Michael.

Cuando llegaron, vieron a Kuseremo practicando algunos movimientos en el patio, ya recuperado.

Yuzata se acercó.

—¿Qué piensas hacer ahora?

—preguntó.

—Entrenar con ustedes, aprovechando que ya me curé —respondió Kuseremo.

Meretori los interrumpió, mirando el cielo que comenzaba a oscurecerse.

—Bueno, será mañana.

Ya es de noche.

—¿Cómo?

—se sorprendió Yuzata.

—Por dios, Yuzata, la conversación duró casi todo el puto día —dijo Meretori, cansado pero con una sonrisa.

Mientras los demás se organizaban, Meretori caminó por el pasillo hacia los dormitorios.

En el camino, le avisó a Vanessa: —Mañana entrenaremos.

Descansa hoy.

Vanessa asintió en silencio, aún con la mirada perdida por todo lo que había pasado con Sebastián.

Meretori finalmente llegó a los dormitorios, se dejó caer en una de las cama esta vez y, sin siquiera quitarse los zapatos, se quedó dormido casi al instante, con la llave dorada y blanca aún guardada en el bolsillo.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

Anterior
Siguiente
  • Inicio
  • Acerca de
  • Contacto
  • Política de privacidad

© 2025 LeerNovelas. Todos los derechos reservados

Iniciar sesión

¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

Registrarse

Regístrate en este sitio.

Iniciar sesión | ¿Perdiste tu contraseña?

← Volver aLeer Novelas

¿Perdiste tu contraseña?

Por favor, introduce tu nombre de usuario o dirección de correo electrónico. Recibirás un enlace para crear una nueva contraseña por correo electrónico.

← Volver aLeer Novelas

Reportar capítulo