Mork Orden - Capítulo 10
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10: Comprobación 10: Comprobación Porcus se encontraba sentado en el suelo de tierra con el cuerpo totalmente adolorido, portando un semblante triste.
–Maldita sea, si no fuera por esos dos.
Llevaba repitiendo esas palabras desde que lo golpearon.
Los pobladores lo pusieron junto a sus secuaces, quienes parecían tener heridas más graves que él y jadeaban constantemente.
Ni siquiera podían moverse.
–Gente inútil –espetó.
El pueblo de los Noctas no tenía la necesidad de prisión alguna así que implementaron una celda temporal, en otras palabras, usaron un salón espacioso recién construido y sin ventanas para retenerlos, claro que también eran cuidados por guardias estacionados tras la puerta de madera.
–Solo esperen que salga –Porcus escupió al piso, manchándolo de sangre –Maldita sea.
Él estaba seguro de que no lo matarían.
Solo esperaba a que llegue el esposo de su prima y lo saque, pues no era la primera vez que realizaba actos delictivos.
“Esta vez me cortarán el sueldo de un año al menos”, sus dientes se apretaron al recordar a ese par.
–¡Voy a matarlos!
Algunas voces y pasos se acercaron gradualmente.
Porcus reconoció la voz de Frederic y sintió alivio.
Una sonrisa se escapó de sus labios regordetes.
— Los guardias abrieron la puerta y el duque ingresó a la habitación de barro.
Lo primero que vio fue a la gente tirada en el suelo, gimiendo.
El bandido que era la mano derecha de Porcus parecía estar en peor estado que los demás, pues aparte de golpes tenía el rostro arañado.
Frederic estaba muy sorprendido pues no había visto nada parecido desde que uno de sus subordinados peleó contra una pantera.
–¡Primo, ayuda por favor!
Una persona obesa se lanzó a sus pies, abrazándole las rodillas y llorando como un bebé.
–Sé que me equivoqué –gemía –No volveré a cometer estos actos.
“Que actuación más lamentable”, pensó.
Frederic sabía que este tipo era una persona sin escrúpulos y lo aguantó por su esposa a quien amaba mucho, pero nunca esperó que llegue al nivel de capturar gente para volverlos esclavos.
“No, primero debo confirmarlo”, aún tenía dudas.
–Estoy dispuesto a recibir el castigo que me impongas.
–Porcus… solo tengo una pregunta –le dijo fríamente.
–Sí sí.
Responderé todo lo que me diga el primo –tenía una sonrisa aduladora, seguro de haber escapado de un fuerte castigo.
–¿Desde hace cuando trabajas con esclavos?
La cara del gordo se puso pálida.
–¿Cómo sup…?- se dio cuenta de su desliz –N-n-no.
¿Esc-clavos?
De qué hablas primo.
“Que tipo más idiota” Frederic cerró los ojos mientras su rostro se ponía rojo de ira.
— “Debo hacer que ese gordo no vuelva a ver la luz del día” Lufa tuvo que insistir a Tudor y Miena para que lo lleven con ellos.
Cuando llegaron al lugar, observaron al gordo lamiéndole los pies al duque.
–¿Desde hace cuánto trabajas con esclavos?
–preguntó el duque.
Todos vieron como Porcus tembló nervioso y aceptó de manera implícita su culpabilidad.
Lufa casi estalla en carcajadas.
“Jajaja ese cerdo estúpido se condenó a sí mismo” Un duque Allen furioso pateó el rostro grasoso de Porcus y este rodó como una canica por el suelo.
–Esta vez ni tu prima podrá salvarte –las venas visibles y su rostro enrojecido expresaron su enojo.
–¡Primo!
¡No!
–¡No me llames así, puerco bastardo!
Lufa vio como Frederic se llevaba dos dedos adentro de su boca y lanzó un fuerte silbido.
Segundos después se escuchó el golpeteo de armaduras y llegaron una docena de soldados muy bien equipados.
–¡Llévenselo!
–ordenó.
Entre gritos y lamentos, los soldados se llevaron apresados a Porcus y sus secuaces.
“Fiuuu.
Terminó más rápido de lo que esperaba”, Lufa le dio una mirada de reojo al duque.
Al sentirse observado, Frederic volteó la cabeza, y encontrándose con el rostro golpeado de Lufa soltó un gran suspiro.
–Debo disculparme una vez más.
Ninguno respondió esta vez.
–Este problema no se repetirá –expresó –Porcus será condenado a muerte.
Crinar y los demás quedaron perplejos.
–También quedan eximidos de los impuestos por 3 años –declaró.
“Aunque lo esperaba… me sorprende”, pensó Lufa, “Con esto resuelto, todo queda zanjado” Los presentes se miraron sorprendidos, algunos no pudieron ocultar la felicidad desbordante de sus rostros.
–Muchas gracias Lord Frederic –Crinar estaba realmente agradecido.
–No hay necesidad de agradecer, es lo mínimo que puedo hacer después de tal suceso.
“Un gran problema terminó”, Lufa suspiró mientras veía como los caballeros padecían al tratar de subir a Porcus a un pobre caballo.
Lufa sintió ligeros toques en su cabeza.
Frederic le daba palmaditas suavemente.
–Mi propuesta sigue en pie.
Pide lo que quieras.
–Sir Frederic no hay… –La condescendencia excesiva puede llegar a ser una falta de respeto –le dio una sonrisa fría.
“Jajaja no quiere deberme nada”, pensó Lufa.
–Comprendo –bajó la cabeza –Pero por el momento no hay nada que necesite.
Disculpe mi descortesía, pero ¿Lo puedo pedir en un futuro?
El duque asintió –Mientras no sea difícil.
–Muchas gracias por su favor –una reverencia perfecta fue realizada por él.
Después de algunas palabras más con Crinar, el duque Frederic Allen desapareció montado en un caballo junto a sus soldados y los sentenciados.
–Haaaaa.
La gente se relajó después de la partida del duque.
–El duque da miedo –expresó Abigail, quien hasta el momento parecía no haber respirado.
–¿Eh?¿Estabas aquí?
–respondió Lufa, con ganas de molestarla.
Abigail lo miró enojado.
Otra mano le dio golpecitos en la cabeza.
–Niño, casi haces que me dé un infarto- Crinar lo despeinó, mirándolo extrañado.
–Ten más cuidado al hablar con los nobles.
Cualquier tipo de disgusto por parte de ellos puede hacer que te castiguen.
–Sí, Lufa.
Trata de no meterte con ellos –Miena asintió, preocupada.
Lufa entendía esos puntos, pero no le importaba.
En su vida anterior perdió la cuenta del número de nobles que ofendió y castigó, aun siendo de baja cuna.
“¿Eh?
¿En serio llegué a castigar a tantos nobles?”, cayó en un profundo pensamiento pues le asustaron sus propias memorias.
Ahora que el asunto estaba terminado, Lufa tendría el tiempo necesario para pensar en todas las cosas que dejó pospuestas.
–Debes estar cansado –Miena miraba con cariño a Lufa –volvamos a la casa para que descanses.
Él asintió.
–Niño, todavía hay muchas cosas que debo preguntarte.
Pero… lo haré la siguiente vez –es la primera vez que Crinar sonreía –Porcus no volverá, jajaja.
Debo darle las buenas noticias al pueblo -añadió con satisfacción.
–Nos vemos mocoso –después de darle unos toques en la espalda, Tudor se alejó junto a Crinar.
–Bueno, vámonos también –dijo Lufa.
Así, caminaron tranquilamente los tres, hablando tranquilamente y riendo por el camino.
El primer punto de inflexión había terminado.
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