Mork Orden - Capítulo 77
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77: Memorias del asesino 16 77: Memorias del asesino 16 La ciudad de Roltas se encontraba en una pradera cubierta con poca vegetación.
Su nombre provenía por el río de la misma denominación que cruzaba por medio de la ciudad.
La casa que tomó Fullman esta vez, a diferencia de las ciudades anteriores, fue una más pequeña y alejada del centro.
Los dueños eran también una pareja de ancianos sin familiares, o al menos eso se podía intiur por las diversas pinturas colgadas en las paredes donde se veían sus vidas reflejadas desde jóvenes hasta su ancianidad.
En tales representaciones no se encontraba alguna tercera persona.
Fue como siempre, Fullman los eliminó.
El mago carbonizó sus cuerpos por si mismo.
Normalmente dejaba el trabajo de limpieza al par de sirvientes, pero, en esta ocasión, parecía mucho más cuidadoso.
Incluso, cuando Lufa salió junto a Prion escucharon que Fullman les decía: “sean meticulosos y den muchas vueltas antes de regresar”.
Esas palabras parecían llevar un tinte de ansiedad y hasta miedo.
La noche atemperó los sentidos de Lufa, quien caminaba junto a Prion.
A diferencia de anteriores ciudades, en Roltas todo el sitio estaba iluminado.
Hasta en los barrios bajos uno podía ver con claridad sus alrededores debido a las lámparas colocadas estratégicamente.
–Tal y como se esperaba de una ciudad grande –comentó Prion, observando todos los comercios abiertos hasta altas horas de la noche.
El sonido de sus cadenas fue ahogado por las risas y música provenientes de todas partes.
–¿Encontraste al individuo?
–preguntó Lufa.
–No hay ninguna persona que se llame Caltus –mencionó –.
Entre los comerciantes hay muchos que cumplen con el perfil que mencionó Fullman.
Tendremos que investigar a uno por uno si queremos encontrarlo.
Lufa frunció el ceño, pues se le estaba acabando el tiempo.
Llevaban ya un par de semanas buscando al mago que mencionó Fullman, pero hasta el momento solo habían encontrado a los posibles candidatos.
–Mira, tenemos al dueño de la caravana Creciente, tiene casi 45 años, sin familia…– Prion comenzó a enumerar la información recabada en estos días.
Caminaron entre la multitud, vigilando la zona comercial y buscando su objetivo.
Para ellos era demasiado complicado encontrarlo, ya que todos tenían la misma forma de vestir y hablar, además de la edad.
–Empecemos con el primer hombre que mencionaste.
Luego seguiremos con …– Lufa mencionó uno por uno a los comerciantes que visitarían de acuerdo a la lista de Prion– Terminaremos con este comerciante de telas.
–¿Por qué los ubicaste así?
Para mi todos parecen iguales.
–No todos son iguales.
Los magos oscuros normalmente viven solos, solo toma a Fullman como ejemplo.
La mayoría de quienes asesiné vivían alejados y escondidos.
El primer comerciante, dueño de su flota de caravanas, pocas veces sale al público.
Es quien tiene mayor probabilidad de ser el mago.
Por otro lado, el último comerciante de telas tiene esposa, un hijo mayor y una hija.
Además, siempre anda rodeado de gente, es el menos probable.
–Ya veo –asintió en comprensión.
En algún momento habían cambiado su paso hacia la vivienda del primer comerciante sin saber que estaban completamente equivocados.
La noche transcurrió en silencio.
Tal como escucharon, el primer comerciante no salía de su vivienda para nada.
Su nombre era Jiqui Teboni, hombre de 46 años, sin esposa ni familiares conocidos.
Tenía un único confidente y mano derecha era quien realizaba todas sus labores, incluído la supervisión de su negocio.
Lufa conversó con mucha gente, sonriendo y ganándose su buena voluntad, lo cual hizo que entregaran muchas historias interesantes, pero poco colaborativas con su investigación.
Los años le enseñaron a Lufa que tenía que interpretar diversos papeles para lograr sus cometidos, pues no siempre podía trepar viviendas y asesinar a los magos en sus dormitorios como las primeras veces.
Los papeles que usó en todo ese tiempo variaban.
Guardia, sastre, jardinero, comerciante, carpintero.
Incluso en una ocasión se hizo pasar por un barón acaudalado, pues el mago a quien iba a asesinar solo se encontraba con gente de poder y su legión de guardias estaban junto a él las 24 horas.
Con la experiencia, Lufa se convirtió en una persona que podía imitar cualquier papel luego de una observación minuciosa.
Pero, por alguna extraña razón, no se le daban muy bien los papeles de personas con poder real.
La vez que se hizo pasar por barón no cumplió con el aura que debía tener, lo que ocasiono problemas momentáneos.
La siguiente vez que se hizo pasar por noble tuvo el mismo inconveniente, por lo que terminó luchando antes de llegar a su objetivo.
Lufa sentía que incluso si llegara a ser rey seguiría teniendo el mismo aura a persona común que lo caracterizaba.
Ahora, se mezcló con la gente haciéndose pasar por un trabajador ocasional que hacía todo tipo de cosas en las calles, comentando historias ficticias a la gente mientras estos le proporcionaban la información deseada.
Luego de permanecer un tiempo más en la taberna, Lufa salió y encontró a Prion en un callejón.
–No hay nada nuevo –suspiró, mientras daba vueltas con el esclavo, antes de volver a donde estaba Fullman.
Una caminata de diez minutos se transformó en una hora por las órdenes de dar muchas vueltas antes de regresar para “evitar posibles problemas”.
Al ingresar al ex hogar de la pareja de ancianos muertos, Fullman los recibió con ansiedad.
Su miedo era mucho mayor que temprano en la mañana, se notó por la manera en que revisó los alrededores desde la ventana.
–¡Que hacen parados en la puerta!
¡avancen!
–rechinó los dientes con molestia, mientras giraba los ojos con cautela.
Lufa y Prion no demoraron.
Fullman cerró la puerta y avanzó con rapidez hacia un sillón.
Parecía querer sentarse, pero se quedó de pie, jugando con sus dedos.
–¿Lo encontraron?
–Lo siento.
No lo encontramos, hay muchas … Con una palma al frente, Fullman paró la oración entrante de Prion.
Luego, sin decir palabra alguna, subió al segundo piso refunfuñando y dejando atrás al par desconcertado.
El esclavo tenía los ojos completamente abiertos, pues esta vez no fue golpeado por las “malas noticias”.
Él y Lufa compartieron miradas en silencio por un breve momento antes de caminar hacia la habitación que compartían para descansar.
La noche estaba a punto de acabar y en unas horas el cielo se aclararía, así que debían aprovechar para dormir.
Ambos cerraron los ojos y cayeron dormidos casi al instante.
Debían descansar lo suficiente para continuar con la búsqueda apresurada del mago que odiaba Fullman.
Una hora pasó rápidamente.
Lufa y Prion se encontraban tendidos en sus camas provisionales en un estado de inconsciencia parcial, ya que Fullman podría llamarlos en cualquier instante.
¡Broom!
De un momento a otro una explosión destruyó la casa, dejandola totalmente hecha escombros.
Como era de esperarse, Lufa despertó gimiendo.
El dolor se apoderó de sus huesos debido a la presión de las cosas que tenía encima.
Él se levantó al instante y por inercia empujó todos los ladrillos que cayeron sobre él hacia un costado.
La segunda planta había caído sobre la primera, pero, gracias al cielo, el muro más cercano a Lufa soportó el desastre y se mantuvo erguido, provocando que la zona donde estaba quede con menos daño.
Parecía como si una mano gigantezca hubiera presionado la vivienda para aplanarla.
O al menos así se veía desde fuera.
Lufa tenía poco espacio para moverse debido al destrozo.
Recordando a Prion, giró la cabeza y lo encontró tirado bajo algunos maderos y ladrillos.
Se apresuró a ayudarlo.
Quitando todo, puso su palma cerca a la nariz del esclavo.
Sintió una pizca de alivio al saber que aun respiraba.
El primer pensamiento de Lufa fue que Fullman había fallado en alguno de sus experimentos como antes, solo que esta vez a una escala mayor.
Pero sus hipótesis quedaron anuladas por la siguiente explosión.
¡Broom!
Lufa sintió que la tierra se movía antes de ser lanzado nuevamente contra los escombros.
Aunque se protegió con los brazos no pudo evitar lanzar otro grito por los golpes y cortes que recibió.
Quedando otra vez bajo los escombros, empujó con sus manos y pies todo el material que tenía encima.
Esta vez toda la casa quedó hecha trizas.
Al levantar el último tablón, Lufa pudo verificar por fin que había sucedido.
Se quedó de piedra posar su vista sobre un Fullman plagado de heridas, cubierto totalmente de mana negro, flotando al centro de la residencia hecha pedazos.
Seis individuos se encontraban cercando el lugar, como protegiendo cada punto para que el mago jadeante no escape.
Fullman arrojó sus anteojos rotos con odio y metió una mano en su camisa hecha jirones.
De su pecho sacó un libro de cuero que parecía tener vida debido a las palpitaciones que emitía constantemente.
–Maldita sea – apretó los dientes.
Fullman entonó un cántico y su aura oscura se fue acrecentando.
Al mismo tiempo sus pupilas se pusieron totalmente negras y comenzó a emitir una presión espeluznante.
Lufa no se movió en todo ese momento, lo que menos quería era que las figuras lo tomen como objetivo.
El sentimiento opresivo que emitía Fullman fue destrozado por otra aura más poderosa.
Lufa se dio cuenta que era obra del joven rubio que miraba a Fullman con desgana.
–No hagas las cosas difíciles –comentó aquel tipo –.
La basura como tú no debería existir en ningún mundo.
Luego de soltar esas palabras, sacó una espada de la nada y se lanzó hacia Fullman iniciando la pelea.
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