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Mork Orden - Capítulo 79

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  4. Capítulo 79 - 79 A las afueras del bosque 01
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79: A las afueras del bosque 01 79: A las afueras del bosque 01 Para cuando Lufa bajó del carruaje la luz del día estaba mermada.

–¿Cuánto tiempo dormí?

–preguntó.

Su cerebro aún se sentía entumecido.

Miena volteó extrañada.

–Desde la mañana –dijo, ladeando la cabeza.

Era de esperarse, la luz naranja pasaba entre los árboles, como si estuviera a punto de extinguirse.

La negra noche se asentaría en media hora como máximo.

Ellos todavía se encontraban a medio camino de Briefel.

No solo se detuvieron a comer, sino también para armar carpas y descansar hasta el día siguiente.

Su estómago rugió.

–No comes nada desde la mañana, tengo algunas cosas que horneé.

Puedes ir comiéndolas mientras se prepara el fuego– comentó.

Miena empujó las galletas saladas envueltas en tela hacia Lufa.

Luego se dirigió a ayudar a los soldados que intentaban prender una fogata con maderos.

Normalmente Lufa habría ido con ella a ayudarlos, pero en este momento se encontraba aún con las memorias frescas de lo que había sucedido en su anterior vida y no podía pensar en nada más.

Al morder la galleta no degustó el sabor agradable característico.

Él sabía que no se debía a la preparación, sino con sus sentimientos actuales.

Devolviendo las masas saladas en la tela, las amarró con dificultad y las guardó dentro del bolso que colgaba en su hombro.

El hambre que sentía se esfumó luego del primer bocado.

Con sus ojos fijos en los hombres que soplaban la yesca buscando encender el fuego, Lufa recordó uno por uno los puntos más importantes de sus memorias devueltas recientemente.

Al final de su vida, Fullman pareció entender algo, Lufa estaba seguro.

Aquella mirada de desconcierto seguida de excitación debió ser algo sumamente importante.

¿No poder matarlo con el pensamiento?

De seguro estaba relacionado con eso, pero eso se debía a la incapacidad de someter completamente a Lufa con su marca de esclavitud, ¿cierto?

O tal vez fue ocasionado por su cuerpo.

Lufa sabía que su cuerpo tenía algo distinto a los demás, pero nunca pudo saber qué.

Incluso habiendo leído tantos libros en sus dos vidas no encontró un cuerpo carente de mana como el suyo.

Hasta los animales más simples eran portadores.

Lufa lanzó un largo suspiro.

Pensar en más cosas sería contraproducente en este momento, ya que ni en su anterior vida pudo hallar pistas.

Tal vez solo necesite revisar más libros o encontrar casos similares con pura suerte.

–Je, ¡te lo dije!

Junto con esas palabras una luz se fue acrecentando con lentitud, haciendo que los alrededores sean visibles.

Aquel soldado había logrado prender el fuego y sus compañeros aplaudieron con fuerza.

El hecho de que sus aplausos fueran tan fervientes demostró que todos eran malos para prender un poco de fuego y ocasiones como estas eran bastante raras.

Las comisuras de la boca de Lufa se levantaron con diversión.

Sus pensamientos profundos se disiparon.

“Bueno, ya tendré tiempo para verificar más adelante”, pensó para si mismo.

“Además, la parte más importante es que Fullman sigue vivo.

Esta vez Arthur no podrá quitarme el gusto de matarlo”.

Su sonrisa se transformó en una sádica, demostrando parcialmente sus deseos internos.

Con pasos ligeros Lufa se acercó a los hombres que charlaban con Miena.

Los tipos habían trabajado con rapidez pues sobre el fuego se encontraba suspendida una olla cubierta de hollín.

Dos ramas grandes y robustas fueron usadas para sostener el asa de aquella olla de hierro.

Dentro, el agua estaba hasta la mitad.

–No se preocupes, señorita.

Aunque no parezca, soy bastante prudente al realizar estos pequeños actos –comentó un soldado joven, dirigiéndose a Miena.

Su manera de torpe hablar, tratando de emular a los nobles, fue tratada como una broma por todos sus compañeros.

–Parece que alguien trata de lucir más apropiado –comentó Jhodde.

Las palabras del soldado convirtieron la cara del joven pecoso en un infierno rojo por la vergüenza, haciendo que los demás lo molesten aún más.

Por su parte, Miena mantenía la misma sonrisa cortés.

–Además, no debes decir esas cosas frente a él –Jhodde apuntó hacia Lufa.

–¡Cierto!

–respondió instantáneamente otro soldado quien parecía ser su mano derecha –.

Cómo olvidar al agresor de pretendientes.

Las cejas de Lufa se crisparon.

Era la primera vez que alguien lo llamaba así.

–¿De qué están hablando?

–preguntó otro hombre, consternado.

–Tal vez no lo sepan, pero este joven hizo un alboroto en la fiesta del pueblo recientemente –declaró el tipo, pareciendo estar a punto de relatar alguna hazaña de guerra.

Todos hicieron silencio y se sentaron en tablones preparados hace unos minutos, listos para escuchar.

–Esta historia no quiso contarla el capitán, pero lo supe gracias a unos mocosos que estuvieron hablando de ello.

Cuando se lo pregunté al capitán, me contó algunas partes a regañadientes, pero luego de preguntárselo a las mujeres del pueblo me lo relataron.

Por cierto, la chica de pelo corto que me lo contó parece estar soltera… –No te vayas por las ramas, ¡habla de lo importante!

–Sí, sí.

A eso iba.

Lo que sucedió fue que… El soldado, quien Jhodde presentó mediante susurros como Talio, comenzó a contar una historia exagerada sobre lo que había sucedido.

Lufa arrugó sus cejas, pues no lo recordaba de esa manera.

Es más, ni siquiera lo recordaba.

Al oir como Lufa, obviamente más joven y delgado que ellos, se burló de los adultos del pueblo y de su ex capitán respetado, no lo creyeron.

Comprendiendo la incredulidad de sus colegas, Talio vociferó –Pueden preguntarle a Jhodde.

Él escuchó la verdad del capitán.

El asentimiento de Jhodde disipó la duda de la mayoría.

–¿En serio?

¿Este flacucho?

–uno de ellos levantó la voz, mientras se acercaba a Lufa y lo miraba desde diferentes ángulos, como intentando descifrar su fuerza relatada.

Lufa, observado como un animal de circo, ni se inmutó.

Su serenidad hizo que algunos levantaran el pulgar de admiración.

–¡No lo creo!

La voz provenía del joven pecoso que habló con Miena al inicio.

–¡El capitán no puede perder de esa manera!

Y menos aún si me dices que fue este mocoso con el brazo roto.

El chico parecía a punto de abalanzarse sobre Lufa debido a su sentimiento de inferioridad.

Siempre había recibido elogios por parte de Jhodde y otros instructores, así que no podía aceptar que alguien más joven que él fuera mejor que su ex capitán a quien respetaba tanto.

Jhodde, quien comprendía sus pensamientos, se levantó para detenerlo antes de que termine ocasionando más problemas.

–Pal, ya basta.

–Pero, instructor… Aunque Jhodde era su actual capitán, él no lo tomaba como tal, por eso seguía llamándolo instructor.

A sus ojos solo Crinar era su capitán.

–Las hazañas contadas por Talio no fueron las únicas ocurridas en el pueblo de los Noctas.

El pecoso giró la cabeza de consternación.

–Ustedes saben que la anterior vez vine con el duque Allen para llevar a Porcus.

Este joven fue quien frustró sus planes.

El joven abrió los ojos ligeramente, pero al instante volvió para arremeter nuevamente.

–Pero, eso no tiene nada que… –¿No es suficiente?

Bueno, él también estuvo saliendo solo al bosque sin ser acompañado por nadie.

Todos aspiraron bocanadas de aire con asombro.

–Además, el brazo que tiene roto… fue porque sobrevivió al ataque y trajo consigo el cadáver de un Krin plateado.

Si las anteriores anécdotas se escuchaban fantasiosas, la última frase de Jhodde hizo que se haga un silencio sepulcral alrededor de la fogata.

–Imposible –llegó a susurrar el joven, quien ahora miraba con temor a Lufa.

Como salvando la situación, la tapa de la olla que habían puesto al fuego comenzó a danzar por la presión del agua.

–Bueno, dejemos eso de lado por el momento.

Primero terminemos de cocinar pues muero de hambre.

Aquellas palabras trajeron de vuelta a la tierra a los demás soldados, quienes se movieron instantáneamente para traer los alimentos.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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