Mork Orden - Capítulo 80
Tamaño de Fuente
Tipo de Fuente
Color de Fondo
80: A las afueras del bosque 02 80: A las afueras del bosque 02 Los hombres sacaron sus raciones de carne seca y las metieron en la olla.
Jhodde sacó trigo de uno de los tantos costales que intercambió en el pueblo de los Noctas y también lo añadió.
Diez minutos después la sopa provisional estaba lista para servirse.
Cada uno de ellos portaba su propio utensilio de madera que constaba que un plato y una cuchara.
Para la gente era común tener sus propias vasijas, más aún para los soldados que siempre lo llevaban en sus mochilas por sus constantes viajes.
Miena sacó el de ella y Lufa.
Luego de servir un poco de sopa para ambos se sentó al costado y le pasó su porción.
–Gracias –contestó Lufa, obteniendo un asentimiento por parte de Miena.
Lufa usó sus piernas para sostener su plato de madera, sintiendo al instante el calor proveniente de esta.
Con su mano libre sacó un poco de caldo con su cuchara y se lo llevó a la boca.
El sabor salado se extendió por sus papilas gustativas, llevándole recuerdos de antaño más que el mismo sabor de la sopa.
Este tipo de alimentos salados eran cotidianos en el tiempo que viajaba con el ejército humano junto a Arthur y los demás.
Cuando se encontraban solo miembros de su grupo podían cazar algunos animales y tener comidas mucho más que decentes, pues Lufa aprendió a cocinar por pedido del trío de mujeres quisquillosas.
Pero, cuando se movilizaban junto a los ejércitos no podían darse esos lujos, ya que Arthur no podía soportar las miradas hambrientas que los soldados ponían al verlo comer sus platos distintos.
Así que no les quedaba más opción que comer carne seca salada y trigo.
Lufa masticó la dura carne no para trozarla con sus dientes, sino para volverla lo suficientemente suave para que pueda digerirla en su estómago.
Algunos hombres se acercaron con cautela e interés sobre lo que escucharon de Jhodde.
–¿Es cierto que fuiste solo al bosque?
–preguntó el adulto sin malas intenciones.
Esa pregunta inició la conversación entre Lufa y los soldados.
Lufa ya se encontraba acostumbrado a tratar con soldados y su humor retorcido de barrio bajo, así que fue bastante sencillo entablar una buena conexión con ellos.
Mientras pasaban los minutos más hombres se unieron a la conversación, estallando en risas con las anécdotas que Lufa exageraba para divertirlos.
Para el término de la cena todos tenían una buena opinión de Lufa.
Algunos lo comenzaron a tratar como parte su grupo.
Incluso el joven pecoso ya no mantenía la mirada agria del principio y sonreía cada tanto.
–Lufa, ¿por qué quieres visitar la ciudad?
–preguntó un soldado con el rostro arrugado y pelo canoso.
–Nunca antes salí del pueblo de los Noctas, ¿no es normal querer saber que hay más allá?
Todos asintieron en comprensión.
–Ya que nunca saliste, entonces no sabes que buenos lugares hay dentro de la ciudad –comentó casualmente otro adulto.
–¡Claro!
Hay muchos lugares para visitar en Briefel.
Deja que te diga cuales son los más conocidos.
–Por favor –mencionó Lufa con sinceridad.
Ni siquiera en su anterior vida tuvo tiempo de conocer Briefel.
Ahora que buscaba quedarse temporalmente en ese lugar no estaba de más conocerlo de antemano.
–Primero está el lugar de comida más importante de la ciudad llamado Luzzi.
Aunque es una posada recientemente abierta, todas sus comidas son manjares nunca antes probados.
¡Tienes que visitarlo!
Los demás asintieron y comentaron sobre lo buena que era la comida.
–También están las 5 plazas dentro de la ciudad.
Todas se denominan con respecto a la zona donde se encuentran: norte, sur, este, oeste y central.
Cada una de ellas tiene muchas tiendas nobles alrededor, pero no es hecha para nosotros.
Lufa comprendió que los locales que circundaban las plazas eran hechos de nobles y para nobles.
Lo más probable es que aún si quisiera entrar no podría debido a su falta de título nobiliario.
–Dejando eso de lado, también está el mercado comunal y … conocemos todos los bares dentro del pueblo.
Solo avísanos si quieres que te llevemos a alguno.
–Viejo, no te olvides de la casa de las flores –comentó uno con excitación visible.
–¿La casa de las flores?
–Ah.
Ejem, muchacho, ese es un lugar de ensueño para disfrutar de todos los placeres de la vida.
El viejo trató de mantener una actitud digna mientras hablaba, pero el enrojecimiento en la cara de algunos hizo que Lufa se de cuenta de que clase de lugar era.
Estaba seguro que se trataba de un burdel conocido.
–Se oye interesante –comentó Lufa –, ¿no importa si tengo doce años?
–Con doce años no puedes entrar –contestó el viejo tranquilamente –¡Espera!
¿¡Tienes doce años!?
No fue el único exaltado.
Todos lo miraron con asombro.
El hombre canoso llevó una mano al cuerpo de Lufa, subiéndole la prenda del torso.
–¡Imposible!
-comentó.
El cuerpo de Lufa estaba muy bien tonificado para su edad.
No al extremo de tener músculos por todas partes, pero claramente se notaba lo bien cuidado que estaba y no parecía solo un mocoso de doce años.
El viejo se llevó la mano al frente en contemplación.
–¿No puedo ir a la casa de las flores?
–bromeó.
–¡Claro que no!
–dijeron tres personas al unísono.
–Lufa, por mi bien no pidas que te lleve.
Me costó mucho ingresar de soldado, no quiero que me quiten mi sustento por romper las reglas –suspiró, limpiándose el sudor.
–Jaja, está bien.
Te lo pediré en tres años –asintió Lufa.
–¡Tú!
– el viejo apuntó con su dedo tembloroso –¿sabías a qué nos referíamos?
¿cómo?
–Puedo nunca haber salido del pueblo, pero había muchos libros que hablaban de las leyes del imperio –comentó.
–Buen peleador y también un cerebrito –comentó un adulto –.
Viejo, sería bueno que le presentes a tu hija.
–No digas tonterías –vociferó el adulto canoso –.
Aunque pensándolo bien… –Sus dedos frotaron su frondosa barba.
–Y no hablar de su buena apariencia –comentó otro.
Todos los ojos volvieron a centrarse en su rostro, mientras Lufa les devolvía una sonrisa.
–¡Ahh!
Mejor manténgalo alejado de las mujeres.
¡Llévenlo a pasear unos días y devuélvanlo al bosque!
Todos llegaron a un consenso.
Luego de algunas bromas más e historias de sus aventuras con el duque, quedaron agotados por el viaje y se fueron a dormir en sus sacos.
Lufa se acercó a Miena que dormía plácidamente desde ya hace algún tiempo y se acostó a su lado, tapándose con una manta.
La noche transcurrió sin problemas.
A la mañana siguiente fueron despertados por Jhodde.
–¡Alístense!
Es hora de avanzar.
El sol aún no había aparecido en el horizonte, pero todo el lugar ya era visible a simple vista.
En un corto tiempo amanecería por completo.
Los caballos que comían pasto fueron conectados a los carruajes y en menos de diez minutos comenzaron nuevamente el viaje.
Conforme las horas pasaban, el camino fue ensanchándose hasta llegar a las afueras del bosque.
Por fin habían salido.
La carretera se conectó con otros caminos en mejor estado y desde aquel lugar podía verse el campamento de soldados.
Llegando al asentamiento fueron recibidos por los saludos de los demás soldados, antes de seguir el camino hacia la ciudad.
Era ya pasado mediodía cuando las carretas llegaron a las murallas.
Lufa pudo distinguir las blancas piedras que cercaban aquella ciudad principal.
Y, mientras más se aproximaban, el bullicio se acrecentaba en su oído.
Las carretas se detuvieron al llegar al gigantesco portón de metal y madera.
Luego de algunas conversaciones entre el grupo y los guardias que parecían conocerse, pasaron sin contratiempos.
Al fin habían llegado a Briefel.
Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com