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Mork Orden - Capítulo 81

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  4. Capítulo 81 - 81 Briefel 01
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81: Briefel 01 81: Briefel 01 Las calles de Briefel se encontraban pavimentadas con rocas planas de una cantera cercana unidas con una mezcla desconocida que el rey guardaba celosamente y que utilizaba para comerciar con otros países.

La mayoría de las casas estaban construidas del mismo material que las pistas.

Aquellas rocas blancas daban un aspecto pulcro a toda la ciudad que, combinadas con el cielo azul, hacían un hermoso paisaje digno de un cuadro.

El bullicio proveniente de una ciudad comercial como esta podría considerarse ensordecedor para alguien como Lufa y Miena quienes estaban acostumbrados a la tranquilidad del bosque.

La caravana condujo junta durante algunas calles, antes de detenerse en una intersección ancha.

–Jefe, nosotros nos vamos por aquí –comentó el hombre canoso con quien Lufa había conversado la noche anterior.

Al igual que este, las demás carretas y soldados se separaron en ese punto para regresar a sus casas a comerciar el grano conseguido.

–Sí, nos vemos en una semana –los despidió Jhodde moviendo la mano.

–Vamos Lufa –Miena se levantó, preparada para bajar.

–Señorita Miena, espere –la detuvo el capitán.

–El duque pidió que la llevara a su mansión.

Usted será su invitada durante la semana que pasen aquí.

–Cómo podría… –Miena se negó al instante.

–El duque insistió –Jhodde mostró sus dientes blancos, demostrando su buena voluntad.

–Tómeselo como unas vacaciones.

Ante la insistencia del capitán, Miena asintió tontamente.

A Lufa no le sorprendió.

Lo más probable era que su madre había conversado sobre esto con el duque Allen directamente o por medio de cartas.

La carreta comenzó a moverse a paso lento.

En el camino Lufa pudo ver muchas construcciones distintas, tanto de viviendas como de lugares comerciales.

La gente caminaba con la prisa que se esperaba de una ciudad ajetreada.

Lufa fue memorizando las calles por donde pasaron, recordando el puesto más concurrido que cada una de estas avenidas tenía para no olvidarlo.

Tras unos diez minutos llegaron a una plaza.

Se supo de inmediato que se trataba de la plaza sur porque tenía muchas tiendas alrededor que mencionaban el término “sur” en sus letreros.

Jhodde entabló conversación con Miena, quien mostraba la curiosidad de un niño ante nuevas experiencias.

De aquella charla, Lufa supo que se dirigían a la región central donde residía el duque.

El viaje a la plaza central no fue corto ni largo, tal vez de media hora.

Para cuando llegaron una multitud de personas los recibió vendiendo muchas cosas al paso, como alimentos, flores y objetos de uso diario.

La plaza estaba dividida por una barrera invisible de clases, o al menos eso se podía percibir por las personas vestidas de manera extravagante que tomaban el sol en la parte central, junto a la fuente, mientras que el otro grupo de gente vestida de manera normal se encontraban en el exterior, observando con cautela y un tinte de celos a estos primeros.

La carreta conducida por Jhodde rodeó la plaza y avanzó hacia la parte izquierda.

Luego de un par de calles el vehículo llegó a toparse con un par de rejas custodiadas por cuatro guardias.

La entrada de la mansión no era nada del otro mundo, pero la extensión del terreno hizo que Lufa abriera la boca de par en par, pues incluso moviendo su cabeza de lado a lado no pudo ver el final de las paredes de la mansión.

Miena tuvo la misma reacción.

Jhodde, al notar la perplejidad de ambos, comentó casualmente.

–La mansión Allen es bastante grande.

Ni siquiera el emperador tiene una mansión tan grande como esta.

Esas palabras hicieron que Lufa frunza el ceño, pues era sabido que ninguna persona normal podría atribuirse a tener más que el emperador.

–Pero, la verdad es que la mansión Allen tiene un bosque como patio, es por eso que llega a ser tan gigantesca.

Jaja.

Lufa negó con la cabeza.

Eso lo explicaba.

En ese momento dos de los guardias que custodiaban la entrada avanzaron portando sus lanzas.

Se acercaron a Jhodde y después de reconocerlo cruzaron algunas palabras.

Acto seguido estos abrieron la entrada por la cual fácilmente podían cruzar unas ocho carretas juntas.

Tan solo al ingresar fueron recibidos por campos repletos de flores multicolores a cada lado del camino recto.

Los diferentes tipos de flores estaban muy bien cuidados, mostrando lo ostentoso que era el duque de una manera silenciosa.

La carreta descuidada no podía ser más discordante del ambiente bello por donde pasaban.

Corto tiempo después llegaron a su destino.

Lufa silbó de asombro, pues las dimensiones de la construcción bien podían competir con el tamaño de la plaza central que había visto hace poco.

Al igual que en la entrada, dos de los cuatro guardias se acercaron a la carreta, dando una sensación de deja vu.

Luego de hablar con Jhodde, uno de ellos avanzó a trote ligero y desapareció por la entrada del recinto.

Lufa y Miena bajaron de la carreta cargando sus cosas.

–He cumplido con mi labor –comentó Jhodde.

–Es momento de despedirme.

–Muchas gracias capitán Jhodde -agradeció Miena.

–No lo menciones.

Jhodde subió al asiento del conductor.

–Antes de eso.

Quería preguntarle algo si me lo permite.

–Miena parecía tener algo en mente.

–Solo pregunte sin reservas.

–Antes, usted dijo que el duque le mencionó que me trajera a la mansión… Como es posible que se lo diga si el duque no sabía que vendría.

Miena parecía vigilante.

–Ah, hablas de eso.

Antes de salir, el duque me dio la orden de traerte a su mansión cuando pidas una salida a Briefel.

Mencionó que podría ser en cualquier viaje que haga al pueblo de los Noctas, pero no esperaba que fuera tan pronto.

Si tienes más dudas sería mejor que se lo preguntes directamente.

– terminó.

–Muchas gracias.

–Miena se inclinó.

–No te preocupes, si quieren salir y necesitan un guía no duden en buscarme.

Estaré en el campo de entrenamiento del ducado.

–Jhodde agitó la correa –¡Arre!

La carreta desapareció por el campo de flores donde había ingresado.

Como si hubiera estado planeado, al momento en el que se fue, las puertas se abrieron de par en par.

Un adulto presentable salió de la mano de una señora con rasgos hermosos.

Tanto el duque como su esposa estaban vestidos del mismo color.

Por un lado, el duque con pantalón y zapatos azules que contrastaban con su camisa blanca; y, por el otro lado, la señora con un vestido de volantes del mismo color.

Como ambos tenían cabellos dorados y prendas parecidas combinaban perfectamente.

–Saludos duque y duquesa Allen –Miena se inclinó instantáneamente.

Lufa solo dio un ligero asentimiento mientras los observaba sin temor.

Miena hizo que bajara la cabeza con un codazo.

–Miena, chico –saludó el duque con una sonrisa agradable –No esperaba verlos tan pronto.

–No quise importunarlo duque, pido disculpas.

–Miena bajó aún más la cabeza.

–Nada de eso, es agradable tener gente nueva por aquí, así que siéntete como en casa mientras estés por Briefel.

–comentó la mujer casualmente, mientras la tomaba del brazo con cariño.

Lufa notó que aquella mujer no poseía el tipo de malicia natural de los nobles y parecía ser bastante amigable.

Además, por cómo la miraba el duque, ella fue claramente el centro su atención en todo momento.

No sería extraño que el duque hiciera todo lo que ella diga.

–Deben estar muy cansados.

He preparado habitaciones para ustedes.

–Frederic hizo un gesto para ingresar.

–Lamento las molestias –expresó Miena.

–Vamos, deja de disculparte –la duquesa la jaló del brazo.

–Entremos –mencionó el duque.

Lufa asintió y avanzó junto a él.

El lugar desprendía un brillo casi cegador.

Los pisos estaban tan bien encerados que Lufa podía ver su reflejo en ellos.

Sobre las ventanas colgaban cortinas de seda y en las paredes se podía visualizar muchos cuadros de marcos plateados.

La duquesa llevó a Miena hacia las escaleras alfombradas que llevaban al segundo nivel.

Justo en el momento que se disponían a subirlas se escuchó una voz fuerte seguido de pasos metálicos.

–¡Señor duque!

–Un hombre con armadura cruzó la puerta y se arrodilló frente al duque.

–Vietro, por qué la prisa.

–frunció el ceño.

–Disculpe mi impertinencia, pero necesito informarle algo con urgencia.

–Habla.

–ordenó el duque.

El hombre dio un vistazo rápido a Lufa y Miena, parecía renuente a decirlo frente a ellos.

–Discúlpenme un momento –comentó casualmente el duque, antes de llevar al hombre a un costado un tanto alejado.

El hombre se acercó al duque y le dijo algo en voz baja, haciendo que los puños de este último se aprieten con fuerza.

El duque Allen dio algunas órdenes en voz baja y giró hacia las damas que subían las escaleras.

–Esposa, lleva a Miena y al chico a sus habitaciones; luego, ven a mi oficina.

–comentó con un semblante serio.

Giró hacia Miena y continuó –Miena, puedes descansar o pedir a uno de los guardias que los lleve a dar una vuelta.

Nos veremos para la cena.

Luego de soltar esas palabras el duque Allen desapareció en una de las habitaciones contiguas.

Fuente: Webnovel.com, actualizado en Leernovelas.com

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